ACE AND THE CITY

En 1983 a mi madre le dio un ataque de locura, nos agarró a mi hermano y a mí, y nos fuimos a pasar el verano a Nueva York a casa de mi tía. De aquel viaje a Estados Unidos recuerdo ver la parte de arriba de las nubes desde la ventanilla del avión, los grandes helados o icecream (pronunciado “icecream”, tal cual), las partidas de comecocos (había hasta cereales de desayuno con las figuritas del PacMan), las moquetas, la estatua de Alicia celebrando el NoCumpleaños con el Sombrero Loco y la Liebre de Marzo en el Central Park, los esqueletos de dinosaurio en el Museo de Historia Natural, DisneyWorld en Florida, el Pabellón de la Imaginación en EPCOT, el Obelisco y la gigantesca estatua de Lincoln en Washington, los panqueques, los dibujos animados a todas horas en la televisión y las Torres Gemelas.

En 1990 volvimos a cruzar el océano. De aquel viaje recuerdo las colas eternas en la aduana, los auténticos Whoppers, una proyección espectacular sobre UFOs en un Planetario en el que llegaba a llover de verdad sobre el público, los pies de la Estatua de la Libertad, el sabor del pato pekinés, los días en la playa, las partidas al Tetris, el Ninja Gaiden y el Kid Icarus en la consola Nintendo, los primeros episodios de los Simpsons, los estudios de la MetroGoldwynMayer y la Disney en Orlando, las partidas de minigolf, la silueta del Chrysler Building, los vagabundos rebuscando comida en la basura, el humo que sale de las alcantarillas donde viven cocodrilos, un día lluvioso en el Jardín Botánico de la ciudad y las Torres Gemelas.

No volví a Nueva York hasta el año 2003. De aquel viaje recuerdo lo cansados que son los vuelos con escala, la impresión de que todo era extrañamente familiar, las vistas desde lo alto del Empire State Building, las miles de variantes de refrescos y galletas en el supermercado local de Mineola, los cuadros de Lichtenstein, la reja de la catedral de Valladolid en el Museo Metropolitano, las acuarelas de Kandinsky en el Guggenheim, los rótulos luminosos en Times Square, los discos de Bisbal y Bustamante en la Virgin Megastore, el concierto de Sheryl Crow en el Radio City Music Hall, las ranas vivas a la venta en Chinatown, un paseo en el ferry a Staten Island y el vacío dejado por las Torres Gemelas en la Zona Cero.

Puede ser que vuelva a la ciudad este verano… Me apetece mucho, porque aun no he visitado el MOMA, ni he ido a ver un musical en Broadway, ni he cruzado caminando el puente de Brooklyn, ni he visto de cerca el Flatiron. Nueva York es inagotable.

14 comentarios en “ACE AND THE CITY”

  1. Sí, es inagotable. Yo no he vuelto desde mayo de 2001, cuando todavía estaban las Torres.

    ¡Tienes que ir al MOMA! La verdad es que tú pareces un chico-MOMA, ¿cómo es que no has ido aún? :P

  2. Pues porque en 2003 el MOMA estaba cerrado y me tuve que conformar con ver el MiniMoma que abrieron en Queens…

    Me encanta el concepto Chico-Moma, lo compro. Tú eres una chica-Greenwich Village, seguro.

  3. Yo fui hace unos 15 años, y las tres cosas que mas me impresionaron fueron: El mogollon de gente a su puta bola, lo impresionante que se veia la ciudad al caer la noche desde el world trade center y el olor de la comida italiana en el Little Italy

    En definitiva, ya es hora de volver….

    Saludetes…

  4. No te quejes, que tú ya has estado, Otto!

    Ososinmadroño, Little Italy es cada vez más “little”, ya que Chinatown crece y crece y la está absorbiendo. Eso si, en 2003 aun quedaban restaurantes y locales que te hacían sentirte en Italia.

  5. Anda, en 2003 estuve yo también. Y sí, vi a Bisbi en el Virgin y flipé!! Me faltó cantar en alto Cooooorazón latinoooo…

    El MOMAQns era una estafa como la catedral de Burgos.

    Y lo de no cruzar el puente… eso no se te puede perdonar.
    ;)

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