A PAMPLONA

A las tres sale mi tren para Pamplona. Yo querría haber ido en el de las siete y media, pero no quedaban billetes. Tendré que ir en primera, así que me darán de comer un ensaladita de algas o unos volovanes de puerro o alguna otra exquisitez exquisita. Si yo fuera rico, viajaría siempre en tren y en clase preferente. Aunque, la verdad, estuve haciendo cuentas y con un par de concursos más y siendo un poco ahorrador, podría estar unos meses sin trabajar y viviendo de las rentas.

Y esto es bueno saberlo, porque el próximo martes comienzan mis vacaciones paradas y tener algunos billetes dentro del colchón tranquiliza bastante. Sin embargo, después de la reunión que hemos tenido esta mañana, parece que seguiré trabajando en este lugar durante unos años más. De todas formas, hasta que no lo vea, no me lo terminaré de creer.

Ahora solo queda resolver el asunto del piso. Según cuenta El Pais, los promotores prevén una caída del precio de la vivienda sin precedentes…

¿Y para qué voy otra vez a Pamplona? Porque una amiga se casa y los de la cuadrilla de ahí hemos montado una comida para celebrarlo. Tengo ganas de fiesta y este mes de abril promete. Ya es primavera! Y lo celebro dejandoos la canción de la que Diego, futuro supermodelo, habló en el artículo anterior. No es tan descaradamente retro, pero lo que se dice original y novedosa tampoco: Lips are unhappy, de Lucky Soul.

RETRO IS THE NEW COOL

Si la película más esperada de este verano es, con permiso de Batman y el Joker, la cuarta parte de Indiana Jones. Si se rumorea que podrían hacer un remake de “Sensación de Vivir”. Si Tarantino sueña con ser Godard y Russ Meyer a la vez. Si Amy Winehouse se cree que vive en los años sesenta y se emborracha a lo Janis Joplin. Si Britney y Paris viven como si el auténtico Studio54 aun siguiera abierto. Si Mika llena sus portadas de dibujitos de colores como si nunca hubiera existido el Submarino Amarillo. Si Kylie se maquilla como una fan de Roxy Music. Si Madonna re-re-resucitó su carrera con un sampler de Abba. Si Justin se cree el nuevo Michael Jackson. Si Goldfrapp publica su último disco con una portada que parece de 1973. Si el fenómeno musical de esta década ha sido Operación Triunfo. Si, si, si y si… entonces, ¿para que esforzarse en inventar algo nuevo? Vivamos un eterno retorno al Pop de los 60 y disfrutemoslo.

Disfrutemoslo con Duffy, claro.

Va a ser verdad que todo está inventado. ¿Y qué?

THERE WILL BE MILKSHAKE

Paul Thomas Anderson es un genio. El problema es que lo sabe y esto hace que sus películas sean tan conscientes de su grandiosidad, algo que le hace parecerse más a Orson Welles y Stanley Kubrick que a Martin Scorsese o Robert Altman, con quienes ha sido comparado en muchas ocasiones. Quizás la excepción sea Punch-Drunk Love, una especie de cura de humildad después del fracaso comercial (que no artístico) de Magnolia.

Pero There wil be blood, o como la han llamado en España, Sin pozos no hay paraiso, no tiene nada de humilde. Y uno no sabe si está ante una gran pelicula, una película grandiosa o una película grandilocuente. Como sucede con No es país para viejos, tiene mucho de western, pero si la película de los Coen es una obra maestra de minimalismo, aquí el tono es épico, y las interpretaciones son tan sobreactuadas que a veces surge el humor involuntario. Daniel Day Lewis y Paul Dano compiten entre sí para ver quien grita y gesticula más, aunque el veterano termina arrollando a la joven promesa como quien hace varios strikes seguidos en una partida de bolos.

Todo en la película termina resultando excesivo. Tanto, que a veces resulta injustificado. There will be blood trata de muchas cosas, pero el eje de la película es el enfrentamiento entre Daniel Plainview, un pionero de la explotación petrolífera de Estados Unidos que poco a poco va creando un gran imperio económico, y Eli Sunday, un reverendo iluminado, hijo del dueño de las tierras en las que aparece el petroleo que enriquece a Plainview. Ambos hombres se odian de una manera tan intensa que sus razones últimas terminan siendo un tanto incomprensibles al espectador, como sucede también con la evolución del personaje principal. Al igual que en las anteriores películas de Anderson, lo que impera es una visión amarga y torturada del ser humano, con un diminuto resquicio para el optimismo, encarnado aquí por el hijo de Plainview.

