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Mark Ronson: Uptown Special

Mark Ronson Uptown Special

No sé si se le puede poner a Mark Ronson el calificativo de genio, pero lo que está claro es que su sabiduría musical es muy grande. A lo largo de su carrera como productor ha demostrado que saber trasladar al siglo XXI los sonidos clásicos de la música popular de las últimas décadas. El ejemplo emblemático de su carrera para el gran público sería haber sabido insuflar alma de soul y Motown al Back to Black de Amy Winehouse, pero también demostró manejarse muy bien con el synthpop y los sonidos ochenteros en su anterior trabajo en solitario, esa maravilla llamada Record Collection.

Lo que no sé tampoco es si Ronson se esperaba que Uptown Funk se fuera a convertir en un superéxito mundial. La colaboración con Bruno Mars, a quien Ronson produjo varias canciones de su Unorthodox Jukebox como Locked Out Of Heaven, lleva varias semanas en lo más alto de las listas de medio planeta con su contagiosa recuperación del funk de los ochenta. Directa, sencilla, con unas guitarras contagiosas, acompañada de un videoclip que no desentonaría en la MTV de 1987 y con un Bruno Mars empeñado en mantener vivo el espíritu de Michael Jackson, Uptown Funk es uno de esos temas prácticamente perfectos gracias a su intemporalidad. ¿Podemos decir que su éxito certifica la muerte del EDM más banal que hasta ahora arrasaba entre las masas?

Pero no sólo de (Uptown) Funk vive Uptown Special, el cuarto disco de la carrera de Mark Ronson. La inconfundible armónica de Stevie Wonder se encarga de darnos la bienvenida a un trabajo donde pasearemos por sonidos propios de la música negra y/o aires claramente ochenteros. Mystikal resucita a James Brown en la impactante Feel Right, mientras que I can’t lose, cantada por Keyone Starr (a la que Ronson descubrió en Jackson, Mississipi, mientras buscaba a una cantante que recordara a una joven Chaka Khan) hubiera sido un éxito en las radiofórmulas de finales de los ochenta.

En todo caso, lo que demuestra Uptown Special es que Mark Ronson tiene tan buen gusto con sus referencias musicales como con los colaboradores de los que se rodea. En esta aventura ha embarcado como coproductor y coautor a Jeff Bhasker, ganador de Grammys por su trabajo para artistas como Jay-Z, Kanye West o Fun, y ha contado en las letras con la aportación del novelista Michael Chabon. Como en Record Collection, Andrew Wyatt, cantante y compositor de Miike Snow, pone voz a un par de temas, mientras que Kevin Parker, de Tame Impala, aporta su toque entre retro y psicodélico a las tres canciones en las que participa. Momentos como Summer Breaking o Crack in the Pearl nos pueden recordar a lo que hicieron Daft Punk en Random Access Memories, ese intento de resucitar el rock suave y las guitarras a lo Steely Dan o Alan Parsons Project, pero en manos de Ronson resultan más orgánicos y cálidos.

La última virtud destacable de Uptown Special es su concisión. Con once temas y una duración que no llega a los cuarenta minutos, Ronson consigue hacer un disco que cumple perfectamente su misión de hacer música divertida, desacomplejada y de la que los grandes nombres en los que el productor londinense se inspira estarían más que satisfechos. Hemos empezado bien este 2015.

Calvin Harris: Motion

Calvin Harris Motion

“I need a little faith. Is that too much to ask for?”. Así abre su cuarto disco Calvin Harris, pidiendo un poco de fe. Fe para seguir creyendo en sí mismo, y fe para que nosotros sigamos creyendo en él y no digamos eso de “Calvin, tú antes molabas”. Convertido en productor de éxitos en cadena y DJ estrella que se recorre el mundo de sesión en sesión por festivales y discotecas del planeta, parece que poco queda en el Calvin actual del friki desaliñado aficionado a los sintetizadores ochenta de I created Disco, aquel trabajo con el que debutó en el ya lejano 2007.

Todos tenemos un pasado, Calvin.

