25 años de “Like a Prayer”

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Hace 25 años medio planeta estaba escandalizado porque Madonna acababa de estrenar un videoclip que algunos asociaciones religiosas llegaron a calificar de “blasfemo”. Bailes entre cruces en llamas, estigmas en las manos, santos negros que cobran vida para enrollarse con Madonna, una letra llena de dobles sentidos e insinuaciones sexuales… La polémica estaba servida.

Lo que estaba claro es que Like a Prayer suponía un distanciamiento con todo lo que había hecho Madonna hasta entonces, tanto musical como estéticamente. Con el pelo moreno, dejando claras sus raíces italianas, su cuarto disco iba a ser el más intimista y personal en lo que llevaba de carrera. Coproducida por Madonna y Patrick Leonard, Like a Prayer fue la primera canción que se grabó del disco, en otoño de 1988, y sería la que marcara su desarrollo. Con los treinta recién cumplidos, Madonna atravesaba una etapa de crisis personal (fracasos cinematográficos, el divorcio con Sean Penn) y todo ello acabaría reflejándose en el disco con el que alcanzó la madurez artística y que terminaría convirtiéndola en la Reina del Pop.

Un buen ejemplo de esta voluntad de querer ir más allá es el corte que cierra el disco, Act of Contriction, en el que Madonna “reza” para pedir perdón por sus pecados sobre una pista distorsionada de Like a Prayer -al más puro estilo experimental de Radiohead- y la guitarra de Prince, coproductor del tema. Prince es también coproductor y coautor del dueto Love Song, el tema más sexual del disco y un cierto adelanto de los caminos seguidos por Madonna en Erótica. El tema incluye la estrofa “time goes by so slowly for those who wait/those who run seems to have all the fun”, versos que reaparecerían década y media después en Hung Up.

Cuando la polémica causada por el videoclip de Like a Prayer parecía olvidarse, llegó un nuevo escándalo entre las mentes bienpensantes con el estreno del de Express Yourself, en el que la cantante aparecía desnuda y encadenada en una cama. Dirigido por David Fincher, con el modelo Cameron Alborzian de coprotagonista, un presupuesto de 5 millones de dólares y la película Metrópolis como inspiración (de ahí es la cita que lo cierra), Express Yourself es el videoclip y el tema de ritmos bailables y mensaje feminista que toda aspirante a diva del pop sueña hacer algún día. Sí, Lady Gaga, estamos pensando en ti…

Cherish sería el tercer sencillo de Like a Prayer, un tema inspirado musicalmente en el pop de los años sesenta, cercano en espíritu a lo que ya había hecho Madonna con la canción True Blue. Alejándose un poco de la polémica causada por sus dos videoclips anteriores, Madonna escogió al fotógrafo Herb Ritts para dirigir el de Cherish, una obra en blanco y negro y generosas dosis de anatomía masculina al más puro estilo de su autor.

Oh Father fue el cuarto sencillo del disco. La balada, acompañada de un bello videoclip dirigido una vez más por David Fincher, no repitió el éxito de sus predecesores, pero se ha ido convirtiendo en uno de los temas más reivindicados de la carrera de Madonna. En ella hace una especie de ajuste de cuentas con su padre, liberándose de su autoridad y poder. No es el único corte de Like a Prayer de carácter autobiográfico: Promise to try habla de la muerte de su madre, acaecida cuando Madonna tenía cinco años, mientras que Till death do us appart gira en torno a su fracasado matrimonio con Sean Penn.

Keep it together, un tema funk sobre la importancia de mantener a la familia unida, fue el último sencillo de Like a Prayer en Estados Unidos, un privilegio que en Europa tuvo Dear Jessie, canción de aires infantiles e instrumentación que algunos críticos consideran deudora de los Beatles dedicada a la hija pequeña de Patrick Leonard y reflejo, quizás, de las ansias de Madonna por ser madre.

