ACROBACIAS

Este sábado, mientras Diego hacia trabajos científicos en su ordenador (o quizás dormía la siesta o navegaba por Internet, tendré que fiarme de su palabra), yo pasaba el rato en el jardín. Cuando me aburrí de leer bestsellers de baja calidad pero tremendamente adictivos (una cosa llamada “Henders” sobre una isla aislada en el Pacífico donde un grupo variopinto de científicos encuentran monstruos. Originalidad tendiendo a cero) y de nadar en la piscina (cuyo suelo tuve que limpiar previamente. Chicos, no compensa poner piscina en el jardín sin tener a sueldo a un ejército de mozos piscineros), decidí ponerme a hacer acrobacias. Lo que hace el tedio.

En realidad, lo único que intenté es hacer el pino con poco éxito. No es que ahora quiera ser un integrante del Cirque de Soleil ni vaya a ganarme un sueldo haciendo de saltimbanqui callejero, simplemente se trataba de superar desafíos personales. Yo fui un niño miedoso que se convenció a sí mismo de que había cosas que no podía hacer. No aprendí a tirarme de cabeza porque tenía miedo a romperme la idem. No aprendí a hacer el pino por una razón similar. No me montaba en montañas rusas porque son máquinas infernales desarrolladas por mentes enfermas. Y podría seguir enumerando variados traumas infantiles surgidos de la combinación de mis propios miedos con malas experiencias y malos educadores. Tardé mucho tiempo en aprender que estos miedos son absurdos y sólo nos impiden avanzar y aprender cosas nuevas.

Ahora tiendo a pensar que sí que puedo hacer ciertas cosas que antes ni me atrevía a imaginar. Antes no creía en mis capacidades y ahora, quizás, las sobrevalore. Los resultados pueden ser desastrosos, pero siempre es mejor intentarlo que quedarse quieto en un rincón mientras los demás se divierten. Aunque sea demasiado tarde… ¿o nunca es demasiado tarde?

8 thoughts on “ACROBACIAS”

  1. Hombre, siempre que no hablemos de tirarte por el faro hacia el océano sin flotador o posibilidad de volver arriba, tú dale a las acrobacias y a los nuevos intentos. Como le oí ayer a Tony Curtis, “¿Por qué no deja de ser el socorrista y se echa al agua con los demás?”. Hay que echarle humor a lo que nos tira pá atrás.
    (A una montaña rusa, por cierto, no me vuelvo a subir ni loca. La última vez parecía Nosferatu cuando bajé…)

  2. Nunca es demasiado tarde, sólo recuerde que su cuerpo ya no es el que era, y si antes no necesitaba entrenamiento previo ahora necesita un buen puñado de horas de calentamiento.

    El cuerpo también tiende a acomodarse, y luego se hace el remolón.

  3. A mí me pasa algo parecido … de pequeño era un torpe, además de gordito, para todo lo físico, era malo jugando al fútbol, al tenis, al baloncesto, era de los que menos corría, de los que le daba pánico la clase de gimnasia …
    Todo eso mezclado con ese de orgullo que me obligaba a hacer las cosas para no ser el diferente pero que no podía suplir mis capacidades físicas y que más de una vez me procuraba experiencias vergonzosas …

    Y como tú, con el tiempo aprendí a que cuantas menos limitaciones te pongas, mejor, y que las que tengas, sean porque tú las quieres, que no te supongan un trauma … lo que pasa es que eso es más fácil de llevar en cuanto a limitaciones mentales que físicas, o no, no sé … jejejeje

    Besicos!

  4. Pues estoy repartiendo mi tiempo entre el pino y aprender a tirarme de cabeza a la piscina. De momento, me tiro de tripa. O de cara.

    Y no, no hay testimonios gráficos. Ni los habrá, de momento.

    Cuesta, pero creo que la ventaja de las limitaciones mentales es que se pueden superar. Las físicas, no siempre.

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