INTERNET TIENE LA CULPA DE TODO

La gente ya no se compra discos. La gente ya no lee periódicos. La gente ya no va al cine. La industria cultural se hunde y la culpa de todo la tiene Internet.

Otros te dicen que la culpa es de las industrias culturales que no se han sabido adaptar a los nuevos tiempos. ¿Pero seguro que son mejores estos buenos tiempos? Como usuario y consumidor, afirmo rotundamente que sí. La oferta se ha multiplicado, el mundo se ha hecho más pequeño y las posibilidades de ocio son infinitas gracias a la Red. No hace falta profundizar más en el tema: se puede decir que Internet nos ha hecho mucho más libres.

Pero si fuera un empresario, no miraría Internet con los mismos ojos. Hoy he leido un interesante artículo en El País titulado “El disco busca otra resurrección” sobre los nuevos formatos que están desarrollando las discográficas y Apple para impulsar la venta de compactos. Hago un breve resumen: “El pasado mes de julio, un mes que Billboard calificó de ominoso para el sector, ni un solo artista en EE UU consiguió vender más de 100.000 copias de un disco. El año pasado, las ventas de álbumes completos en formato CD se desplomaron un 25%, con 384 millones de discos vendidos. En 1998, una década antes, se vendían 847 millones de álbumes en formato CD. Lo único que asciende como la espuma es la venta de singles digitales”.

Hasta aquí, todo bien, el mercado va cambiando y las formas de consumir la música también. Pero resulta que, según el artículo, “vender canción a canción no es rentable. Por 1.000 millones de canciones, las discográficas ingresaron en 2008 poco más de 700 millones de euros. Cuando, en 1998, vendían 847 millones de discos, ingresaban 8.000 millones”. Las descargas legales no compensan lo que se deja de ganar por el descenso de ventas de formatos físicos.

Supongo que el problema está en que casi toda esta industria llegó tarde a Internet. A mí comprar un disco o un DVD en el TopManta me parece una cutrez y nunca lo haría (podéis llamarme snob), pero he tirado como el que más del P2P. Reconozco que en Itunes, una descarga legal vale menos de un euro… pero es que la mula me ofrece lo mismo gratis. Quizás las cosas podrían haber sido diferentes. Si la creación de Napster hubiera provenido de la industria del disco, o si hubieran apostado por ese tipo de distribución musical desde el principio, quizás se podría haber acostumbrado a la gente a pagar por un mp3. Quizás se podría haber conseguido que las descargas ilegales parecieran tan cutres como comprarse un disco grabado y con una portada fotocopiada. Pero ya es demasiado tarde.

Lo mismo pasa con los medios de comunicación en general. Internet es el futuro… pero Internet no parece generar tantos ingresos como los medios tradicionales. Esto beneficia a las pequeñas empresas que nacen por y para la red, aunque está por ver que algún medio de este tipo pueda competir en influencia o calidad con los tradicionales. Internet es un gran medio de difusión, pero echo en falta su capacidad para crear contenidos propios. Las grandes empresas van a verse obligadas a transformarse de arriba abajo para afrontar estos nuevos tiempos. Es decir, recortes de gastos y de personal. La gente se ha acostumbrado a que prácticamente todo en Internet es gratuito y esta mentalidad no va a cambiar ya… aunque sea falsa. Internet no es gratis: todos los meses le estoy pagando una cuota a la empresa telefónica de turno para poder acceder a la red. Quizás debieran ser ellas las que tuvieran que pagar cánones y demás a los creadores de contenidos. Debe de ser el único medio de comunicación en el que el distribuidor se queda con el 100% de los beneficios.

57 CANALES

En 1992, Bruce Springsteen cantaba aquello de “57 channels (and nothin’ on)”. En aquellos tiempos, en España aun estábamos estrenando las televisiones privadas y en Pamplona aun quedaban restos de la fiebre de las antenas parabólicas para captar las señales del Astra y poder ver en casa canales como la Super Channel británica, la RTL alemana y sus pelis porno de medianoche, Eurosport y sus retransimisones de deportes como el billar o los dardos, la cultísima programación de la TV5 francesa y, como no, Galavisión, el Canal de las Estrellas con sus telenovelas, su Sabado Gigante y su vidéos musicales (con acento en la e). Si no fuera por las horas que pasé viendo la MTV y el Cartoon Network, consideraría a las parabólicas uno de los grandes timos de la época. A todo esto… ¿qué pasará con la televisión por satélite cuando llegue el apagón analógico?

