La bipolaridad de Celine Dion: La diva en concierto

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Ver a una diva como Celine Dion en concierto no es algo que uno pueda hacer todos los días así que el anuncio de sus conciertos en París se convirtió en una oportunidad difícil de desaprovechar. Eso sí, a la hora de decidir ir a un concierto de la artista canadiense hay que tener en cuenta su bipolaridad artística, su doble cara y su doble troupe de fans: la angloparlante y la francófona. Y en este caso se iba a tratar de lo segundo.

Particularmente, yo soy de los que prefiero acudir a los conciertos sin conocer de antemano el tracklist que en ellos me espera. Me recuerda a cuando algún conocido te desvela la trama de una serie o te cuenta el final de una película dejándola absolutamente “inservible”. En esta ocasión, por razones ajenas a mi voluntad, algo había oído del listado de canciones que la Dion (así, con artículo, como las buenas divas) iba a interpretar en su mini gira parisina, supuestamente para presentar su último álbum en inglés, Loved Me Back to Life.

A las nueve de la noche comenzó el concierto . Sin grandes efectos especiales, Celine Dion apareció en un escenario grande pero sencillo, con el actual y “barato” recurso de la pantalla con proyecciones, que en algunos momentos, sinceramente, no pasaban de ser algo parecido al salvapantallas de iTunes (mi procesador de textos se empeña en que quiero poner atunes). Celine empezó a cantar y mis sospechas (que ya se habían alimentado cuando vi varias trompetas y cero violines) se confirmaron. Comenzó su recital entonando varias de sus canciones en francés para después regalarnos uno de sus primeros singles, Where does  my heart beat now, acompañado de un emotivo montaje audiovisual en el que veíamos a la cantante interpretando esa misma pieza en otros momentos de su carrera artística.

Durante una hora y tres cuartos (escasa duración para los escandalosos precios de las entradas) Celine Dion fue desgranando varias de sus canciones más conocidas en lengua gala intercalándolas con temas en inglés no precisamente de entre sus temas más actuales. En varios momentos del concierto dio la sensación de que Dion pedía disculpas a su público galo cuando se disponía a interpretar alguno de sus éxitos en inglés, a pesar de ser, seguro, consciente de la presencia en el París Bercy de muchos de sus fans más seguidores de sus comerciales singles en inglés que de los más minoritarios éxitos en la lengua del país vecino.

De ahí que en el momento de promocionar su single actual, el potente Loved me back to life compuesto para la de Quebec por la cantante SIA, Celine Dion se encontrara con un público frío, distante, incapaz en muchos casos de cantar con ella las estrofas de, sí, lo es, un singuelazo como Dios manda. Por el contrario, en el momento en el que Celine Dion lo daba todo cantando canciones como Ziggy o la muy tosta Terre el público francés se deshacía en alaridos y gestos de manos al más puro estilo conquistadores del final del mundo.

Y es que, a excepción de las baladas, los singles de Celine Dion en francés son más difíciles, más oscuros, más tenebrosos que sus éxitos en inglés. La sensación de coitus interruptus fue increíble. Acudir a un concierto de la diva y no encontrarse éxitos como A new day has come, I’m alive o, por pedir que no sea, Falling into you (por favor, si alguien localiza una interpretación en directo de esta canción que me la envíe) es algo muy decepcionante.

En lo más estrictamente musical, la interpretación de Celine Dion no deja lugar a la improvisación, perfección absoluta en su voz, que maneja sin ningún tipo de problema y, aparentemente, sin ningún tipo de esfuerzo físico. A ella lo de cantar le sale con la misma facilidad con la que a otros nos sale hablar. Se trata, eso sí, de una perfección interpretativa que, por el contrario, descarta la sorpresa si conoces al dedillo las canciones de la artista. Mismos giros, mismos requiebros, mismo tono, mismas expresiones… nada cambia en la interpretación de Celine Dion respecto a sus grabaciones, algo que, como buena diva que se precie, hace despertar las sospechas de playback tanto entre admiradores como entre detractores.

