PROYECTOS, PROYECTOS, PROYECTOS

Hace unos días un amigo me contaba que últimamente hay muy pocas cosas que le hagan ilusión. A veces, yo también siento que todos los días se parecen demasiado los unos a los otros y que vivo en una especie de rutina aburrida que no me deja disfrutar como quisiera de las cosas que me gustan. Noto que el tiempo y el espacio se convierten en mis enemigos y, como aun no he desarrollado superpoderes, tengo que resignarme a que los momentos buenos sean cortos y a que las grietas de las paredes de mi casa se hagan cada vez más grandes. ¿Metáfora? No, realidad real. En los últimos meses he tenido problemas de humedades, se ha fundido el tubo fluorescente de la cocina, se ha levantado el parqué y se han agrandado unas grietas que hay en la pared del salón… Empiezo a creer que son señales que me hacen los fantasmas del ático para avisarme de que no debo comprar el orginalísimo apartamento.

Quizás mi desidia no se deba a la astenia primaveral, sino a la carencia de proyectos a largo plazo y de desafíos que me motiven lo suficiente. Siento que necesito imponerme objetivos, algunos factibles y otros no, para no conformarme con lo que ya tengo. No hablo sólo de obligarme a comer un poco mejor y deshacerme del michelín lateral; ni de la búsqueda de una buena hipoteca o de un nuevo piso; ni de ser un poco más ordenado con las cosas de casa; ni de ser más eficaz y organizarme mejor en el trabajo. Me refiero a esas cosas que siempre aplazamos por múltiples motivos como la pereza, la indolencia o la falta de tiempo o de dinero. Yo siempre les digo a los amigos que hacer las cosas es mucho más fácil de lo que parece: sólo hay que hacerlas. Desgraciadamente, como dice el refrán “consejos vendo, y para mí no tengo”, así que nunca me aplico mis propias Perlas de Sabiduría.

Pero ya que he empezado a patinar y no me caigo y cada día voy más rápido y me gusta, quizás haya llegado el momento de empezar a hacer muchas otras cosas que siempre me han atraido y que, por muy diversos motivos, nunca he llevado a la práctica. Siempre he hablado de lo mucho que me gustaría matricularme en la UNED para estudiar Psicología; o apuntarme a un cursillo de fotografía; o hacer un viaje de costa a costa de los Estados Unidos; o reforzar un poco algunas relaciones con personas a las que quiero y que tengo un poco descuidadas; o escribir ese guión cuyo argumento me ronda por la cabeza; o hacer realidad esa pequeña productora de la que hablo en charlas de cafetería con mis amigos y que ya tiene hasta nombre. Y esto sólo por citar algunos de los proyectos, proyectos, proyectos, que tengo pendientes desde hace años. Si yo no los hago, nadie los va a hacer por mí. No sé por qué, pero me acaba de venir esto a la mente:

Tú, que decidiste que tu vida no valía
Que te inclinaste por sentirte siempre mal
Que anticipabas un futuro catastrófico
Hoy pronosticas la revolución sexual

:-)

EL FUTURO

Hace pocos días una amiga fue a ver a una futuróloga para que le echara las cartas y le leyera el porvenir. Por lo que me contó después, le dijo algunas recomendaciones y cosas interesantes, aparte de algunas obviedades. Para mí las que se llevan la palma son las del tipo “en los próximos meses vas a conocer a alguien”, cuando es evidente que, cualquier persona que salga de casa de vez en cuando, va a terminar conociendo a alguien que no conocía antes. Incluso si te quedaras siempre en casa, acabaría llegando alguien, un vendedor de enciclopedias, la chica que lee el contador del gas, una pareja de mormones, el amor de tu vida…

A mí me ha despertado curiosidad la idea de que alguien me lea el futuro, pero no sé si tiene mucha utilidad. Tampoco creo mucho en ello. ¿Cada uno tiene un destino ya escrito o existen miles de futuros posibles? ¿Qué parte del futuro depende de la casualidad y qué parte depende de mí?

