Vuelve Petula Clark

El arranque del año 2013 está siendo generoso en lo que se refiere a retornos inesperados. David Bowie ha roto su silencio, Destiny’s Child publican un tema inédito para su próximo recopilatorio de baladas y Justin Timberlake ha decidido volver al mundo de la música después de probar suerte en el cine (donde creo que lo único salvable que ha hecho ha sido La Red Social) y lanzar el nuevo MySpace. Lo que seguramente no esperábamos es que volviera Petula Clark, la intérprete del mítico Downtown, y que lo hiciera con un tema con un sonido entre atmosférico y minimalista sorprendente para una cantante de ochenta años. El videoclip, con la letra escribiéndose en la pantalla de un viejo ordenador, es más que eficaz.

Cut Copy Me es el nombre de este sencillo, el primero que publica Petula Clark en 21 años y sirve como adelanto de su próximo disco, Lost in You, en el que habrá nuevos temas y versiones de clásicos como Love me tender, de Elvis Presley, o Crazy, de Gnarls Barkley. Y como no, una nueva relectura de su Downtown, canción que vendió millones de copias en 1964 y que las nuevas generaciones redescubrieron gracias al arranque de la tercera temporada de Lost.

Paraíso

Paradise

Tanto hablar de que hemos nacido para morir tenía que llevar lógicamente a hablar del Paraíso. Me dices que sigues enganchada a los hombres mayores mientras iniciamos el viaje, hombre mayores como ese tal Yayo al que tanto cantas. Pararemos en cada motel antiguo que parezca salido de una vieja película de los cincuenta o de los sesenta. Jugaremos al pinball. Recorreremos el desierto como si fuéramos motoristas legendarios. Simplemente montaremos en el coche y nos dejaremos llevar. A veces sospecho que buscas una América que ya no existe más que en fotografías. James Dean, Marilyn, Elvis, Jesucristo, Jim Morrison. A veces te vuelves vulgar y dices que el chocho te sabe a pepsicola, y yo no te digo nada, pero pienso que soy más de la fanta naranja. Para compensar, citas a Walt Whitman y cantas a la electricidad del cuerpo, o al cuerpo eléctrico, o a los cuerpos en los que pareces buscarte y no encontrarte. Y entonces decides pararte en un bar y subirte al escenario, ese lugar donde te divierte dar vueltas sobre ti misma, ausente, para cantar Blue Velvet en un karaoke. Un enano aparece y te apaga la música. Y tú te ríes. Y yo me pregunto si esto es una película de David Lynch o simplemente juegas a ser un personaje. Creo que yo también juego a creerme tu personaje de ángel en tierra de dioses y monstruos, o de groupie que simula ser una auténtica artista, y por eso nos llevamos tan bien. Yo también echo de menos décadas que no viví e idolatró a cantantes que no conocí. Y al final, ¿dónde está el paraíso? ¿En Bel Air? Y por cierto, ¿has pensado ya qué vestido te pondrás para ir a la ceremonia de los Grammy? ¿Algo de HyM? Nos vemos en mayo.

Mika y el origen del amor

Sigo siendo dorado
Sigo siendo dorado

Como otros compañeros británicos de promoción (Duffy, The Hoosiers, The Feeling, Sophie Ellis Bextor…), Mika se encontró con que el mismo público que había convertido su debut en uno de los discos más vendidos del año decidía ignorar su segundo trabajo sin que hubiera demasiadas razones para pasar de un extremo a otro. Ante una decepción (más comercial que artística) de estas características, un artista tiene varias opciones: un retiro temporal, llamar a Pitbull o seguir haciendo la música que le gusta. Mika ha seguido este último camino y ha publicado un disco que mantiene la coherencia con sus dos trabajos anteriores: si Life in Cartoon Motion era un disco inspirado en la infancia de su autor y The Boy Who Knew Too Much representaba la adolescencia, The Origin of Love supone el paso a la vida adulta y eso se refleja en un sonido más sencillo y una producción menos teatral, un cambio que se anuncia desde la misma portada del disco, donde el blanco y negro y la desnudez sustituyen a los colores desparramados y abigarrados.

