Las olas, el mar

En Occidente, por lo general, no sabemos mucho del arte japonés. Pero creo que todos hemos visto este fascinante cuadro (en realidad, un grabado).

La gran ola de Kanawaga es la primera estampa de la serie Treinta y seis vistas del monte Fuji, publicadas por Katsushika Hokusai entre 1830 y 1833. La cumbre nevada del volcán se ve en el horizonte, eclipsada por la potencia del mar y las garras de espuma de la ola. De hecho, en un primer vistazo, pasa casi desapercibido, al igual que los barcos de los pescadores: el mar es el protagonista, todo lo demás viene después. Del molde original se han realizado miles de copias que se extendieron por todo el mundo, especialmente desde que Europa descubrió la cultura japonesa en el último tercio del siglo XIX, convirtiéndolo en una moda que imitarían algunos de los principales artistas de la época, como Monet o Degas, por ejemplo. Y así es como La Ola se ha convertido en un icono pop que se presta a todo tipo de reinterpretaciones.

Por ejemplo, con galletas.

O con Pokemon.

O con Godzilla. Yo no pude resistirme y me compré una camiseta. Que Hokusai me perdone.

En el Takayama Jinya, la casa del gobernador de Takayama, el único edificio civil de la era Edo (1603 – 1868) que se conserva, descubrí otra muestra de arte japonés que me fascinó: un sencillo diseño llamado Seigaiha y que se utiliza mucho en Japón como elemento decorativo. Ahí, en el vestíbulo de entrada para los invitados más nobles e importantes, era el gran protagonista.

¿Y qué tienen de especial un montón de semicírculos concéntricos? Nada, hasta que descubres que representan las olas de un mar en calma y entonces no puedes más que rendirte ante la maestría y el minimalismo limpio y elegante de quien ideó este diseño. Al parecer, algún artista anónimo chino de hace milenios.

Givenchy en el Thyssen

Que la alta costura, al igual que el cine, tiene tanto de arte como de industria es algo que debería estar fuera de toda duda a estas alturas. Por eso no es de extrañar que las puertas de los museos y salas de exposiciones se abran cada vez más para albergar retrospectivas sobre modistos como Gaultier, Armani o Yves Saint Laurent. El Thyssen ha sido el último en sumarse a este tipo de iniciativas, anunciando como su primera incursión en el mundo de la moda la retrospectiva sobre Hubert de Givenchy que podrá verse en su sede hasta el próximo 18 de enero.

Givenchy en el Thyssen

Hubert de Givenchy abrió su propia casa de costura en París en 1952, ganándose pronto la atención y el aplauso de las publicaciones de moda y consiguiendo una clientela fiel, entre las que destacaban nombres como los de Jackie Kennedy, Farah Diba, los Grimaldi, Wallis Simpson y, como no, la que fuera musa y amiga personal de Givenchy, Audrey Hepburn. Él la vistió fuera y dentro de la pantalla, encargándose de los modelos que la actriz lució en película como Sabrina, Charada o Desayuno con Diamantes. Incluso elaboró para ella un perfume exclusivo llamado L’intedit (El prohibido). También se encargó de vestir a Elizabeth Taylor en Hotel Internacional y a Capucine en La pantera rosa.

Givenchy en el Thyssen

Sin embargo, poco de esto acaba viéndose en esta exposición comisariada por el propio Givenchy. Sin seguir una estructura cronológica que permite seguir la evolución del diseñador, con información escasa e incompleta y dividida en salas con títulos genéricos de suplementos dominical como “Novias felices” o “La elegancia del negro”, la muestra no consigue transmitir la personalidad propia de Givenchy, mostrando más sus carencias que sus virtudes. Entre el centenar de piezas expuestas están algunos conjuntos icónicos, como el famoso vestido negro que lució Audrey Hepburn en Desayuno con Diamantes, pero terminan desapareciendo entre un exceso de propuestas desconcertantes de finales de los ochenta y principios de los noventa. Con una presentación que confunde sobriedad con sosería, a esta retrospectiva sobre Hubert de Givenchy le falta espectacularidad, originalidad y glamour… precisamente los elementos que nunca deberían faltar en la Alta Costura.

