Archivo por meses: noviembre 2015

Adele: 25

Adele dijo “Hola, soy yo” y el mundo se rindió a sus pies. 25, su tercer disco, ha pulverizado records de ventas como si fueran los 90 y Napster no hubiera existido nunca: más de tres millones de copias vendidas en su primera semana en Estados Unidos, un millón de copias despachadas en Reino Unido en diez días, número uno en medio planeta (o prácticamente en todo él, menos en Japón donde sólo ha conseguido debutar en el 13). Y es de suponer que las cifras irán en aumento durante las semanas siguientes. ¿Conseguirá superar los 30 millones vendidos por 21?

Adele 25

Y la pregunta que se hace todo el mundo es cómo lo consigue. ¿Por qué sus ventas se cuentan por millones cuando los demás artistas de su generación lo hacen por miles? Centenares de artículos intentan desvelar su secreto y hablan de su discreción en un tiempo en que las estrellas están presentes día y noche en medios y redes sociales. Adele sería a la vez una antidiva, una sencilla y transparente chica de barrio londinense que no se preocupa excesivamente por cultivar una imagen impactante, y una diva como las de antes, interesada en mantener su vida privada lejos de los focos. Pero, por supuesto, el secreto del éxito de Adele está en su música, en su voz, en la calidad de su producción.

Gran parte de lo que se dijo en su momento de 21 es válido para 25, a pesar de que en el fondo son discos bastante diferentes. Donde 21 era más oscuro y compacto, una actualización del soul y el R&B clásicos al siglo XXI, 25 es mucho más variado y hasta luminoso a pesar de mantener cierto tono melancólico en varios de sus cortes. Pero ambos son esencialmente discos donde el POP se escribe con mayúsculas: en unos tiempos donde la mayoría de las canciones pop parecen nacidas de un ordenador situado en Suecia y donde el Autotune convierte a los cantantes en autómatas de voces perfectas, Adele y su equipo de productores le devuelven al estilo su corazón, su organicidad y su sinceridad. 25 suena a verdad, a música nacida de las cuerdas de una guitarra o las teclas de un piano y cantada con gusto, es música que no necesita epatar, que no busca sorprender con juegos modernos o posmodernos, no juega a ser referencial sino que prefiere homenajear sin excusas a los grandes clásicos. A diferencia de miles de aspirantes, Adele no quiere ser la nueva Beyoncé o la nueva Madonna, ella prefiere seguir el camino marcado por las grandes de antaño, por Etta James, Ella Fitzgerald o Dusty Springfield. Todo esto es la fórmula que le permite convertir sus temas en clásicos instantáneos capaces de conectar con millones de oyentes: ella no ofrece nada rompedor, pero ofrece autenticidad en unos tiempos en los que la industria musical la ha perdido entre computadoras, estudios de mercado y selfies.

Por eso presentar 25 con Hello ha sido un gran acierto: una balada a la vez intimista y con coros épicos, una nueva y sencilla historia de desamor con la que millones de oyentes pueden identificarse, acompañada de un videoclip en flamante tonos sepia donde Adele utiliza un móvil obsoleto en una especie de burla de los vídeos repletos de publicidad encubierta que nos hemos acostumbrado a ver en los últimos tiempos. Pero 25 no es un disco hecho con el corazón roto, ni tampoco es un disco de maternidad a lo Ray of Light (aunque Adele ha confesado que el disco de Madonna le sirvió de inspiración durante los años de preparación de este trabajo). 25 es una reflexión sobre el paso del tiempo en baladas como When we were young, las referencias a las raíces de River Lea o, como no, las canciones dedicadas a su bebé como Remedy o Sweetest Devotion. 25 es también un homenaje a las grandes divas de los 70 a los 80: los ecos de Barbra Straisand, Carly Simon o Carole King están presentes en cortes como la épica All I Ask, la ochentera Water Under The Bridge o la emocionante Million Years Ago, con apenas más acompañamiento que una guitarra. Y 25 también tiene sitio para la experimentación, como Send My Love (To Your New Lover), la curiosa aportación del multimillonario Max Martin, el productor sueco detrás de casi todos los grandes éxitos del pop comercial de los últimos años, o la atmosférica (y sexual) I miss you, donde la percusión y los fondos electrónicos nos introducen en terrenos prácticamente inéditos en la trayectoria de Adele.

