GRADUACIÓN

Anoche Joserra y yo nos pusimos gabardinas y grandes gafas oscuras y nos fuimos a una sala porno los cines Ideal a ver una película de arte y ensayo “High School Musical 3”, el episodio final de la trilogía más grande que nos ha dado el cine desde Piratas del Caribe, Matrix o Scream. Y por si fuera poco “placer culpable”, tuve la siguiente conversación con la taquillera:

-Deme dos entradas para “High schoool mu…” (mi voz va descendiendo hasta niveles inaudibles)
-Vas a estar tú solo en la sala.
-Bueno, aun falta una hora, seguro que alguien más viene.

En efecto, vinieron cinco personas más, todas chicas. Después de dos o tres anuncios de juguetes y un par de trailers, comienza la película. Y lo primero que se ve en pantalla es un enorme primer plano ralentizado de un sudoroso Troy Bolton jugando la final de baloncesto del campeonato interescolar. En efecto, la película es todo un festival para fanáticos de ZacE, quien, según los rumores, se ha llevado tres de los quince millones de presupuesto con que contaba la película. Sólo Sharpay puede hacerle sombra. ¿Por qué será que los personajes de rubias pijas malvadas son tan divertidos? El resto de la película son básicamente canciones, canciones y más canciones con algún que otro número de baile bastante vistoso. Me imagino que el guión de la película debía ocupar, como mucho, veinte páginas. Tampoco se necesita mucho más para contar el típico argumento por el que los personajes tienen que decidir entre hacer lo que les pide el entorno o lo que realmente quieren hacer: ¿Baloncesto o teatro? Eh, pero si es el mismo conflicto que en la primera película! Devuélvanme mi dinero!

Lo mejor de ver la película en una sala de cine medianamente grande con sólo siete personas es que Joserra y yo pudimos comentar todo lo que quisimos: nos reimos CON la película, pero sobre todo, DE la película. Al final, hasta estuvimos recordando nuestra propia graduación universitaria y lo fácil que parecía todo en aquelos tiempos. Sí, para mí la Universidad fue como un High School, y siempre la recordaré como la época más tontamente feliz de mi vida.

Reedición de las 11.10: Siempre que unos hijos de puta no pongan una bomba en un aparcamiento por el que pasan cientos de estudiantes al día.

NADA TE TURBE

Anoche fui a ver “Camino”. A pesar de algún defecto menor como una duración un tanto alargada o algún personaje secundario ligeramente plano, me pareció una película más que notable, con unas interpretaciones excelentes y una estética que acompaña perfectamente a una historia que se atreve a hablar sin miedo de la fe, el amor y la muerte.

Aunque había leido que Javier Fesser había querido mantener cierta objetividad con respecto al tema del que trata la película, tenía miedo de que en realidad se diera un tratamiento caricaturesco a la religión, con numerarios de opereta y curas siniestros. Bueno, de estos últimos sí que hay, pero el retrato que se hace de los miembros del Opus, para cualquiera que haya conocido de cerca a alguno de ellos, es bastante exacto, tanto para lo bueno como para lo malo.

Está claro que, según sus ideas respecto a la religión, cada espectador va a tener una visión diferente de la película. Algunos pensarán que es una caricatura de la fe religiosa, otros lo interpretarán como una denuncia de la manipulación y de la exaltación del dolor que hacen ciertos sectores de la Iglesia. Yo me quedé con la idea de que es el Amor (a Dios, al niño del grupo de teatro o al farmaceútico del pueblo) lo que le da sentido a la vida, y lo que le permitió a Camino afrontar su enfermedad y morir de una de las formas más hermosas que he visto en una pantalla de cine. Salí del cine impresionado. Muy recomendable, tanto para ateos como para creyentes de todos los tipos.

ADIOS VERANO ADIOS

El viernes fue un día tranquilo en el trabajo después de una semana bastante ajetreada (y entretenida). Miguel vino a comer a casa y pasamos un rato zapeando entre la MTV, el SolMusica y la VH1, antes de que se fuera a Pamplona con Rocío. Yo me fui a sudar un poco al gimnasio. A la salida quedé con Diego y nos fuimos hasta Plaza de España a ver “Una palabra tuya” con Joserra, Jotas y Belen. A algunos les gustó la película y les pareció emocionante mientras que otros la definieron como “bazofia”. A mí me pareció una acumulación sin sentido y mal estructurada de dramas personales con alguna escena aislada brillante. La noche terminó en una kebabería cualquiera devorando un durum y riendonos a costa de esa telebasura sin la que, en realidad, no podríamos vivir.