«You are the origin of love», canta Mika para abrir un disco que habla, sobre todo, del amor. De un amor que pasa por todas sus etapas, desde la alegría de los comienzos (Underwater, Make you happy) hasta los momentos en que este amor ya no da más de sí (Love you when I’m drunk) y en los que uno llega a pensar que el amor está sobrevalorado (Overrated, una canción que nació como una balada para convertirse en un tema puramente electrónico y uno de los momentos más brillantes del disco). Sin embargo, cuando se llega al final del disco y suena ese Celebrate, compuesto junto a Pharrel Williams, y un remix de Make You Happy, uno se da cuenta de que Mika ha aplicado los consejos que «ella» le daba en Elle Me Dit (aquí reconvertida al inglés sin mucho sentido en Emily): «écris une chanson contente, pas une chanson déprimante, une chanson que tout le monde aime». The Origin of Love es un disco feliz, con canciones que todo el mundo puede amar y, gracias a una producción que combina -en palabras del propio Mika- a Fleetwood Mac con Daft Punk, un disco que se puede bailar («danse, danse, danse»). ¿Que las ventas están siendo aun peores que las del segundo disco? Da igual, aun quedamos suficientes seguidores fieles que disfrutaremos con cada nueva canción de Mika y, por supuesto, no faltaremos a la cita con él en La Riviera el próximo 23 de Noviembre (o en Razzmatazz el 20 de Noviembre si viviéramos en Barcelona).

Mucho más que dieciocho meses

calvin harris 18 months

Después de meses de retrasos, Calvin Harris ha editado esta semana 18 Months, su tercer disco y, seguramente, el más esperado de su carrera a raíz del éxito mundial de su colaboración con Rihanna, We Found Love (aunque no deberíamos olvidarnos del otro tema producido por Harris para la chica de Barbados, el apoteósico Where Have You Been). Con este trabajo el británico puede convertirse en el sucesor comercial de David Guetta, con todas las ventajas y los peligros que eso supone. De hecho, en 18 months, a diferencia de sus dos anteriores trabajos, ha preferido contar con artistas invitados, desde Kelis a Ne-Yo pasando por Example, Ellie Goulding o Tinie Tempah, entre otros, para poner voz a sus canciones. La excepción es Feel so close, uno de esos temas marca de la casa que combinan electrónica y melancolía y que seguramente es uno de los momentos más brillantes del disco.

El resultado es un disco que por momentos parece un recopilatorio de grandes éxitos, ya que casi la mitad de las canciones que lo conforman ya habían sido publicadas como sencillos y las que aun no lo han sido pronto lo serán. Puede que Calvin Harris haya perdido algo de la frescura de sus dos primeros trabajos, pero lo que está claro es que ha sabido destilar su fórmula personal de hacer música electrónica hasta hacer de ella el subidón perfecto. 18 months cumple su misión con creces: hacer que al escucharlo en tu casa desees que todos sus temas suenen en una discoteca para bailarlos hasta el amanecer.

Veinte años de «Erotica»

A finales de los ochenta, Madonna se había convertido en la estrella femenina más grande que haya dado la música Pop y parecía que nadie iba a poder pararla durante los noventa. En 1990 triunfó con Vogue, hizo su gira más icónica, el Blond Ambition World Tour y terminó el año publicando The Immaculate Collection, su primer recopilatorio de grandes éxitos, que incluía el polémico Justify My Love y que de momento ha vendido treinta millones de copias (seguro que la cifra seguirá aumentando con los años). A principios de 1992 estrenaba Ellas dan el golpe, película en la que interpretaba un papel secundario pero que, a diferencia de sus pasadas incursiones en el cine, fue un éxito comercial en Estados Unidos. Madonna cantaba una (sosita) balada para la banda sonora, These used to be my playground, su décimo número uno en la lista de sencillos del Billboard. Todo parecía sonreirle hasta que hace veinte años, un 20 de octubre de 1992, salía a la venta su quinto disco, Erótica, y el público y parte de la crítica no tardaron en decir que Madonna estaba acabada.

"Acabada"
«Acabada»

El lanzamiento de Erotica coincidió con la publicación de Sex, el libro de relatos eróticos ilustrado con fotografías de Steven Meisel. Ambos eran las primeras producciones de Maverick, el sello discográfico fundado por Madonna en abril de 1992 para tener control absoluto sobre su obra (y que después publicaría los discos de Alanis Morissette, entre otros artistas) y parecían seguir el camino abierto por Justify My Love tanto en lo temático y lo musical para seguir explorando el sexo en todas sus vertientes.

