…AND SO THIS IS CHRISTMAS

Creo que si contara con detalle todo lo que he vivido, sentido y pensado durante esta semana de vacaciones, podría escribir una novela de mediano tamaño. Sospecho que, en realidad, si lo contara todo con detalle, cualquier semana de mi vida sería suficiente para llenar un libro. Desgraciadamente (o no), me enseñaron que lo importante a la hora de escribir era ir a lo esencial y no he conseguido liberarme de esa absurda manía.

La cena de Nochebuena y la comida del día de Navidad las hicimos en la antigua casa de mis abuelos. Contando a mayores y menores éramos dieciocho personas. Antes de sentarnos a la mesa, entre un momento en la cocina. A solas me acordé de como el año anterior mi abuela aun estaba con nosotros y pensé en como la cocina era su pequeño reino, donde, en el fondo, siempre era ella la que mandaba y tenía la última palabra… aunque sus hijas luego no le hicieran caso. Hay platos que ya nunca podré volver a saborear.

La nieve cayó sobre la ciudad los primeros días de vacaciones. También cayeron la temperatura y los termómetros. Protegido por abrigo, guantes, gorro y bufanda, paseé por un parque para vez la superficie del estanque congelada. Una capa de hielo de cinco centímetros de espesor ocultaba el agua. Me gustan esos días de invierno en los que el aire parece cortarte los pulmones, me dan la sensación de estar vivo y con mis sentidos alerta.

“Tu madre no debería preocuparse por eso, sino por que seas feliz”, me dijo una de mis primas cuando les conté que iría acompañado a la boda de mi hermano. Todos lo sabían ya, pero no de forma oficial. Agradecí mucho esos palabras. Creo que no fui el único en hacerlo.

Como ni mi hermano ni yo íbamos a estar en casa el 6 de enero, adelantamos la Noche de Reyes a Nochevieja. Colocamos nuestros zapatos -impolutos, claro- en el recibidor y pusimos ahí los regalos antes de cenar. Cuando sonaron las campanadas de la Puerta del Sol y nos comimos los doce gajos de mandarina correspondientes (el origen de esta costumbre familiar es otra historia), abrimos los regalos. No fui consciente en su momento, pero este año compré menos regalos que el pasado y puede que recibiera menos que otras veces. Será cosa de la crisis y de la necesidad de ahorrar por lo que pueda pasar en el futuro cercano, pero la ilusión de abrir paquetes envueltos en papel de colores sigue siendo la misma. Entre otras cosas, mi hermano me regaló un tebeo de zombies y el nuevo disco de Kings of Leon.

Debería estar acostumbrado ya, pero hay días en que estar separado de Diego me cuesta más que otros. A veces es inevitable sentir que está más lejos de lo que uno quisiera. Por eso me alegró volver a Madrid y pasar una última noche con él antes de que volviera a Londres. Intercambiamos regalos. Después, cortando el plástico que sujeta una etiqueta, él se cortó el dedo con un cuchillo. Salía mucha sangre. Curamos la herida con agua oxigenada, gasas y esparadrapo.

5 thoughts on “…AND SO THIS IS CHRISTMAS”

  1. Cómo mola leer tus historias cotidianas, no te haces una idea …

    Espero que lo de Diego no fuera nada y que le curaras como se merece …

    ;-)

    Besicos!

  2. ¿Como que qué pasó? Pues eso, que le cure. Como dice jgts, el amor también participó en el proceso de curación. Eso sí, Diego estuvo a punto de irse a urgencias a que le cosieran, el muy exagerado… :-D

    Lo de las mandarinas es una tradición familiar que empezó hace ya bastantes años una Nochevieja que vinieron mis primas de Barcelona y se sorprendieron al saber que no tomábamos las uvas con las campanadas. Como había que comer algo, se nos ocurrió que un buen sustituto podrían ser los gajos de mandarina… Aceitunas rellenas habría sido otra buena posibilidad, si no fuera porque mi hermano las aborrece.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *