Archivo por meses: Octubre 2015

Lista UK: Adele bate records con Hello

Cuando ayer se publicó la lista de ventas británica, se confirmó lo que todos esperábamos: Adele se colocaba en el número uno con Hello con unas ventas combinadas de 333.000 copias. Lo más espectacular es la cifra correspondiente a las escuchas en streaming: más de siete millones de reproducciones en una semana, duplicando prácticamente el anterior record conseguido por Justin Bieber y What do you mean? En fin, no cabe duda de que Adele va a dominar el mercado musical con su 25 en los próximos meses… o años.

Adele ha arrollado al pobre Justin Bieber, el idolo pop adolescente que abandona programas y conciertos como una estrella de rock de los 70 y que está consiguiendo un éxito comercial que nadie habría pronosticado hace un par de años. Sorry debuta en el segundo puesto. El resto del Top 5 lo completan Hotline Bling, el último éxito de Drake; Writing’s on the wall, la decepcionante y anodina canción de Sam Smith para Spectre; y The Hills, de The Weeknd.

Demostrando su poderío, cuatro canciones de Adele reentran en la lista: Someone like you en el 74; Skyfall en el 83; Rolling in the Deep en el 91; y Set Fire To The Rain en el 94.

En la lista de discos, las cinco primeras posiciones están ocupadas por cinco novedades: el número uno es para Sounds Good Feels Good, de 5 Seconds of Summer; el segundo puesto para Get Up, de Bryan Adams: el tercero para Cinema, de Andrea Bocelli; el cuarto para Wisdom Laughter & Lines, de Paul Heaton y Jacqui Abbott, ambos de The Beautiful South; y The Hank Williams Songbook, de Daniel O’Donnell. Las Navidades ya están cerca.

El número uno de la semana pasada, el disco homónimo de Jamie Lawson (¿el Passenger de 2015?), baja en esta hasta el ocho. El resto de novedades de la semana se completa con Divers, de Joanna Newman, en el 10; Storyteller, de Carrie Underwood, en el 13; Pylon, de Killing Joke, en el 16; la BSO de Spectre, a a cargo de Thomas Hewman, en el 25; Angels & Ghosts, el segundo disco de colaboración entre Dave Gahan, de Depeche Mode, y Soulsavers, en el 27; Central Belters, de Mogwai, en el 40; Sun Leads Me On, de Half Moon Run, en el 46; el recopilatorio Solo: Songs and Collaborations 1982 – 2015, de Tracey Thorn, de Everything But The Girl, en el 53; Battle Scars, de Walter Trout, en el 54; Completely Under The Covers, la caja que reúne los tres discos de versiones que han publicado en los últimos años Matthew Sweet y la cantante de The Bangles, Susanna Hoffs, en el 72; Bays, de Fat Freddy’s Drop, en el 79; Year of the fanclub, de Ginger Wildheart, en el 95; y el recopilatorio Unfaithful Music & Soundtrack Album de Elvis Costello, en el 96.

Y por supuesto, Adele también aparece en la lista de discos más vendidos: 21 está en el 11 y 19 en el 31.

Promusicae: Estopa repiten en el número uno

Llevo un tiempo sin hablar de nuestra lista de ventas, así que voy a hacerle un repaso. Esta semana Estopa vuelven a ocupar el número uno con Rumba a lo desconocido.

El disco con la portada más fea del año.

El disco con la portada más fea del año.

Julio Iglesias está en el segundo puesto con México, disco que también ha sido número uno en el Billboard Latino, además de colarse en las listas de países como Portugal, Francia, Holanda o Bélgica. En el tres debuta la reedición de Planeta Azul, de Ruth Lorenzo (no hay como salir en la tele todas las semanas para vender discos), mientras que Demi Lovato entra al cuatro con Confident, gracias al poder de su Cool for the summer.

No hay nada como salir en la tele: bien lo sabe Pablo López, de quien nadie parece recordar su paso por Operación Triunfo (quedó segundo en la edición en la que ganó Virginia), que sube hasta el cinco con El mundo y los amantes inocentes, su segundo disco. Bebe baja al 6 con Cambio de piel, de momento le va mejor que con su incomprendido Un pokito de rocanrol. Jean Michel Jarre cierra el Top10 con Electronica 1: The Time Machine, disco en el que colabora con artistas tan variados como M83, Little Boots, Laurie Anderson, Tangerine Dream o Armin Van Buuren.

