Yo no te pido la superluna

La distancia de la Tierra a la Luna oscila entre los 357.000 y 406.000 kilómetros. Cuando se encuentra en fase de luna llena o luna nueva a menos del 10% de su distancia más próxima a nosotros -lo que se llama perigeo-, podemos disfrutar de una superluna y ver a nuestro satélite hasta un 14% más grande en el cielo. Esta noche podremos ver la superluna más intensa desde el 26 de enero de 1946 y no tendremos otra igual hasta 2 de diciembre de 2052. Esperemos que los cielos estén despejados.

Y entre todas las miles y miles de canciones dedicadas a la Luna, hoy me quedo con un clásico de mi tierna infancia ochentera: Yo no te pido la Luna, de Fiordaliso. O lo que es lo mismo, Non voglio mica la Luna.

Non voglio mica la Luna quedó quinta en el Festival de San Remo de 1984, que tuvo como ganadores a Al Bano y Romina Power con Ci Sarà. Compuesto, entre otros, por Zucchero, el de Baila Morena, se convirtió en el mayor éxito en la carrera de Fiordaliso, una cantante de pop de aires rockeros, y aunque el tema sea un one hit wonder en toda regla para el público hispano, la artista tiene más de una docena de discos a sus espaldas en el mercado italiano, el último publicado en el año 2015.

Yo no te pido la Luna llegó a nuestros oídos gracias a la mexicana Daniela Romo, que fue la primera en cantarla en español, adaptando la letra a su manera, apresurándose Fiordaliso a regrabarla y lanzarla en nuesto idioma al ver el éxito en listas de esta versión. Y aunque en España creo que es más recordada la versión de la italiana, en Sudamérica Yo no te pido la Luna terminó convertido en un clásico de la carrera de la mexicana. Y como no, tenemos unas cuantas versiones posteriores para todos los gustos: en los últimos años la han cantado también Pastora Soler, Sergio Dalma y la inigualable Javiera Mena.

Andalucía y la canción más grande del mundo

No sólo las empresas se han dado cuenta de la importancia de las redes sociales a la hora de elaborar sus campañas publicitarias, también las instituciones públicas son cada vez más conscientes de ello. Un buen ejemplo de ello es la última iniciativa de la Junta de Andalucía para promocionar el turismo en su comunidad autónoma.

A través de su microsite, la campaña “Tu mejor tú” ofrece la posibilidad a los usuarios de descargar la canción y su letra para hacer su propia versión de la misma. Además de poder ganar una experiencia única por Andalucía, participarán en una iniciativa cuyo objetivo es crear la canción más grande de la historia sumando las aportaciones de todos.

B-Music, una nueva aplicación para saber qué es lo más escuchado en la red

Ballantine’s es una de las marcas que más se ha acercado al mundo de la música en los últimos tiempos, patrocinando diversas iniciativas junto a artistas como La Oreja de Van Gogh o Carlos Jean. Ahora presentan un nuevo proyecto llamado B-Music, un ranking de popularidad on line que recopilar información sobre los artistas y las canciones más escuchadas, comentadas, compartidas y buscadas en la red.

A través de su algoritmo, B-Music recoge la información de las principales plataformas de Internet tanto generalistas como especializadas en música (Spotify, LastFM, Deezer, Youtube, Google, Itunes…), no sólo de España sino también de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Francia. Gracias a esas datos la aplicación elabora sus listas, que van actualizándose a tiempo real y que nos permiten saber que ahora mismo el tema más escuchado en la red es Dark Horse, de Katy Perry. La plataforma se completa con distintos artículos y noticias sobre la actualidad musical a cargo de firmas tan variadas como Dorian, El Hematocrítico, Borja Prieto o La Mala Rodríguez. Ante todo, variedad.

