Agosto

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De cara a la temporada de premios, los Weinstein han apostado este año casi sobre seguro: una película de aires “indies”, un director manejable pero con experiencia y un reparto lleno de grandes nombres habituales en las ceremonias de entrega de galardones variados. No se han olvidado tampoco de contratar al doblemente ganador del Oscar, Gustavo Santaolalla, para componer una banda sonora en la que también suenan Bon Iver y Kings of Leon, así como de escoger un drama familiar basado en una obra teatral de prestigio, ganadora del Pulitzer en 2008, y situada en el corazón rural de Estados Unidos. El resultado, tanto para lo bueno como para lo malo, es Agosto.

Ambientada en la región de las grandes praderas del Condado de Osage, en Oklahoma, Agosto analiza las relaciones entre los diversos miembros de una familia. La desaparición del poeta y alcohólico Beverly Weston es el detonante que provoca la vuelta a la casa familiar de sus tres hijas, lo que desencadena diversos encuentros y desencuentros con su madre Violet, dominante, de lengua afilada y adicta a las pastillas. Agosto es la historia de una familia en la encrucijada, el drama de unos seres humanos que deben liberarse de su pasado para poder enfrentarse al presente y tener un futuro. La base de la obra de Tracy Letts, responsable del guión de su adaptación a la gran pantalla, tiene unos mimbres tan clásicos como poco originales. El resultado resulta algo irregular: brillante y emotivo en algunos momentos, en otros resulta forzado y hasta tópico. Frente a personajes muy bien caracterizados e interesantes nos encontramos a otros, como el de la hermana pequeña y su novio, que resultan básicos e incluso caricaturescos. El corazón de Agosto es el enfrentamiento entre Violet y su hija mayor, Barbara, quien, en el fondo, vive con el miedo continuo a convertirse en el mismo tipo de mujer, tan violenta como vulnerable, que es su madre. El resto de conflictos secundarios que le rodean no están a la altura, ya sea por previsibles o inverosímiles.

No es de extrañar que Meryl Streep y Julia Roberts, quienes dan vida a Violet y Barbara, hayan visto recompensado su trabajo con sendas candidaturas al Oscar. Sin embargo, hay que reconocer que el resto del reparto responde a las expectativas, destacando especialmente aquellos intérpretes menos conocidos para el gran público, como Julianne Nicholson o Margo Martindale. Ellos son el punto fuerte de una película que nunca consigue despegarse de sus orígenes teatrales, con una labor de puesta en escena a cargo del director John Wells que no pasa de correcta, y dos o tres alteraciones respecto al original que terminan empobreciendo el resultado final, como la menor presencia del personaje de la criada india o una escena final protagonizada por el personaje de Barbara, impuesta por Harvey Weinstein después de los pertinentes pases previos de la cinta, completamente innecesaria.

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