Todos tenemos un pasado, Calvin.

De hecho, Motion confirma lo que ya se venía anticipando en Ready for the weekend y, sobre todo, en 18 Months: el Calvin productor y DJ cada vez está más presente, dejando al Calvin músico y cantante en un segundo plano. En este sentido, son varias las pistas instrumentales (o casi) en las que se ve claramente como son sus sesiones, caracterizadas por la búsqueda del subi-subidón perfecto, un arte que Calvin Harris domina con maestría. Seguramente muchos de los que compren el disco acaben saltándose en el reproductor esas colaboraciones junto al triunvirato holandés formado por Firebeatz, Ummet Ozcan y R3hab sin apreciar que cortes como Slow Acid son infinitamente más interesantes musicalmente que el atorrante Awooga de su anterior trabajo.

En su condición de productor estrella, Calvin Harris no tiene problemas para tirar de agenda telefónica y trabajar con quien le apetezca en vez de poner voz a sus temas. Aquí su presencia vocal se queda limitada a Faith y Summer, convertido ya en evidente himno para los veranos. Se le echa de menos: no es que Calvin sea un gran cantante, pero su voz tiene un toque melancólico y personal que acaba quedando muy bien en sus temas. Por fortuna, Harris no se limita a contratar a cantantes anodinas y no tiene miedo a trabajar con artistas cuya personalidad acaba dejando su huella en las canciones. En Motion tenemos colaboraciones insoportables como la de Big Sean en la básica Open Wide y otras que podían haber dado más de sí, como la de Gwen Stefani en Together, pero por lo general los resultados son interesantes: ahí están Outside, con Ellie Goulding, o Ecstasy, junto a Hurts, la que es la primera balada incluida en uno de sus discos y que suena más a Hurts que lo que hizo el propio dúo en su olvidado segundo trabajo. Es aquí donde encontramos los momentos más brillantes del disco, en colaboraciones como la de All About She en Love Now, con reminiscencias del Rather Be de clean Bandit, y especialmente Pray to God, el tema escrito a medias junto a Haim y una de las mejores canciones de este 2014.

Aunque es cierto que Motion no incluye grandes sorpresas y que la fórmula del subidón de Calvin Harris nos resulta ya más que familiar, también es cierto que sigue proporcionando grandes momentos de puro pop electrónico y que, dentro de unos años, servirá como un excelente compendio de casi todo lo que se hace ahora mismo en el panorama de la música electrónica más comercial. Mientras esperamos a que dejen de contratar a Calvin como el DJ de todas las fiestas y pueda hacer un disco más personal, lo que nos queda claro es que, como dice en la un tanto amarga letra de la pista que cierra Motion (“You close your eyes, you’re seeing dollar signs”) va a seguir viendo muchos signos de dolar en el futuro.

Pol Rossignani & Tony Tornado DJ: Control

Control

En España podemos hacer temas bailables que no tienen nada que envidiar a lo que se hace más allá de nuestra fronteras y el cantante Pol Rossignani y el DJ Tony Tornado se han encargado de demostrarlo con Control, su primera colaboración. En la linea progressive de los grandes DJs del norte de Europa, pero con un toque del Euro Dance que tanto nos gusta reivindicar, Control promete convertirse en un rompepistas.

El single saldrá a la venta en mayo en todas las plataformas digitales, incluyendo las versiones de Control en español e italiano, así como varios remixes y una versión acústica. ¿Vuelve el espíritu de las raves?

25 años de “Like a Prayer”

Madonna_-_Like_a_Prayer

Hace 25 años medio planeta estaba escandalizado porque Madonna acababa de estrenar un videoclip que algunos asociaciones religiosas llegaron a calificar de “blasfemo”. Bailes entre cruces en llamas, estigmas en las manos, santos negros que cobran vida para enrollarse con Madonna, una letra llena de dobles sentidos e insinuaciones sexuales… La polémica estaba servida.