Susurrando «My name is Ditta. I’ll be your mistress tonight», Madonna abría el disco con la canción que le daba título, un atmosférico tema que, escuchado veinte años después, se revela como una de las propuestas musicales más arriesgadas y menos convencionales que haya firmado la cantante. Con producción de Shep Pettibonne y André Betts, el resto del disco es una colección de temas dance con una marcada influencia de los sonidos house (Fever) y new jack swing (Bye Bye Baby) que imperaban en el momento, además de aproximaciones al hiphop (Did you do it) y algunas de las mejores baladas que jamás haya cantado Madonna (Bad Girl, Is this life). Pero hablar de sexo de una forma explícita, sin prejuicios y sin miedo a explorar sus lados oscuros hizo que gran parte del público generalista le diera la espalda: Ni el disco ni ninguno de los sencillos que se extrajeron del mismo consiguieron ser número uno en los principales mercados discográficos, ocupados en aquel momento por la explosión comercial del grunge y el éxito multimillonario de Withney Houston con la banda sonora de El Guardaespaldas. Ni siquiera el segundo sencillo publicado, la pegadiza Deeper and Deeper, un tema capaz de mezclar el disco setentero con el house de los noventa y una guitarra flamenca, fue capaz de animar las ventas de Erotica.

En total, Erotica apenas vendió cinco millones de copias, muy lejos de los veinticinco millones de True Blue o los 15 millones de Like a Prayer. Sin embargo, como suele suceder con los discos menos comerciales de Madonna, Erotica ha terminado siendo considerado uno de sus trabajos más interesantes, un disco que muestra a una Madonna tan desnuda en el exterior como en el interior, con un sonido oscuro y una manera cruda y directa de hablar del sexo infinitamente más sincera y auténtica que la imagen sexual que han cultivado artistas femeninas posteriormente. Erotica es un disco que suena a sexo real, sucio y susurrante, lejos de la sexualidad domesticada y comercial de, por ejemplo, Britney Spears o Christina Aguilera. Y no olvidemos que Erotica es también el disco que contiene Rain.

Rain sería el último sencillo extraído de Erotica, publicándose en julio de 1993. Tanto musical como estéticamente -con un videoclip dirigido por Mark Romanek y con la participación como actor del músico japonés Ryuichi Sakamoto), esta envolvente balada parecía poner fin a la exploración de Madonna por el mundo sexual y un anticipo de hacia donde iba a encaminar sus pasos en los años siguientes. No olvidemos que la «acabada» Madonna no estaba lejos de conseguir que un sencillo suyo fuera siete semanas seguidas número uno en el Billboard (Take a Bow), ganar el Globo de Oro a la mejor actriz (Evita) y, por supuesto, publicar Ray of Light.

The Killers, rock para adultos

Con Human, el sencillo que sirvió de carta de presentación de Day and Age, The Killers no sólo desconcertaron a sus seguidores sino que también lograron uno de los mayores éxitos de su carrera, consiguiendo que el gran público, al menos en España, les descubriera. Cuando uno empieza a escuchar Battle Born, su trabajo más reciente, se encuentra con el arranque electrónico de Flesh & Bone y por un momento piensa que Brandon Flowers y sus chicos van a continuar por ese camino y que el clasicismo de Runaways era una pista falsa. Por cierto, atentos al final del vídeo, en el que los tres músicos de la banda son desintegrados y sólo permanece Brandon Flowers con su chupa de cuero. Ni Adam Levine ni Chris Martin se han atrevido aun a hacerles ese feo a sus -poco estelares y/o agraciados- compañeros de banda.

Pero no, Battle Born no tarda ni un minuto y medio en mostrar su verdadera cara: éste es el disco ideal para escuchar atravesando las carreteras infinitas de Estados Unidos. ¿En un estilo sencillo y desnudo, con un sonido cercano a las raíces de la música americana, a lo Bruce Springsteen en Nebraska? No, basta con ver la portada del disco para darse cuenta de que este es un disco heredero del espíritu del AOR (Adult Oriented Rock) de los ochenta, desde Journey a Boston, pasando por REO Speedwagon.

Caballo contra coche, el duelo definitivo
Caballo contra coche, el duelo definitivo

Eso es lo que encontramos en este disco, baladones con versos del tipo «I don’t want your picture on my cell phone, I want you here with me» que encantarán a los fans de Foreigner, como Here with me o Be Still, así como temas guitarreros casi épicos como A matter of time o Miss Atomic Bomb, la única aportación al disco del productor Stuart Price, o canciones que pueden recordarnos al country rock como From Here On Out. Este giro musical tampoco debería sorprendernos tanto si tenemos en cuenta que la mayor parte del disco está producido por Steve Lillywhite y Brendan O’Brien, quienes últimamente han trabajado con The Fray, Matchbox20 o U2. Además, teniendo en cuenta que Brandon Flowers es el principal compositor del grupo es más fácil relacionar Battle Born con Flamingo, su disco en solitario de 2010, que con Day & Age.

