Ambiciones

“Ambition makes you look pretty ugly”, cantan Radiohead en Paranoid Android, y la verdad es que la ambición no tiene muy buena prensa. A los niños educados en la tradición católica siempre nos enseñaron la importancia de la humildad y la sencillez, valores que no parecen llevarse bien con la ambición, más cercana a conceptos como la avaricia y la soberbia, pecados capitales ambos. Sea por lo que sea, definirse como ambicioso no parece lo más adecuado.

Y sin embargo, también nos enseñan que uno puede conseguir todo lo que se propone, a luchar por los sueños y todo eso… Incluso algunos llegan a insinuar que el universo conspirará a tu favor para que lo logres. Se supone que es una especie de secreto o algo así. Definirse como soñador o luchador suena mucho mejor que reconocer que uno tiene grandes ambiciones. Pero en el fondo, ¿no son lo mismo? La RAE pone su granito de arena para indicar que la ambición es “el deseo intenso y vehemente de conseguir una cosa difícil de lograr, especialmente riqueza, poder o fama”. Los romanos, por su parte, la representaron con alas a la espalda. La ambición te hará volar.

En Memoria de Almator, Rosa Regás se pregunta si la inspiración no será la capacidad de obsesionarse con algo. Es una frase a la que le llevo dando vueltas desde que la lei, hace ya casi veinte años. Quizás la ambición sea también la capacidad de obsesionarse con un objetivo.

En todo caso, lo único que he aprendido con los años es que procrastinando no se llega a ningún sitio.

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