Lo que estaba claro es que Like a Prayer suponía un distanciamiento con todo lo que había hecho Madonna hasta entonces, tanto musical como estéticamente. Con el pelo moreno, dejando claras sus raíces italianas, su cuarto disco iba a ser el más intimista y personal en lo que llevaba de carrera. Coproducida por Madonna y Patrick Leonard, Like a Prayer fue la primera canción que se grabó del disco, en otoño de 1988, y sería la que marcara su desarrollo. Con los treinta recién cumplidos, Madonna atravesaba una etapa de crisis personal (fracasos cinematográficos, el divorcio con Sean Penn) y todo ello acabaría reflejándose en el disco con el que alcanzó la madurez artística y que terminaría convirtiéndola en la Reina del Pop.

Un buen ejemplo de esta voluntad de querer ir más allá es el corte que cierra el disco, Act of Contriction, en el que Madonna “reza” para pedir perdón por sus pecados sobre una pista distorsionada de Like a Prayer -al más puro estilo experimental de Radiohead- y la guitarra de Prince, coproductor del tema. Prince es también coproductor y coautor del dueto Love Song, el tema más sexual del disco y un cierto adelanto de los caminos seguidos por Madonna en Erótica. El tema incluye la estrofa “time goes by so slowly for those who wait/those who run seems to have all the fun”, versos que reaparecerían década y media después en Hung Up.

Cuando la polémica causada por el videoclip de Like a Prayer parecía olvidarse, llegó un nuevo escándalo entre las mentes bienpensantes con el estreno del de Express Yourself, en el que la cantante aparecía desnuda y encadenada en una cama. Dirigido por David Fincher, con el modelo Cameron Alborzian de coprotagonista, un presupuesto de 5 millones de dólares y la película Metrópolis como inspiración (de ahí es la cita que lo cierra), Express Yourself es el videoclip y el tema de ritmos bailables y mensaje feminista que toda aspirante a diva del pop sueña hacer algún día. Sí, Lady Gaga, estamos pensando en ti…

Cherish sería el tercer sencillo de Like a Prayer, un tema inspirado musicalmente en el pop de los años sesenta, cercano en espíritu a lo que ya había hecho Madonna con la canción True Blue. Alejándose un poco de la polémica causada por sus dos videoclips anteriores, Madonna escogió al fotógrafo Herb Ritts para dirigir el de Cherish, una obra en blanco y negro y generosas dosis de anatomía masculina al más puro estilo de su autor.

Oh Father fue el cuarto sencillo del disco. La balada, acompañada de un bello videoclip dirigido una vez más por David Fincher, no repitió el éxito de sus predecesores, pero se ha ido convirtiendo en uno de los temas más reivindicados de la carrera de Madonna. En ella hace una especie de ajuste de cuentas con su padre, liberándose de su autoridad y poder. No es el único corte de Like a Prayer de carácter autobiográfico: Promise to try habla de la muerte de su madre, acaecida cuando Madonna tenía cinco años, mientras que Till death do us appart gira en torno a su fracasado matrimonio con Sean Penn.

Keep it together, un tema funk sobre la importancia de mantener a la familia unida, fue el último sencillo de Like a Prayer en Estados Unidos, un privilegio que en Europa tuvo Dear Jessie, canción de aires infantiles e instrumentación que algunos críticos consideran deudora de los Beatles dedicada a la hija pequeña de Patrick Leonard y reflejo, quizás, de las ansias de Madonna por ser madre.

Pray for spanish eyes, un nuevo guiño de Madonna al mundo y los sonidos latinos, fue lanzada como sencillo promocional en algunos mercados, pero la vida comercial de Like a Prayer terminó, quizás antes de tiempo, casi exactamente un año después de su publicación y quince millones de copias vendidas en todo el mundo. En marzo de 1990, Madonna lanzaba Vogue como adelanto de I’m breathless, su siguiente trabajo. El éxito descomunal del tema, unido al de su iconica gira mundial, el Blond Ambition Tour, convertirían a Madonna en la mayor estrella femenina de la música pop, además de confirmarla como una intérprete que había alcanzado su madurez artística, sobreviviendo a unos ochenta que había ayudado a definir y encarando unos años noventa en los que nos ofrecería algunos de los momentos musicales más interesantes de su carrera.