Lamentablemente, si a esta aburrida linealidad en su voz (siempre prefiero que un cantante haga variaciones, ligeras o no, en sus canciones respecto a lo escuchado en sus discos) le sumamos la selección de un repertorio mayoritariamente en francés y carente casi por completo de singles en inglés, nos encontramos con un aburrido recital más que un concierto. Todo ello hace que incluso cuando interpretó algún éxito en inglés, al estilo de All by myself (voz prodigiosa) o la inevitable My heart will go on ambas canciones se convirtieron en temas que para mí, anglofan, pasaron sin pena ni gloria (como cuando escuchas un random de la cantante en MP3 y pasas los baladones en busca de singles más moviditos).

Curioso fue el momento (que se puede “observar” en el siguiente vídeo) en el que comenzó a interpretar la canción de Titanic y su voz sonaba como si de un robot se tratara.

La Dion, ajena a todo, continuó con su sospechosa interpretación hasta que la orquesta decidió parar. Eso sí, después, interpretación completa de la redicha canción.

En resumen, un concierto imprescindible si amas su repertorio en francés y si en algún momento de tu vida quieres ver a Celine Dion y prescindible si tienes posibles y te puedes acercar a Las Vegas a disfrutar de su espectáculo A new day donde, ahí sí que sí, da rienda suelta a sus más conocidos y anglicistas éxitos.

Ay Celine, menuda noche me Dion.

DCode: crónica comprimida del festival

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Es cierto: Madrid no tiene un festival como el Primavera Sound, ni como el FIB o el Low Cost, pero por lo menos tenemos el DCode. Emplazado en el campus de la Complutense, a pocos metros de la facultad de periodismo y de la Moncloa, el Dcode nos ha ofrecido la oportunidad de ver en un solo día y a muy buen precio a una selección de grupos más que interesantes. El éxito de público de esta última edición es la mejor demostración de que la propuesta ha sido acertada. Eso sí, cabe preguntarse si el recinto no debería ser un poco más amplio para dar cabida a todo el mundo, si el emplazamiento de los distintos escenarios es el más idóneo o si la oferta de comida y bebida fue suficiente (y viendo como durante el concierto de Capital Cities parecía que las existencias de cocacola y refrescos empezaban a escasear, está claro que no).

Pero vamos con lo importante de un festival: la música. Cuando llegamos al recinto, Varry Brava estaba terminando su concierto exhibiendo su querencia por ciertos sonidos propios de ese pop español de los ochenta que quería ser atrevido, elegante y sofisticado. A continuación fue el turno de Izal, grupo que está demostrando que se puede alcanzar el éxito desde la autogestión y que la sombra de Vetusta Morla y de Héroes del Silencio en el rock nacional es alargadísima.

A las seis y media salía al escenario John Grant deleitando al público desde el primer momento con su excelente voz. El veterano cantante, que inició su carrera en solitario en 2010 después de varios años junto al grupo The Czars, es uno de los nombres favoritos de la crítica y en los 45 minutos que duró su concierto demostró el porqué gracias a un repertorio en el que suena como un crooner clásico al que le gustara juguetear con la música electrónica. Grant es un híbrido entre Bryan Ferry y Elton John al que no le diera miedo hablar abiertamente de su homosexualidad y su vida personal. Y aunque quizás hubiera pegado más escucharle en una sala pequeña a altas horas de la madrugada, su concierto fue uno de los grandes momentos de la jornada.

L.A. tomo el testigo de Grant con sus sonidos herederos del grunge de los 90 que han conseguido que Dualize, su tercer trabajo, hayan llegado a un público bastante amplio. Los que ya se han convertido en un grupo de masas son Love of Lesbian, en cuyo concierto no faltaron temas como Club de fans de John Boy, Belize o Segundo asalto, cantada a dúo con Eva Amaral. Antes de que acabaran nos acercamos al tercer escenario -donde también actuaron grupos como Reptile Youth o Kostrok- para ver a Mø, cantante danesa a medio camino entre Lana del Rey y Charli XCX que ha conseguido llamar la atención del panorama indie gracias a un puñado de singles. Vistas la actitud y la energía que derrochaba en el escenario y la contundencia electrónica de sus canciones, sospecho que puede sobrevivir al hype.