En todo caso, parecía que tener más canales hacía que la televisión mejorara y hasta podías presumir de ello en el patio del colegio, con premio especial para aquel que estuviera abonado al Canal Plus de la época. En aquellos días, incluso la aparición de PamplonaTV fue un acontecimiento… Cuando empecé la Universidad, todos los profesores hablaban del maravilloso futuro que nos esperaba con la inminente llegada de la televisión por cable y de las superautopistas de la información: cada vez habría más canales de televisión, lo cual requeriría un mayor número de profesionales creadores de contenidos cada vez más especializados y con una audiencia que iba a demandar contenidos de mayor calidad. Con Internet y los soportes multimedia acertaron. De hecho, incluso se quedaron cortos. Recuerdo que en primero de carrera (1994), una de las prácticas de Documentación Informativa consistió en pasarse toda una clase jugando en los ordenadores del CTI con un CDROM que contenía seis meses de ejemplares de El Mundo. El futuro profetizado en las pelis de ciencia-ficción estaba llegando. Dos años después ya estábamos conectados a la aldea global gracias a Yahoo y Ozu. ¡Un mundo sin Google! Eso sí, había que navegar en la opción “sin imágenes” porque cada página podía tardar en cargarse cinco minutos… o más. Y mucho cuidado con lo que vieras, que podía saltar la alarma contra el pecado y recibir un aviso moralizador en un despacho.

Pero en lo de la multiplicación de canales como si fueran la salvación del sector y el maná para los comunicadores audiovisuales… Ahí se equivocaron bastante. En 1997 nacieron Canal Satélite Digital y Via Digital y poco después, Quiero TV. Cinco años, después ya sólo quedaba una, resultado de la fusión de las dos mayores. Quiero TV hacía mucho que se había convertido en Quiebro TV (400 millones de euros en perdidas, según Wikipedia). Para el recuerdo quedan aquellas leyes que obligaban a emitir en abierto los partidos de fútbol por ser acontecimientos de interés general o canales como Canal Campero, Ella TV o Ritmosón (la Wikipedia es maravillosa). El hecho es que en España la TV de pago es un negocio que no termina de cuajar: parece que Prisa no consigue vender Digital Plus (de la que he oido rumores como que necesitaría medio millón más de abonados para ser rentable) y de inventos como Imagenio u Orange TV es mejor no hablar. Una amiga mía trabajó en el servicio de videoclub de Jazztelia y nos reveló cuál era el verdadero número de abonados al servicio. Es tan bajo que no sería de extrañar que haya canales que no ve nunca nadie. Seguramente, el apagón analógico, sumado a la crisis económica, aun les va a quitar más clientes a estas plataformas. De lo que estoy casi seguro es que al final GolTV, el invento de TDT de pago de Mediapro, acabará integrándose con Digital Plus. No creo que haya mercado para que las dos sobrevivan.

Pero en lo que más se equivocaron en la Facultad fue en lo de la creación de contenidos. Salvo excepciones, la mayor parte de los canales temáticos no hacen producción propia y se limitan a ser plataformas de distribución de series, películas o documentales. Sin una redacción ni un equipo técnico, una cadena como Fox o TNT puede ser llevada por un equipo muy reducido de personas que se encargan de la compra de contenidos, la elaboración de la parrilla y la promoción del canal. La llegada de la TDT no va a mejorar mucho las cosas: por ahora, parece que todo se limita a repetir programas del canal principal, surrealistas concursos telefónicos y aun más surrealistas programas de debate sobre gatos al agua. En el fondo es lógico que se haya cumplido la profecía de Bruce Springsteen, ¿para que esforzarse en crear una HBO española si el público potencial dispuesto a pagar por ella es tan reducido que el margen de rentabilidad es mínimo? No voy a negar que, aunque en menor medida de lo esperado, todos estos canales han servido para dar trabajo a compañeros de promoción. Pero visto lo visto, quizás hubiera sido mejor que en la carrera diéramos más asignaturas sobre marketing y programación en vez de estudiar repetidas veces los tipos de micrófonos y de planos o tanta teoría sobre producción cinematográfica basada en modelos anglosajones obsoletos.