La vida secreta de Life

Dirigida y protagonizada por un Ben Stiller que procura sacarse a sí mismo más guapo y con más acero azul en la mirada que en Zoolander, La vida secreta de Walter Mitty es un bienintencionado cuento correctamente escrito y con una estética demasiado cercana al videoclip y la publicidad. Todos los paisajes son bellos, todos los objetos en pantalla están en el sitio preciso y la banda sonora está repleta de temas de Arcade Fire, Of Monsters and Men, David Bowie y Jose Gonzalez, entre otros. Pero además de su mensaje vitalista que encantará a los que escriben las frases de las tazas de Mr. Wonderful, La vida secreta de Walter Mitty es un homenaje a una de las publicaciones esenciales del periodismo estadounidense y mundial: la revista Life.

Como publicación, Life ha tenido varias vidas. La primera transcurrió desde 1883 hasta 1936, un período en el que la revista se caracterizó por el uso de ilustraciones para tratar temas de información general. En la década de los 90 (“The Gay Nineties”) alcanzó su momento de mayor esplendor gracias al trabajo de ilustradores como Charles Dana Gibson, una de cuyas creaciones, la “chica Gibson”, alta, voluptuosa y elegante, se convertiría en el ideal de belleza femenino en los Estados Unidos de la época. Life también fue una de las primeras revistas en publicar dibujos e ilustraciones realizadas por Norman Rockwell, cuyas obras ocuparon la portada de Life en 28 ocasiones entre 1917 y 1924.

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Después de la Primera Guerra Mundial, los gustos del público comenzaron a cambiar y el humor blanco y familiar de Life empezó a quedarse desfasado. A pesar de los intentos de modernizarse, la llegada de nuevos competidores al mercado como The New Yorker o Esquire hizo que esta primera vida de Life llegara a su fin en 1936. En ese año, el magnate de la prensa Henry Luce, creador de Time y de Fortune, compraría la revista con la única intención de utilizar su nombre. Esta nueva versión de Life, ya con su famoso logo de letras blancas sobre un rectángulo rojo, se basaba en el uso de grandes imágenes fotográficas para hacer un retrato de la actualidad y terminaría convirtiendo en una de las publicaciones de mayor éxito durante las décadas siguientes, apareciendo en sus páginas algunas de las imágenes más icónicas del siglo XX. Destacaría especialmente su cobertura de la Segunda Guerra Mundial, publicando instantáneas del conflicto obtenidas por fotógrafos como Robert Capa. En los 50, políticos, artistas y estrellas de cine serían los grandes protagonistas de sus páginas, donde también tenían cabida los escritos de autores como Ernest Hemingway: fue en la revista Life donde se publicó por primera vez su relato El viejo y el mar.

Tomada por Alfred Eisenstaedt y publicada por Life en agosto de 1945
Tomada por Alfred Eisenstaedt y publicada por Life en agosto de 1945

Se puede decir que, hasta la llegada de la televisión, la audiencia estadounidense conoció el mundo a través de las imágenes publicadas en Life. Sin embargo, a lo largo de los años 60, a pesar de su creciente prestigio y de continuar publicando grandes fotografías, las ventas de la revista fueron descendiendo a la par que aumentaban sus gastos. El 29 de diciembre de 1972 salía a la venta el último ejemplar de Life como semanario… y gracias a la magia de Google Books podemos leerlos todos como el primer día.

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Life volvería a resucitar una vez más como revista mensual en 1978, publicándose con moderado éxito hasta marzo de 2000, y aun tendría una última vida como suplemento de varios periódicos entre 2004 y 2007. Su última portada está muy lejos de la épica y el sentimiento que se muestra en La Vida Secreta de Walter Mitty.

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Life es ahora una parte de Time.com donde se recuerda el rico legado fotográfico de esta publicación a lo largo de sus décadas de vida.

Música y deporte

Hay una cosa que está clara: la práctica de deporte mejora con música. Ya sea en clase de spinning, en la sala de máquinas del gimnasio o corriendo por un parque, ir acompañado de tus auriculares y una buenas canciones puede hacer que tengas la sensación de que te cuesta menos esfuerzo mover esos pedales, levantar esos pesos o recorrer más kilómetros. Por eso no es de extrañar que Decathlon haya decidido comercializar su propio reproductor de mp3.