El surrealismo y el sueño

Hablar del surrealismo y del sueño parece casi redundante, pero como explica el filósofo y crítico de arte José Jiménez, comisario de la muestra así titulada organizada por el Museo Thyssen, hasta la fecha no había tenido lugar una exposición de arte que abordara el tema de manera monográfica. Surgido en la década de los 20, este movimiento artístico quería ir más allá de la realidad y disolver las fronteras entre la razón y el subconsciente. Por eso, el mundo de los sueños, el territorio donde, siguiendo los postulados de Freud, salen a la luz nuestros deseos, impulsos y miedos más ocultos, era una temática especialmente querida por los surrealistas.

Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar, Salvador Dalí.
Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada un segundo antes de despertar, Salvador Dalí.

Una sala dedicada a los que abrieron las vías (de los sueños), con obras de artistas que antecedieron al surrealismo pero ya mostraron su interés por lo onírico, como el metafísico Chirico o el naïf Rousseau, sirve como introducción al visitante en este recorrido por el surrealismo y el sueño. A través de piezas firmadas por algunos de los nombres fundamentales de este movimiento artístico como Salvador Dalí, Joan Miró, René Magritte, Man Ray, Yves Tanguy, Max Ernst o Paul Delvaux, la exposición se estructura temáticamente para investigar distintos aspectos del mundo del sueño, como el territorio del deseo y la pulsión erótica, el universo de las pesadillas o diversas implicaciones de lo onírico como la omnipotencia del que sueña o los paisajes imposibles que lo conforman.

Muerto acechando a su familia, Yves Tanguy
Muerto acechando a su familia, Yves Tanguy

Los surrealistas no se limitaban a copiar sus sueños, sino que intentaban ir más allá y transcribir todo ese mundo irreal explorando todas las posibilidades del lenguaje artístico. No es de extrañar que entre las 163 obras que conforman esta exposición se encuentren todo tipo de manifestaciones artísticas como la pintura, la escultura, el collage, la fotografía y piezas cinematográficas como las esenciales Un perro andaluz y La edad de oro, de Luis Buñuel, o la secuencia del sueño que Dalí diseñó para Hitchcock en Recuerda.

Mujer ante el espejo, Paul Delvaux
Mujer ante el espejo, Paul Delvaux

“El surrealismo y el sueño” estará abierta en el Museo Thyssen de Madrid hasta el 12 de enero de 2014.

Miami, una ciudad muy pop

Ya están emitiendo la octava temporada de una de nuestra series favoritas, Dexter. Esto nos sirve como excusa para comentar una reciente visita a la ciudad en la que está ambientada la serie: Miami, una ciudad muy pop.

El cine y la televisión han hecho que Miami esté muy presente en el imaginario popular: además del psicópata forense, a todo el mundo se le vendrá rápidamente a la cabeza la imagen de gangsters cubanos desquiciados, policías horteras, “bad boys”, el tupé de Cameron Diaz… Sólo por esto la ciudad ya puede considerarse un icono, pero aún hay más, el arte pop está muy presente en alguno de los sitios más interesantes a la hora de planificar una visita.

Esta foto (ésta en concreto no es mía sino de Wikipedia; el resto sí, lo prometo) es un ejemplo de las esculturas pop-art del brasileño Romero Britto que podemos encontrar por la calle. ¿Quien es Britto a todo esto? Pues viendo sus obras resulta una mezcla entre Lichtenstein, por la estética comiquera, y Warhol por la reinterpretación de la imagen de iconos populares. ¿Y quién es mas popular que Darth Vader?

