Archivo por meses: diciembre 2013

Lista UK: Beyoncé anima el panorama

Habría sido una semana bastante aburrida en la lista británica, con Robbie Williams recuperando la primera posición gracias a Swings both ways, desplazando a Midnight Memories de One Direction a la segunda plaza, seguidos por Gary Barlow en el tercer puesto. Podríamos haber comentado lo bien que le sienta la temporada de compras navideñas a Michael Bublé, que tiene dos títulos en el Top10: To be loved, en el 6, y Christmas, en el 7, disco este último que se está convirtiendo en un clásico navideño inevitable. Afortunadamente Beyoncé nos sorprendió publicando el viernes un disco en Itunes con 14 nuevas canciones acompañadas de 17 videoclips y en apenas 48 horas, sin que Beyoncé esté físicamente en las tiendas y sin que haya un sencillo propiamente dicho, el disco se ha colocado en la quinta posición.

Si no llega a ser por Beyoncé, las únicas novedades de la semana habrían sido Live at the cellar door, de Neil Young, en el 57, y la banda sonora original de El Hobbit – La desolación de Smaug, en el 69.

En la lista de sencillos Lily Allen vuelve a ser número uno con su versión de Somewhere only we know, seguida de Avicii con Hey Brother y Leona Lewis con One More Sleep. Con esta canción, Leona Lewis se convierte en la solista femenina británica con más sencillos en el top5 de su país. Destaca la subida hasta el 4 de Happy, de Pharrell Williams y los debuts de Charli XCX en el 62 con Superlove y de Idina Menzel en el 69 con Let it go, extraído de la banda sonora de Frozen.

25 años de “Shaday”

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En verano de 1988 las pistas de baile y emisoras comerciales se volvieron locas con un tema cantado en hebreo e inglés por una artista israelí de raíces yemeníes llamada Ofra Haza. El tema se llamaba Im Nin’alu y era una curiosa mezcla de pop occidental con ritmos orientales que resultaba tan original como pegadiza.

Ofra Haza era una de las mayores estrellas de la música de Israel desde que comenzó su carrera a principios de los 80. De hecho, había representado a su país en el festival de Eurovisión de 1983, quedando en segunda posición. Pero, ¿cómo llega una canción basada en un poema hebreo del siglo XVII a lo más alto de las listas europeas? Todo comienza cuando Ofra Haza publica en 1984 un disco titulado Yemenite Songs, un trabajo donde homenajeaba a sus raíces cantando canciones tradicionales de los judios yemeníes. Abriendo el disco se encuentra Im Nin’alu, en cuyo comienzo Haza canta a capella las estrofas principales de la canción (Im nin’alu daltei n’divim daltei marom lo nin’alu: “Si las puertas de los ricos están cerradas, las del cielo nunca lo estarán”). Esta intro llamó la atención de varios DJs, que la samplearon, por lo que la voz de Haza acabó formando parte de temas como Pump up the volume, de MARRS, o el remix que Coldcut hicieron de Paid in full, de Eric B & Rakim. Así que cuando Haza decidió editar su propia remezcla de Im’ Nin Alu, los DJs de discotecas y bares la recibieron con los brazos abiertos… y de ahí a las emisoras comerciales y las listas de ventas.

Una posible explicación de cómo llegó la primera versión de Im Nin’alu a oídos occidentales puede ser que ésta era la cara B del primer remix de un tema de Yemenite Songs que hizo Ofra Haza: Galbi. Publicado en 1985, este sencillo llegó a Europa sin que el gran público reparara en él hasta el éxito de Im Nin’alu, momento en el que fue remezclado una vez más en la versión que más conocemos para ser incluido en el disco Shaday.