Pasaban ya las nueve de la noche y llegaba la hora de ver a los grandes nombres del festival. Después de unos Foals un tanto desconcertantes, Vampire Weekend salieron al escenario. Es curioso, a priori, que un grupo que se cuenta entre los favoritos de algunos de los hipsters más intelectualoides tenga una actitud tan cercana y simpática sobre el escenario. Al fin y al cabo, escuchando sus canciones, uno se da cuenta de que, influencias africanas aparte, su sonido no está muy alejado del pop y el rock más clásicos. Recordemos, eso sí, que en el mundo de la música a veces es más complicado conseguir canciones sencillas y directas que revestir tus composiciones de épica grandilocuente.

Amaral están ya por encima de las absurdas discusiones sobre sí son indies, mainstream o perros verdes. Eva anunció que con este concierto ponían final a la etapa marcada por Hacia lo Salvaje para comenzar a pensar en un nuevo disco. Su hora de actuación se centró principalmente en su último trabajo, aunque también tuvieron tiempo para presentar un nuevo tema, Unas veces se gana y otras se pierde, que nos recordó a los primeros temas de Arcade Fire. Amaral cerró su concierto con la siempre potente Revolución y las masas se prepararon para ver a los cabezas del cartel: Franz Ferdinand.

El grupo de Alex Kapranos acaba de publicar su cuarto disco y venía con la obligación de presentarlo, pero la verdad es que, viendo la fluidez y la coherencia con la que iban intercalando viejas y nuevas canciones, nadie diría que temas como Evil Eye o Right Action apenas llevan un par de semanas en el mercado. Durante hora y media Franz Ferdinand derrocharon energía y no dejaron que el ritmo decayera en ningún momento gracias a una actitud irreprochable sobre el escenario y un repertorio lleno de grandes temas como No you girls, Take me out, Ulysses, Do you want to o ese Can’t stop feeling que mezclaron con el inmortal I feel love de Donna Summer. La única pega que se les puede poner es no haber reservado alguno de sus grandes clásicos para un bis que quedó algo descafeinado, solos de batería a ocho manos aparte.

Agotados de tanto botar, pusimos fin a nuestro paso por el DCode mientras Capital Cities convencían al público de que tienen argumentos suficientes para lograr ser más que la One Hit Wonder a la que el exito masivo de Safe And Sound parece haberles condenado. Pop electrónico, cazadoras blancas, actitud desacomplejada, un trompetista en la banda y versiones del Staying Alive de los Bee Gees son sus armas para conseguirlo.

Arenal Sound 2013: resumen de lo sucedido

El domingo se cerró la cuarta edición del Arenal Sound con unas cifras de asistencia total de 280.000 espectadores -unos 55.000 diarios-, según sus organizadores. Sin embargo, aunque estos datos le conviertan en el festival más multitudinario de España, está claro que aun está muy lejos de la fama y del prestigio que sí tienen otros eventos musicales como el FIB o el Primavera Sound. El Arenal Sound tiene otro espíritu: ofrecer una semana de música y fiesta a precios populares (los 30 euros que puede costar el abono están muy lejos de los precios que se manejan en los festivales anteriormente citados), sin grandes patrocinadores ni despliegues y un cartel en el que no aparecen grandes estrellas ni nombres de moda, pero sí grupos y artistas lo suficientemente interesantes para el aficionado a la buena música. ¿Que se monta un enorme botellón en los alrededores digno de Spring Breakers? ¿Que la gente va a los conciertos en bikini y bañador? Tan cierto como que no hay que hacer una hora de cola para cenar y tan verdadero como que siempre encuentras un sitio donde estar cómodamente sentado sin dejar de escuchar al grupo de turno.