Pray for spanish eyes, un nuevo guiño de Madonna al mundo y los sonidos latinos, fue lanzada como sencillo promocional en algunos mercados, pero la vida comercial de Like a Prayer terminó, quizás antes de tiempo, casi exactamente un año después de su publicación y quince millones de copias vendidas en todo el mundo. En marzo de 1990, Madonna lanzaba Vogue como adelanto de I’m breathless, su siguiente trabajo. El éxito descomunal del tema, unido al de su iconica gira mundial, el Blond Ambition Tour, convertirían a Madonna en la mayor estrella femenina de la música pop, además de confirmarla como una intérprete que había alcanzado su madurez artística, sobreviviendo a unos ochenta que había ayudado a definir y encarando unos años noventa en los que nos ofrecería algunos de los momentos musicales más interesantes de su carrera.

25 años de “101”

101 Depeche Mode

Reducidos actualmente a un mero complemento de los lanzamientos en DVD y BluRay de las giras de los artistas, los discos en directo parecen un recuerdo de otras épocas del pop y del rock. Quizás su último período dorado fue cuando se pusieron de moda los conciertos acústicos en formato “unplugged” de la MTV, pero en los 70 y los 80 había un momento en que todo artista que se considerara importante acababa publicando un disco en directo en condiciones. Era una manera de dejar un testimonio de la madurez artística adquirida por la banda o solista en cuestión, además de acercar su sonido en vivo al público en un tiempo en que ni las giras ni los medios de comunicación llegaban a todas partes. Discos como Frampton Comes Alive, de Peter Frampton, o At Folsom Prison, de Johnny Cash, han acabado convirtiéndose en trabajos esenciales de estos artistas, mientras que en otros casos la grabación en vivo ha terminado superando en fama a la versión de estudio, como sucede con No Woman No Cry, el himno de Bob Marley. Hoy celebramos el 25 aniversario de la publicación de uno de los mejores discos en directo -y el favorito de quien escribe esto- de la historia: 101, de Depeche Mode.

Publicado el 13 de marzo de 1989, 101 es un disco doble que recoge el concierto que Depeche Mode dieron en el estadio Rose Bowl de Pasadena, California, el 18 de junio de 1988. Era el punto final de la gira mundial de presentación de su anterior trabajo, el exitoso Music for the Masses -seguramente su mejor disco hasta esa fecha-, y en una clara demostración de lo acertado del título, más de 60.000 personas fueron a verles actuar aquella noche. Era el concierto número 101 de aquella gira y se nota que la banda estaba en plenitud de facultades: sintetizadores y voces suenan energéticas y brillantes en un repertorio que comenzaba a rebosar de grandes temas. Ahí están, entre otras muchas, Never let me down again, People are people, Behind the wheel, Pleasure Little Treasure, Strangelove, la intimista Somebody a cargo de Martin Gore o Just Can’t Get Enough, su primer éxito. Es un completo repaso a lo mejor del repertorio de una banda que había nacido con el auge del synthpop, pero que había conseguido sobrevivir e ir más allá de la moda de los sintetizadores y que estaba a punto de entrar en los 90 regalando al mundo dos obras maestras como Violator y Songs of Faith and Devotion. Especialmente brillante es el último corte, una versión en vivo de Everything Counts que ha acabado superando en fama a la grabación en estudio de este sencillo de Construction Time Again publicado en 1983. Todo lo mejor de los Depeche Mode de aquel momento está recogido en este videoclip.

Además del disco, 101 es también una película sobre ese concierto en Pasadena. Dirigido por D.A. Pennebaker, autor de documentales protagonizados por Bob Dylan, The Plastic Ono Band, Jimi Hendrix o David Bowie, 101 refleja los entresijos de la gira de Depeche Mode intercalados con el viaje en autobús de un grupo de fans de la banda para verles actuar y con actuaciones en directo del grupo. Grabado de una forma realista y natural, sin nada de glamour, consigue plasmar perfectamente y con mucha credibilidad la vida en la carretera de Depeche Mode y la cotidianeidad de los fans. Curiosamente, el concepto inicial de la banda respecto a la película era reflejar como encajaba su música en los ochenta, una idea que Pennebaker desechó por considerarla infilmable. Sin embargo, 25 años después, 101 parece por momentos una cápsula del tiempo donde se recogen modas, estilismos, objetos y actitudes que nos retrotraen directamente a la década de los excesos y las grandes giras en estadios.