25 años de “101”

101 Depeche Mode

Reducidos actualmente a un mero complemento de los lanzamientos en DVD y BluRay de las giras de los artistas, los discos en directo parecen un recuerdo de otras épocas del pop y del rock. Quizás su último período dorado fue cuando se pusieron de moda los conciertos acústicos en formato “unplugged” de la MTV, pero en los 70 y los 80 había un momento en que todo artista que se considerara importante acababa publicando un disco en directo en condiciones. Era una manera de dejar un testimonio de la madurez artística adquirida por la banda o solista en cuestión, además de acercar su sonido en vivo al público en un tiempo en que ni las giras ni los medios de comunicación llegaban a todas partes. Discos como Frampton Comes Alive, de Peter Frampton, o At Folsom Prison, de Johnny Cash, han acabado convirtiéndose en trabajos esenciales de estos artistas, mientras que en otros casos la grabación en vivo ha terminado superando en fama a la versión de estudio, como sucede con No Woman No Cry, el himno de Bob Marley. Hoy celebramos el 25 aniversario de la publicación de uno de los mejores discos en directo -y el favorito de quien escribe esto- de la historia: 101, de Depeche Mode.

Publicado el 13 de marzo de 1989, 101 es un disco doble que recoge el concierto que Depeche Mode dieron en el estadio Rose Bowl de Pasadena, California, el 18 de junio de 1988. Era el punto final de la gira mundial de presentación de su anterior trabajo, el exitoso Music for the Masses -seguramente su mejor disco hasta esa fecha-, y en una clara demostración de lo acertado del título, más de 60.000 personas fueron a verles actuar aquella noche. Era el concierto número 101 de aquella gira y se nota que la banda estaba en plenitud de facultades: sintetizadores y voces suenan energéticas y brillantes en un repertorio que comenzaba a rebosar de grandes temas. Ahí están, entre otras muchas, Never let me down again, People are people, Behind the wheel, Pleasure Little Treasure, Strangelove, la intimista Somebody a cargo de Martin Gore o Just Can’t Get Enough, su primer éxito. Es un completo repaso a lo mejor del repertorio de una banda que había nacido con el auge del synthpop, pero que había conseguido sobrevivir e ir más allá de la moda de los sintetizadores y que estaba a punto de entrar en los 90 regalando al mundo dos obras maestras como Violator y Songs of Faith and Devotion. Especialmente brillante es el último corte, una versión en vivo de Everything Counts que ha acabado superando en fama a la grabación en estudio de este sencillo de Construction Time Again publicado en 1983. Todo lo mejor de los Depeche Mode de aquel momento está recogido en este videoclip.

Además del disco, 101 es también una película sobre ese concierto en Pasadena. Dirigido por D.A. Pennebaker, autor de documentales protagonizados por Bob Dylan, The Plastic Ono Band, Jimi Hendrix o David Bowie, 101 refleja los entresijos de la gira de Depeche Mode intercalados con el viaje en autobús de un grupo de fans de la banda para verles actuar y con actuaciones en directo del grupo. Grabado de una forma realista y natural, sin nada de glamour, consigue plasmar perfectamente y con mucha credibilidad la vida en la carretera de Depeche Mode y la cotidianeidad de los fans. Curiosamente, el concepto inicial de la banda respecto a la película era reflejar como encajaba su música en los ochenta, una idea que Pennebaker desechó por considerarla infilmable. Sin embargo, 25 años después, 101 parece por momentos una cápsula del tiempo donde se recogen modas, estilismos, objetos y actitudes que nos retrotraen directamente a la década de los excesos y las grandes giras en estadios.

Cualquiera que haya ido a un concierto de Depeche Mode habrá podido comprobar que la banda domina el directo como pocas. La presencia carismática de Dave Gahan en el escenario, el talento musical de Martin Gore, el afinado trabajo de Andy Fletcher y Alan Wilder tras los teclados, la entrega de un público que sigue a la banda con devoción y al que se le siente presente durante todo el disco con sus rugidos y su griterio… Gracias a 101, todo lo que sucedió aquella ya lejana noche de 1988 en la que Depeche Mode parecieron el mejor grupo del mundo permanecerá para siempre en el tiempo.