El resto de novedades de la semana se completa con Puro Sabina, la caja con los dieciséis discos de Joaquín Sabina, en el 17; The King is back (#Latinibizate) de Juan Magan (el título es toda una declaración de intenciones) en el 18; La Clau de Girar el Taller, del veterano cantante catalán Adrià Punti, en el 23; Get Up, de Bryan Adams, en el 24; Blue Bird, de la anteriormente mencionada Virginia Maestro, en el 41; Elements, disco del compositor de música clásica contemporánea Ludovico Einaudi, en el 44; Vivir sin miedo, de Buika, en el 48; Pentatonix, el disco homónimo del grupo a capela, en el 57; Lineas divisorias, de The Bright, en el 65; y Revolve, de John Newman, en el 71.

Y para acabar el repaso a los discos más vendidos, un par de curiosidades: Grande Amore, el disco de Il Volo, el grupo que representó a Italia en el último festival de Eurovisión lleva ya cuatro semanas en lista, ocupando en esta última el 29, mientras que la banda sonora de Frozen cumple ya cien semanas entre los discos más vendidos de España.

En nuestra absurda lista de canciones, el número uno es para Cali y el Dandee con Por fin te encontré, muy lejos del “guilty pleasure” que era Yo te esperaré.

La entrada más fuerte es la de Perfect, de One Direction, en el 29. A ver en qué puesto debuta Adele la próxima semana.

Ain’t Nobody (Loves me better)

Alemania se ha convertido en el nuevo paraíso de los DJs y las pistas de baile, como si fuera la Italia de los años 80. El caso es que, sin que se sepa muy bien por qué, Felix Jaehn, después de remezclar el Cheerleader de Omi y convertirlo en un éxito global, ha colocado en lo alto de las listas europeas su versión de un clásico del funk de los 80, Ain’t Nobody (Loves me better). Claro, considerando que Jaehn tiene 21 años, el original le debe de sonar a música clásica. El videoclip está ambientado en esa ciudad que tenemos en España para rodajes internacionales de aire cosmopolita. Sí, Barcelona.

En realidad, Jaehn se ha limitado a coger la versión acústica que Jasmine Thompson había grabado de este tema en 2013 y que consiguió un puesto 32 en la lista de sencillos británica después de sonar en un anuncio, acelerarlo un poco y meterle algún beat de Tropical House. Pero, en realidad, ambas versiones son bastante fieles al Ain’t Nobody original, publicado en 1983 como parte de Stompin’ at the Savoy – Live, un disco doble que puso fin a la carrera del grupo Rufus donde Chaka Khan comenzó su carrera como vocalista. Ain’t Nobody destaca sobre todo por su repetitivo loop de sintetizador, muy propio de los comienzos de los ochenta.

Ain’t Nobody es un tema que ha tenido muchas versiones a partir de los noventa a cargo de gente tan variada como Diana King, KWS, LL Cool J, Natasha Bedingfield junto a su hermano Daniel, KT Tunstall, Alphabeat o Mary J. Blige. De entre todas ellas, mi favorita es la que grabaron Liberty X junto con el productor Richard X, un mashup de la letra de Ain’t Nobody con el fondo musical del Being Boiled de The Human League bautizado como Being Nobody en 2003.

Seguro que en el 2020 alguien vuelve a hacer otra versión de este tema.

Lana del Rey: Honeymoon

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Tenemos una nueva cita, Lana, y esta vez me propones que nos vayamos de luna de miel. A priori, es una promesa más atractiva que la ultraviolencia indiscriminada, incluso más si me la haces abandonando el blanco y negro para envolverla en fotos llenas de color y quemadas por el sol, autobuses turísticos, palmeras, balcones, flores, California en estado puro. Pero no me engañas fácilmente, Lana, ya nos vamos conociendo desde hace tres discos y medio paraíso. Como nos enseñó Todd Haynes en Lejos del Cielo, debajo de los luminosos y cálidos fotogramas del melodrama de los felices años 50 se esconde una ciénaga de oscuridad.

Y así, abres el disco con unos violines casi sublimes que encajarían perfectamente en un remake de Vértigo, para decirlo claramente, casi a capella: “We both know that it’s not fashionable to love me. But you don’t go ’cause truly there’s nobody for you but me”. Puede que no este de moda amarte, pero tú sabes que has conquistado a unos seguidores fieles capaces de comprar tu disco el mismo día que sale a la venta. Escuché a un locutor en la radio decir que Lana del Rey es un género en sí mismo y seguramente tenga razón: has creado tu paraíso artificial, cinematográfico y decadente y ahí da igual cuáles sean los sonidos de moda, no existen para ti.

