Bon Iver en Vistalegre: Expresionismo Abstracto

Como en tantas ocasiones, conocí a Bon Iver gracias a Diego, que me incluyó Skinny Love en un recopilatorio casero. Como en otras tantas ocasiones, al principio no le presté demasiada atención a la canción hasta que la redescubrí por mí mismo. Creo que fue al saber cómo había nacido ese tema cuando me fije más en ella y en el resto de For Emma, forever ago. Algo me fascinó en la idea de un disco grabado por una sola persona, recuperándose de una mononucleosis y dos rupturas (una amorosa y otra con la banda con la que Justin Vernon había tocado hasta entonces, DeYarmond Edison), en una cabaña perdida de Wisconsin, a lo largo de un invierno. El frío, la soledad, el aislamiento, la calma… eran sólo algunas de las sensaciones que me transmitía esa colección de nueve canciones. Después llegaron el EP Blood Bank y Bon Iver, Bon Iver. Escuchar este segundo disco es para mí como contemplar una obra de Rothko. Al principio, es algo hermético, que no terminas de comprender, pero poco a poco empiezas a descubrir decenas de matices y de sensaciones que terminan resultando tan relajantes como emocionantes.

Esperaba con ganas poder ver a Bon Iver en directo y por fin, el mismo domingo en que también tocaban en Madrid Scissor Sisters, Vetusta Morla y DJ Shadow, llegó el momento. Uno puede imaginar que un concierto de Bon Iver debe de ser algo tirando a lo acústico y lo intimista, pero el ambiente en Vistalegre pocas horas antes de las nueve recordaba más a los momentos previos a la actuación de una estrella de rock: chicos barbudos y chicas rubias apretujados delante de un escenario decorado con telas de saco de arpillera que colgaban de lo alto. Las armonías vocales de las dulces chicas de The Staves hicieron el rato de espera más llevadero hasta que, por fin, llegó la hora esperada y Justin salió al escenario acompañado de un octeto de músicos. Cuando arrancaron con Perth, descubrimos que el concierto iba a ser potente y espectacular, más cercano, en efecto, al rock que al folk. Si en disco, Bon Iver me suena a Rothko, en directo puedo decir que me hizo pensar en Pollock, más enérgico y crudo, pero igualmente emocionante.

Porque ése es el material básico con el que está construida la música de Bon Iver, las emociones puras. Supongo que, por eso, a la hora de enfrentarse a una canción como Woods, Justin Vernon prefiere ocultarse entre las sombras de un escenario que estuvo sumergido en la penumbra casi toda la noche, iluminado por focos rojos y verdes y un centenar de bombillas a modo de candelabros repartidos entre los músicos, y esconder su voz detrás de efectos electrónicos y loops. Hacerlo así es la única manera de protegerse y no sentirse desnudo delante de miles de personas. Es por eso también que hacer una crónica del concierto resulta algo trivial, porque es imposible describir en palabras la emoción que transmiten en directo canciones como Holocene, Creature Fear, Blood Bank, Michicant, Calgary o esa Skinny Love coreada por todos los asistentes. Tras un bis en el que sonaron The Wolfes (Act I and II) y For Emma, concluyó un estupendo concierto el que perdonamos algunos errores de sonido (aunque imagino que coordinar a un grupo de nueve excelentes músicos que cambian continuamente de instrumentos sin que haya errores debe de ser un trabajo tremendamente complicado), así como la ausencia de Lump Sum y algún otro tema de su primer disco. Se hace imprescindible que Bon Iver edite algún disco o DVD en directo para poder verlo y escucharlo una y otra vez.

3 thoughts on “Bon Iver en Vistalegre: Expresionismo Abstracto”

  1. Por como lo cuentas parece que fue un concierto realmente especial y memorable. Quizá este no me lo tendría que haber perdido… :(
    Echo de menos algún youtube que demuestre que, efectivamente, Bon Iver suena más potente y rockero en directo

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