Cualquiera que haya ido a un concierto de Depeche Mode habrá podido comprobar que la banda domina el directo como pocas. La presencia carismática de Dave Gahan en el escenario, el talento musical de Martin Gore, el afinado trabajo de Andy Fletcher y Alan Wilder tras los teclados, la entrega de un público que sigue a la banda con devoción y al que se le siente presente durante todo el disco con sus rugidos y su griterio… Gracias a 101, todo lo que sucedió aquella ya lejana noche de 1988 en la que Depeche Mode parecieron el mejor grupo del mundo permanecerá para siempre en el tiempo.

Carlos Sadness, Monteperdido

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En noviembre de 2013, Carlos Sadness, que lo único que tiene de triste es el apellido, se fue de excursión durante varios días en compañía de algunos amigos (Mónica Bedmar, el guitarrista Raúl Beckett, Sergio Sastre, de Miss Cafeina, y Álvaro Sanz) a los paisajes pirenaicos de Ordesa, entre San Felices y el Monte Perdido (Huesca). A la orilla de ríos de montaña y entre bosques otoñales, el músico buscó la inspiración para sus nuevas composiciones, ilustraciones, fotografías… El resultado acaba de ver la luz en forma de EP y de documental, un videotrip dirigido por Álvaro Sanz en que vemos como esas canciones van naciendo y tomando forma en plena Naturaleza.

El EP Monteperdido es un buen complemento para Ciencias Celestes, el primer disco de Carlos Sadness, uno de cuyos temas, El día que hizo más viento que nunca, se incluye aquí en formato acústico y con variaciones en la letra. Las referencias a la Naturaleza, el tono entre romántico y nostálgico de las letras y esa combinación de sonidos rock y folk con la manera tan personal de cantar casi cercana al rap que tiene Carlos Sadness siguen aquí presentes. Pero también es un paso adelante en su carrera: Monteperdido, la canción que da título al EP, trae como novedad unos luminosos arreglos electrónicos gracias a esos sintetizadores que la protagonizan, mientras que Feria de Botánica es un tema más intimista y sencillo. En todo caso, dos buenas canciones que son un gran regalo para los fans del artista y que hacen que tengamos más ganas de que llegue su segundo trabajo.

Desde Islandia, Asgeir

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En el curso de las dos últimas décadas, Islandia ha pasado de ser un olvidado punto en el mapa a ser un país con una importante presencia en el imaginario pop. Desde volcanes de nombre impronunciable que siembran el caos en el espacio aéreo europeo a series infantiles protagonizadas por un tanto inquietante aficionado al deporte, pasando por revoluciones silenciosas contra los banqueros o esos paisajes de otro mundo donde algunos soñamos con poder ver la aurora boreal algún día… Y por supuesto, la música. Islandia nos ha dado a Björk, a Sigur Ros, a Of Monsters and Men, a Emiliana Torrini, a GusGus, a Múm… Y ahora también a Ásgeir, cuyo debut, Dýrð í dauðaþögn, se ha convertido en uno de los discos más vendidos de la historia de Islandia: aparentemente, uno de cada diez islandeses tiene una copia del mismo.

Dýrð í dauðaþögn, rebautizado en su lanzamiento internacional como In the silence, no es un disco tan experimental como los firmados por algunos de sus compatriotas. Sin embargo, tampoco se puede decir que sea un trabajo convencional: sus canciones nacen de la colaboración entre Ásgeir, de 21 años, y su padre, quien a sus 72 años ha sido el responsable de escribir la mayor parte de las letras del disco, salpicadas con referencias al frío, la nieve y las noches islandesas, posteriormente traducidas al inglés por el prestigioso John Grant, cantautor estadounidense residente en Reykjavik. En In the silence, Ásgeir muestra dos caras distintas, una más puramente folk en temas como las sencillas Summer Guest o On That Day, mientras que en otros temas se anima a experimentar con los arreglos electrónicos acercándose a los sonidos emocionantes de un Bon Iver o hasta un James Blake, como sucede en In Harmnoy, Torrent, Soothe this day o Head in the snow, y que terminan siendo los momentos más brillantes de un disco que nos hace sentir envidia del maisntream islandés. El hecho de que Ásgeir diga en sus entrevistas que está escuchando mucho a Aphex Twin y hip hop californiano hace también que sienta curiosidad por hacía donde tirará su carrera.