Has construido tu personaje y eres fiel al mismo. Eres esa mujer que pasea lánguidamente por su mansión pero que es capaz de derribar un helicóptero de un disparo. Sigues cantando a los hombres malos poseídos por el espíritu de James Dean, pero no dudas en cambiar a Salvatore por un suave helado italiano. Tu luna de miel es una excusa para reposar al sol de esa mítica California de flamencos rosas donde bailar juntos rock a cámara lenta. Todo transcurre de forma perezosa, música para ver pasar a los chicos guapos y colocarse en la playa. Al fin y al cabo, la música es el mejor remedio para el desamor: encender la radio para que el jazz cure la tristeza del blues, citar a David Bowie y su Space Oddity o a Bob Dylan y su Lay Lady Lay, utilizar a Billie Holliday para superar el día más negro en un tema que me hace recordar a la Amy Winehouse de Back to Black. No puedo evitar pensar en qué pasaría si trabajaras de una vez con Mark Ronson, aunque reconozco que haber elegido al veterano Rick Nowels es todo un acierto para crear esa atmósfera hipnótica que impregna todo este disco donde tu voz es la gran protagonista. Y ahora confiesa, ¿24 era una propuesta para sonar en una película de James Bond? ¿Swan Song y Religion, descartes de Born to Die? ¿Eres consciente de lo cansina que es God Knows I Try? ¿Y de lo genial que es definir a alguien como Art Deco? En fin, como dices al final del disco, en esa versión del Don’t le me be misunderstood que tantos artistas han cantado, sólo eres un alma con buenas intenciones. Y en este disco, hay que reconocerlo, las buenas intenciones han dado buenos resultados.

¿Qué hacemos con Carly Rae Jepsen?

Con una pequeña ayuda de Justin Bieber y Selena Gomez, una pegadiza canción de la tercera finalista de la quinta edición de la edición de 2007 de Canadian Idol, se convirtió en un éxito global a lo largo de 2012. Call Me Maybe convirtió en una estrella a Carly Rae Jepsen e incluso consiguió una candidatura al Grammy a Canción del Año. Sin embargo, no consiguió que Kiss, el disco que publicó Carly a finales de septiembre de 2012, se convirtiera en un éxito similar. Parecía fácil condenar a la canadiense al baúl de las One Hit Wonders que sonarán hasta el fin de los tiempos en KissFM y M80.

Hasta que en la primavera de este año nos sorprendía con I Really Like You, una canción casi tan pegadiza como Call Me Maybe, y que ha conseguido mantenerse muy bien en las listas de medio planeta: no es tan fácil conseguir más de cien millones de visionados en Youtube. Eso sí, en una de esas decisiones difíciles de entender, Emotion, el disco de revalida de Carly Rae Jepsen se editaba en junio en Japón, en agosto en Estados Unidos y en septiembre en Estados Unidos con críticas entre buenas y excelentes… y mediocres ventas. Sería una pena que tuviéramos que volver a clasificarla en el baúl de las Two Hit Wonders cuando su disco, todo una festival de sonidos ochenteros y pop con el suficiente toque de sofisticación para distinguirla de la masa, se abre con un tema tan perfecto como éste.

Con su videoclip con ecos a Lost in Translation y ese saxo introductorio, Run Away With Me sí que es una de las joyas pop de 2015. Y como no, con nombres suecos entre los compositores y los productores.

Regresión

Regression

Desde su debut con Tesis allá por el año 1996, todas las películas de Alejandro Amenábar han optado al Goya a la Mejor Película, premio que se llevaron su mencionada ópera prima, Los Otros y la oscarizada Mar Adentro. Por tanto, no es de extrañar que Regresión, su regreso al cine de género que le encumbró en los comienzos de su carrera y que llega a las pantallas seis años después del estreno de Ágora, generara grandes expectativas.

Expectativas que, vista la reacción imperante en las redes sociales, se han visto claramente defraudadas.

Se dice por ahí que Amenábar tenía otro proyecto en mente, más personal, de cara a su sexta película, pero que sus productores le presionaron para que firmara una película más comercial, un thriller de aire sobrenatural con más atractivo de cara a la taquilla. Sean rumores o verdad verdadera, aquí está entre nosotros Regresión, una película ambientada en un pequeño pueblo de Minnesota a mediados de los noventa donde un padre es acusado por su hija de haberla sometido a abusos sexuales que él no recuerda. El detective encargado de la investigación, Bruce Kenner, recurre a la ayuda de un prestigioso psicólogo para que reviva los recuerdos reprimidos del padre mediante la técnica de regresión. Comienza así a destaparse una trama que implica a una secta satánica en la que pueden estar implicadas muchas más personas de las que parece. Kenner se entregará en cuerpo y alma a resolver el caso, llegando a caer en un estado casi psicótico donde los limites entre realidad y fantasía llegan a confundirse.