El sabado comenzó con una buena noticia. La mujer de mi primo dio a luz a su primera hija la noche anterior y, aunque el parto había sido largo, estaban todos perfectamente. La familia sigue creciendo. El plan para la tarde era ver “Vicky Cristina Barcelona”. A la taquillera le hicieron gracia mi camiseta y la sonrisa de Diego y nos hizo descuento en las cuatro entradas. Respecto a la película, a unos nos pareció que Penelope Cruz hacía un gran trabajo mientras que otros describieron su papel como “hacer la payasa”. Por lo demás, si no es la peor película de Woody Allen que he visto, se le parece bastante. Eso sí, qué bonita es España tal y como la ve el director, tan soleada, mediterránea y llena de vitalidad, sin nada que envidiar a la Toscana y la Provenza que salen en el cine. Y qué bien tocan la gaita guitarra española en Oviedo… Después de la película, yo quería ir a un bar que hay por Huertas, pero estaba cerrado, y acabamos en otro que acababa de abrir y estaba vacío, tomando café, té rojo, batido de nueces y pastel de zanahoria. Pablo se fue y acompañamos a Joserra a comprar pintura al Corte Inglés. En principio, buscábamos color blanco, pero acabo llevándose un bote de pintura rosa pálido de Agata Ruiz de la Prada, bastante más barato que de Bruguer o Titanlux (y mucho más glamouroso, dondevaaparar). Llegó la hora de que Diego se fuera y Joserra y yo confirmamos que no deberíamos volver más a Vips.

A la mañana siguiente me despertó el ruido de la lluvia en el tejado. Pensé que iba a ser un domingo lluvioso, asi que me dormí de nuevo. Cuando volví a despertarme, brillaba el sol, así que quedé con Joserra en la Latina para tomar unas cañas, analizar sus técnicas de seducción de camareros bohemios y comer unos huevos rotos con chistorra en la terraza del Postino. El resto de la tarde lo pasé en casa, limpiando un poco. Diego llegó para ver “Planet Terror” en DVD (me pareció un poco aburrida… prefiero “Death Proof”) y se fue cuando terminó “Gran Hermano X”, con su colección de friquis y aspirantes a mister venidos a menos. Ya somos fans de Ana Toro, la loca creativa de publicidad que parece prima de la francesa de Lost. Y así, tranquilamente, le dije adiós al último fin de semana del verano.

EL FUTURO YA ESTÁ AQUÍ

Riete tú de Indianas, Hulks, Batmans y Carries. Diego y yo estamos seguros de que el superhéroe del verano va a ser Wall-E.

GO, SPEED RACER, GO

Pasemos página ya del Festival de Eurovisión de este año y preparémonos para el siguiente, en Moscú, con Dima Bilán de presentador, y pensando en lo inverosímil que habría sido imaginar en los sesenta que algún día la capital del Imperio del Mal albergaría un evento tan frívolo y capitalista.

Speed-Racer

Vamos a hablar de esa maravilla visual llamada Speed Racer, que, como dije hace un par de días, acabará siendo el Tron del nuevo milenio. Los hermanos Wachowski revolucionaron la estética cinematográfica en 1999 con The Matrix, algo que muy pocas películas han conseguido (Amelie o Pulp Fiction serían otros ejemplos), para luego dilapìdar su prestigio con las dos innecesarias secuelas que la siguieron. V de Vendetta, de la que fueron productores, llevaba claramente sus señas de identidad, así que uno podía ser optimista respecto a su última película. Y diga lo que diga la crítica, a mí no me defraudó en absoluto. Speed Racer es un festival de colores, planos imposibles, montaje frenético e ideas visuales sin fin, aparte de ser una excelente translación al cine de las características propias del animé japonés. Yo no soy, ni de lejos, un experto en el tema, pero he visto series como Chicho Terremoto, Shinchan o Bola de Dragón y sé que tienen un estilo muy definido y un humor enloquecido muy personal, que están presentes en miles de detalles de la película de los Wachowsky. El problema es que han hecho la película que ellos querrían ver, sin pensar en el gusto mayoritario del público: quizás la película sea demasiado infantil para gustar al público adulto y demasiado adulta para gustar al público infantil, pero a los adultos en contacto son su niño interior (es decir, a los frikis) les va a encantar.

LARS Y UNA CHICA DE VERDAD

Nancy Oliver empezó su carrera como guionista en el mejor sitio posible, formando parte del equipo de A dos metros bajo tierra. Por su primer guión para largometraje, en el que la influencia de la mejor serie de la historia es bastante palpable, ha conseguido ser candidata al Oscar y si no fuera porque este era el año de Diablo Cody y su Juno, quizás se lo hubiera llevado (¿O tendría que haber ganado Ratatouille?). En todo caso, datos anecdóticos aparte, Lars y una chica de verdad es una muestra muy recomendable de ese cine independiente estadounidense ambientado en pequeños pueblos norteños, que ya es un género en sí mismo.

La película es una historia de amor entre Lars, un joven patológicamente tímido, y Bianca, una muñeca hinchable de última generación. De este punto de partida podía haber surgido una película oscura, inquietante y retorcida, pero Lars y una chica de verdad es todo lo contrario: es dulce, luminosa y divertida, cosa que consigue sin resultar ñoña o empalagosa. A través de su relación con la muñeca, a la que todo el pueblo acoge como si fuera un miembro más de la comunidad, Lars aprende a superar sus miedos y relacionarse con los demás. Aparte de por el guión, sencillo pero muy efectivo, de Nancy Oliver, la película funciona gracias al trabajo de Ryan Gosling, al que la crítica define ya como el mejor actor de su generación. Yo me sumo a las alabanzas (lo siento, JakeG).