Miami

Quien tenga interés en el artista y esté en Madrid puede pasarse por Pop Gallery 11 (Maldonado 11) donde se puede ver una exposición permanente desde mayo del año pasado.

Otro de los lugares más bonitos, más pop y visita obligada es el barrio Art Deco de Miami Beach. Aunque ganaría mucho si hicieran peatonal Ocean Drive, cosa que no creo que suceda, pasear por aquí es como viajar en el tiempo y zambullirse en la imagen colorida que todos tenemos en la cabeza de la ciudad. Hoteles y restaurantes se van alternando entre las palmeras a pocos metros de la playa. La experiencia de tomar un cocktail y observar el ambiente es altamente recomendable.

Miami

Por desgracia, y por unos pocos días, no pude disfrutar del Art Deco Weekend que se celebra anualmente. Como pequeña compensación se puede ver The Art Deco Shop perteneciente a la Miami Desingn Preservation League donde tienen todo tipo de simpáticos objetos retro. Yo ya tengo mi Kit-Cat de recuerdo colgado en mi habitación.

Kit Cat

 

Hiperrealismo 1967-2012

La invención de la fotografía supuso una revolución para el mundo del arte. Pintura y escultura ya no tenían que limitarse a reproducir la realidad, ya que una placa fotográfica lo hacía de una manera más fiel que cualquier pincel. El público dejó de encargar retratos y los artistas tuvieron que adaptarse a los nuevos tiempos. Liberados de la obligación de ser figurativos, pudieron explorar nuevos caminos para expresarse, llegando así hasta la abstracción más pura a comienzos del siglo XX. Y a algunos artistas estos caminos les llevaron a explorar un realismo más real que la propia realidad: el hiperrealismo.

Richard Estes, Nedick's. 1970.
Richard Estes, Nedick’s. 1970.

Heredero en gran parte de las preocupaciones e intereses del Pop Art, el Hiperrealismo surgió en Estados Unidos a finales de los sesenta. Utilizando la fotografía como instrumento de trabajo, los artistas de este movimiento reproducen el lenguaje fotográfico en sus pinturas, elevando los elementos más cotidianos a la categoría de arte, invitándonos a verlos de una manera nueva y original. En bodegones y naturalezas muertas, las frutas o piezas de caza son reemplazados por elementos propios de nuestro tiempo como coches de juguete, copas de cristal, refrescos y gominolas.

Candy Rainbow, Roberto Bernardini. 2010
Candy Rainbow, Roberto Bernardini. 2010

Motocicletas, automóviles y rincones propios del paisaje urbanita son otro elemento habitual en las obras del Hiperrealismo. De hecho, algunos de sus componentes como Richard Estes o Ben Johnson parecen discípulos de Canalleto al reproducir en sus lienzos vistas de la neoyorquina Times Square o del paisaje londinense. Esta vista de Trafalgar Square impresiona más cuando uno se da cuenta de que no hay ni una sola figura humana retratada en ella, algo prácticamente imposible en la realidad sin un apocalipsis de por medio.

 Looking Back to Richmond House, Ben Johnson. 2011
Looking Back to Richmond House, Ben Johnson. 2011

Más de sesenta obras de tres generaciones de artistas englobados en el Hiperrealismo, desde 1967 hasta nuestros días, conforman la exposición que se puede ver en el Museo Thyssen hasta el 9 de junio, un más que recomendable paseo por las fronteras entre realidad y representación.

