Archivo por meses: Abril 2014

B-Music, una nueva aplicación para saber qué es lo más escuchado en la red

Ballantine’s es una de las marcas que más se ha acercado al mundo de la música en los últimos tiempos, patrocinando diversas iniciativas junto a artistas como La Oreja de Van Gogh o Carlos Jean. Ahora presentan un nuevo proyecto llamado B-Music, un ranking de popularidad on line que recopilar información sobre los artistas y las canciones más escuchadas, comentadas, compartidas y buscadas en la red.

A través de su algoritmo, B-Music recoge la información de las principales plataformas de Internet tanto generalistas como especializadas en música (Spotify, LastFM, Deezer, Youtube, Google, Itunes…), no sólo de España sino también de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y Francia. Gracias a esas datos la aplicación elabora sus listas, que van actualizándose a tiempo real y que nos permiten saber que ahora mismo el tema más escuchado en la red es Dark Horse, de Katy Perry. La plataforma se completa con distintos artículos y noticias sobre la actualidad musical a cargo de firmas tan variadas como Dorian, El Hematocrítico, Borja Prieto o La Mala Rodríguez. Ante todo, variedad.

Lista UK: Paolo Nutini repite en el número uno

Dada la fugacidad con la que pasan algunos discos por la lista británica, tiene mérito que Paolo Nutini se haya mantenido en lo más alto por segunda semana consecutiva con Caustic Love. Le acompañan en el Top3 John Legend y su Love in the future y Vamps con Meet the Vamps. La entrada más destacada aparece en el número 5: se trata de The New Classic, el debut de la rapera australiana Iggy Azalea después de varios EPs y mixtapes. En el videoclip de Fancy, ella y Charli XCX homenajean ese clásico de los 90 protagonizado por Alicia Silverstone llamado Fuera de Onda.

El resto de novedades de la semana se completa con The Cautionary Tales Of Mark Oliver Everett, de Eels, en el 7; Food, de Kelis, en el 20; Honest, de Future, en el 78; y Space Police: Defenders of the Crown, de la banda de power metal alemana Edguy, en el 82.

En la lista de canciuones, el holandés Mr. Probz entra directamente al número uno gracias al remix que Robin Schulz ha hecho de su tema Waves.

Otras novedades destacables son la de lo nuevo de The Kooks, Down, en el 40, y la de Midnight, de Coldplay, en el 89.

Promusicae: David Bisbal recupera el número uno

David Bisbal no está dispuesto a ceder el número uno así como así, por lo que esta semana recupera el puesto más alto en la lista de discos más vendidos de España con Tú y Yo. Vetusta Morla descienden al segundo puesto con La Deriva mientras que en el tercero nos encontramos con la entrada más fuerte de la semana: Break of day, de Sweet California, el debut de esta girlband española.

Demostrando que sólo los adolescentes se compran discos en este país, en el nueve aparece la segunda novedad de la semana: Meet the Vamps, de The Vamps. El resto de entradas se completa con On seràs demà?, de Joan Dausà, en el 18; Caustic Love, de Paolo Nutini, en el 50; One Last Tour: A Live Soundtrack, de Swedish House Mafia, en el 66; el disco infantil para aprender inglés Let’s Clan Park, de Peter & Jack, en el 72; el disco de la serie documental Flamenco para tus ojos en el 90; la banda sonora de The Amazing Spiderman 2 en el 97; y Océano, de Sandra Carrasco, en el 99.

Aunque Sex and love no se está vendiendo excesivamente bien, Enrique Iglesias puede presumir de haber conseguido el número uno en la lista de canciones con Bailando, una mezcla de ¿flamenco? y reguetón.

Happy, de Pharrell Williams, y Changes, de Faul & Wad Ad vs Pnau, completan el Top3. La entrada más importante de la semana es para Lana del Rey, que coloca su West Coast, sencillo de presentación de Ultraviolence, en el 12. Otras novedades son All of me, de John Legend, en el 21; Noche de Cuba, de José Castillo, en el 30; You and me, de Disclosure ft Eliza Doolittle, en el 33; Glow, de Anael, en el 35; y Waves, de Mr. Probz, en el 45.