MENEADO

Ayer un internauta enlazó desde Menéame al artículo que escribí hace un par de días sobre la radio. Sin que yo sepa bien cómo, la gente empezó a “menear” el artículo y acabó llegando a la portada de esa web. Y esto fue lo que pasó según el contador de visitas.

meneado

Está claro que el llamado “efecto menéame” existe. No me extraña que haya tortas por los meneos: mi número de visitantes habitual se múltiplicó por más de diez. Parece que hoy ya vuelve todo a la normalidad, pero ahí queda el dato para la historia de este blog.

LA RADIO NO EXISTE

Tal y como está diseñada, la carrera de Comunicación Audiovisual es un cajón de sastre y eso se nota entre los alumnos. Cuando yo estaba en la Universidad, había el grupo de los que estaban interesados en el cine, los que sentían debilidad por la televisión y la pandilla de fanáticos de la radio. Cada uno de los grupos se dividía, a su vez, en distintos subgrupos según les gustara la ficción, el entretenimiento, la información, el tiempo y el estado de las carreteras… La hermana pobre de la carrera fue la televisión, mientras que todo lo que se enseñaba respecto al cine seguía demasiado el modelo anglosajón, inaplicable en nuestro país de subvención y pandereta. En cambio, la formación en temas radiofónicos era muy buena, no tanto en el terreno teórico, en el que se vivía a la sombra de la sabiduría de un maestro de maestros anclado en décadas pasadas, como en el práctico. Hicimos muchas horas de radio, que dieron para muchas carreras por las escaleras hasta el estudio en el torreón, colapsos en la fotocopiadora, siniestros totales de máquinas de escribir que se estrellaron contra el suelo, histeria colectiva para hacer un boletín informativo de cinco minutos entre diez personas y otras anécdotas. Visto con la perspectiva que da el tiempo, he de reconocer que me lo pasé muy bien jugando a hacer radio, tanto en la Universidad como en mis primeras prácticas profesionales.

Lo paradójico es que yo sólo usaba la radio para escuchar música en los 40 Principales o Cadena 100. El resto de diales y emisoras no existían para mí, salvo cuando escuchábamos en el coche el partido de Osasuna y el legendario concurso Paymo del descanso a la vuelta de la excursión campestre de los domingos. Con el tiempo, uno empieza a pensar que la radio sólo existe para quienes la escuchan. Quitando los excesos delirantes de Losantos en estos últimos años, la gente no comenta en los cafes el programa radiofónico de turno, ni se puede decir que de repente un programa se ponga de moda o alcance un éxito masivo, ni se cita en Facebook, ni se cuelga en Youtube. Cualquier programa de televisión o el video viral de turno alcanza más resonancia social que lo que se está emitiendo ahora mismo por la radio. Ésta es como un universo autónomo con sus propias reglas, algo que se nota en el hecho de que las audiencias y las parrillas de programación están practicamente fosilizadas. Los programas radiofónicos como “Hoy por Hoy”, “La Ventana”, “Hablar por hablar”, “Protagonistas”… llevan décadas en antena, algo que sería incomprensible en televisión. Se puede decir que sus plantillas también llevan cerradas desde hace años: se pueden contar con los dedos de una mano los compañeros de carrera que han conseguido trabajar en radio.

Sé que esto es, sobre todo, una impresión personal. Sin embargo, aunque para mí la radio no exista, no dudo de su importancia, ya que a veces escucho a la gente repetir consignas políticas que se nota que han salido de las ondas. Como creadoras y manipuladoras de opinión, las tertulias radiofónicas son mucho más influyentes que los demás medios de comunicación. Tampoco creo que la radio vaya a dejar de existir nunca. Se ve que Internet no se ha percatado de su existencia y prefiere alimentarse de revistas y periódicos moribundos.