Atardeceres de asfalto y plástico en Arenal Sound
Atardeceres de asfalto y plástico en Arenal Sound

Uno de los grandes atractivos del Arenal Sound es poder ver en pocos días a varios de los grupos más interesantes del pop nacional. Xoel Lopez, McEnroe, Cyan o The Leadings fueron algunos de los nombres que animaron las dos noches previas al festival propiamente dicho. Pudimos ver como Dorian demostraron que también han ganado sobre el escenario la madurez que ya percibimos en La velocidad del vacío, su último disco. También quedó claro que Tormenta de Arena ya se ha convertido en un clásico del pop español de la pasada década (habría que ver cuantos la conocieron gracias a A tres metros sobre el cielo). Lori Meyers, por su parte, supieron no centrar su concierto exclusivamente en los temas de Impronta por mucho que éste haya el disco más vendido de su carrera. Delafé y Las Flores Azules tampoco defraudaron a sus seguidores, sabiendo transmitir ese buen rollo que les ha caracterizado desde sus inicios. Buen rollo, simpatía y pelazo fue también lo que nos ofreció Carlos Sadness desde el desagradecido escenario Coca-Cola, por el que también pasaron grupos como Efecto Pasillo, La Sonrisa de Julia, Canteca de Macao o La Pegatina. We Are Standard derrocharon energía y descaro, un descaro que siempre ha caracterizado a Hidrogenesse quienes, por supuesto, cantaron sus himnos Disfraz de Tigre y No hay nada más triste que lo tuyo. Tampoco Iván Ferreiro renunció a los clásicos de los Piratas, Promesas que no valen nada y Años 80, ni a su emeblemático Turnedó. Bigott y Manel me resultaron un poco más monótonos, aunque no se puede decir que no dieran buenos conciertos, al igual que La Habitación Roja, un grupo del que siempre espero un poco más de lo que me da en directo.

Standstill, en su catedral
Standstill, en su catedral

Mención aparte se merecen Standstill, que presentaron Cénit, un espectáculo basado en las canciones de Dentro de la luz, el disco más reciente de esta ya veterana banda. Imaginería medieval, pantallas góticas y rayos láser acompañaron a unos temas que recuperan las esencias del rock en español y que sonaron espectacularmente bien en un entorno que, a priori, no parece el más propicio para este tipo de propuestas. Para mí fue uno de los mejores momentos de esta edición del Arenal Sound.

Sorprendente fue también la propuesta de Bonaparte. Este grupo afincado en Berlín y liderado por el suizo Tobias Jundt convirtieron el escenario en un circo punk con momentos divertidos y provocadores a cargo de un trío de bailarines que aparecían y desaparecían con todo tipo de coloridas vestimentas (o sin ellas). Temas como Mañana Forever o Computer in love (I’m your glory hole to the universe, dice la letra de esta última, toda una declaración de intenciones) sonaron mucho más contundentes en directo que en sus correspondientes discos.

Entre los grandes nombres internacionales, The Maccabees dieron, seguramente, el mejor concierto del festival, aunque hay que reconocer que su música o su puesta en escena, como la de White Lies, quizás no sean las más adecuadas para un festival playero como el Arenal Sound. Con su rock directo y poco pretencioso, The Fratellis y The Kooks dieron conciertos más eficaces, al igual que unos Klaxons que no escatimaron energía e hicieron bailar a los asistentes -incluida la mujer de su teclista, Keira Knightley- arrancando su actuación con From Atlantis to Interzone y haciendo que todos nos preguntemos a qué esperan para editar su tercer disco. También The Drums tienen pendiente publicar un tercer disco, pero vista la desgana con la que actuaron en Burriana, dudo mucho que lleguemos a verlo. Nada que ver con unos Is Tropical que hicieron feliz a una fan al invitarla a subir al escenario y cantar con ellos Dancing Anymore. Por su parte, Editors cumplieron con creces su papel como cabezas de cartel y demostraron qué tienen un repertorio con suficientes grandes temas e incluso lograron que las canciones de su trabajo más reciente ganaran dimensión en directo. Especialmente destacable fue el cierre de su concierto con una versión alargada de su electrizante Papillon, un tema que sigo sin entender como no se convirtió en un superventas cuando fue publicado.