Se puede decir que no hay ninguna cantante actual que se parezca a Adele ni ningún disco actual que suene como 25. Sin embargo, 25 no es ajeno a su tiempo, ni tampoco es un prodigio que busca la innovación o lo alternativo: entre sus compositores y productores se encuentran algunos de los más destacados -y comerciales- nombres del panorama musical actual. Ahí están Bruno Mars y Danger Mouse; el ya mencionado Max Martin y el cantante de OneRepublic, Ryan Tedder; Ariel Rechtshaid y Tobias Jesso Jr; Linda Perry, Mark Ronson y Rick Nowels en los cortes adicionales de la edición especial del disco… Por eso, la pregunta que nos deberíamos hacer es: ¿por qué no hay más discos como 25? ¿Por qué Adele parece un brillante que brilla solo perdido en medio de un bazar de bisutería barata?

El extraño 1990

Si pensamos musicalmente en los 90, seguramente vienen a nuestra mente palabras como “Grunge” o “BritPop” y pensamos en chicos y chicas despeinados vestidos con camisas de cuadros y guitarras eléctricas en videoclips ambientados en un eterno otoño o Seattle. O quizás pensemos en raves, música electrónica con pretensiones de inteligencia o sin ninguna otra pretensión que hacer bailar a las masas a ritmo de Eurobeat. Y sin embargo, nada de esto era previsible si analizamos algunos de los discos más importantes del año 1990, trabajos que apenas apuntan algunas de las tendencias de la década y que parecen terriblemente antiguos si los comparamos con algunos de los que se publicaron en el maravilloso 1991.

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Phil Collins publicaba …But Seriously a finales de noviembre de 1989 y se convirtió instantáneamente en todo un éxito gracias al piano facilón de Another Day In Paradise. El disco estuvo semanas y semanas en lo más alto de las listas de ventas, despachando en España más de 700.000 copias y millones en el resto del planeta. Con invitados ilustres como Eric Clapton, David Crosby o Steve Winwood, el disco convertía a Phil Collins en la gran estrella de 1990. Nadie sospechaba que la mención de su nombre vendría acompañada pocos años después de risas irónicas.

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Y si Phil Collins fue el hombre de 1990, Sinéad O’Connor fue la mujer del año. Su versión de un tema semidesconocido de Prince llamado Nothing Compares 2u, acompañada de un videoclip tan sencillo como icónico, consiguieron que su segundo trabajo, I do not want what I haven’t got acabara despachando siete millones de copias en todo el mundo a pesar de no ser un disco precisamente sencillo. Con su emocionante voz, Sinéad parecía llamada a ser una gran estrella, pero en 1991 rompió una foto del Papa durante una actuación en Saturday Night Live y ya sabemos que eso no acabó del todo bien…

LisaStansfieldAffection

Lisa Stansfield publicaba su debut también a finales de 1989, pero Affection no llegó a España hasta principios de 1990 gracias a All Around The World. Su mezcla de pop con toques de dance y una voz con un deje soul parecía asegurarle una larga y exitosa carrera… pero ninguno de sus trabajos posteriores ha respondido a estas expectativas. Eso sí, tuvimos una pista: Lisa Stansfield perdía en 1991 el Grammy a Mejor Artista Revelación por culpa de otra debutante de ese 1990, una tal Mariah Carey.

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Del mismo modo que relacionamos Grunge con los 90, relacionamos SynthPop con los 80. Sin embargo, una de las grandes joyas de este género y quizás el mejor disco de Depeche Mode apareció en 1990. Con ese himno perfecto llamado Enjoy de Silence y temas como Personal Jesus o World in your eyes, Violator pudo dar esperanzas de seguir siendo relevantes durante la nueva década a otros grupos de los ochenta… pero Depeche Mode acabaron siendo la excepción.

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El éxito en las listas de ventas del disco de Technotronic sí que fue un anuncio de una de las cosas que íbamos a ver en los 90: bailar iba a convertirse en algo serio. Aunque el sencillo y el maxisingle seguirían siendo los formatos básicos para el género, LPs como este Pump Up The Jam, Infinity de Guru Josh o World Power de Snap servían como indicación de que la música de baile tenía grandes ambiciones y un plan maestro para acabar conquistando el mundo… como veríamos en décadas posteriores.