Si tuviera delante de mí un libro que contara como va a ser mi vida en el futuro, ¿me animaría a leerlo? No estoy seguro, pero quizás preferiría ir descubriendo mi futuro por mí mismo, con sus sorpresas buenas y malas, sin que nadie me cuente el final de la historia.

Además, hoy por hoy, me conformo con que mi futuro se parezca mucho a mi presente. Y eso que sé que habrá momentos difíciles tarde o temprano, pero también sé que saldré adelante. Siempre termino haciéndolo.

BACK FOR GOOD

Ayer, 14.24. Me llama una compañera de curro. Parece que ha habido problemas con la renovación de nuestros puestos de trabajo y se rumorea que se va a retrasar un poco más de lo previsto. Ella ya se ha apuntado al paro, le pregunto qué documentos tengo que llevar para apuntarme yo también.

Cuando termino de hablar con ella, me lamento y gruño un poco.

Cinco minutos después, vuelve a sonar el teléfono. Me llaman del trabajo: a las nueve de la mañana tengo que estar en mi puesto.

Y aquí estoy otra vez. Cuatro años más de trabajo asegurado. Ahora, ¡a resolver el tema de la vivienda!

A PAMPLONA

A las tres sale mi tren para Pamplona. Yo querría haber ido en el de las siete y media, pero no quedaban billetes. Tendré que ir en primera, así que me darán de comer un ensaladita de algas o unos volovanes de puerro o alguna otra exquisitez exquisita. Si yo fuera rico, viajaría siempre en tren y en clase preferente. Aunque, la verdad, estuve haciendo cuentas y con un par de concursos más y siendo un poco ahorrador, podría estar unos meses sin trabajar y viviendo de las rentas.

Y esto es bueno saberlo, porque el próximo martes comienzan mis vacaciones paradas y tener algunos billetes dentro del colchón tranquiliza bastante. Sin embargo, después de la reunión que hemos tenido esta mañana, parece que seguiré trabajando en este lugar durante unos años más. De todas formas, hasta que no lo vea, no me lo terminaré de creer.

Ahora solo queda resolver el asunto del piso. Según cuenta El Pais, los promotores prevén una caída del precio de la vivienda sin precedentes…

¿Y para qué voy otra vez a Pamplona? Porque una amiga se casa y los de la cuadrilla de ahí hemos montado una comida para celebrarlo. Tengo ganas de fiesta y este mes de abril promete. Ya es primavera! Y lo celebro dejandoos la canción de la que Diego, futuro supermodelo, habló en el artículo anterior. No es tan descaradamente retro, pero lo que se dice original y novedosa tampoco: Lips are unhappy, de Lucky Soul.

SIETE DÍAS

Hoy, en el café de después de comer, hemos estado haciendo cálculos y resulta que sólo nos quedan siete días de curro, además de las vacaciones de Semana Santa. El 31 de marzo es el último día que estaré sentado en esta silla, en mi esquina particular de la planta donde he estado los últimos tres años y pico.

¿Y después?

Pues a esperar a que nos renueven.

¿Y si no os renuevan?

Pues al paro.

¿Y no te preocupa?

Hombre, un poco, pero vamos, no soy tonto y ya encontraré algún trabajo. Aunque sea poniendo sandwiches en el Rodilla. Dicen que los que sobran cada día te los puedes llevar a casa, así que la cena, por lo menos, la tendría asegurada. Y si no, a vivir la vida bohemia. O de los concursos. O me voy a Nueva York. Ya me preocuparé cuando tenga que preocuparme.

VOTA CON TODAS TUS FUERZAS

Da igual que votes a La Casa Azul, que a Rodolfo Chikilikuatre, que a Coral, que a Arkaitz, que a Lorena C, que a Innata. Lo importante es que votes.

Y que lo hagas con alegria, votes a quien votes. Con cabeza y corazón, claro que sí. Ahora más que nunca.

PAZ.