Blue Jasmine

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Hubo una época en que cada estreno anual de Woody Allen se consideraba un acontecimiento cinéfilo imprescindible. Llegó un momento, probablemente a finales de los 90, en los que nos dimos cuenta de que calificar a todas sus películas como “la última obra maestra de “Woody Allen” era algo exagerado y en los últimos años nos hemos conformado con que alguna de ellas sea más o menos interesante. Curiosamente, después de esa absoluta mediocridad que es A Roma con amor, nos llega Blue Jasmine, un título que está a la altura de las mejores obras de su director, guionista y amante del jazz.

La triste Jasmine es una mujer de la alta sociedad neoyorquina que tiene que irse a vivir con su hermana a San Francisco al haberse quedado en la ruina después de que el FBI haya descubierto que los negocios de su marido eran fraudulentos. Acostumbrada a vivir rodeada de lujo y glamour, Jasmine hará todo lo posible para salir adelante sin ser consciente de que sus proyectos vitales carecen de toda lógica y sentido común. La crítica ha señalado ecos manifiestos entre la película de Woody Allen y Un Tranvía Llamado Deseo, la mítica obra de teatro de Tennessee Williams, y es cierto que Blue Jasmine, en gran medida, es la historia de como una mujer se va creando su propio mundo de fantasías y autoengaños descendiendo sin remedio hacia la locura y el absurdo. Sin embargo, la película de Allen es una tragicomedia llena de claroscuros: viendo el transcurrir de las desventuras de Jasmine y su hermana Ginger por San Francisco es inevitable sentir tanto simpatía y compasión por ellas como el más profundo rechazo a su actitud frente a la vida, entre el egoísmo ciego y el derrotismo más conformista. El cine de Woody Allen siempre ha estado lleno de personajes con problemas psicológicos y, en este sentido, Jasmine no está muy lejos de ellos. Y sin embargo, lo que en otras cintas era el origen de la comedia, en este caso no lo es… o no lo es tanto. Ya lo decía el propio Allen en la reivindicable Melinda y Melinda, la vida puede ser tanto comedia como drama. El eco de la crisis económica está presente en toda la película, pero también la denuncia de la especulación y la avaricia que la desencadenaron.

Aunque no hay que menospreciar el trabajo de todo su reparto, con un Alec Baldwin tan seductor como en su juventud o unos Andrew Dice Clay y Louis C.K. muy lejanos a sus papeles cómicos, gran parte del éxito de Blue Jasmine recae sobre los hombros de Cate Blanchett. El cine de Woody Allen siempre ha estado lleno de personajes femeninos, pero muchas veces se muestran desde el punto de vista de sus protagonistas masculinos. En este caso, Jasmine es la protagonista absoluta de la función, una mujer derrotada incapaz de asumir su fracaso vital, convirtiéndose en uno de los mejores personajes construidos por Allen en sus guiones… y uno de los mejores personajes interpretados por la actriz australiana, que debería llevarse unas cuantas estatuillas a casa cuando empiece la temporada de premios. A los espectadores, por nuestra parte, nos toca cruzar los dedos y esperar que la inspiración no vuelva a abandonar a Woody Allen en sus siguientes películas.

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