TWO MONTHS OFF

Aun no ha llegado el otoño, pero hago balance y pienso que 2011 es un año que muchos recordarán como un año de cambios. Algunos de ellos han sido terribles y aun nos pesan en el corazón y en el alma, pero muchos otros han sido maravillosos. 2011 ha sido año de bodas y nacimientos, aunque también de separaciones inesperadas. Miradas enamoradas y planes rotos. Casas de alquiler en las que hay que hacer un hueco para una cuna, y un carrito, y ropa de bebés, y toneladas de muñecos. Chicos que renuncian al amor y entonces lo encuentran. Anillos de compromiso y revoluciones vitales. Indignados, revolucionarios, conformistas y primas de riesgo. Nueve meses que han dado para mucho.

Y mientras tanto, yo, como dice la canción, he visto la vida pasar. Pero como uno no puede pretender que el paisaje permanezca eternamente inalterado, ha llegado el momento en que a mí también me toque afrontar cambios importantes. Dentro de dos meses y unos días, mi futuro laboral puede ser pasado. Y sin embargo, debo confesar que no estoy demasiado preocupado. Soy un preparado pre-parado.

SISSISISSI

Ayer, mientras a nuestro lado pasaban cuencos de colores con trocitos de pescado crudo sobre una cinta transportadora, le conté a Diego los distintos planes de vacaciones que había elaborado para este verano. Venecia, Grecia, Estambul y Copenhague llegaron a la selección final, pero la ciudad ganadora del premio “Destino Vacaciones 2009” es…

¡Oh, sorpresa, no hay una sola ganadora!

Tenemos un empate entre Budapest y Viena, así que la solución será ir a una de las dos ciudades, pasar ahí varios días, coger un tren, pasar más días en la otra capital y volver a Madrid para ver a Madonna. A no ser que surjan imprevistos de última hora, va a ser un verano imperial.

VOYAGE VOYAGE!

Es mayo y ya va siendo hora de empezar a hablar de las vacaciones. Este año, a diferencia de los anteriores, no toca cruzar el charco para viajar a tierras americanas. Este verano mis vacaciones se repartirán entre Navarra, Madrid, Murcia y algún destino europeo aun por decidir. Será el primer viaje de los muchos que haré con el Acompañante Habitual. Pero como lo que nos hace ilusión es estar los dos juntos, aun no hemos elegido destino porque, en el fondo, no es lo que más nos importa.

Se supone que cuando acabe la carrera Diego va a ir unos meses a Inglaterra a hacer prácticas, así que las islas británicas quedan descartadas. También está planeado que en el verano de 2010 nos vayamos a hacer el Interail por tierras escandinavas, así que el Lejano Norte lo dejaremos para entonces. Tenemos el resto del continente a nuestra disposición. Mi duda es si ir a algún lugar en el que ya haya estado y que sé que me gusta o conocer nuevas ciudades y paises. Me haría ilusión volver a pasear por Venecia, ver otra vez las iglesias de Florencia o saborear una moussaka en Plaka. Me encantaría enseñarle a Diego los rincones que conozco de Estambul, pisar Asia, comer auténticos y deliciosos kebabs en Eminonu a un euro, pero si vuelvo a Turquía me gustaría conocer más lugares de ese país, algo que se nos escapa de presupuesto, de días disponibles y no cumple la condición europea de este viaje. Están también París, Amsterdam o Bruselas, pero, no sé porqué, no termino de imaginarme que los Paises Bajos existan cuando no hay nieve en las calles y las temperaturas son superiores a los cero grados.

El resto del continente es un enigma para mí. Siempre he sentido curiosidad por conocer lugares de Francia como Chartres, Reims o Arles, el pueblo donde vivió y se cortó la oreja Vincent Van Gogh. Otro destino interesante podrían ser los Alpes y la exótica Suiza, con sus exóticos relojes de cuco y sus exóticos chocolates. La gente cuenta maravillas de Berlín, Viena, Praga o Budapest. También podemos ir a saludar a la sirenita a Copenhague, comprobar si el metro de Moscú es tan lujoso como cuentan, aprovechar las ofertas de Easyjet para ver las colosales construcciones de Ceaucescu en Rumanía, o pasar varios días en las playas de Dubrovnik, Malta, Chipre o cualquier isla griega.

¿Qué me recomendáis vosotros?

ATRAPADOS EN LA RED

Lo leo en el Facebook de Vir y no puedo creerlo: la tienda Virgin Megastore de Times Square cerrará en abril y será sustituida por un establecimiento de la marca de ropa Forever21. Y eso que la facturación anual ascendía a unos 55 millones de dolares… Aquí en la pequeña Nueva York que es Madrid ya cerró Madrid Rock para convertirse en un Bershka, y la sección de música de la FNAC es cada vez más pequeña. En Pamplona, casi todas las tiendas de discos que existían en mi adolescencia han desaparecido.

También los cines de la Gran Vía están cerrando poco a poco sin que a nadie parezca importarle que Amancio Ortega y Stefan Persson se estén repartiendo el mundo.

Está claro que el futuro es descargárselo todo de la Red, de forma legal o no. No seré yo quien se ponga a luchar contra el progreso. Pero, ¿dónde queda el romanticismo de revolver los discos, ver las portadas y contraportadas, descubrir joyas a bajo precio e ir a por un compacto y llevarte cinco? Comprar en el Amazonas o en Itonos no es lo mismo, ni de lejos. Y ya no vamos a comparar el ver una película en pantalla grande, en la oscuridad del cine y haciendo manitas, con ver una película descargada de la red que ha grabado alguien con una cámara de vídeo. Vale, en el cine, a veces, tienes que aguantar a personas que hacen ruido al comer galletas con la boca abierta o no pueden dejar de comentar lo bueno que está James Franco, pero es que en las copias descargadas puedes escuchar como una madre le explica Wall-E a su hija… Lo dicho, que el futuro es un asco.