LA ERA DE OBAMA

La Obamanía cansa un poco. De hecho, cansa bastante. Yo estoy saturado. Pero hay que reconocer que la llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos es un hecho histórico. No sólo porque sea miembro de una minoria tradicionalmente marginada en el país, sino porque ha sacudido a la sociedad de su país con apelaciones al idealismo y al optimismo. Puede que lo de “Yes We Can” y las llamadas al Cambio no sean más que esloganes publicitarios muy eficaces, pero la selección española de futbol se fue a la Eurocopa al grito de “Po-De-Mos” y al final pudo con todos.

Lo que no puedo entender es que estaba pensando el corresponsal de El País en Washington para empezar así su crónica en la portada del periódico.

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Pues sí, Barack Obama es el presidente, señor Caño. Sólo le ha faltado añadir “Pellizcame, que creo que estoy soñando” o “Si no lo veo, no lo creo” para redondear el efecto buscado. No es que yo quiera dar clases de ética periodística, pero me da la impresión de que las bromitas y la creatividad jocosa no quedan demasiado bien en las portadas. Lo de la “Gigantesca Dimensión” no sirve para contrarrestarlo. Me preguntó que se dirá de Obama dentro de cuatro años. Va a ser muy difícil que esté a la altura de las expectativas.

Por su parte, la 2 se sumó a la fiesta de la presidencia estrenando prácticamente por sorpresa W, la película de Oliver Stone sobre George W. Busch que se estrenó en los cines americanos hace apenas unos meses. El porqué no se ha estrenado en las salas españolas es para mí un enigma.

FRIKISME

Público, mi periódico favorito, publica hoy que la mejor serie del mundo, Lost, será la primera en incorporar widgets interactivos. Pero lo mejor es el pie de la foto que acompaña a la noticia.

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¿Es cosa mía o algunos medios de comunicación empiezan a parecerse a blogs? ¿Es bueno o malo?

¿EL FIN DE LA EGOBLOGÍA?

Leo en el blog del Señor Calamonte una reflexión acerca de cómo el éxito de Facebook puede traer consigo el declive de la blogosfera. ¿Traen consigo las redes sociales la muerte de los Egoblogs? Sinceramente, espero que no.

Es cierto que durante los últimos dos o tres años se ha producido una explosión del fenómeno bloguil hasta extremos absurdos. Toda marca comercial, medio de comunicación o evento que se preciara tenía su blog corporativo. Sólo por tenerlo, diría yo, ya que, ¿qué necesidad tiene, por ejemplo, la web de un periódico de tener blogs? ¿Qué pueden añadir a lo que ya cuentan como web propiamente dicha? ¿En qué se diferencia de tener columnistas? ¿Y qué independencia puede tener un bloguero si está a sueldo de alguien? Por no hablar de que los contenidos solían ser pobres y la frecuencia de actualización bastante escasa.

Para mí los blogs nacieron para dar voz al internauta, una manera eficaz de hacer presentes a las personas en la red de redes e impedir que ésta quedara dominada por las grandes empresas y organismos. De repente, todos podíamos decir al mundo lo que quisiéramos y dar nuestra visión personal sobre cualquier tema. Es cierto que los blogs más exitosos son aquellos de carácter temático, ya sean sobre música, informática, comunicación o sucios cotilleos. Sin embargo, algunos, con el éxito, han terminado perdiendo lo que, para mí, es lo más atractivo de los blogs: el carácter personal. Me gusta sentir que hay alguien con criterio detrás de los artículos. Personalmente, me gustan los blogs de algunos guionistas y periodistas que cuentan entresijos de la profesión desde la independencia y el anonimato (siempre relativo) que da Internet.

