SEDNA

Estos últimos días estoy leyendo “Lo inhóspito”, de Torné de la Guardia. Me está aburriendo soberanamente con su estilo farragoso que parece una mala copia de la forma de escribir del genial Javier Marías, a quien, como novelista, no le llega a la suela de los zapatos. Sin embargo, al igual que casi nunca dejo de ver una película, no soy de los que abandona los libros sin terminarlos.

Pero hace unos días me estaba hartando tanto que decidí dejarlo aparcado un rato para leerme “Los planetas”, de Dava Sobel, un pequeño libro divulgativo que, sin dejar de lado el rigor científico, habla de cada uno de los miembros del Sistema Solar de una manera amena e interesante. Bueno, al menos a mí me pareció muy interesante, ya que siempre he sido un gran aficionado a la Astronomía. Será culpa de “Galáctica, estrella de combate”, de George Lucas y su Guerra de las Galaxias, de Carl Sagan o de mi abuelo, pero estrellas, galaxias, planetas y satélites me han fascinado desde pequeño. Si ahora no estoy trabajando en un observatorio astronómico es porque en el Bachillerato se cruzó en mi camino una deplorable profesora de Física que me hizo pensar que lo de escribir y salir por la tele podía ser más entretenido que tener que pasarme años estudiando que el Fluor es una partícula diatómica.

Y quizás fuera mejor así, porque con el tiempo he descubierto que es muy arriesgado intentar convertir las aficiones en profesión y así sigo disfrutando de la Astronomía, en especial de los descubrimientos relacionados con los planetas y satélites del sistema solar (que si hay agua en Encelado, que si Tritón tiene volcanes de nitrógeno helado, que si Venús gira al revés que los demás planetas, que si la Luna y la Tierra se alejan cada vez más). Desde pequeño me ha fascinado Plutón, tan pequeño, lejano y desconocido, y más desde que supe que tiene una luna, Caronte, que se mantiene siempre en la misma posición respecto al planeta, de tal forma que se podría constuir un ascensor entre el planeta y su satélite. Por cierto, en 2005 se descubrió que tenía dos satélites más, de tamaño diminuto: Nix e Hydra. En 2011 se descubrió otro más, llamado Kerberos, y un quinto satélite, bautizado Styx, en 2012. Poco más sabremos sobre ellos hasta que en 2015 llegue ahí la sonda Nuevos Horizontes, que despegó en 2006. Paciencia, chicos.

Pluton y satelites

En el libro de “Los planetas” se dan muchos datos sobre los nuevos cuerpos celestes descubiertos entre Neptuno y los confines del sistema solar, entre el cinturón de Kuiper y la Nube de Oort, esferas que giran alrededor del sol sin que aun se hayan decidido a llamarlas planetas, planetoides o planetas enanos. Gracias a él me enteré que el nombre definitivo de Xena, un cuerpo mayor que Plutón, va a ser Eris y me hizo gracia pensar que conozco a una persona con nombre de planetoide. Eris tiene un satélite llamado Dismonia. También se han encontrado otros pequeños mundos y han sido bautizados con nombres exóticos como Varuna, Orcus o Quaoar.

...más allá de Neptuno
…más allá de Neptuno

Pero de todos ellos, mi favorito es Sedna. Bautizado con el nombre de una deidad inuit, este mundo está mucho más lejos que Plutón o cualquier otro de los mencionados anterioremente. Perdido en medio de la inmensidad del espacio, tarda 10.500 años en dar una vuelta al Sol (Plutón, por ejemplo, sólo tarda 249 años), la temperatura en su superficie nunca sube de los 240 grados bajo cero y está noventa veces más lejos del Sol que la Tierra. De hecho, desde Sedna, el Sol se vería como una estrella más. ¿Habrá diferencias entonces entre la noche y el día? Pensar en un sitio tan diferente a lo que conocemos, con unos datos tan extremos, y ser consciente de que realmente existe, que ocupa un lugar en el tiempo y en el espacio, que nunca pisaremos y donde ahora mismo, quizás, moléculas de metano helado estén flotando en medio de la nada, me produce vértigo.

Más allá de Sedna, mucho más lejos, podría estar Némesis, una hipotética estrella oscura compañera del Sol aun por descubrir, una enana marrón que estaría a billones de kilómetros y que, cada 30 millones de años, pasaría cerca de la Nube de Oort, alterando las órbitas de los objetos que lo forman y provocando una lluvia de cometas hacia los miembros más cercanos al Sol. Esto explicaría porque, cada cierto tiempo, se producen extinciones masivas y grandes impactos en nuestro planeta, aunque, hoy por hoy, esta teoría es más bien una fantasía de ciencia-ficción que un hecho aceptado por la comunidad astronómica. Por cierto, ¿sabiáis que el 6 de junio de 2002 se detectó una explosión de 26 kilotones (más o menos como la bomba nuclear que arrasó Nagasaki) sobre el cielo del Mediterráneo Oriental? Se ha atribuido a la explosión de un bólido de unos diez metros de diámetro que penetró en la atmósfera terrestre. Cualquier día se acaba el mundo y nosotros preocupándonos por trivialidades y miedos tontos.

MÁS COSAS QUE HAY EN MI MESA

El calendario del arte

Estas Navidades mi madre me regaló un calendario llamado “El mundo en 365 obras de arte”, así que cada día comienzo mi jornada laboral descubriendo un nuevo cuadro o escultura. Todas las fotografías proceden de museos franceses, por lo que muchos artistas me resultan desconocidos. Como el de ayer, por ejemplo, un tal Claude François Vignon que firma este terrorífico cuadro.

Francoise-Marie et Louise-Francoise de Bourbon

No sé que me produce más inquietud, si el hecho de que tanto el perro como el sirviente negro lleven el mismo tipo de collar, la cara de embrutecido de este último o la pinta de muñecas muertas de las dos princesas.