PREPARANDO EL VIAJE

Mientras España gana una medalla de oro y dos de plata, yo curioseo la web del New York Times. El lunes, día en que llegamos, puede haber tormentas, pero esperemos que empiecen después de que aterricemos (no están los ánimos muy elevados para meterse en un avión ahora mismo, la verdad), pero parece que el tiempo mejorará durante la semana.

La web del periódico tiene una guía para el viajero en el que hacen un listado de todo lo que debería visitarse: museos, monumentos, tiendas, parques, bares, discotecas… Me he puesto a anotar sitios y me parece que voy a necesitar un mes para verlo todo: American Museum of Natural History, The Apple Store, Battery Park (con el Museo del Holocausto), el puente de Brooklyn, Central Park (donde se venden los mejores perritos calientes y lazos pretzel del mundo), el edificio Chrysler, Coney Island, Dean & Deluca, el Empire State Building, FAO Scharz, el edificio Flatiron, la Estación Grand Central, la tienda de Manolo Blahnik, el Museo Metropolitano, el MOMA, Rockefeller Center, el Museo Guggenheim, la Catedral de San Patricio, el ferry de Staten Island, Times Square con su Virgin Megastore y sus musicales de Broadway, Tiffany & Co, Naciones Unidas, Washington Square, el edificio Woolworth, la tienda Disney de la Quinta Avenida y Chinatown.

Lo dicho, que me quedo en Nueva York.

LO VOY A HACER

Soy tan original y me gusta tanto ir a contracorriente que, justo cuando el Euribor marca máximos históricos y los expertos en Economía no se ponen de acuerdo en si lo peor de la crisis está por llegar, yo he decidido comprarme una casa.

Voy a comprar MI casa, el piso en el que he estado viviendo durante los últimos nueve años de mi vida, aquel que se anunciaba como “originalísimo apartamento” y que, poco a poco, se ha ido convirtiendo en mi hogar y en el de Flauta. Ahí ha habido fiestas, cenas, rodajes de cortometrajes, partidas de consola, noches alegres y mañanas tristes, noches tristes y mañanas alegres, tardes aburridas, un robo, varios invitados, un fantasma, humedades en la pared, una grieta, una lagartija, muchas risas y alguna lágrima. ¿Cuál es el valor de todo esto?

Sin duda alguna, muy superior a los euros que me piden por el piso. Así que, una vez hechas las cuentas, apretándome un poco el cinturón y contando con el aval de mi madre, voy a dar el paso y le voy a pedir matrimonio al banco. Ahora sólo tiene que darme el sí y todos seremos felices y comeremos… patatas cocidas, porque no me da para más.

ACE AND THE CITY

En 1983 a mi madre le dio un ataque de locura, nos agarró a mi hermano y a mí, y nos fuimos a pasar el verano a Nueva York a casa de mi tía. De aquel viaje a Estados Unidos recuerdo ver la parte de arriba de las nubes desde la ventanilla del avión, los grandes helados o icecream (pronunciado “icecream”, tal cual), las partidas de comecocos (había hasta cereales de desayuno con las figuritas del PacMan), las moquetas, la estatua de Alicia celebrando el NoCumpleaños con el Sombrero Loco y la Liebre de Marzo en el Central Park, los esqueletos de dinosaurio en el Museo de Historia Natural, DisneyWorld en Florida, el Pabellón de la Imaginación en EPCOT, el Obelisco y la gigantesca estatua de Lincoln en Washington, los panqueques, los dibujos animados a todas horas en la televisión y las Torres Gemelas.

En 1990 volvimos a cruzar el océano. De aquel viaje recuerdo las colas eternas en la aduana, los auténticos Whoppers, una proyección espectacular sobre UFOs en un Planetario en el que llegaba a llover de verdad sobre el público, los pies de la Estatua de la Libertad, el sabor del pato pekinés, los días en la playa, las partidas al Tetris, el Ninja Gaiden y el Kid Icarus en la consola Nintendo, los primeros episodios de los Simpsons, los estudios de la MetroGoldwynMayer y la Disney en Orlando, las partidas de minigolf, la silueta del Chrysler Building, los vagabundos rebuscando comida en la basura, el humo que sale de las alcantarillas donde viven cocodrilos, un día lluvioso en el Jardín Botánico de la ciudad y las Torres Gemelas.

No volví a Nueva York hasta el año 2003. De aquel viaje recuerdo lo cansados que son los vuelos con escala, la impresión de que todo era extrañamente familiar, las vistas desde lo alto del Empire State Building, las miles de variantes de refrescos y galletas en el supermercado local de Mineola, los cuadros de Lichtenstein, la reja de la catedral de Valladolid en el Museo Metropolitano, las acuarelas de Kandinsky en el Guggenheim, los rótulos luminosos en Times Square, los discos de Bisbal y Bustamante en la Virgin Megastore, el concierto de Sheryl Crow en el Radio City Music Hall, las ranas vivas a la venta en Chinatown, un paseo en el ferry a Staten Island y el vacío dejado por las Torres Gemelas en la Zona Cero.

Puede ser que vuelva a la ciudad este verano… Me apetece mucho, porque aun no he visitado el MOMA, ni he ido a ver un musical en Broadway, ni he cruzado caminando el puente de Brooklyn, ni he visto de cerca el Flatiron. Nueva York es inagotable.