THIS YEAR’S BLOG

Aprovechando que hace un año estrené mi Twitter y que esta semana hace dos que llegué a WordPress procedente de la entrañable Blogia, hoy voy a hacer uno de estos posts de relleno y autobombo para curiosear las estadísticas internas de esta humilde bitácora.

En estos últimos doce meses estas páginas han sido visualizadas 45.505 ocasiones, un poco menos que el año anterior. Ya sabéis que la blogosfera está en crisis y que la gente se descarga los blogs sin pensar en los pobres autores prefiere utilizar el Facebook y otras redes sociales. El día de mayor tráfico fue el 21 de mayo, cuando mi artículo “La radio no existe” llegó a la portada de Meneame, alterando todas las estadísticas. Lógicamente, ese ha sido el artículo más leido del año, con mucha diferencia sobre el segundo, cuyo éxito se debe, básicamente, a unas capturas de Youtube de Raquel y Ginés.

De hecho después de “vivo en la era pop” y sus variantes, “Raquel y Ginés” y “Ginés fama” son dos de los términos de búsqueda más exitosos. Después vienen cosas como “obras de Paul Klee” (también figuran en la lista Giacomo Balla y Kandinsky), “actividad paranormal”, “la casa voladora” y “oh la luna la luna” (así titulé un artículo sobre una conjunción entre la Luna y Venus, en honor a una canción de Belinda Carlisle). “Betty la fea”, “Angel y Sabrina”, “Arrested Development” y “Slumdog Millionaire” también figuran en los primeros puestos de la lista. Más abajo, aparecen cosas como “teletranka”, “cejas masculinas”, “pelo azul” o la eterna duda, “spinning adelgaza”.

¿De dónde llega la gente a este blog? Pues de los blogs vecinos, sobre todo desde el Proudstar, del de mi hermano y del de Don Otto. Gracias, chicos. También llega gente de Twitter, que es un gran invento una vez se le pilla el truco, se deja de seguir a famosetes y gurús y se sigue a gente que realmente cuenta cosas interesantes. Ahora que ya tengo tumblr, ya no sé qué hacer para ampliar mi imperio en la Red… ¿Me hago un Deviantart?

El año que viene, más.

BUZZ?

Google, esa empresa que se comprometió a no ser malvada, ha presentado esta semana el invento que integrará todas las redes sociales del Internet en una única plataforma, creando la red social definitiva. Al menos, eso he creido entender leyendo lo que cuenta la gente en esas redes sociales a las que Buzz quiere desplazar/complementar. Como apenas uso mi cuenta de Gmail, no creo que vaya a utilizar nunca el invento. De hecho, hoy he descubierto que Yahoo ya tiene su propio Buzz desde hace tiempo y eso que es mi cuenta habitual de correo…

Steve Jobs, el señor de la manzana, consiguió hace unos días tener en vilo a toda la red y las redacciones de prácticamente todos los medios de comunicación del mundo para presentar su última creación: el IPad. Así, a simple vista, parece un Iphone con problemas de gigantismo. Amigos maqueros me han dicho que no le ven ninguna utilidad. He leido por algún sitio que puede ser la alternativa de Apple al Kindle y otros lectores de libros electrónicos. Como yo me veo incapaz de leer un libro en algo que no sea papel, no creo que sea el Ipad el cacharro que me introduzca en el universo Mac de líneas diáfanas y minimalistas. Quizás algún día tenga un Iphone, aunque seguramente sea con tarjeta prepago.

Con estas cosas tecnológicas e internaúticas, he llegado a la conclusión de que, o te atraen desde el primer momento porque sean útiles, novedosos o divertidos, o si no, nunca las utilizas. Twitter tiene su gracia, Facebook podría ser mucho más útil, Youtube fue una revolución, Spotify es una maravilla (que ya veremos sí dura o no), y no vamos a hablar de lo que ha dado de sí el mundo de la blogosfera y otras redes sociales. Y lo que le queda…

¡LA BLOGOSFERA SE MUERE!