High Hopes

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¿Cuál es el status actual de Bruce Springsteen? Está claro que la época en que era una superestrella y hasta un icono de los ochenta ya quedó atrás y que seguramente su último éxito entre el gran público fuera la ya lejana Streets of Philadelphia, pero el caso es que el Boss sigue conservando un amplio número de seguidores que hacen que sus discos alcancen buenas cifras de venta y, sobre todo, que sus giras sigan siendo multitudinarias. Liberado del peso de tener que ser un superventas a toda costa como en los tiempos de Born in the USA y Tunnel of love, Springsteen puede dedicarse a publicar los discos que le apetezca cuando quiera y como quiera, ya sea una colección de versiones de Pete Seeger o su visión de la realidad estadounidense del momento: Springsteen nunca ha tenido miedo a cantar sobre el mundo y la gente que le rodea y ahora no iba a ser menos.

Toda esa libertad y esa personalidad se nota en High Hopes. Ajeno a cualquier sonido de moda y a cualquier necesidad de ser moderno, Springsteen sólo es fiel a sí mismo. Su manera de hacer rock y de cantar ya son intemporales, clásicos en sí mismos. Pero eso no evita que High Hopes resulte ser un disco un tanto desconcertante, por su combinación de antiguos temas regrabados, canciones descartadas para otros discos ahora recuperadas y versiones de otros artistas. El sencillo que da título al disco es un buen ejemplo de esta diversidad temática: Bruce Springsteen ya habría grabado High Hopes, un tema compuesto por Tim Scott McConnell -artista que se denomina a sí mismo “el maestro del blues gótico”-, para el EP Blood Brothers, de 1996, cuando volvió a juntarse con su banda de siempre, la E Street Band, para grabar una serie de temas nuevos para su primer recopilatorio de grandes éxitos. Otros temas que se recuperan en este disco son American Skin (41 shots), tema incluido en su disco Live in New York City de 2001 y que aparece aquí en su versión de estudio, y The Ghost of Tom Joad, regrabado en una versión donde cobra un especial protagonismo la guitarra de Tom Morello, miembro de Rage Against The Machine y acompañante de Springsteen a lo largo de su última gira. El mensaje de la canción, publicada originalmente en 1995 e inspirada en el protagonista de Las uvas de la ira, sigue estando de plena actualidad en estos tiempos de crisis económica.

Además de High Hopes, dos son las versiones que aparecen en el disco: Just like fire would, un tema de 1986 del grupo de punk australiano The Saints, y Dream Baby Dream, versión de la canción publicada por Suicide en 1979. Mientras que la primera apenas aporta nada al original, la segunda es toda una recreación en clave folk-rock de un tema synthpop y una buena manera de cerrar este disco. Del resto del disco, descartes de las sesiones de grabación de los trabajos de Bruce Springsteen de los últimos años, encontramos temas con sabor al rock clásico americano, que van desde los coros de Heaven’s Wall hasta las reminiscencias de I’m on fire que podemos encontrar en Down in the hole. Especialmente destacables son Hunter of invisible game y The Wall, inspirada por una visita del rockero de New Jersey al monumento en memoria de los soldados caídos en Vietman de Washington. Todas ellas son un buen reflejo del talento de Springsteen, pero también una prueba de que, para lo bueno y para lo malo, sus canciones están por encima de modas: realmente da igual cuando fueron compuestos estos temas, ninguno de ellos suena antiguo… pero tampoco novedoso.

25 años de “Shaday”

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En verano de 1988 las pistas de baile y emisoras comerciales se volvieron locas con un tema cantado en hebreo e inglés por una artista israelí de raíces yemeníes llamada Ofra Haza. El tema se llamaba Im Nin’alu y era una curiosa mezcla de pop occidental con ritmos orientales que resultaba tan original como pegadiza.