Pero con todos sus defectos, There will be blood es una película de las que deja huella. A mí, por lo menos, se me han quedado grabadas a fuego unas cuantas escenas. Sí, la verdad es que es las tres cosas a la vez: grande, grandiosa y grandilocuente.

¿EXISTE EL AMOR A PRIMERA VISTA?

Sí, existe. He tenido un flechazo en la FNAC.

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¿PERO QUIÉN ES ESE?

Esto es lo que me dijo Diego cuando le conté que Jean Michel Jarre iba a dar un concierto en Madrid.

Así que me voy con mi hermano.

Aunque han sido más de 80 euros por cabeza, así que espero que se traiga todos los laseres, fuegos artificiales, pantallas de proyecciones, músicos disfrazados y sintetizadores que utilizaba en los ochenta, esa década en la que se pensaba que, si no había un holocausto nuclear antes, el año 2000 iba a ser tan futurista. ¿Dónde está mi mono plateado? ¿Y mis pildoras alimenticias? ¿Y mi aerodeslizador? ¿Y mi robot mayordomo?

CREETELO

Está claro que en esta vida lo que hay que hacer es creerse siempre lo más. Algunos tenemos la suerte de serlo ya por Naturaleza y caminamos por las calles y los pasillos como si siempre nos acompañara la intro de Crazy in love o los guitarrazos de I put a spell on you, versión de la Creedence, según el momento y lugar.

El problema surge cuando uno deja de reirse de uno mismo (como en el párrafo anterior) y empieza a creerse el personaje en serio.

Vale, estoy divagando.

Lo que quería era poner aquí este enlace que descubrí ayer en el fotolog del Tornado, que lo sigo aunque no lo comento. Y si queréis también podéis pinchar aquí. Aunque a mí lo que más me gusta es esto. Estoy por hacer lo mismo… creo que en Fotoprix hay muy buenas ofertas.

SEMANA SANTA

La Semana Santa ha sido un compendio de misas, partidas a la Wii y encuentros familiares.

¿Misas? Sí, porque uno ejerce de cristiano a su manera y tiene ciertas constumbres metidas en el cuerpo. El Jueves Santo es el día de la celebración del Amor, al prójimo y a uno mismo, y éste es el único sacrificio “agradable a los ojos de Dios”. No lo digo yo, lo dice mi párroco, así que, chicos del Opus, repensaos lo de los cilicios, porque no vale para nada. El Sábado Santo se celebra la Resurrección, el nacimiento a una nueva vida, la importancia del cambio y la renovación y la esperanza de un mundo mejor. Mientras encendíamos las velas entre nubes de incienso, bajo las estrellas, alrededor de la hoguera, tan cerca del solsticio de primavera, sentí que no era tan diferente a las viejas ceremonías de los pueblos primitivos. Lo que no celebro desde hace años es el Viernes Santo, porque terminaba siendo una especie de exaltación del sufrimiento inútil.

¿Wii? Sí, porque mi madre descubrió el Brain Academy, le hicimos su propio Mii a su imagen y semejanza y en unas horas se convirtió en una adicta a los exámenes para aumentar el peso de su cerebro y a los desafíos neuronales. Yo estoy orgulloso porque le gané a mi hermano una partida del Mario Party 8. Al tenis no me atreví a jugar, lo confieso.

¿Encuentros familiares? Sí, porque últimamente cuando voy a Pamplona apenas veo a mis amigos de ahí y me dedico a estar con la familia. Fui un par de tardes a ver a mi abuela, que, a pesar de sus casi 90 años y de los sustos que nos ha dado en los últimos meses, sigue estando como una rosa, sigue siendo la más guapa de la familia y en su nevera sigue habiendo chocolate y cosas ricas.

De todas formas, el momentazo de las vacaciones fue cuando mi madre vino un rato a hacerme compañía al salón mientras yo veía “Fama, ¡a bailar!”, justo en el momento en que Paula daba entrada al video que nos desvelaba que Jandro y Juan Carlos están enrollados como cachorritos en celo. Y ya sé que no debería, pero me puse rojo como un tomate maduro…