El gran hotel Budapest

Los hoteles siempre han sido un buen lugar para ambientar una historia. Personajes que vienen y van, encuentros azarosos, secretos escondidos en habitaciones, romances en las habitaciones, gemelas siniestras que aparecen tras la esquina de un pasillo enmoquetado… Wes Anderson utiliza un lujoso, pero también decadente, hotel como leit motif para su última película, un divertimento donde da rienda suelta a su colorista manera de dirigir y su personal sentido del humor. El gran hotel Budapest es un juego de muñecas rusas: una chica acude a un cementerio para dejar una llave de hotel en la tumba de un laureado escritor. Junto a ella comienza a leer una novela, la historia que al escritor le contó un antiguo botones y ahora propietario del decrépito Hotel Budapest, un relato que constituye el grueso de la película. Ambientada en la década de los años 30, en el ficticio país de Zubrowka -suponemos que está cercano a Genovia, Latveria o Syldavia-, El gran hotel Budapest sigue las aventuras de su conserje, Monsieur Gustave, quien se ve involucrado en el asesinato de una anciana huesped y amante que le ha dejado un valioso cuadro en herencia, detonante de una serie de peligrosas situaciones en las que Gustave contará con la ayuda de un botones novato y una joven pastelera.

Si el cine de Wes Anderson siempre ha tenido una cierta querencia por la estética retro, es en El gran hotel Budapest donde el director ha podido sumergirse totalmente en ella. Esta apuesta va desde la elección del formato de 3:4 para la trama ambientada en los 30, el formato de pantalla propio del cine de aquella época, hasta la utilización de miniaturas evidentes para crear los decorados del hotel y sus alrededores, pasando por la inspiración argumental en las obras del novelista austriaco Stefan Zweig, autor, entre otras, de Carta de una desconocida. Todo en El gran hotel Budapest remite a un pasado de lujo, glamour y estética cuidada, reflejando la clara intención nostálgica de Anderson al recrear un mundo y una manera de hacer cine que ya han desaparecido. Sin embargo, la forma acaba prevaleciendo demasiadas veces sobre el fondo, de tal manera que lo artificioso de El gran hotel Budapest acaba convirtiéndose en el gran protagonista de la función, en detrimento de la emoción.

No ayuda, en este sentido, que la película a veces parezca una mera excusa argumental para coleccionar el mayor número de cameos. Ahí están rostros habituales en el cine de Anderson como Bill Murray, Owen Wilson o Jason Schwartzman, junto a nombres como Tilda Swinton, Saoirse Ronan, Edward Norton, Willem Dafoe o el casi debutante Tony Revolori. Sin embargo, la gran estrella de la película es un fabuloso Ralph Fiennes, quien lejos de sus papeles torturados por los que es más conocido, da toda una lección de ligereza y sentido de la comedia.

El gran hotel Budapest se queda lejos de las películas más redondas de Anderson como Moonrise Kingdom, Fantastic Mr. Fox o The Royal Tenenbaums, pero no deja de ser como uno de los pasteles que aparecen en ella: llenos de color, dulces en extremo, muy apetecibles al primer mordisco pero seguramente poco alimenticios a la larga.

Lista UK: Número uno para Paolo Nutini

Amor Caustico

Cinco años ha tardado Paolo Nutini en publicar su tercer disco y parece que su público le ha echado de menos. Caustic Love ha despachado más de 109.000 copias en su primera semana a la venta, la cifra más alta en lo que va de 2014. Scream (Funk my life up) es el primer sencillo de este trabajo que suena más americano que británico.