Battle Born es un disco que gana con las escuchas, pero le falta algún tema que resulte tan redondo y rotundo como los grandes éxitos de la banda. Quizas Deadelines & Commitments o el tema que cierra la edición especial del disco, Prize Fighter se les acerquen, pero no terminan de llegar al nivel de un Somebody told me o un Read my mind. La pregunta es: ¿será este el disco que reconcilie a The Killers con los fans que les piden que repitan Hot Fuss una y otra vez? La respuesta es que, evidentemente, no. Quizás sean quienes consideran que Sam’s Town es, en realidad, su mejor disco, los que sepan disfrutarlo.

Sam Sparro se pierde de regreso al paraíso

En la primavera de 2008, Sam Sparro nos sorprendió a todos con Black and Gold, un tema de aires ochenteros que combinaba electrónica con el pop más elegante de aquellos años. Comercialmente, la canción fue un éxito, además de conseguir una nominación al Grammy a Mejor Grabación Dance. El disco de debut del australiano, una combinación de funk, electrónico y gotas de soul clásico, también funcionó bastante bien en Reino Unido y varios países europeos.

Es por esto que me extraña el poco interés que ha despertado el segundo disco de Sam Sparro, Return to Paradise, publicado el mes pasado sin que aquellos que compraron su debut hayan parecido enterarse. Con un videoclip de aires retro, Happiness ha sido el primer sencillo del album.

Sam Sparro ha dicho que este disco está influido por la música que se hacía entre 1978 y 1984 y que su intención era hacer una mezcla ecléctica de sonidos disco y dance. La intención se nota en los arreglos de algunos temas como We Could Fly o Closer, pero en muchas ocasiones, como en la propia Happiness, recuerda más a música de baile de los noventa y muy pocas veces suena a algo actual. Esta indefinición temporal y estilística acaba perjudicando al conjunto del disco. Aun y todo, contiene temas como Heart Like Us que nos permiten conservar algunas esperanzas de que algún día Sparro pueda demostrar que Black & Gold fue algo más que una afortunada casualidad.

NACIDOS PARA MORIR

Tú eres ese tipo de chica que consigue que jugar a antiguos videojuegos una tarde anodina de otoño se convierta en una velada inolvidable. Dices que el cielo es un lugar en la tierra cuando estás conmigo y haces que ni siquiera me acuerde de Belinda Carlisle. Me cuentas historias de tus amigas, de Lolita, de Carmen, de tus excursiones al hipódromo, de esos hombres malos que te regalan joyas y te roban el corazón, pero yo no sé si creerte. Sé que a las chicas como tú les gusta inventarse vidas, hazañas, dramas, pasados de glamour y decadencia. Tú crees que no me he enterado, pero sé que antes pedías a los demás que te llamaran Lizzy y ahora dices que tu nombre es Lana, como alguna antigua actriz de Hollywood de la que seguramente hayas visto más fotografías que películas. Tu apellido hace referencia a un modelo de Ford que seguramente no hayas conducido nunca.

Tú eres ese tipo de chica que consigue que tipos como yo se lancen a recorrer las carreteras nocturnas sólo porque tú quieres que te lleven a un lugar bonito, a un palacio barroco o a un motel de carretera con una piscina en la que puedas bañarte sólo por el placer de que te vean sumergirte en el agua. Tú eres ese tipo de chica que se atreve a cantar a pocos metros de los tigres pero dentro de ti tienes miedo a que se abalancen sobre ti y te devoren. Cuando te miro, no consigues aguantar la mirada. Cuando te miran los demás, no encuentras tu tono y te pierdes sobre el escenario. Pero prometes amor eterno mientras bebes un Diet Mountain Dew y consigues que tu envaramiento se convierta en algo fascinante.

Tú eres ese tipo de chica que canta a la tristeza veraniega y a los paraísos oscuros, a la radio y a los hombres que prometen gastar un millón de dolares. Es entonces cuando te miro y sospecho que eres esa chica intensa que tiene un padre rico con amigos y contactos para conseguir todos los caprichos de su niña. Quizás todas tus historias sean tan auténticas como tus labios. Quizás sean puro artificio. Pero no dejes de contarme tus mentiras, porque me encantan.

Y en una cosa tienes toda la razón, Lana. Hemos nacido para morir.