La industria musical se muere, la prensa escrita se muere, la asistencia a las salas de cine también está amenazada… Todo es culpa de Internet, dicen. Pero es que, por si fuera poco, Internet es un monstruo que se devora a sí mismo. Ahora, la blogosfera es la que está muriendo lentamente. Mi Feevy va convirtiéndose, poco a poco, en un panteón de bitacoras muertas o agonizantes. Anoche sumamos una baja ilustre más a la lista, la de Tony Tornado, y hay blogueros que cada vez actualizan con menos frecuencia. Sí, Proudstar, puedes darte por aludido. Tú también, hermanito. Joserra, Esti, todos sabéis de quiénes estoy hablando.

No sólo van cerrándose blogs con años de vida, sino que también parece que el número de lectores y comentaristas está disminuyendo poco a poco. Al menos, eso parecen indicar las estadísticas. De hecho, ahora a nadie se le ocurriría abrirse un blog, sino que se haría un perfil en Facebook o Tuenti o se uniría a Twitter. Ellos son los principales enemigos de los blogs: aportan más inmediatez, más concisión y facilitan la interactuación interacción con otros internautas. No tienes que hacer un artículo entero para contar lo que hiciste el fin de semana, sino que lo puedes contar mientras está pasando. Si quieres compartir un vídeo, una canción, recomendar una película o una serie, o enlazar a una noticia curiosa o interesante, basta con que cuelgues el link. Facebook, Twitter y compañía son mucho más rápidos, fáciles y divertidos de usar. Nadie va a sentir el vértigo del folio en blanco -ahora llamado el miedo al cursor parpadeante- ante una cajetilla para la que 140 carácteres son suficientes.

No sólo los blogs, también Fotolog o Flickr parecen ser víctimas de esta evolución de las redes sociales. Bueno, entre tú y yo, nadie va a echar de menos esa cosa tan fea llamada Fotolog. Flickr se convertirá en un enorme banco de imágenes de calidad aceptable a disposición de las redes mundiales. De hecho, yo he terminado usándolo para colgar las fotos-postal que he tomado en las ciudades que he visitado, mientras que las fotos más personales o intrascendentes las dejo para Facebook.

¿Y qué pasará con los blogs? Aquellos que son temáticos segurán existiendo, aunque algunos de ellos cada vez se parecen menos a una bitacora para convertirse en una web especializada. Los egoblogs… Supongo que durarán hasta que el ego que hay detrás de cada uno de ellos se canse o encuentre un vehículo mejor para expresarse. En mi caso, yo creo que aun aguantaré algo más. Me gusta escribir todos los días unos cuantos párrafos, aunque Diego opine que este blog era mejor en los tiempos de Blogia. Puede que tenga razón, y puede que cada vez me cueste más encontrar algo que contar cada día. Pero de momento, no pienso faltar a la cita: hay cosas que uno quiere contar que requieren más de dos líneas y que se cuentan mejor en un lugar un poco más discreto que el Caralibro. Por otra parte, creo que pueden ser perfectamente complementarios los unos con los otros.

Y si te suena todo esto de algo, es que ya hablé de ello en otra ocasión.

INTERNET TIENE LA CULPA DE TODO

La gente ya no se compra discos. La gente ya no lee periódicos. La gente ya no va al cine. La industria cultural se hunde y la culpa de todo la tiene Internet.

Otros te dicen que la culpa es de las industrias culturales que no se han sabido adaptar a los nuevos tiempos. ¿Pero seguro que son mejores estos buenos tiempos? Como usuario y consumidor, afirmo rotundamente que sí. La oferta se ha multiplicado, el mundo se ha hecho más pequeño y las posibilidades de ocio son infinitas gracias a la Red. No hace falta profundizar más en el tema: se puede decir que Internet nos ha hecho mucho más libres.