Y me gustan los egoblogs. Matizo: me gustan algunos egoblogs. Hay gente que sabe hacer que una visita al supermercado sea más interesante que una teleserie de la HBO. Quizás sean uno de cada cien, pero cuando encuentras un egoblog así es como descubrir un tesoro. Eso sí, si el éxito de Facebook sirve para que desaparezcan todos los blogs con ínfulas poéticas o espirituales, seré el primero en alegrarme. Supongo también que cada egoblog tiene su historia y su sentido, ya sabemos que todo lo que empieza tiene su fin.

Pero espero que ustedes que me leen sigan manteniendo sus blogs por mucho tiempo. Por favor.

FACEBOOK

Lo reconozco: me gusta Facebook.

La verdad es que cuando me lo abrí, hace unos meses, sólo conocía a una persona que tuviera uno. No sé de qué me sorprendo, si ella siempre va por delante en todo. Ahora ya me acerco peligrosamente a la cifra de los cien amigos. De todas formas, creo que con estas redes sociales ha surgido un nuevo tipo de amistad que podríamos definir “caramigo”, termino que denominaría a seres que se cruzaron en algún momento en tus vidas, preferiblemente en algún recinto cerrado como un colegio, universidad, escuela u oficina siniestra, y de los que ahora solo conoces sus fotos, alguna frase ingeniosa (o no) suelta y sus estados de ánimo recurrentes. Con algunos llevas años sin cruzar una palabra. De hecho, a algunos ni los echabas de menos. Es más, algunos incluso te caían mal. Pero… seamos sinceros y malvados, ¿quién se resiste a comprobar, a un golpe de ratón, cómo los estragos del tiempo y de la alopecia han convertido en señores a algunos guaperillas de tercera que te miraban por encima del hombro? Sí, estoy hablando de alguien en concreto. No, no le he agregado como amigo. Antes muerto. Pero me alegro de comprobar que la vida se ha encargado de vengarse por mí… Risas estruendosas, rayos y relámpagos.

Eso sí, Facebook es más cotilla que el Tomate y no se calla ningún secreto. Bodas, nacimientos, fotos de bebés sonrosados, salidas inesperadas del armario, maquillajes equivocados, poses haciéndose el interesante, la confirmación de que todo el mundo ha ido a Nueva York o a Londres, autofotos seductoras en el espejo, fanatismos inesperados, cambios radicales y todas las opciones que se os ocurran. De hecho, sospecho que abrir algunos perfiles y aceptar algunas amistades es más peligroso que romper los sellos del Libro de las Revelaciones.

Pero como yo soy un chico 2.0, he decidido que ya era hora de tener una mascota 2.0. A partir de ahora, Flauta tiene su página en Facebook. Él también es otra figura pública, no? Aunque sea un tanto “underground”. O mejor dicho, “upperground”, que él sólo ha pisado el suelo en muy contadas y dramáticas ocasiones.

VIVO EN LA ERA CONTEMpopRANEA

Esta tarde me voy a tierras extremeñas para conocer un poco esa parte del país e ir el sábado al Festival ContemPOPranea. Y es que un festival en el que tocan seguidos Facto Delafé y las Flores Azules, Camera Obscura, Deluxe y La Casa Azul es algo a lo que no me puedo resistir, aunque haya que ir a un lugar tan exótico como Alburquerque.

Y ahora, el titular del día. De Público, claro:

David Murray y Paolo Conte: De la sabia nueva a la nostalgia

Cada vez estoy más convencido de que en ese periódico nadie revisa lo que se publica. Bueno, en realidad, ni en Público ni en la decena de medios que han publicado esta noticia de Efe. Con lo fácil que es mirar el diccionario:

savia.

(Del lat. *sapĕa, de sapa, vino cocido y jugo).

1. f. Bot. Líquido que circula por los vasos de las plantas pteridofitas y fanerógamas y del cual toman las células las sustancias que necesitan para su nutrición.

2. f. Energía, elemento vivificador

LLEGAN LOS BECARIOS

Queremos hacer un periódico de estilo juvenil, cercano, que llegue a la gente de la calle. ¿Cómo conseguirlo? Pues con titulares de este calibre:

La red informática de San Francisco, bloqueada por un funcionario cabreado.

¿Dónde lo he leido? Por supuesto, en el diario “Público”, mi fuente diaria de humor e información inútil.