Calvin Harris: Motion

Calvin Harris Motion

“I need a little faith. Is that too much to ask for?”. Así abre su cuarto disco Calvin Harris, pidiendo un poco de fe. Fe para seguir creyendo en sí mismo, y fe para que nosotros sigamos creyendo en él y no digamos eso de “Calvin, tú antes molabas”. Convertido en productor de éxitos en cadena y DJ estrella que se recorre el mundo de sesión en sesión por festivales y discotecas del planeta, parece que poco queda en el Calvin actual del friki desaliñado aficionado a los sintetizadores ochenta de I created Disco, aquel trabajo con el que debutó en el ya lejano 2007.

Todos tenemos un pasado, Calvin.
Todos tenemos un pasado, Calvin.

De hecho, Motion confirma lo que ya se venía anticipando en Ready for the weekend y, sobre todo, en 18 Months: el Calvin productor y DJ cada vez está más presente, dejando al Calvin músico y cantante en un segundo plano. En este sentido, son varias las pistas instrumentales (o casi) en las que se ve claramente como son sus sesiones, caracterizadas por la búsqueda del subi-subidón perfecto, un arte que Calvin Harris domina con maestría. Seguramente muchos de los que compren el disco acaben saltándose en el reproductor esas colaboraciones junto al triunvirato holandés formado por Firebeatz, Ummet Ozcan y R3hab sin apreciar que cortes como Slow Acid son infinitamente más interesantes musicalmente que el atorrante Awooga de su anterior trabajo.

En su condición de productor estrella, Calvin Harris no tiene problemas para tirar de agenda telefónica y trabajar con quien le apetezca en vez de poner voz a sus temas. Aquí su presencia vocal se queda limitada a Faith y Summer, convertido ya en evidente himno para los veranos. Se le echa de menos: no es que Calvin sea un gran cantante, pero su voz tiene un toque melancólico y personal que acaba quedando muy bien en sus temas. Por fortuna, Harris no se limita a contratar a cantantes anodinas y no tiene miedo a trabajar con artistas cuya personalidad acaba dejando su huella en las canciones. En Motion tenemos colaboraciones insoportables como la de Big Sean en la básica Open Wide y otras que podían haber dado más de sí, como la de Gwen Stefani en Together, pero por lo general los resultados son interesantes: ahí están Outside, con Ellie Goulding, o Ecstasy, junto a Hurts, la que es la primera balada incluida en uno de sus discos y que suena más a Hurts que lo que hizo el propio dúo en su olvidado segundo trabajo. Es aquí donde encontramos los momentos más brillantes del disco, en colaboraciones como la de All About She en Love Now, con reminiscencias del Rather Be de clean Bandit, y especialmente Pray to God, el tema escrito a medias junto a Haim y una de las mejores canciones de este 2014.

Aunque es cierto que Motion no incluye grandes sorpresas y que la fórmula del subidón de Calvin Harris nos resulta ya más que familiar, también es cierto que sigue proporcionando grandes momentos de puro pop electrónico y que, dentro de unos años, servirá como un excelente compendio de casi todo lo que se hace ahora mismo en el panorama de la música electrónica más comercial. Mientras esperamos a que dejen de contratar a Calvin como el DJ de todas las fiestas y pueda hacer un disco más personal, lo que nos queda claro es que, como dice en la un tanto amarga letra de la pista que cierra Motion (“You close your eyes, you’re seeing dollar signs”) va a seguir viendo muchos signos de dolar en el futuro.

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