Ofra Haza era una de las mayores estrellas de la música de Israel desde que comenzó su carrera a principios de los 80. De hecho, había representado a su país en el festival de Eurovisión de 1983, quedando en segunda posición. Pero, ¿cómo llega una canción basada en un poema hebreo del siglo XVII a lo más alto de las listas europeas? Todo comienza cuando Ofra Haza publica en 1984 un disco titulado Yemenite Songs, un trabajo donde homenajeaba a sus raíces cantando canciones tradicionales de los judios yemeníes. Abriendo el disco se encuentra Im Nin’alu, en cuyo comienzo Haza canta a capella las estrofas principales de la canción (Im nin’alu daltei n’divim daltei marom lo nin’alu: “Si las puertas de los ricos están cerradas, las del cielo nunca lo estarán”). Esta intro llamó la atención de varios DJs, que la samplearon, por lo que la voz de Haza acabó formando parte de temas como Pump up the volume, de MARRS, o el remix que Coldcut hicieron de Paid in full, de Eric B & Rakim. Así que cuando Haza decidió editar su propia remezcla de Im’ Nin Alu, los DJs de discotecas y bares la recibieron con los brazos abiertos… y de ahí a las emisoras comerciales y las listas de ventas.

Una posible explicación de cómo llegó la primera versión de Im Nin’alu a oídos occidentales puede ser que ésta era la cara B del primer remix de un tema de Yemenite Songs que hizo Ofra Haza: Galbi. Publicado en 1985, este sencillo llegó a Europa sin que el gran público reparara en él hasta el éxito de Im Nin’alu, momento en el que fue remezclado una vez más en la versión que más conocemos para ser incluido en el disco Shaday.

Imitando a Lady Gaga antes de que Lady Gaga naciera
Imitando a Lady Gaga antes de que Lady Gaga naciera

Editado en noviembre de 1988, Shaday incluía estos dos temas así como nuevas grabaciones de viejos temas de Ofra Haza. Escuchado veinticinco años después, la parte más floja del disco son las grabaciones en las que cantante y producción abandonan los sonidos orientales, como la balada My Aching Heart, mientras que otros temas como Da’ale Da’ale o el que da título al disco suenan a una curiosa mezcla de ritmos ochenteros y deje oriental. Sin duda, uno de los cortes más destacados es Love Song, tema en el que Ofra Haza llega a poner la piel de gallina al cantar a capella unas estrofas del Cantar de los Cantares.

Haza no consiguió repetir el éxito comercial de Shaday con su disco siguiente, Desert Wind, aunque consiguió una nominación al premio Grammy en la categoría de World Music con su trabajo de 1992, Kirya. También colaboró con artistas tan variados como Sisters of Mercy o Paula Abdul, además de participar en bandas sonoras como La Reina Margot o El príncipe de Egipto. Ofra Haza moría inesperadamente el 23 de febrero de 2000, a los 42 años, dejando un legado de discos y canciones memorables que demuestran que hay mucha música y mucho pop más allá del mundo anglosajón.

Lady Gaga: ArtPop

One second I'm a Koons then suddenly the Koons is me
One second I’m a Koons then suddenly the Koons is me

En los 90 una cantante de pop adolescente publicó un disco lleno de rabia y actitud desafiante titulado Jagged Little Pill. Alanis Morissette vendió 33 millones de copias de este disco y videoclips como Ironic han acabado siendo la quintaesencia de cierta estética noventera. Morissette publicó a continuación Supposed Former Infatuation Junkie, un disco tan grande en intenciones como extensión: diecisiete canciones con ínfulas espirituales, filosóficas y pseudoreligiosas. Sus seguidores quedaron desconcertados, las ventas disminuyeron y para cuando llegó el tercer disco, el interés por su música había disminuido considerablemente. Under Rug Swept era un disco más humilde en intenciones que su predecesor, pero carente de toda la frescura y descaro de Jagged Little Pill. Morissette todavía conservaba fans que lo colocaron en el número uno de las listas de ventas y desde entonces ha seguido publicando discos con regularidad y ventas aceptables. Pero… ¿cuál fue la ultima canción de Alanis que ha trascendido a las masas más allá de sus seguidores más fieles?