Pero si fuera un empresario, no miraría Internet con los mismos ojos. Hoy he leido un interesante artículo en El País titulado “El disco busca otra resurrección” sobre los nuevos formatos que están desarrollando las discográficas y Apple para impulsar la venta de compactos. Hago un breve resumen: “El pasado mes de julio, un mes que Billboard calificó de ominoso para el sector, ni un solo artista en EE UU consiguió vender más de 100.000 copias de un disco. El año pasado, las ventas de álbumes completos en formato CD se desplomaron un 25%, con 384 millones de discos vendidos. En 1998, una década antes, se vendían 847 millones de álbumes en formato CD. Lo único que asciende como la espuma es la venta de singles digitales”.

Hasta aquí, todo bien, el mercado va cambiando y las formas de consumir la música también. Pero resulta que, según el artículo, “vender canción a canción no es rentable. Por 1.000 millones de canciones, las discográficas ingresaron en 2008 poco más de 700 millones de euros. Cuando, en 1998, vendían 847 millones de discos, ingresaban 8.000 millones”. Las descargas legales no compensan lo que se deja de ganar por el descenso de ventas de formatos físicos.

Supongo que el problema está en que casi toda esta industria llegó tarde a Internet. A mí comprar un disco o un DVD en el TopManta me parece una cutrez y nunca lo haría (podéis llamarme snob), pero he tirado como el que más del P2P. Reconozco que en Itunes, una descarga legal vale menos de un euro… pero es que la mula me ofrece lo mismo gratis. Quizás las cosas podrían haber sido diferentes. Si la creación de Napster hubiera provenido de la industria del disco, o si hubieran apostado por ese tipo de distribución musical desde el principio, quizás se podría haber acostumbrado a la gente a pagar por un mp3. Quizás se podría haber conseguido que las descargas ilegales parecieran tan cutres como comprarse un disco grabado y con una portada fotocopiada. Pero ya es demasiado tarde.

Lo mismo pasa con los medios de comunicación en general. Internet es el futuro… pero Internet no parece generar tantos ingresos como los medios tradicionales. Esto beneficia a las pequeñas empresas que nacen por y para la red, aunque está por ver que algún medio de este tipo pueda competir en influencia o calidad con los tradicionales. Internet es un gran medio de difusión, pero echo en falta su capacidad para crear contenidos propios. Las grandes empresas van a verse obligadas a transformarse de arriba abajo para afrontar estos nuevos tiempos. Es decir, recortes de gastos y de personal. La gente se ha acostumbrado a que prácticamente todo en Internet es gratuito y esta mentalidad no va a cambiar ya… aunque sea falsa. Internet no es gratis: todos los meses le estoy pagando una cuota a la empresa telefónica de turno para poder acceder a la red. Quizás debieran ser ellas las que tuvieran que pagar cánones y demás a los creadores de contenidos. Debe de ser el único medio de comunicación en el que el distribuidor se queda con el 100% de los beneficios.

57 CANALES

En 1992, Bruce Springsteen cantaba aquello de “57 channels (and nothin’ on)”. En aquellos tiempos, en España aun estábamos estrenando las televisiones privadas y en Pamplona aun quedaban restos de la fiebre de las antenas parabólicas para captar las señales del Astra y poder ver en casa canales como la Super Channel británica, la RTL alemana y sus pelis porno de medianoche, Eurosport y sus retransimisones de deportes como el billar o los dardos, la cultísima programación de la TV5 francesa y, como no, Galavisión, el Canal de las Estrellas con sus telenovelas, su Sabado Gigante y su vidéos musicales (con acento en la e). Si no fuera por las horas que pasé viendo la MTV y el Cartoon Network, consideraría a las parabólicas uno de los grandes timos de la época. A todo esto… ¿qué pasará con la televisión por satélite cuando llegue el apagón analógico?