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En 1990 a George Michael le dio un ataque de madurez artística y decidió que todo lo que había conseguido en los 80 (su carrera con Wham! y esa maravilla que es Faith) iban en contra de su credibilidad, así que amenazó con firmar su segundo disco en solitario con su verdadero nombre, Georgios Kyriacos Panayiotou, además de negarse a salir en la portada y a grabar videoclips. Por si fuera poco, escogió como primer sencillo Praying for Time, una balada tan grandilocuente como anticuada. Menos mal que a alguien de la discografía se le ocurrió publicar Freedom!’90 como sencillo… y su videoclip, poblado de supermodelos, SÍ que define lo que serían los noventa.

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Surgidos de algún laboratorio de pop formulaico, New Kids on the Block se proponían conquistar definitivamente el mundo con Step by Step, su tercer disco. ¿Lo consiguieron? Bueno, pues si consideramos que el disco fue número uno en medio mundo, que el grupo tenía todo tipo de merchandising (incluso se planeó lanzar su propia marca de cereales) y hasta protagonizó una serie de dibujos animados, lo consiguieron. Después intentaron hacerse los malotes y sólo consiguieron dar risa… Eso sí, gracias a ellos, otros laboratorios de pop se dedicaron a fabricar boybands y girlbands a lo largo de los 90 con mucha mejor suerte.

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Las hijas de Brian Wilson, el líder de Beach Boys, se juntaron con la hija de John y Michelle Phillips de The Mamas & the Papas, y formaron un grupo. A base de armonías vocales y guitarras inofensivas, consiguieron tres números uno en la lista de sencillos de Billboard… que ahora suenan entre encantadoramente cursis y terriblemente obsoletos.

Hammer time

21 semanas estuvo en el número uno del Billboard Please Hammer, Don’t Hurt ‘Em, de MC Hammer. Todo gracias al poder de U Can’t Touch This, una canción que debe gran parte de su éxito al sample de Superfreak, de Rick James, del mismo modo que gran parte del éxito de Pray se debió a samplear When doves cry, de Prince. Su éxito, sumado pocos meses después al de Vanilla Ice, avergonzaron a los puristas del rap durante años. De todas formas, sirvieron para que el género fuera conquistando nuevos mercados en años posteriores.

Somefriendlycover

Del mismo modo que el grunge sepultó en el olvido a gran parte de los grupos de rock estadounidenses de los 80, especialmente a todos aquellos representantes del Hair Metal más hortera, el britpop hizo algo similar con los grupos británicos de principios de la década, los surgidos del llamado sonido Madchester y similares. Nombres como Inspiral Carpets, Soup Dragons o Jesus Jones, favoritos de la crítica en su momento, han palidecido con el paso del tiempo frente a los de Blur, Oasis o Pulp. Otros, como The Stone Roses o The Charlatans, que en 1990 debutaban con Some Friendly, aguantaron un poco mejor la llegada de nueva competencia. En todo caso, estos últimos demostraron con The Only One I Know que los británicos siempre han sabido mucho más lo que es molar que los estadounidenses.

1990 nos dejó también canciones que se han convertido en clásicos tan distintos como Words, de The Christians, o Groove is in the heart, de Dee Lite. Fue también el año en que la factoría Stock Aitken Waterman nos regalaba sus últimos productos como Big Fun o Sonia, así como nuevos discos de Jason Donovan y Kylie Minogue antes de cerrar sus puertas, y el año del éxito de las bandas sonoras de Pretty Woman y de Ghost, el año en que Elton John recuperaba popularidad gracias a Sacrifice y un recopilatorio posterior, una jugada que repetiría Madonna arrasando con Vogue, fracasando con I’m Breathless y cerrando el año con el multiplatino The Inmmaculate Collection. De hecho, 1990 fue un año en que se vendieron mucho los discos de grandes éxitos de Beach Boys, The Police o Status Quo, mientras que en España hubo una cierta fiebre por el bolero gracias a unos recopilatorios de Lucho Gatica y Los Panchos. El pop español también vio triunfar en 1990 a Radio Futura con Veneno en la Pîel, a La Guardia con Cuando brille el sol, a La Unión con Tentación, a Ole Ole con 1990 o a El Último de la Fila con su Nuevo Pequeño Catálogo de Seres y Estares. Los tiempos de Australian Blonde, Los Planetas o Dover aun estaban muy lejos.

Jamie Lawson no se esperaba esto

¿O quizás sí?