Carlos Sadness, Monteperdido

monteperdido portada

En noviembre de 2013, Carlos Sadness, que lo único que tiene de triste es el apellido, se fue de excursión durante varios días en compañía de algunos amigos (Mónica Bedmar, el guitarrista Raúl Beckett, Sergio Sastre, de Miss Cafeina, y Álvaro Sanz) a los paisajes pirenaicos de Ordesa, entre San Felices y el Monte Perdido (Huesca). A la orilla de ríos de montaña y entre bosques otoñales, el músico buscó la inspiración para sus nuevas composiciones, ilustraciones, fotografías… El resultado acaba de ver la luz en forma de EP y de documental, un videotrip dirigido por Álvaro Sanz en que vemos como esas canciones van naciendo y tomando forma en plena Naturaleza.

El EP Monteperdido es un buen complemento para Ciencias Celestes, el primer disco de Carlos Sadness, uno de cuyos temas, El día que hizo más viento que nunca, se incluye aquí en formato acústico y con variaciones en la letra. Las referencias a la Naturaleza, el tono entre romántico y nostálgico de las letras y esa combinación de sonidos rock y folk con la manera tan personal de cantar casi cercana al rap que tiene Carlos Sadness siguen aquí presentes. Pero también es un paso adelante en su carrera: Monteperdido, la canción que da título al EP, trae como novedad unos luminosos arreglos electrónicos gracias a esos sintetizadores que la protagonizan, mientras que Feria de Botánica es un tema más intimista y sencillo. En todo caso, dos buenas canciones que son un gran regalo para los fans del artista y que hacen que tengamos más ganas de que llegue su segundo trabajo.

Desde Islandia, Asgeir

In-the-Silence-album-by-Asgeir

En el curso de las dos últimas décadas, Islandia ha pasado de ser un olvidado punto en el mapa a ser un país con una importante presencia en el imaginario pop. Desde volcanes de nombre impronunciable que siembran el caos en el espacio aéreo europeo a series infantiles protagonizadas por un tanto inquietante aficionado al deporte, pasando por revoluciones silenciosas contra los banqueros o esos paisajes de otro mundo donde algunos soñamos con poder ver la aurora boreal algún día… Y por supuesto, la música. Islandia nos ha dado a Björk, a Sigur Ros, a Of Monsters and Men, a Emiliana Torrini, a GusGus, a Múm… Y ahora también a Ásgeir, cuyo debut, Dýrð í dauðaþögn, se ha convertido en uno de los discos más vendidos de la historia de Islandia: aparentemente, uno de cada diez islandeses tiene una copia del mismo.

Dýrð í dauðaþögn, rebautizado en su lanzamiento internacional como In the silence, no es un disco tan experimental como los firmados por algunos de sus compatriotas. Sin embargo, tampoco se puede decir que sea un trabajo convencional: sus canciones nacen de la colaboración entre Ásgeir, de 21 años, y su padre, quien a sus 72 años ha sido el responsable de escribir la mayor parte de las letras del disco, salpicadas con referencias al frío, la nieve y las noches islandesas, posteriormente traducidas al inglés por el prestigioso John Grant, cantautor estadounidense residente en Reykjavik. En In the silence, Ásgeir muestra dos caras distintas, una más puramente folk en temas como las sencillas Summer Guest o On That Day, mientras que en otros temas se anima a experimentar con los arreglos electrónicos acercándose a los sonidos emocionantes de un Bon Iver o hasta un James Blake, como sucede en In Harmnoy, Torrent, Soothe this day o Head in the snow, y que terminan siendo los momentos más brillantes de un disco que nos hace sentir envidia del maisntream islandés. El hecho de que Ásgeir diga en sus entrevistas que está escuchando mucho a Aphex Twin y hip hop californiano hace también que sienta curiosidad por hacía donde tirará su carrera.