Dos décadas después, Lady Gaga parece condenada a repetir esta historia. The Fame sorprendió al público por su frescura y su descaro y Born This Way desconcertó por sus ambiciones desmesuradas en cuanto a temática y por una estética oscura inspirada en el rock ochentero que poca relación tenía con el contenido musical del disco. Stefani Germanotta publica ahora ArtPop, su tercer trabajo y -ya lo podemos decir desde ahora- el más flojo de su carrera. La Gaga de ArtPop sigue siendo una artista que se toma demasiado en serio a sí misma, una estrella que pone una estatua de sí misma hecha por Jeff Koons en la portada, que se rodea de artistas como Marina Abramovic y toma a la Venus de Botticelli como referente estético sin el menor viso de ironía. Todo en ArtPop resulta caótico y desconcertante, de tal forma que no se entiende cuál es el propósito temático o estilístico del disco. Resulta pertinente hablar de marihuana en Holanda, moda y de Donatella Versace cuando se habla de cultura popular, pero no se entiende como se pueden combinar las pistas electrónicas características de Lady Gaga con ese despropósito tecno-oriental llamado Aura que abre el disco, el toque rocanrolero de Manicure o el rap de Jewels n’Drugs.

En este sentido, Venus sería un buen ejemplo de todos los problemas de ArtPop. Con ese juego entre los nombres de los planetas y de los dioses y con un estribillo pegadizo y eficaz, podría haber sido un excelente y divertido homenaje a los tiempos del Space Disco y su estética galáctica. Sin embargo, el tema acaba siendo un batiburrillo de estrofas e ideas que a la hora de interpretarlo en directo, Lady Gaga pone en escena con una seriedad tan absoluta que bordea lo ridículo (aparte de que podemos comprobar una vez más que las grandes coreografías nunca han sido el punto fuerte de la artista).

Sin embargo, como se ve en esta actuación en el X Factor británico, cuando se quita la peluca y se queda sola en el escenario para interpretar Do what U want, Lady Gaga demuestra que aun conserva todo su carisma y su talento. Al igual que en Born this way, en ArtPop también encontramos melodías brillantes y pegadizas en temas como Gipsy, G.U.Y. o la misma Applause, crelegada a la última posición del tracklist (quizás ArtPop causara una impresión muy diferente escuchándolo en orden inverso). Gaga sólo tiene que dejar de lado esas pretensiones de querer hacerlo y abarcarlo todo, de querer ser a la vez una artista underground y una estrella del pop, y abandonar de una vez por todas esa indigesta manía de articular un discurso intelectual y con mensaje a través de canciones electrónicas y bailables: no hay nada que le siente peor al Pop que la trascendencia impostada. Sólo tiene que hacer caso a lo que ella misma dice en la canción que da nombre a ArtPop: “Give it time, sometimes the simplest move is right / The melody that you choose / Can rescue you?”. Si no, se quedará encerrada en su torre de marfil rodeada por sus pequeños monstruos publicando discos que sólo despertarán indiferencia generalizada.

Arcade Fire: Reflektor

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Cuando uno habla de Arcade Fire en según que contextos tiene que tener mucho cuidado. Determinado público alternativo los tiene colocados en el altar de Grupos Intocables Que Hacen Música Seria Que No Debería Llegar A Las Masas Porque Entonces Deberían Dejar De Gustarme. Arcade Fire son un grupo para oyentes cultos y de gusto exquisito. Y sin embargo, tampoco hay que olvidar una cosa: Arcade Fire son una banda que gusta a mucha gente. Pocos artistas pueden presumir de colocar sus trabajos en lo más alto de las listas a ambos lados del Atlántico, actuar con regularidad en Saturday Night Live y colocar canciones como banda sonora para películas, anuncios y programas de televisión. Lo quieran o no sus seguidores más acérrimos, Arcade Fire son un grupo de masas como lo han podido ser REM o los U2 más interesantes a lo largo de sus carreras.