A veces hay artistas que después de publicar dos, tres, cuatro discos sin que nadie reparara en su existencia, consiguen de repente que una de sus canciones se convierta en un éxito masivo. Le sucedió a Gotye, que desde Australia convirtió Somebody that I used to know en un (cansino) éxito global que acabaría ganando el Grammy a mejor grabación del año. O a Passenger, que después de varios discos publicados sin relevancia alguna, acabó colocando su Let Her Go en todas partes. Y todo porque un fan holandés empezó a enviar la canción a varias emisoras de su país…

El último en sumarse a este club ha sido el inglés Jamie Lawson, quien a sus 39 años ha conseguido colocar su cuarto disco en lo más alto de la lista británica gracias a esta tierna balada acústica.

Wasn’t expecting that, en realidad, había sido editada en marzo de 2011 como sencillo de presentación del tercer disco de Lawson, titulado como la canción. Pero sólo se habían enterado de su existencia en Irlanda, donde el disco consiguió un tímido puesto undécimo en las listas. La historia de Lawson cambió cuando recibió un mensaje de un viejo amigo suyo al que le estaban yendo bien la cosas llamado Ed Sheeran, quien le pidió que le acompañara en un concierto en Dublín. Después, fue el primer artista contratado para el nuevo sello discográfico creado por Sheeran, y tras ser su telonero y el de One Direction y una gira de promoción por Australia y Nueva Zelanda, Jamie Lawson conseguía el número uno en la lista británica con su disco homónimo en su primera semana de publicación. Ahora sólo le queda conquistar el resto dle mundo, cosa que seguramente termine sucediendo… Y después, ¿podrá repetir el éxito o como Gotye y Passenger acabará engrosando las listas de One Hit Wonders? En todo caso, Wasn’t Expecting That tiene potencial para convertirse en todo un clásico de M80 en unos años.

Canciones para una campaña de Navidad: Half the world away

Las Navidades publicitarias cada vez comienzan antes. En cuanto las tiendas quitan las calabazas y los murciélagos de Halloween y a la espera de que Acción de Gracias se convierta en una festividad internacional que complemente el Día de los Solteros (qué mundo tan triste el nuestro), las tiendas comienzan a colgar estrellas de papel de plata, espumillón y luces de colores. Y como no, llegan los anuncios emotivos, sentimentales y horteras. ¿El más eficaz? El de la cadena inglesa de grandes almacenes John Lewis, que lleva ya unos años arrancándonos una lagrimita como si fueran películas de Pixar.

El secreto de estas campañas de publicidad reside, en gran medida, en la elección de su banda sonora, versiones etéreas e hipnóticas de clásicos del pop (o casi) Este año, la elegida ha sido AURORA (escrito todo en mayúsculas), una cantante noruega de 19 años que pronto publicará su primer disco, mientras que la canción escogida es Half the world away, una canción acústica de Oasis que apareció como cara B en el sencillo de Whatever (sí, ya dijimos ayer que muchos grupos matarían por las caras B de la primera etapa de Oasis), pero que en el Reino Unido conocen más por ser el tema de la sitcom The Royle Family, emitida por la BBC entre 1998 y 2000. En unos días veremos si a AURORA le va tan bien como a Gabrielle Aplin, cuya versión de The power of love, el clásico navideño de Frankie Goes To Hollywood, fue número uno en la lista británica y sirvió para darla a conocer internacionalmente después de sonar en la campaña de John Lewis de 2012.

También Lily Allen consiguió el número uno con su emocionante versión del tema de Keane Somewhere only we know en 2013, mientras que Ellie Goulding colocó la suya del clásico de Elton John Your Song en el segundo puesto en un segundo puesto. El único solista masculino que hasta la fecha ha sonado en estas campañas ha sido Tom Odell, que cantó el año pasado Real Love, de The Beatles, consiguiendo un séptimo puesto en listas. Y por último, la menos exitosa de todas ha sido la versión que Slow Moving Millie hizo del Please, Please, Please, Let Me Get What I Want de The Smiths, que apenas consiguió un puesto 31.

20 años de Wonderwall

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Era 1995, el grunge agonizaba y el britpop conquistaba el mundo. Blur y Oasis se enfrentaban en los tabloides y las listas de ventas. Unos publicaban The Great Escape, después de haberse convertido en estrellas con Parklife; los otros se enfrentaban al desafío del segundo disco con (What’s the stoy) Morning Glory?. La primera batalla la ganaron Damon y sus chicos: Country House conseguía el número uno en la lista de sencillos y Roll with it se quedaba en el segundo puesto. Ambos temas son, seguramente, de los peor de sus repertorios.