De entre todas las escenas de la película me quedo con un diálogo entre Lars y la doctora del pueblo, interpretada por la maravillosa Patricia Clarkson, en el que el protagonista confiesa que cuando los demás le tocan, siente dolor, como si le quemara. Me acordé de que yo, hace muchos años, dije una frase parecida: “No me gusta que me toquen”. Me costó mucho tiempo superar el miedo a que alguien entrara en mi espacio vital, que todavía sigo protegiendo con muchas barreras. Afortunadamente, no fue una muñeca hinchable quien me ayudo a ir quitándolas.

THERE WILL BE MILKSHAKE

Paul Thomas Anderson es un genio. El problema es que lo sabe y esto hace que sus películas sean tan conscientes de su grandiosidad, algo que le hace parecerse más a Orson Welles y Stanley Kubrick que a Martin Scorsese o Robert Altman, con quienes ha sido comparado en muchas ocasiones. Quizás la excepción sea Punch-Drunk Love, una especie de cura de humildad después del fracaso comercial (que no artístico) de Magnolia.

Pero There wil be blood, o como la han llamado en España, Sin pozos no hay paraiso, no tiene nada de humilde. Y uno no sabe si está ante una gran pelicula, una película grandiosa o una película grandilocuente. Como sucede con No es país para viejos, tiene mucho de western, pero si la película de los Coen es una obra maestra de minimalismo, aquí el tono es épico, y las interpretaciones son tan sobreactuadas que a veces surge el humor involuntario. Daniel Day Lewis y Paul Dano compiten entre sí para ver quien grita y gesticula más, aunque el veterano termina arrollando a la joven promesa como quien hace varios strikes seguidos en una partida de bolos.

Todo en la película termina resultando excesivo. Tanto, que a veces resulta injustificado. There will be blood trata de muchas cosas, pero el eje de la película es el enfrentamiento entre Daniel Plainview, un pionero de la explotación petrolífera de Estados Unidos que poco a poco va creando un gran imperio económico, y Eli Sunday, un reverendo iluminado, hijo del dueño de las tierras en las que aparece el petroleo que enriquece a Plainview. Ambos hombres se odian de una manera tan intensa que sus razones últimas terminan siendo un tanto incomprensibles al espectador, como sucede también con la evolución del personaje principal. Al igual que en las anteriores películas de Anderson, lo que impera es una visión amarga y torturada del ser humano, con un diminuto resquicio para el optimismo, encarnado aquí por el hijo de Plainview.

Pero con todos sus defectos, There will be blood es una película de las que deja huella. A mí, por lo menos, se me han quedado grabadas a fuego unas cuantas escenas. Sí, la verdad es que es las tres cosas a la vez: grande, grandiosa y grandilocuente.

EL TALENTO DE MR.MINGHELLA

Tres películas dirigidas por Anthony Minghella estarían entre mis favoritas. “El Paciente Inglés” la vi dos veces en el cine y unas cuantas más en mi casa. Lei el libro y me pareció mucho peor que la película. Me compré la banda sonora original de Gabriel Yared y aun sigue siendo uno de mis discos favoritos para escuchar un día de lluvia, con esos compases que deberían venir en el diccionario bajo el epígrafe de “romanticismo arrebatado”. Nadie fue tan dulce como Juliette Binoche como la enfermera Hana, ni tan hermosa como Kristin Scott Thomas intepretando a Katharine Clifton, ni tan inteligente como el zapador sij interpretado por Naveem Andrews, ni nadie sufrió tanto por amor como el Conde Laszlo de Almasy al que dio vida Ralph Fiennes. Tampoco nadie fue tan descaradamente sensual como Jude Law en “El talento de Mr.Ripley”, ni tan retorcido como el personaje que da título a la película y puso cuerpo Matt Damon, The Mysterious Yearning Secretive Sad Lonely Troubled Confused Loving Musical Gifted Intelligent Beautiful Tender Sensitive Haunted Passionate Talented Mr. Ripley, una historia de amor ciego a ritmo de jazz y otra intensa partitura a cargo de Gabriel Yared. La música también era una protagonista más en “Cold Mountain”, otra historia de amor épica y fatalista ambientada en la Guerra de Secesión, seguramente la última película interesante protagonizada por Nicole Kidman antes de caer presa del Botox. Con esta preciosa canción de Alisson Krauss, le decimos adiós en este blog a Anthony Minghella, fallecido hoy a los 54 años de edad.

AND THE OSCAR GOES TO…

No me gustó No es país para viejos. Me pareció una película fallida, especialmente en su discutible cuarto de hora final. A pesar de todo, tiene momentos brillantes y el trabajo de Javier Bardem dando vida a un personaje que es la encarnación del mal absoluto es impecable. Me alegro también por Marion Cotillard, por Diablo Cody, por Brad Bird y, claro, por Glen Hansard y Marketa Irglova, que han ganado el Oscar a la Mejor Canción Original (“Falling Slowly”, de Once). Sin embargo, mi canción favorita de esa bonita película es ésta.