La peculiaridad del Nabaiji MP3 Delight es que es un modelo que se puede sumergir en el agua hasta 3 metros de profundidad. Con cinco colores para elegir, dos gigas de memoria y quince horas de autonomía, da para hacer muchos largos en la piscina mientras escuchas tu música favorita.

El arte clandestino de Alhambra

Las marcas buscan cada vez más nuevas ideas para acercarse a su público a través de iniciativas que no tienen nada que ver con el concepto tradicional de publicidad. Es el caso de la cerveza Alhambra 1925, que está organizando una serie de “fiestas clandestinas” por toda la geografía española. Así fue la que celebró el pasado 16 de Octubre en Barcelona.


La cita fue en un callejón oscuro en las proximidades del Paseo de Gracia. Una vieja barbería se convirtió en la “habitación secreta” donde tuvo lugar una fiesta que disfrutaron decenas de invitados. Decoración setentera, sesiones a cargo de varios DJs y la guitarra de Jorge González fueron las señas de identidad de un evento que pronto se repetirá en Granada el próximo 27 de noviembre.

Historias que cuentan

Hubo un tiempo en que los medios de comunicación tradicionales prestaban atención a la música. Gracias a la iniciativa desarrollada por Havana 7, podemos recordar aquella época dorada a través de las anécdotas y las historias que cuentan cuatro de sus protagonistas.


“Historias que cuentan” está protagonizada por nombres fundamentales como los de Diego Manrique, una de las piezas fundamentales del periodismo musical español; Beatriz Pecker, responsable del emblemático Rockopop y directora de RNE3 durante años; Juan Claudio Cifuentes, “Cifu”, creador de otro espacio mítico de RTVE como Jazz entre amigos; y Oriol Llops, en cuyo largo curriculum podemos destacar su participación como guionista en el programa La Edad de Oro. Son muchas las cosas que tienen que contarnos.

Piscinas Molitor

En la tercera década del siglo XX, los deportes náuticos experimentaron un fuerte auge en Francia como demuestra el hecho de que, entre 1920 y 1930, se construyeran quince piscinas en París. Una de ellas fue la Piscina Molitor, que, como sabrán bien los que hayan visto La Vida de Pi, era la más hermosa del mundo. Diseñada por el arquitecto Lucien Pollet y construida entre las pistas de tenis de Roland Garros y el estadio Parc des Princes, el complejo costaba de dos piscinas, una cubierta de 33 metros de longitud y otra exterior de 50 metros. Pensada para recordar a un transatlántico, destacaba por su decoración y sus vidrieras Art Decó y pronto se convirtió en uno de los lugares de ocio esenciales para los parisinos.

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La Piscina Molitor ya se había ganado un lugar en la historia de la cultura popular al ser inaugurada en 1929 por los nadadadores olímpicos Aileen Riggin y Johnny Weismuller. Este último, ganador de varias medallas en las Olimpiadas de París y de Amsterdam de 1924 y 1928 y futuro Tarzán cinematográfico, trabajó durante ese verano inaugural como salvavidas. El 5 de julio de 1946 la Piscina Molitor fue el escenario de otro hecho histórico: la presentación oficial de primer bikini, diseñado por Louis Réard. Como ninguna modelo se atrevió a ponerse la escandalosa prenda, Réard tuvo que contratar a Micheline Bernardini, una bailarina nudista del Casino de Paris.

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Desgraciadamente, la piscina cerró en 1989 y, a pesar de haber sido reconocida como un monumentos histórico, ha permanecido en estado de abandono hasta este año, en el que los planes para restaurarla han terminado consistiendo en una demolición casi total para levantar en su lugar unas nuevas piscinas, así como un hotel y varios locales comerciales.

¿Cuál es la frecuencia, Kenneth?