En todo caso, parecía que tener más canales hacía que la televisión mejorara y hasta podías presumir de ello en el patio del colegio, con premio especial para aquel que estuviera abonado al Canal Plus de la época. En aquellos días, incluso la aparición de PamplonaTV fue un acontecimiento… Cuando empecé la Universidad, todos los profesores hablaban del maravilloso futuro que nos esperaba con la inminente llegada de la televisión por cable y de las superautopistas de la información: cada vez habría más canales de televisión, lo cual requeriría un mayor número de profesionales creadores de contenidos cada vez más especializados y con una audiencia que iba a demandar contenidos de mayor calidad. Con Internet y los soportes multimedia acertaron. De hecho, incluso se quedaron cortos. Recuerdo que en primero de carrera (1994), una de las prácticas de Documentación Informativa consistió en pasarse toda una clase jugando en los ordenadores del CTI con un CDROM que contenía seis meses de ejemplares de El Mundo. El futuro profetizado en las pelis de ciencia-ficción estaba llegando. Dos años después ya estábamos conectados a la aldea global gracias a Yahoo y Ozu. ¡Un mundo sin Google! Eso sí, había que navegar en la opción “sin imágenes” porque cada página podía tardar en cargarse cinco minutos… o más. Y mucho cuidado con lo que vieras, que podía saltar la alarma contra el pecado y recibir un aviso moralizador en un despacho.

Pero en lo de la multiplicación de canales como si fueran la salvación del sector y el maná para los comunicadores audiovisuales… Ahí se equivocaron bastante. En 1997 nacieron Canal Satélite Digital y Via Digital y poco después, Quiero TV. Cinco años, después ya sólo quedaba una, resultado de la fusión de las dos mayores. Quiero TV hacía mucho que se había convertido en Quiebro TV (400 millones de euros en perdidas, según Wikipedia). Para el recuerdo quedan aquellas leyes que obligaban a emitir en abierto los partidos de fútbol por ser acontecimientos de interés general o canales como Canal Campero, Ella TV o Ritmosón (la Wikipedia es maravillosa). El hecho es que en España la TV de pago es un negocio que no termina de cuajar: parece que Prisa no consigue vender Digital Plus (de la que he oido rumores como que necesitaría medio millón más de abonados para ser rentable) y de inventos como Imagenio u Orange TV es mejor no hablar. Una amiga mía trabajó en el servicio de videoclub de Jazztelia y nos reveló cuál era el verdadero número de abonados al servicio. Es tan bajo que no sería de extrañar que haya canales que no ve nunca nadie. Seguramente, el apagón analógico, sumado a la crisis económica, aun les va a quitar más clientes a estas plataformas. De lo que estoy casi seguro es que al final GolTV, el invento de TDT de pago de Mediapro, acabará integrándose con Digital Plus. No creo que haya mercado para que las dos sobrevivan.

Pero en lo que más se equivocaron en la Facultad fue en lo de la creación de contenidos. Salvo excepciones, la mayor parte de los canales temáticos no hacen producción propia y se limitan a ser plataformas de distribución de series, películas o documentales. Sin una redacción ni un equipo técnico, una cadena como Fox o TNT puede ser llevada por un equipo muy reducido de personas que se encargan de la compra de contenidos, la elaboración de la parrilla y la promoción del canal. La llegada de la TDT no va a mejorar mucho las cosas: por ahora, parece que todo se limita a repetir programas del canal principal, surrealistas concursos telefónicos y aun más surrealistas programas de debate sobre gatos al agua. En el fondo es lógico que se haya cumplido la profecía de Bruce Springsteen, ¿para que esforzarse en crear una HBO española si el público potencial dispuesto a pagar por ella es tan reducido que el margen de rentabilidad es mínimo? No voy a negar que, aunque en menor medida de lo esperado, todos estos canales han servido para dar trabajo a compañeros de promoción. Pero visto lo visto, quizás hubiera sido mejor que en la carrera diéramos más asignaturas sobre marketing y programación en vez de estudiar repetidas veces los tipos de micrófonos y de planos o tanta teoría sobre producción cinematográfica basada en modelos anglosajones obsoletos.