Pero quien ríe último ríe mejor: el 30 de septiembre de 1995 se publicaba Wonderwall como tercer sencillo del disco de Oasis y, como se suele decir, el resto es historia. El tema lanzó a Oasis en todo el mundo, triunfando en el mercado estadounidense donde acabarían vendiendo 4 millones de copias de Morning Glory (22 en todo el mundo, según Wikipedia), además de convertirse en uno de los himnos imprescindibles de los 90.

Wonderwall es un hermoso tema pop donde todas las piezas encajan a la perfección, desde el arranque con guitarra acústica de Noel hasta el acompañamiento de cuerda (en realidad, un Mellotron), el ritmo de la percusión y los arreglos al teclado de la parte final. Sus cuatro minutos son una demostración de la importancia de la melodía y que, a veces, menos es más: el sonido limpio de Wonderwall contrasta tanto con la suciedad guitarrera de algunos de sus primeros temas como con la grandilocuencia estirada y sobreproducida de Be Here Now y siguientes. También puede ser la vez que Liam haya cantado mejor: Noel le dejó elegir entre cantar Wonderwall o Don’t look back in anger y el pequeño de los Gallagher supo elegir bien.

Por supuesto, la huella de los Beatles es evidente: Wonderwall es el título de una película de 1968 cuya banda sonora fue compuesta por George Harrison. Wonderwall music es, de hecho, el primer disco publicado en solitario por un miembro de los Beatles. Eso sí, el significado de la palabra “wonderwall” en sí nunca llegará a ser desvelado del todo: Liam dijo que puede referirse a cualquier cosa buena que te suceda, como cuando por fin encuentras ese billete de autobús que estabas buscando. Noel, por su parte, aclaró en 2002 que la canción trata sobre un amigo imaginario que viene a salvarte de ti mismo. Y Urban Dictionary, entre otras acepciones, indica que Wonderwall es esa barrera que separa la realidad del Mundo Trascedente y que a través de una grieta permite echar un vistazo a lo que se esconde más allá del muro maravilloso.

Wonderwall, por supuesto, tiene decenas de versiones. Una de las famosas es la que hizo al estilo easy listening Mike Flowers Pop un par de meses después de la publicación de Wonderwall. Sin embargo, la favorita de Noel es la que hizo Ryan Adams en su EP de 2003, Love is Hell, part 1.

Por si fuera poco, el sencillo de Wonderwall viene acompañado de tres temas por los que cualquier banda mataría: The Swamp Song, la versión completa del tema instrumental del que se oyen dos extractos en (What’s the story) Morning Glory?; el potente y animado Round are way; y, sobre todo, la maravillosa The Masterplan, que después daría nombre al recopilatorio de caras B de Oasis y que bien se merece un artículo dedicado a ella en exclusiva.

Spectre

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Parece mentira, pero a estas alturas aun hay gente que manifiesta su escepticismo hacia la capacidad de Daniel Craig para interpretar a James Bond. Para despejar esas dudas, basta con ver Casino Royale y Quantum of Solace, un díptico donde la segunda sirve de epílogo a la primera y que demuestra que con los arquetipos de la saga se puede obtener como resultado películas de acción trepidante donde el guión funcione como un mecanismo de relojería y las relaciones entre personajes tengan credibilidad e incluso emoción.

Por desgracia, Spectre prefiere seguir el camino de Skyfall. No es de extrañar, ya que la cinta dirigida por Sam Mendes donde se recuperaban viejos personajes de la saga como Moneypenny o Q y se exploraba el pasado personal de Bond consiguió recaudar más de mil millones de dolares en todo el mundo, colocándose así entre las películas más taquilleras de la historia. En Spectre Mendes repite como director y John Logan vuelve a firmar el guión: aquí no sólo repiten Moneypenny o Q, sino que además se recupera a la mítica Spectre como organización criminal internacional con todos sus elementos identificativos, desde el logotipo del pulpo hasta la figura del villano acompañado de su pertinente gato. Por si fuera poco, Spectre no se corta en homenajear situaciones y escenarios icónicos de otras entregas de la saga: tenemos un tren para que Bond intime con su chica Bond de turno como en Casino Royale o se enfrente a un matón como en Desde Rusia con amor; tenemos una clínica aislada en la cumbre de los Alpes a la que se accede por teleférico como en 007 al servicio de su Majestad; e incluso tenemos una guarida situada en un cráter como en Sólo se vive dos veces donde Bond y su chica son recibidos atentamente por el villano de la película…

