UNA SENCILLA SECUENCIA DE HECHOS NADA EXTRAORDINARIOS

El siete de mayo de 2013, el soldado Bradley Maning fue ejecutado en la base militar de Quantico, donde llevaba encarcelado desde julio de 2010. La primera mujer en presidir los Estados Unidos, Sarah Palin, declaró que se trataba de una decisión ejemplar para los enemigos de América. Las protestas internacionales no se hicieron esperar. A nadie le sorprendió que una mano anónima ayudara a Julien Assange a escapar de su prisión sueca y que éste se refugiara en paradero desconocido, convirtiéndose en el terrorista internacional más buscado del mundo. Países como Australia o Nueva Zelanda decidieron retirar a sus embajadores en Washington. Más extrema fue la reacción de Venezuela, liderada por un enfermo pero aún poderoso Hugo Chávez, que acusó al gobierno estadounidense de instaurar un régimen neofascista en Norteamérica. Este hecho, unido a un frustrado atentado con gas mostaza en el metro de Nueva York supuestamente atribuido a un grupo de guerrilleros bolivarianos, no hizo más que aumentar la tensión entre ambas naciones. A finales de agosto, Chávez anunció el cese de la exportación del petróleo venezolano a Estados Unidos y sus aliados, una decisión que fue respaldada por sus socios iraníes. La crisis energética resultante obligó a los países europeos a recurrir a la energía nuclear, obviando las imágenes de los bebés mutantes japoneses que habían impactado a la opinión pública internacional pocos meses antes. Otra consecuencia de la crisis entre potencias del Norte y del Sur de América fue que la creciente minoría latina en Estados Unidos fue estigmatizada y sometida a férreos controles similares a los que ya sufría la población musulmana. La tensión provocó medidas tan absurdas como la de rebautizar con nombres anglosajones los topónimos de la geografía estadounidense o las quemas organizadas de discos de Shakira, Jennifer Lopez y Pitbull en Arkansas, Idaho y Nuevo México, una noticia que fue recibida con irónica indignación por los gafapastas del mundo. La presión sobre los latinos llegó al extremo de que el matrimonio Estefan abandonó su refugio en el estado de Flowered para volver a la Cuba (raul)castrista.

El 17 de noviembre de 2013, la Unión Europea aprobó el rescate económico de España, año y medio después del rescate de Italia y de la entrega de los monumentos de la Acrópolis al Museo Británico por parte de Grecia. La indignación popular obligó a la convocatoria de nuevas elecciones anticipadas. Las urnas trajeron un resultado inédito en el que cuatro partidos consiguieron un número similar de escaños. Los líderes políticos, encabezados por la futuras presidentas Díez y Aguirre, acordaron formar un gobierno de concentración para reconstruir el país. La propuesta de reformar la Constitución fue excelentemente acogida por la población al proponer la reinstauración de la República como medida de recorte de gastos y de honestidad democrática. Poca gente reparó en que un legalismo introducido en un artículo aparentemente menor permitía a las autonomías devolver al Estado las competencias que desearan. En febrero de 2014, una vez aprobada la nueva Carta Magna, prácticamente todas las Comunidades solicitaron la devolución de todas sus competencias. El estado de las autonomías quedaba disuelto. En marzo de 2014, la Generalitat de Catalunya declaró unilateralmente la independencia, siguiendo el modelo establecido por nuevos integrantes del mapa europeo como la República de Flandes, el Reino de Escocia y la Región Libre de Bretaña. El País Vasco no tardó en seguir el mismo camino. El gobierno de Madrid desplegó tropas en las fronteras, estableciendo un bloqueo comercial por tierra, mar y aire. La reescritura del mapa de Europa y el hundimiento económico de Francia provocó que el 27 de junio de 2014 el Tratado de Munich promulgara la disolución de la Unión Europea y la sustitución del euro por el germano.