MENEADO

Ayer un internauta enlazó desde Menéame al artículo que escribí hace un par de días sobre la radio. Sin que yo sepa bien cómo, la gente empezó a “menear” el artículo y acabó llegando a la portada de esa web. Y esto fue lo que pasó según el contador de visitas.

meneado

Está claro que el llamado “efecto menéame” existe. No me extraña que haya tortas por los meneos: mi número de visitantes habitual se múltiplicó por más de diez. Parece que hoy ya vuelve todo a la normalidad, pero ahí queda el dato para la historia de este blog.

LA RADIO NO EXISTE

Tal y como está diseñada, la carrera de Comunicación Audiovisual es un cajón de sastre y eso se nota entre los alumnos. Cuando yo estaba en la Universidad, había el grupo de los que estaban interesados en el cine, los que sentían debilidad por la televisión y la pandilla de fanáticos de la radio. Cada uno de los grupos se dividía, a su vez, en distintos subgrupos según les gustara la ficción, el entretenimiento, la información, el tiempo y el estado de las carreteras… La hermana pobre de la carrera fue la televisión, mientras que todo lo que se enseñaba respecto al cine seguía demasiado el modelo anglosajón, inaplicable en nuestro país de subvención y pandereta. En cambio, la formación en temas radiofónicos era muy buena, no tanto en el terreno teórico, en el que se vivía a la sombra de la sabiduría de un maestro de maestros anclado en décadas pasadas, como en el práctico. Hicimos muchas horas de radio, que dieron para muchas carreras por las escaleras hasta el estudio en el torreón, colapsos en la fotocopiadora, siniestros totales de máquinas de escribir que se estrellaron contra el suelo, histeria colectiva para hacer un boletín informativo de cinco minutos entre diez personas y otras anécdotas. Visto con la perspectiva que da el tiempo, he de reconocer que me lo pasé muy bien jugando a hacer radio, tanto en la Universidad como en mis primeras prácticas profesionales.

Lo paradójico es que yo sólo usaba la radio para escuchar música en los 40 Principales o Cadena 100. El resto de diales y emisoras no existían para mí, salvo cuando escuchábamos en el coche el partido de Osasuna y el legendario concurso Paymo del descanso a la vuelta de la excursión campestre de los domingos. Con el tiempo, uno empieza a pensar que la radio sólo existe para quienes la escuchan. Quitando los excesos delirantes de Losantos en estos últimos años, la gente no comenta en los cafes el programa radiofónico de turno, ni se puede decir que de repente un programa se ponga de moda o alcance un éxito masivo, ni se cita en Facebook, ni se cuelga en Youtube. Cualquier programa de televisión o el video viral de turno alcanza más resonancia social que lo que se está emitiendo ahora mismo por la radio. Ésta es como un universo autónomo con sus propias reglas, algo que se nota en el hecho de que las audiencias y las parrillas de programación están practicamente fosilizadas. Los programas radiofónicos como “Hoy por Hoy”, “La Ventana”, “Hablar por hablar”, “Protagonistas”… llevan décadas en antena, algo que sería incomprensible en televisión. Se puede decir que sus plantillas también llevan cerradas desde hace años: se pueden contar con los dedos de una mano los compañeros de carrera que han conseguido trabajar en radio.

Sé que esto es, sobre todo, una impresión personal. Sin embargo, aunque para mí la radio no exista, no dudo de su importancia, ya que a veces escucho a la gente repetir consignas políticas que se nota que han salido de las ondas. Como creadoras y manipuladoras de opinión, las tertulias radiofónicas son mucho más influyentes que los demás medios de comunicación. Tampoco creo que la radio vaya a dejar de existir nunca. Se ve que Internet no se ha percatado de su existencia y prefiere alimentarse de revistas y periódicos moribundos.