Hay que tener clara una cosa: Reflektor es un disco de pop. La Wikipedia lo clasifica en las categorías de Indie Rock, Art Rock y… Disco. La base rítmica del tema que da nombre al cuarto trabajo de Arcade Fire y la manera de cantar de Win Butler nos pueden remitir a Hercules & Love Affair y de ahí a Scissor Sisters y hasta los BeeGees. Los ecos ochenteros a lo Fleetwood Mac son notables a lo largo de sus trece temas (¿o son catorce?), e incluso uno puede pensar en clásicos de la década de Michael Jackson o Madonna cuando escucha el bajo de We Exist. Tampoco existió nunca una canción inspirada en Joan of Arc que pareciera venir directamente de los tiempos de la New Wave. Por todo eso, a la hora de juzgar Reflektor, no habría que perder de vista en ningún momento que Butler ha declarado que su intención era hacer un disco que Régine Chassane (la voz femenina del grupo, entre otras muchas cosas) pudiera bailar. El objetivo se ha cumplido.

Tampoco hay que perder de vista que Reflektor ha sido grabado, en gran parte, en un castillo de Jamaica y que en su origen se encuentra un viaje que el matrimonio Butler y Chassane hicieron a Haiti, país de origen de la familia de ella. La épica de las iglesias abandonadas ha sido sustituida por influencias tropicales evidentes en temas como Here comes the night, cuyo ritmo se encuentra a un paso de convertirse en un reguetón. Estos son los detalles con los que se acaba quedando el oyente medio, a quien poco le importa que Reflektor esté inspirado en la película Orfeo Negro o un ensayo de Kierkegaard. Orfeo y Euridice son los protagonistas de la portada y de dos temas del disco, pero no hace falta conocer su historia para disfrutar del disco.

Y sin embargo, está claro que Reflektor es un disco de pop con un fondo oscuro y metafísico. Reflektor es un viaje musical al Hades donde Orfeo fue a buscar a Euridice. Las referencias al Cielo y al Infierno son constantes a lo largo de todo el disco: “If this is heaven I need something more” (Reflektor); “But if there’s no music up in heaven, then what’s it for?” (Here Comes The Night Time); o por supuesto, Afterlife (“Afterlife, oh my God, what an awful word”), el penúltimo tema del disco antes de Supersymmetry ponga fin al mismo dejando claro una vez más el intencionado juego de espejos, de interrelación entre nuestra realidad y las que hay más allá, que es Reflektor (“It’s been a while since I’ve been to see you, I don’t know where, but you’re not with me. Heard a voice, like an echo, but it came from you”), un disco casi perfecto que va revelando nuevos matices sonoros y temáticos en cada escucha.

Querida Miley Cyrus:

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Como se ha puesto de moda escribirte cartas. esta crítica de Bangerz no podría tener otra forma. En primer lugar, estimada Destiny Hope, tenemos que darte las gracias por haber hecho un disco pop que se puede escuchar de principio a fin sin sentir que haya canciones de relleno. Otra cosa es que haya coherencia interna entre los temas, pero hace mucho tiempo que los discos se han convertido en colecciones de sencillos. Así era en los 60 y nadie se quejaba. Tiene lógica que en una época en la que lo importante de cara al mercado vuelven a ser las canciones, hayas hecho un disco así, como bien saben otros compañeros tuyos de promoción como Calvin Harris o Rihanna. Además, como bien dices, el disco se titula Bangerz, y tal y como nos cuenta Urban Dictionary, ésto es un “banger”:

1. If a Song is extremly tight or just unbelivably awesome. It is a banger.

2. An intense party, which involves large amounts of drinking, beer pong, and plenty of skanks to grind on. Always leaving the house a total mess.