La caída del cartel en el último momento de los suecos The Sound of Arrows hizo que nos quedáramos sin ver a uno de los grupos de pop electrónico más interesantes (y bonitos) del momento. Sus compatriotas The Royal Concept fueron los encargados de sustituirles y, aunque se esforzaron, hay que reconocer que su mejor momento fue cuando hicieron una versión del Digital Love de Daft Punk. Mucho mejor estuvieron The Whip, gracias a que cuentan en su repertorio con un arma infalible como Trash y unos tremendos guitarrazos. Tampoco decepcionaron Totally Enormous Extinct Dinosaurs, que dieron una lección de como hacer bailar a miles de personas con una propuesta electrónica que no renuncia a matices y sutilezas. Todo lo contrario de un endiosado Steve Aoki, cuyo poder de convocatoria es tan innegable como el poco interés que tuvo una sesión basada en ritmos y subidones tan rudimentarios como los de un tema de relleno del Maquina Total 3. El hecho de que pinche el Get Ready For This de 2 Unlimited como si la canción no tuviera ya más de veinte años es bastante revelador de lo que dio de sí su actuación en el Arenal Sound. Eso sí, no faltaron sus tartazos.

La fiesta (afónica) de Mika

Aun quedaba una hora para que se abrieran las puertas de La Riviera y la cola de personas que esperaban para entrar comenzaba a convertirse en una espiral sobre sí misma. Aunque pasar del Palacio de los Deportes en su último concierto en Madrid a la sala a orillas del Manzanares es un indicativo de la caída de su popularidad, creo que Mika conserva el tirón suficiente para poder llenar un recinto algo mayor.

Una vez dentro de La Riviera se notaba que el público tenía ganas de pasárselo bien. Algunos fans comenzaron a lanzar caramelos y a inflar globos mientras sonaban el Into the Groove de Madonna o el Meddle de Little Boots, entre otros temas. Pocos minutos después de las nueve se apagaron las luces y la banda salió al escenario, todos uniformados con pantalones grises, camisas blancas, tirantes y gorras. Con Relax, take it easy comenzó la fiesta pop de un Mika que no dejó de bailar y sonreír en toda la noche. Antes de empezar la segunda canción, tuvo que disculparse ante el público en su más que aceptable español por no estar en las mejores condiciones para cantar y explicó que había estado a punto de suspender el concierto, pero que había preferido arriesgarse y contaba con nuestra ayuda para salir airoso. Aunque hubo momentos en que temí que Mika tuviera que poner fin al concierto antes de lo previsto al verle sufrir con temas como Rain o Stardust, el chico que sabía demasiado suplió sus problemas vocales con su encanto personal y esa complicidad que consigue crear tanto con sus seguidores como con los músicos que le acompañan sobre el escenario, al que subieron también una veintena de fans para hacer una especie de coro en algunos momentos de la noche.

Al igual que The Origin of Love, el concierto fue un claro reflejo de que Mika está atravesando un buen momento en lo personal. La noche fue una fiesta en la que apenas hubo lugar para las canciones más tristes o melancólicas de su repertorio: no hubo Over my shoulder, ni Happy Ending, ni tampoco (inexplicablemente) Overrated o Make you happy. El repertorio se centró principalmente en las canciones de su último disco y en los temas más famosos de su ópera prima, mientras que The boy who knew too much sólo estuvo representado por Blue Eyes, Rain y We Are Golden, que tuvo el honor de cerrar el concierto. Era el punto final a una noche que tuvo grandes momentos como una versión prolongada hasta los diez minutos de Love Today, un tema que cada vez me parece mejor; un Love you when I’m drunk con el estribillo adaptado al español (“sólo te quiero, sólo te quiero, yo te quiero con una copa, una copa de más”) y un Elle Me Dit cantado en francés, como corresponde. Con canciones así y con la fidelidad a prueba de bombas (y afonías) de sus seguidores, Mika no debería preocuparse demasiado por su futuro en la industria.

Lagarto Amarillo en el Mercado de San Antón

Como ya dije, Lagarto Amarillo son uno de los grupos ascendentes en el actual panorama musical español, como demuestra el hecho de que participen en iniciativas como los conciertos Break & Music, patrocinados Kit Kat y los 40 Principales. Fue el pasado jueves, a las dos de la tarde, en un peculiar escenario: el Mercado de San Antón.