En el segundo puesto aparece el disco de debut de The Vamps, Meet the Vamps, seguido de A perfect contradiction, de Paloma Faith, en el tres; Love in the future, de John Legend, en el cuatro; y el número uno de la semana pasada, Education, Education, Education & War, de Kaiser Chiefs, en el cinco. El resto de novedades se completa con Homo Erraticus, el nuevo trabajo del lider de Jethro Tull, Ian Anderson, en el 14; One day like this, de Rhydian, en el 19; Do to the beast de Afhgan Wigs, supervivientes del indie de los 90, en el 40; Hendra, de Ben Watt, el chico de Everything But The Girl, en el 46; Brother, de Morten Harket, cantante de A-ha, en el 56; Illmatic XX, de Nas, en el 57; Caprice, del violinista alemán David Garrett, en el 60; Live at the Union Chapel London, de Billy Bragg, en el 61; Amphetamine Ballads, de Amazing Snakeheads, en el 62; el disco homónimo de Smoke Fairies, en el 70; Built on glass, de Chet Faker, en el 87; The life and times of Scrooge, de Tuomas Holopainen, fundador de Nightwish, en el 92; y The News From Nowhere, el tercer disco de The Hoosiers, en el 96, muy lejos de sus mejores tiempos.

En la lista de sencillos, el número uno es para el debut de la canadiense de 25 años Kiesza, que ha vendido 136.000 copias de Hideaway, un tema dance que podría haber sonado en los 90.

Entre otras entradas, en el 81 aparece el dueto de Alicia Keys y Kendrick Lamar, It’s on again, de la banda sonora de The Amazing Spiderman 2.

Lista Promusicae: número uno para Vetusta Morla

Vetusta Morla consiguen, por primera vez en su carrera, colocarse en lo más alto de la lista de discos más vendidos con su tercer -cuarto, si contamos Los ríos de Alice, su BSO para el videojuego del mismo nombre- trabajo: La Deriva. Amados y odiados a partes iguales y con idéntico fervor, no parece que las cosas vayan a cambiar con este nuevo disco.

En el número dos nos encontramos con otra novedad: Només d’entrar hi ha sempre el dinosaure, de Els Amics de les Arts. Tú y yo, de David Bisbal; un nuevo volumen de la BSO de Violetta, ahora en concierto; y Sueños Cumplidos, de David Barrull, completan el Top 5. El resto de novedades de la semana se completa con Resituación, de Nacho Vegas, en el 8; Fuego Cruzado, de Sidecars, en el 19; Loud EP2, de la boyband R5, en el 38; y una nueva edición del Gold de Abba en el 97.

En la lista de canciones, Pharrell Williams sigue en el número uno con Happy, seguido de Bailando, de Enrique Iglesias ft Descemer Bueno & Gente de Zona, y Changes, de Faul & Wad Ad vs Pnau. La entrada más destacada de la semana es la de lo nuevo de Amaral, Ratonera, que se coloca en el 11.

Marienbad o las galerías del sueño

El 1 de marzo de 2014 moría el director francés Alain Resnais, autor de una película fundamental para la historia del cine: El año pasado en Marienbad.

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“…O de losas de piedra, por las que yo pisaba una vez más, y por eso pasillos, y a través de esos salones, de esas galerías, de esa construcción de otro siglo, de ese hotel inmenso, lujoso, barroco, lúgubre, donde pasillos interminables suceden a pasillos silenciosos, desiertos, recargados con una decoración oscura y fría de maderas, estuco, paneles con molduras, mármoles, espejos negros, cuadros de tonos negros, columnas, marcos labrados de puertas, hileras de puertas, de galerías, de pasillos transversales que van a dar también a salones desiertos, salones recargados con una ornamentación de otro siglo…”

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Así comienza, con esta voz masculina repetitiva y monótona, un proceso de hipnosis fílmica para penetrar en los pasillos y salones barrocos de Marienbad, Friedrichbad u otro lugar cuyo nombre nunca conoceremos. Entramos en un mundo de arquitectura imposible, un espacio de suelos de mármol, enormes salones y jardines sin flores que se convierte en el gran protagonista de la pantalla. Este hotel barroco, este edificio de otro siglo, llena los fotogramas de una manera no muy distinta a las mansiones arquetípicas del terror gótico y romántico. El año pasado en Marienbad no es una historia de terror como The Haunting, ni un melodrama como Rebeca, películas ambas donde una casa se erige en elemento fundamental de la trama, pero bien podría ser un cuento de fantasmas o una historia de amor. Los habitantes de este espacio, hombres y mujeres elegantemente vestidos, maniquíes eternamente preparados para una fiesta de gala, hieráticos como estatuas vivientes, no están muy lejos de ser espíritus sin memoria, espectros de luz y sombra proyectados a veinticuatro fotogramas por segundo.