En septiembre de 1994, REM publicaban What’s the frequency, Kenneth?, el primer sencillo de Monster, un disco el que dejaban atrás el sonido acústico e intimista de los exitosos Out of time y Automatic for the people para volver al rock (y seguramente el último trabajo prácticamente perfecto de la banda). Las guitarras distorsionadas con las que arranca la canción estaban muy lejos de la mandolina de Losing my religion y algunos medios en seguida comenzaron a describir Monster como el disco “grunge” de la banda. Fuera o no consciente esta decisión de adoptar el sonido de moda de la época, lo que está claro es que le sienta como un guante a una canción en la que Michael Stipe adapta el punto de vista de alguien que quiere entender lo que motiva a los jóvenes del momento (“I’d studied your cartoons, radio, music, TV, movies, magazines”) sin llegar a ninguna conclusión definitiva (“I never understood, don’t fuck with me, uh-huh”). Este espíritu noventero se ve también en su videoclip, en el que Stipe mostraba al mundo por primera vez su cabeza afeitada y en el que Peter Buck toca la guitarra Jag-Stang de Kurt Cobain que Courtney Love le había regalado poco después del suicidio del líder de Nirvana.

-Pero, ¿quién es Kenneth?

Dan Rather es uno de los periodistas más prestigiosos de Estados Unidos. Fue el primero en informar por televisión de que el presidente Kennedy había sido asesinado, se encargó de cubrir el caso Watergate para la CBS y durante más de veinte años, entre 1981 y 2005, se encargó de presentar el informativo principal de la cadena. El 4 de octubre de 1986 Rather caminaba por Park Avenue en dirección a su apartamento de Manhattan después de cenar en casa de un amigo cuando fue asaltado por un par de desconocidos. Mientras le golpeaban, le tiraban al suelo y le daban patadas, los dos hombres no paraban de repetir la frase “Kenneth, what’s the frequency?”. El incidente permaneció muchos años sin resolver (algunos los atribuyen a William Tager, un psicópata neoyorquino que pensaba que la CBS mandaba señales directamente a su cerebro y que en 1994 asesinaría a un técnico de la NBC, mientras que Paul Limbert Allan publicaba en 2001 un artículo en Harper’s Magazine en el que sugería que el responsable del ataque podía ser el escritor Donald Barthelme, fallecido en 1989) y esa enigmática frase se incorporó a la cultura popular americana, utilizándose habitualmente para referirse a una persona desorientada o incapaz de comprender lo que está sucediendo a su alrededor.

-Entonces, ¿quién es Kenneth?
-Ni idea, ¿cuál es la frecuencia?

Platillos volantes, o el primer mashup de la historia

Mucho antes de que DJ Earworm, Girl Talk y 2 Many DJs hubieran nacido; mucho antes de que la palabra mashup se pusiera de moda; mucho antes de que Toni Peret y Jose María Castells se hicieran ricos a base de volúmenes del Max Mix; mucho antes de que Jive Bunny llegara al número uno; mucho antes de que Stars on 45 hicieran sus medleys de los Beatles y de Abba; mucho antes de La Década Prodigiosa y Laredo; mucho antes, incluso, de que The Fith Dimension mezclaran Aquarius y Let the sunshine in; mucho antes de todo eso, habíamos recibido una visita de los platillos volantes.

The Flying Saucer (Part I & II) fue un sencillo publicado en 1956 por Dickie Goodman y Bill Buchanan que consistía en una parodia de la retransmisión de Orson Welles de La Guerra de los Mundos, intercalando las voces de un narrador con fragmentos de canciones de la época como The Great Pretender de The Platter, Heartbreak Hotel de Elvis Presley o See You Later Alligator de Bill Haley & The Comets. La canción es un buen ejemplo de lo que los anglosajones llaman “novelty song” y no deja de ser una pequeña curiosidad, aunque sirve para comprobar que el concepto de mezclar varias canciones ya existentes lleva ahí desde los principios del pop. Esta historia musical sobre un platillo volante que visita la tierra llegó hasta el tercer puesto de las listas del Billboard. Y como tantos DJs después de ellos, Buchanan y Goodman fueron demandados por haber utilizado algunas canciones sin tener el permiso correspondiente de sus autores.