AGENDA

A él le encantaban las agendas. Siempre que empezaba el año, la abría con ilusión, rellenaba todos sus datos personales en la primera página y apuntaba los cumpleaños de sus amigos y familiares, así como algunos de los acontecimientos previstos para los doce meses siguientes: bodas, graduaciones… En realidad, la utilizaba las primera semanas para terminar olvidándola en un cajón. Se daba cuenta entonces de que no tenía suficientes cosas para apuntar en sus páginas y que las que tenía eran tan pocas que difícilmente podría olvidarlas. Además, como su vida cambiaba a cada momento, la mayor parte de los planes que recordaba después con cariño y melancolía eran tan imprevisibles como improvisados. De todas formas, a su mente cuadriculada le gustaba la idea de llevar una agenda, así que todos los años conseguía una bonita agenda que siempre terminaba siendo un objeto inútil. Quizás se debiera a que muchos tenemos un deseo oculto por controlar el tiempo para dominar lo bueno y lo malo, convirtiéndolo en algo planificado con antelación. Al fin y al cabo, nadie tiene previstos los bautizos y los funerales que figurarán en su agenda… ni las noches de risas, ni las tardes en las que uno se encierra a llorar en su habitación.

Él fue creciendo, pasando por lo estadios habituales del desarrollo social del humano occidental civilizado y moderno: estudiante, becario, trabajador asalariado. Sin apenas darse cuenta, el uso de la agenda se fue prolongando más allá del mes de febrero, marzo, agosto, noviembre… Las anotaciones cada vez eran más numerosas, y también los tachones. Incluso a veces, citas y encuentros se solapaban unas con otras. Conforme progresaba, podía llegar a hacer anotaciones con mayor antelación: viajes, conferencias, comidas de trabajo, seminarios y cursillos. La agenda terminó por convertirse en su mejor compañera de trabajo y en la más imprescindible.

Pero cuando acabó el año pasado y llegó el momento de guardarla con satisfacción en un cajón, él se puso a repasar sus páginas y se dio cuenta de que en vez de la agenda de su vida, había llevado la agenda de la vida de otros. Puede que ahora las agendas hayan dejado de gustarle… pero las necesita más que nunca.

8 thoughts on “AGENDA”

  1. ufff, menos mal que sé que nunca te he contado nada parecido, pero es que parece que hablas de mi… ahora es cuando me digo a mi mismo aquello de que mal de uno, consuelo (alcalá) de tontos…

    un besote grande

    :D

  2. Debo confesar q’ estas líneas provocaron mi llanto. También pensé en un momento q’ podía controlar los acontecimientos, por eso lo descarté hace años y en lugar de agenda sólo llevo un cuaderno con hojas lisas. Me encantó el alma q’ tiene esta columna… saludos !

  3. Yo tengo que comprar la de este año, gñññññg

    Pero es mas para apuntar visitas al médico y cumpleaños que para otra cosa. No tengo diario (facebook es mi diario ahora).

  4. De pequeño me encantaban las agendas. En el insti y en la uni eran una herramienta necesaria. Pero cuando empecé a currar … vamos, que en ninguno de los trabajos que he tenido me ha hecho falta.

    Eso sí, desde que tengo móvil, ya ni agenda de teléfonos uso.

    Besicos.

  5. Emmhyx, muchas gracias por tu comentario. Espero escribir algo que te haga reir algún dia, para compensar… :-)

    Quememos nuestras agendas, Álvaro!

    Jose, bueno, al menos tu agenda sigue siendo personal, de cosas de tu vida.

    Lux, yo tampoco tengo agenda de teléfonos ya. El día que, por lo que sea, se pierda el movil o se estropee la tarjeta SIM, adiós contactos.

  6. Yo no uso la agenda fuera del trabajo, la tengo manía, me pasa lo mismo que con el teléfono….Y es que como estoy todo el día enganchada a la dichosa agenda de mi jefe y al puñetero teléfono, pues como que lo asocio y fuera del trabajo procuro usar todo esto lo menos posible.

    De todas formas, me ha gustado mucho esta entrada, está muy bien escrita y transmite mucho en pocas palabras….creo que podría ser la historia de muchos trajeados que conozco.

    Un besote!

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