Así pues, canciones increíblemente fabulosas y fiestas intensas que dejan la casa hecha un follón. Viendo el videoclip de We can’t stop, está claro que no podías haber elegido un título mejor. Como bien cantas en ese tema, es tu fiesta y haces lo que quieres y es tu boca y cantas lo que quieres. Esto es lo mejor que podías hacer para vengarte de Liam Hemsworth, porque, no nos engañemos, éste es un disco de desamor y ruptura, que empieza con declaraciones de amor (Adore you) para pasar a temas que habrían vuelto loca a la Christina Aguilera de Back to Basics (FU: “I got two letters for you. One of them is F and the other one is U”). La humildad es para las cantantes country y emborracharse es para las divas torturadas del soul, tú eres una chica pop y sabes que lo importante es pasárselo bien. Si quieres montarte desnuda en una bola de demolición, lo haces. Si quieres restregarte contra Robin Thicke, lo haces. Parece que algunos se creen que haber protagonizado una serie de Disney Channel en tu infancia te convierte en ese personaje. Como si en tu tercer disco no hubieras cantado que no podías ser domesticada, como si Britney Spears -con la que cantas el tema que da nombre al disco- no hubiera comenzado su carrera poniéndose una minifalda de colegiala, como si Christina Aguilera no hubiera grabado su disco más famoso incitando al público a ensuciarse, como si Alanis Morissette no hubiera comenzado su carrera como cantante pop en su Canadá natal para luego hablar de -OhDiosMío- sexo y conquistar el mundo. ¿Quién, a los veinte años que tienes, no ha querido ponerse el mundo por montera?

Y sí, además, sabes contratar a un productor como Mike will made-it y tienes el buen gusto de que Pharrell Williams te componga un par de canciones, el mundo se acabará poniendo a tus pies. Bangerz es un brillante disco de pop comercial, con sus momentos de reivindicación de la música negra de ahora y de siempre (hay ecos evidentes de Michael Jakckson en temas como On my own) y que además tiene muy en cuenta que la gente, en tiempos de crisis, lo que quiere es bailar y pasárselo bien, ya sea a ritmo de dubstep (Someone else) o ¿swing? (4×4). Bienvenida al mundo de los adultos, Miley, y gracias por invitarnos a tu fiesta.

She & Him: Volume 3

Si eres guapa, sales enfocada.
Si eres guapa, sales enfocada.

Hace unas semanas Zooey Deschanel y M. Ward publicaron el tercer trabajo de su proyecto musical conjunto, She & Him, el cuarto si incluimos su disco navideño de 2011, A Very She & Him Christmas (que, curiosamente, parece ser su disco más vendido). En un alarde de originalidad lo han llamado Volume 3, lo que indica una clara voluntad de mantener una continuidad con sus trabajos anteriores, Volume 2 y Volume 1. Continuidad estilística y musical es lo que encontramos en este trabajo, pero también una entrega más de una discografía cada vez más coherente e interesante.

Es fácil pensar que todo el trabajo artístico corre a cargo del muy talentoso Ward. De hecho, él ha sido el encargado de producir todos los discos del grupo, pero la única compositora de los temas es Zooey Deschanel. No se puede decir que Deschanel sea una actriz especialmente versátil, pero sabe muy bien cuál es el personaje que puede interpretar… y lo mismo sucede en su faceta como cantante. No tiene la mejor voz del universo, pero sabe muy bien como utilizarla y a que registros recurrir. Como en sus discos anteriores, es inevitable no trasladarse a los años 60 y 70 al escuchar las canciones de este Volume 3. Ahí están los coros con los que abre el disco I got your number, son, un tema que perfectamente podrían haber cantado The Crystals, The Shangri-Las o cualquier otro gran grupo femenino de aquellas décadas, o las letras tan llenas de dramatismo como cierta ingenuidad de I could’ve been your girl, Shadow of love o Never wanted your love. Estos homenajes al pasado -no hay que olvidar que la actriz y el cantante comenzaron a trabajar juntos cuando descubrieron su mutua admiración por la obra de Phil Spector y George Martin- se evidencian a través de las habituales versiones que completan los discos de She & Him. En este caso recuperan Baby, un tema poco conocido de Ellie Greenwich, y el conocido baladón Hold me, Thrill me, Kiss me, así como Sunday Girl, una canción de Blondie.

En resumen, con temas como London, dedicado al más lluvioso y gris Londres, She & Him consiguen que parezca fácil algo tan complicado de lograr en el mundo de la música como es la sencillez.