Retratos: Obras maestras del Centre Pompidou

Durante todo este invierno, la Fundación Mapfre ofrece la posibilidad de hacer un recorrido por la evolución del retrato a través de una selección de ochenta obras cedidas por el parisino Centre Pompidou. Quien se acerque a esta exposición (¡es gratis!) podrá comprobar cómo pintores y escultores han ido transformando este género desde finales del siglo XIX hasta el siglo XXI y cómo lo han ido adaptando a las tendencias del arte contemporáneo y las vanguardias. No olvidemos que la expansión de la fotografía liberó al arte de ser naturalista y ser fiel a la realidad, un factor que marcó de forma decisiva el trabajo del artista a la hora de retratar a otra persona: ya no se trataba de plasmar sus rasgos físicos en el lienzo, sino de captar su interior, su personalidad, su alma. Entre las piezas expuestas, uno puede ver obras de maestros como Picasso, Magritte, Bacon, Modigliani, Brancusi…

A mí, personalmente, me llamaron la atención dos obras de artistas de los que no había oído hablar. La primera fue este autorretrato de Jean Pougny, nombre que el ruso Ivan Puni adoptó al instalarse en Francia en 1923. Nacido en 1894, Puni comenzó su carrera artística con obras cercanas al cubismo, la abstracción y el suprematismo de su compatriota Malevich, pero cuando se convirtió en Pougny fue volviendo poco a poco a la figuración, un camino inverso al de muchos artistas contemporáneos.

Jean Pougny, Autorretrato

El otro pintor que descubrí visitando la exposición fue el esloveno Zoran Mušič. Nacido en Eslovenia en 1909, fue capturado por los nazis en 1944 y estuvo preso en el campo de concentración de Dachau hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Una vez liberado, se instaló en Venecia hasta su muerte en 2005. Haber experimentado en su propia piel el terror y la barbarie y haber sobrevivido a ellas a duras penas marcó para siempre el resto de su obra, ya sea a través de obras donde muestra lo que vivió en Dachau o en este impresionante autorretrato, pintado en 1988, y en el que el autor parece desintegrarse poco a poco en el propio lienzo.

Zoran Music, Autorretrato

Si os acercáis a Madrid, podréis ver la exposición hasta el seis de enero.

William Blake: Visiones en el arte británico

Dado que sus exposiciones son gratuitas, nunca está de más pasarse de vez en cuando por el CaixaForum. Sin embargo, hay que reconocer que no todas las muestras que organizan tienen el mismo interés y, de hecho, algunas pueden resultar un tanto prescindibles. No es éste el caso de la retrospectiva que dedican a William Blake (1757 – 1827), poeta, pintor y grabador que, a pesar de no haber obtenido reconocimiento en vida, ha sido después considerado uno de los artistas esenciales del arte británico.

David sacado de las muchas aguas, 1805
David sacado de las muchas aguas, 1805

Desde muy pequeño, Blake tuvo visiones: con nueve años, vio un árbol lleno de ángeles, sentado cada uno de ellos en una rama. Este tipo de apariciones celestiales le acompañarían toda su vida (en una ocasión, según cuenta su mujer, vio la cabeza de Dios a través de una ventana de su casa) e influirían de una manera determinante en su obra, a través de la cual Blake fue creando una mitología propia, llena de seres mitológicos y divinidades que se mezclan con las figuras propias de la iconografía cristiana. Esto, unido a sus ideas contra la esclavitud y a favor de la libertad sexual y de la igualdad entre hombres y mujeres, tienen como resultado una colección de obras impactantes, muy avanzadas a las realizadas por sus contemporáneos, y que explican el porqué no fueron apreciadas por el público de la época. No es complicado ver ecos de sus pinturas en obras de surrealistas como Dali o Chirico.

El ángel bueno y el ángel malo, 1805
El ángel bueno y el ángel malo, 1805

Organizada por la Tate Gallery, la exposición, que estará en el CaixaForum de Madrid hasta el 21 de octubre, hace un repaso completo por toda la obra de Blake, siendo especialmente interesantes los grabados que hizo basándose en el libro de Job y sus ilustraciones para La Divina Comedia de Dante. La muestra incluye también una interesante selección de obras de los simbolistas victorianos (George Frederic Watts) y de los exquisitos prerrafaelitas (Dante Gabriel Rossetti, Simeon Solomon…) que demuestran la influencia de Blake en las generaciones posteriores hasta la actualidad. Culturizarse nunca ha sido tan barato.