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Un hombre y una mujer son los grandes protagonistas de la película, escogidos quizás por azar de entre todos sus habitantes. Las narraciones flotan en el ambiente, pero por alguna razón la cámara se queda con ambos. Él cuenta una historia que ella no recuerda, una historia de amor y pasión transcurrida en ese mismo lugar el año pasado. Una historia que él vuelve a representar una y otra vez para que ella vuelva a ser Ella. ¿O es todo un invento, un artificio? Quizás el problema no está tanto en lo qué pasó, sino en cuando sucedió. Quizás en este espacio onírico no existe el tiempo, así que el año pasado es el año próximo. O todos los años son el año pasado. O todo sucede en el ahora, con la lógica de los sueños y las pesadillas. Todo lo que hacen sus personajes sería una eterna repetición de un recuerdo fingido. Sólo hay una evidencia física de la historia que él narra: una fotografía de ella, una imagen congelada en el tiempo que él le entrega en una de sus primeras citas. Pero más tarde, ella, sola en su habitación, descubrirá en un cajón de su habitación decenas de fotos similares. ¿Una foto por cada historia? ¿Cuántas veces se ha repetido esta ceremonia? ¿Cuántas veces él ha intentado que ella recuerde y que ambos huyan de este lugar de otro tiempo, de ese hotel inmenso, lujoso, barroco, lúgubre…? ¿Será esta ocasión la definitiva? Pero en realidad, cada vez que volvemos a ver la película, cada vez que se inicia la proyección, los personajes siguen atrapados en el mismo lugar. Ninguna ficción puede escapar a su creación. Él, ella y todos los habitantes de El año pasado en Marienbad están condenados a repetirse para la eternidad.

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Como contemplar un cuadro surrealista de infinitos detalles, cada visionado de El año pasado en Marienbad sirve para descubrir un nuevo plano, un nuevo rincón, un nuevo recoveco de la narración y la forma. En esos jardines de horizontes infinitos, evocadores de los cuadros surrealistas y metafísicos de Chirico, sólo los seres humanos proyectan alargadas sombras en el suelo.

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Hay algo de magia en estas imágenes. Todo parece indicar que hay una respuesta al enigma, pensamos que Resnais nos ha propuesto un acertijo que debemos descifrar. Al fin y al cabo, esperamos que el cine nos cuente historias, pero a veces confundimos las historias con los argumentos, con lo puramente anecdótico, con lo superficial. En Marienbad, un hombre delgado, quizás el marido de ella, o quizás otro contador de una historia diferente, plantea a los demás un juego, un truco donde él siempre gana. Independientemente de quien empiece, el resultado siempre será el mismo. Es el hombre que tiene respuestas para todo, el que corta las alas a la evocación, el que se encarga de dar los datos fastidiosos sobre la verdadera identidad de las estatuas sobre las que los amantes han estado especulando en el jardín. Y en este mundo onírico de pasillos y jardines preferimos que todo permanezca en la ambigüedad, no queremos que la verdad estropee esta fantasía.

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Estrenada en 1961, El año pasado en Marienbad es considerada una de las películas fundamentales de la Nouvelle Vague, un título rupturista e innovador radicalmente diferente a los planteamientos narrativos y estéticos del llamado cine clásico. Más de cinco décadas después, acostumbrados a los videoclips, la publicidad y a todo el cine moderno que ha habido desde entonces, la obra de Alain Resnais nos puede resultar más cercana y en cierta manera más comprensible que para quienes la vieron a principios de los sesenta. Lo que permanece inalterable es la belleza de sus imágenes y el componente evocador de una historia que, en resumen, trata sobre la capacidad que tienen las narraciones de hacernos despertar a la vida.