Y por supuesto, tenemos viajes alrededor del mundo, coches con trucos, conspiraciones para dominar el mundo, mujeres hermosas, persecuciones imposibles, etc… Sin embargo, nos faltan los elementos que hicieron de Casino Royale, Quantum of Solace e incluso Skyfall películas que se colocaban por encima del típico blockbuster. Aquí falta el desarrollo emocional de los personajes, especialmente entre Bond y la doctora interpretada por Léa Seydoux, una relación que no funciona en ningún momento a pesar de ser básica para los acontecimientos que se desarrollan en la segunda mitad de la película. Y lo que es peor, falla la lógica narrativa más simple, la que intenta establecer los objetivos de los protagonistas (pocas veces se ha visto a un villano con un plan más desdibujado que el de Spectre) o enlaza unos hechos con otros con cierto sentido. También roza el absurdo intentar conectar todas las películas anteriores protagonizadas por Craig con ésta, reduciendo a Quantum y al gran antagonista de Casino y Quantum a un papel anecdótico e incongruente, mientras que la nueva exploración del pasado de Bond resulta absolutamente irrelevante.

Todo esto sería perdonable si Spectre fuera un espectáculo grandilocuente y desprejuiciado como gran parte de las cintas de la saga, pero aquí el humor y lo kitsch brillan por su ausencia tanto como el suspense o la emoción. Una vez terminado el plano secuencia con el que arranca la película, una escena ambientada en un Día de los Muertos tan fiel a la realidad como aquellas procesiones de Semana Santa en Sevilla combinadas con las Fallas de Valencia que vimos en Misión Imposible 2, todo lo que queda en Spectre es una sucesión de despropósitos por la que Daniel Craig se mueve con cierta desgana hasta terminar en un climax no muy diferente al de cualquier blockbuster de acción de serie B.

¿Quizás el problema de fondo sea que Casino Royale y Quantum of Solace eran películas Bond para espectadores a los que no les gustaban las películas de 007? Puede, pero eso no es excusa para hacer una película tan insatisfactoria y, en el fondo, aburrida, como Spectre.

James Morrison: Higher than here

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James Morrison pertenece a ese grupo de artistas que consiguen tener mucho éxito en su Reino Unido natal pero que apenas logran exportarlo fuera de las islas. No parece que con Higher than here, su cuarto trabajo, las cosas vayan a cambiar para él. No hay aquí sencillos tan claros como los de su disco de debut, aquellos Wonderful World o You Give Me Something que le podrían haber convertido en un nuevo James Blunt con más personalidad. Eso sí, hay que reconocer que la vocecilla acelerada que abre el disco y con la que arranca Demons -al más puro estilo Kanye West- acaba resultando pegadiza. El videoclip es una nueva muestra de los eficaces que son los (falsos) planos secuencia en este género.

Otro problema añadido es que en los cuatro años que han pasado desde la publicación de The Awakening, el panorama musical se ha llenado de solistas masculinos, muchos de ellos armados con su guitarra o jugando a cantar soul: ahí están Ed Sheeran, James Bay, John Newman, Sam Smith, George Ezra, Jamie Lawson, Hozier, además de compañeros de promoción como James Blunt o Paolo Nutini. Cuatro años de silencio son una eternidad en esta industria que devora artistas y sencillos a velocidad de vértigo. Además, a diferencia de The Awakening, que fue producido casi en su totalidad por Bernard Butler -quien supo darle un toque retro y coherente que podría haber hecho de Morrison la versión masculina de Duffy, o incluso Adele-, este Higher than here es una mezcolanza de productores y coautores, más o menos prestigiosos y eficientes, pero que hace que no termine de tener un sonido claro y coherente. Y curiosamente, acaban destacando más los momentos más puramente pop, como el I need you tonight producido por Mark Taylor (el responsable del Believe de Cher) y que llega a sonar al Phil Collins más ochentero.

Eso sí, entre sonidos más o menos genéricas y letras a las que seguramente les falte cierta personalidad, lo que hay que reconocer es que James Morrison tiene una voz cálida y algo rasgada que siempre da gusto escuchar.