Hay películas que recurren a un giro final para sorprender al público y cambiar el sentido de todo lo narrado: ahí está El Sexto Sentido como ejemplo arquetípico, pero es un recurso habitual y facilón, desde Instinto Básico a Sospechosos Habituales pasando por Ciudadano Kane. Regresión podría ser una de ellas… si no fuera porque el propio Amenábar desvela este giro final mucho antes del propio final de la película en una maniobra completamente intencionada. Como sucedía con Babadook, vendida al público como una película de terror, Regresión es más bien una disección del género de terror, esta vez en su vertiente satánica, promocionada como lo que no es. La decepción del espectador, que esperaba asustarse en su butaca, es más que lógica. Regresión es más bien una adaptación a nuestro tiempo de Las brujas de Salem, el clásico de Arthur Miller, un estudio sobre la psicosis colectiva y la facilidad de creer en una mentira pronunciada por la persona adecuada, antes que una nueva vuelta de tuerca a los exorcismos, las posesiones y las casas encantadas. El problema de las películas que juegan a parecer lo que no son es que lo que parecen tiene que ser atractivo por sí mismo para funcionar del todo y aquí eso no termina de suceder.

Quizás el gran problema de Regresión sea su frialdad, algo que ya perjudicaba a otras películas de Amenábar. Todo resulta correcto en ella, desde la dirección de Amenábar hasta la interpretación de sus actores, con Ethan Hawke a la cabeza y una Emma Watson en un papel mucho más secundario del que la publicidad da a entender, pero en ningún momento sorprende o apasiona. Y es que, en el fondo, parece que a Amenábar tampoco le apasionaba lo que estaba contando.

Mika: el cielo es un carnaval

Cinco años después, Mika volvía al Palacio de los Deportes -eso sí, en formato reducido, con unos telones negros cubriendo las gradas y parte de la pista- para presentar No place in heaven, su cuarto disco, un trabajo en el que Mika habla por primera vez abiertamente de su homosexualidad de una forma sincera, melancólica, pero también dinámica, optimista y madura. Seguramente sea su disco más redondo y equilibrado desde su colorista debut, Life in cartoon motion. Puede que el gran público lo haya olvidado y Grace Kelly se haya convertido ya en uno de esos temas que suenan nostálgicamente en M80, pero parece que a Mika ya no le preocupa tanto recuperar el éxito masivo porque al fin y al cabo tiene un grupo de seguidores entregado, fiel y suficientemente numeroso para llenar recintos del tamaño suficiente para desplegar todo su espectáculo.

Mika es, ante todo, un showman de voz privilegiada con un talento musical fuera de serie, una especie de Willy Wonka sin lado siniestro que nos invitó anoche a su propio cielo -ya que los que son como él, supuestamente, no tienen sitio en el cielo oficial-, un paraíso de luz y color a medio camino entre una feria y un cabaret, iluminado por un rótulo de bombillas titubeantes que nos dejaba claro donde estábamos: Heaven. Una caravana que se convertía en el paraíso, un globo terráqueo en formato bola de espejos gigante que de vez en cuando bajaba desde lo alto, y unas grandes puertas celestiales completaban la puesta en escena.

Ese universo juguetón con su pizca de ironía es en el que se mueven las canciones de Mika. Su pop de dibujos animados suena tan bien como siempre cuando toca repasar viejos temas de su repertorio como Grace Kelly, We Are Golden, The Origin of Love, Relax Take It Easy y joyas que deberían haber sido superéxitos como Rain o Love Today. Pero el repertorio de Mika va mucho más allá y tiene sitio para las baladas intimistas que consiguen que un recinto tan frío como el Palacio de los Deportes se conviertan en un rincón cálido y acogedor: brillaron especialmente la clásica Happy Ending, la muy emocionante Underwater u Ordinary Man, con la que cerró el concierto (y muy poco frecuente en los repertorios de esta gira). Todo gana en directo gracias a unos músicos excelentemente conjuntados y un Mika que sabe controlar e improvisar: incluso un corte tan mediocre como el sencillo en francés Boum Boum Boum, de unos aires latinos más cercanos a Julio Iglesias que a Julieta Venegas, sonó coherente dentro de ese carnaval musical, siendo coreado por un público que se sabía todas las canciones al dedillo.

Y es que la conexión entre Mika y su público es espectacular: ellos se encargan de repartirse soles de cartulina fabricados en casa para levantarlos cuando suena Staring at the sun y, por su parte, Mika se lanza a cantar una versión en español de Talk about you con una letra que le acaba de arrojar un espectador (“Todo lo que hago es hablar de ti” suena el estribillo) o sube al escenario a una chica que le ha lanzado un títere inspirado en él para bailar con ella Elle me dit. Son detalles así los que hacen que todos saliéramos del recinto mucho más felices. Al fin y al cabo, “If it’s the end of the world let’s party”.