Tras la muerte de Benedicto XVI el 17 de agosto de 2014, el Vaticano sorprendió al mundo eligiendo a un pontífice de origen africano y raza negra. Con el nombre de Juan XXIV, el nuevo Papa convocó la celebración de un nuevo Concilio para reformar la Iglesia Católica, modernizarla y adaptarla a los nuevos tiempos. Como muestra de un deseo de acercamiento a los más necesitados, este concilio tendría lugar en la Basílica de Nuestra Señora de la Paz situada en la ciudad de Yamusukro, Costa de Márfil. Mientras tanto, los monumentos del Vaticano sería sometidos a una completa restauración y algunos de sus tesoros artísticos serían expuestos gratuitamente en los principales museos del mundo. Recibidas como noticias optimistas en un mundo en una crisis que ya parecía perpetua, nadie contaba con que las obras permitirían infiltrarse en el lugar a un grupo de terroristas disfrazados de obreros para colocar varios explosivos de distinta potencia, así como una o dos de las llamadas bombas sucias. El atentando tuvo lugar el 8 de diciembre de 2014, festividad de la Inmaculada Concepción. Las víctimas se contaron por centenares, Roma y sus alrededores tuvieron que ser evacuados por la radioactividad y la Capilla Sixtina y los Museos Vaticanos, así como otras joyas artísticas, quedaron reducidos a escombros. Los servicios secretos occidentales no tardaron en afirmar que el material utilizado en la confección del artefacto explosivo procedía del reactor nuclear de Busher, algo que fue rotundamente negado por el gobierno iraní. Sin embargo, una renacida Al-Qaeda reivindicó el atentado como obra suya. La tensión internacional subió hasta niveles nunca vistos desde la Crisis de los Misiles de Cuba. Los intentos por encontrar una solución diplomática fracasaron el día de Navidad de 2015 cuando un grupo de fanáticos cristianos seguidores de Anders Breivik irrumpieron en el recinto de la Meca con granadas y pistolas, acribillando a decenas de peregrinos. Simultáneamente, otro grupo terrorista volaba la Mezquita de la Roca en Jerusalén. La Tercera Guerra Mundial estaba a punto de comenzar. Los países del mundo se veían obligados a alinearse y escoger un bando.

Desde un refugio secreto situado en las supuestamente deshabitadas islas Kerguelen, un hombre rubio, maduro, de aspecto inteligente, leía las últimas y escalofriantes noticias en la pantalla de su ordenador. Operaciones militares, movimiento de tropas, matanzas, campos de concentración. La única nota de ligero optimismo la ponía aquel día Corea del Norte, cuyo gobierno, siguiendo el ejemplo de China, se proclamaba neutral en medio de la contienda, ofreciéndose como refugio internacional a todos aquellos que se declararan dispuestos a aceptar los principios del comunismo totalitario. Una mujer entró en la habitación.

-Acabo de hablar con Marjane. La estación Palmyra ha terminado la digitalización de las grandes obras de la literatura española y ha comenzado con la árabe. Incluidas las suyas, claro.
-Perfecto. Bradley ha mandado su informe desde Svalbard. Las condiciones de la Bóveda siguen siendo buenas. El mundo no se quedará sin trigo.

La mujer, atractiva a sus más de cuarenta años, sonrió. Después miró la pantalla del ordenador y comentó, pensativa.

-¿Quién iba a suponer que el plan saldría tan bien?
-No fue tan difícil, -contestó el hombre. Todo se limitó a poner en marcha una sencilla secuencia de hechos nada extraordinarios. Por algo fue idea de un premio Nobel. La gente se burló de él cuando sugirió que una invasión extraterrestre sería la solución a la crisis finanicera, pero no era consciente de que el deseado Estado de Bienestar surgió como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. La guerra mueve dinero, crea industria, elimina excedentes de población… pero aun más dinero mueve la paz posterior: todo debe de ser reconstruido. Nuevas estructuras. Trabajo para todos. Nuevos horizontes de prosperidad.
-Lástima que nosotros no pudiéramos crear un calamar gigante que arrasara Nueva York.
-No soy Ozymandias, Naomi. Además, por mucho que proteste Alan, ese plan no hubiera terminado de funcionar. El ser humano necesita enemigos humanos.

La mujer se quedó en silencio. Se dispuso a abandonar la habitación, pero antes del salir de la estancia, hizo una última pregunta:

-¿Y quién quieres que gane?
-Esta guerra terminará en empate.

Naomi asintió y se fue sin añadir una sola palabra más. El hombre se reclinó en su silla y miró hacia el techo. Con los colores intactos como el primer día, Adán recibía el aliento de la vida de Dios, sus dedos a punto de tocarse. A Julien le reconfortaba observar cómo la figura del Creador estaba encerrada en la inconfundible silueta de un cerebro humano.