Segunda planta: Lagarto Amarillo

A pesar de lo extraño de la hora y del lugar, el grupo de los hermanos Mora firmó un notable concierto acústico en el que el grupo puedo demostrar su buen hacer. Fueron cinco temas pertenecientes a su tercer trabajo, Estoy mintiendo de verdad. Comenzaron con Parte de mí, para seguir con Por eso (Kantamelade), Una vez más y Dejarse la piel. El broche final lo puso Culpable, emocionante canción que ya es parte de la historia del pop español: fue el último tema que interpretó Antonio Vega sobre un escenario antes de morir, como bien contó mi hermano en su blog.

Coca Cola Music Experience

Coca Cola celebró el pasado viernes la segunda edición de su Coca Cola Music Experience, un macroconcierto pensado con el público juvenil en mente. En esta ocasión invitaron a varios blogueros a ver el evento desde dentro, y este blog tuvo la suerte de ser uno de ellos. Acompañado por Joserra, aka Vidilla, en calidad de fotógrafo, pudimos ver las tripas del laberíntico Palacio de los Deportes, asomarnos a los camerinos de los artistas (tres para Simple Plan, dos para Pablo Alborán, por cierto), ver alguno de los ensayos y saludar a Tony Aguilar, locutor emblemático de los 40 (aquellos tiempos míticos de Fan Club, cuando éramos más jóvenes y menos pretenciosos).

Fotografía: Joserra Fudio

A las seis comenzaron las primeras actuaciones de la noche con una selección de artistas nóveles que están buscando su lugar en el mundo de la música, una serie de nombres que van desde el pop de Guevara o Efecto Pasillo hasta el rock más potente de Everlyn, pasando por las propuestas más bailables de Abraham, Auryn -la boyband que nunca agradecerá lo suficiente no haber sido elegidos para representar a España en el Festival de Eurovisión de 2011- o Xuso Jones, cuyo Buy the DJ a round no tiene nada que envidiar a muchos temas dance cantados por artistas anglosajones. Después llegó la hora de los ascendentes Lagarto Amarillo y de uno de los platos fuertes de la noche, los canadienses Simple Plan, que demostraron que su pop-rock juvenil, un estilo que dominan como nadie al otro lado del Atlántico, tiene mucho más tirón entre el público español del que podría pensarse y que su repertorio va mucho más allá de Welcome to my life.

Fotografía: Joserra Fudio

Poco después de las once de la noche salía a escena la gran estrella de la velada: Pablo Alborán. Después de una ajetreada semana de promoción por el lanzamiento de Tanto, su segundo (o tercero, si contamos su disco en acústico) trabajo, durante la que ha hecho maratonianas firmas de discos de más de siete y ocho horas de duración, el malagueño comenzaba su concierto con Perdóname y miles de gargantas cantaban con él. Al tercer tema, Alborán se quedó sólo en el escenario y se sentó al teclado para interpretar el tema por el que muchos le descubrimos: Solamente Tú. Las fans -especialmente las que llevaban haciendo cola desde la noche anterior- se derritieron.

Fotografía: Joserra Fudio

En menos de dos años, Pablo Alborán se ha convertido en el artista que más discos vende en España, alcanzando cifras que el mercado nacional llevaba mucho tiempo sin ver. La historia es sencilla: chico joven y guapo sube sus canciones a Youtube, va ganando seguidores, ficha por una discográfica y suponemos que la maquinaría publicitaria hace lo demás… Pero no deberíamos desconfiar en el criterio de las masas: el público es mucho menos tonto de lo que se suele pensar y si no hubiera “algo más” detrás del producto Alborán, seguramente su éxito no habría sido tan rotundo. Escuchándole en directo, queda claro que la fórmula de hacer canciones de amor cercanas es mucho más compleja de lo que parece. Alborán domina el arte de cantar bonito y sabe perfectamente que no es necesario hacer alardes vocales ni abusar del deje flamante para transmitir lo que quiere contar. Su música no es innovadora ni especialmente original, pero el hecho es que sus canciones dan la impresión de que dentro de años serán clásicos. Seguramente, ese clasicismo sea el secreto de su éxito.

La fiesta terminó con la actuación sorpresa de Carlos Jean, quien hizo bailar a los que aun aguantaban en pie. Así se puso el punto final al Coca Cola Music Experience, una oportunidad de conocer de primera mano la realidad y el futuro de la música comercial española.

Bon Iver en Vistalegre: Expresionismo Abstracto

Como en tantas ocasiones, conocí a Bon Iver gracias a Diego, que me incluyó Skinny Love en un recopilatorio casero. Como en otras tantas ocasiones, al principio no le presté demasiada atención a la canción hasta que la redescubrí por mí mismo. Creo que fue al saber cómo había nacido ese tema cuando me fije más en ella y en el resto de For Emma, forever ago. Algo me fascinó en la idea de un disco grabado por una sola persona, recuperándose de una mononucleosis y dos rupturas (una amorosa y otra con la banda con la que Justin Vernon había tocado hasta entonces, DeYarmond Edison), en una cabaña perdida de Wisconsin, a lo largo de un invierno. El frío, la soledad, el aislamiento, la calma… eran sólo algunas de las sensaciones que me transmitía esa colección de nueve canciones. Después llegaron el EP Blood Bank y Bon Iver, Bon Iver. Escuchar este segundo disco es para mí como contemplar una obra de Rothko. Al principio, es algo hermético, que no terminas de comprender, pero poco a poco empiezas a descubrir decenas de matices y de sensaciones que terminan resultando tan relajantes como emocionantes.

Esperaba con ganas poder ver a Bon Iver en directo y por fin, el mismo domingo en que también tocaban en Madrid Scissor Sisters, Vetusta Morla y DJ Shadow, llegó el momento. Uno puede imaginar que un concierto de Bon Iver debe de ser algo tirando a lo acústico y lo intimista, pero el ambiente en Vistalegre pocas horas antes de las nueve recordaba más a los momentos previos a la actuación de una estrella de rock: chicos barbudos y chicas rubias apretujados delante de un escenario decorado con telas de saco de arpillera que colgaban de lo alto. Las armonías vocales de las dulces chicas de The Staves hicieron el rato de espera más llevadero hasta que, por fin, llegó la hora esperada y Justin salió al escenario acompañado de un octeto de músicos. Cuando arrancaron con Perth, descubrimos que el concierto iba a ser potente y espectacular, más cercano, en efecto, al rock que al folk. Si en disco, Bon Iver me suena a Rothko, en directo puedo decir que me hizo pensar en Pollock, más enérgico y crudo, pero igualmente emocionante.

Porque ése es el material básico con el que está construida la música de Bon Iver, las emociones puras. Supongo que, por eso, a la hora de enfrentarse a una canción como Woods, Justin Vernon prefiere ocultarse entre las sombras de un escenario que estuvo sumergido en la penumbra casi toda la noche, iluminado por focos rojos y verdes y un centenar de bombillas a modo de candelabros repartidos entre los músicos, y esconder su voz detrás de efectos electrónicos y loops. Hacerlo así es la única manera de protegerse y no sentirse desnudo delante de miles de personas. Es por eso también que hacer una crónica del concierto resulta algo trivial, porque es imposible describir en palabras la emoción que transmiten en directo canciones como Holocene, Creature Fear, Blood Bank, Michicant, Calgary o esa Skinny Love coreada por todos los asistentes. Tras un bis en el que sonaron The Wolfes (Act I and II) y For Emma, concluyó un estupendo concierto el que perdonamos algunos errores de sonido (aunque imagino que coordinar a un grupo de nueve excelentes músicos que cambian continuamente de instrumentos sin que haya errores debe de ser un trabajo tremendamente complicado), así como la ausencia de Lump Sum y algún otro tema de su primer disco. Se hace imprescindible que Bon Iver edite algún disco o DVD en directo para poder verlo y escucharlo una y otra vez.