Imitando a Lady Gaga antes de que Lady Gaga naciera

Imitando a Lady Gaga antes de que Lady Gaga naciera

Editado en noviembre de 1988, Shaday incluía estos dos temas así como nuevas grabaciones de viejos temas de Ofra Haza. Escuchado veinticinco años después, la parte más floja del disco son las grabaciones en las que cantante y producción abandonan los sonidos orientales, como la balada My Aching Heart, mientras que otros temas como Da’ale Da’ale o el que da título al disco suenan a una curiosa mezcla de ritmos ochenteros y deje oriental. Sin duda, uno de los cortes más destacados es Love Song, tema en el que Ofra Haza llega a poner la piel de gallina al cantar a capella unas estrofas del Cantar de los Cantares.

Haza no consiguió repetir el éxito comercial de Shaday con su disco siguiente, Desert Wind, aunque consiguió una nominación al premio Grammy en la categoría de World Music con su trabajo de 1992, Kirya. También colaboró con artistas tan variados como Sisters of Mercy o Paula Abdul, además de participar en bandas sonoras como La Reina Margot o El príncipe de Egipto. Ofra Haza moría inesperadamente el 23 de febrero de 2000, a los 42 años, dejando un legado de discos y canciones memorables que demuestran que hay mucha música y mucho pop más allá del mundo anglosajón.

Promusicae: número uno para Antonio Orozco

En una nueva demostración de que “La Voz” es un concurso que sirve más para que sus jurados aumenten su popularidad que para buscar nuevas voces, Antonio Orozco se coloca en lo más alto de la lista de discos más vendidos de España con Dos Orillas.

Britney Spears debuta con Britney Jean en el 12, mientras que Mago de Oz se colocan en el 14 con Celtic Land y Fangoria vuelve a entrar al 15 gracias a la reedición de Cuatricromía. Otras novedades de la semana son Muse en el 22 con Live at the Rome Olympic Stadium; Vetusta Morla en el 25 con la banda sonora que han hecho para el videojuego Los ríos de Alice; la Colección Definitiva de Miguel Bosé en el 32; Saturnino Rey, más conocido como Zatu, miembro de SFDK, con Yo Zatu y mi severa fractura de kráneo en el 41; Scorpions con MTV Unplugged en el 50; Franco Battiato y Antony & The Johnons con su disco conjunto Del suo veloce volo en el 61; Rapahel con Vuelve por Navidad en el 64; Tomeu Penya con Arruix en el 70; y Miguel Poveda & Rodolfo Mederos con Diálogos: De Buenos Aires a Granada en el 92.

En la lista de canciones Miley Cyrus sigue una semana más en lo más alto con Wrecking Ball, seguida de Manuel Carrasco con No dejes de soñar en el 2 y Hecho con tus sueños, de Efecto Pasillo con Leire, en el 3. La novedad más importante de la semana es la de Leiva en el 12 con Terriblemente Cruel, mientras que U2 se colocan en el 20 con Ordinary Love.

Curiosa es la entrada de The XX en el puesto 50 con Intro, canción de su primer disco, publicado en 2009.

Lista UK: la Navidad ya está aquí

Los compradores de discos británicos ya se están dejando conquistar por el espíritu navideño y se nota en la lista de ventas. One Direction siguen en lo más alto, vendiendo más de cien mil copias de Midnigt Memories, mientras que Robbie Williams y Gary Barlow se sitúan en el segundo y tercer puesto respectivamente. Entre las novedades de la semana nos encontramos con A Musical Affair, de Il Divo, en el 5; Freedom, el segundo trabajo de una de las finalistas de Factor X, Rebecca Ferguson, en el 6; The Christmas Album, de Richard & Adam, en el 25; Christmas with love, de Leona Lewis, en el 26; o Wrapped in red, de Kelly Clarkson, en el 65.

ArtPop, de Lady Gaga, se encuentra en el 32 en su cuarta semana a la venta. Sin embargo, la que se ha dado un buen batacazo ha sido Britney Spears. Su octavo trabajo, Britney Jean, sólo consigue colocarse en el 34, un dato desastroso, consecuencia, quizás, de unos sencillos que sólo han conseguido despistar al público.

En la lista de sencillos, Lily Allen vuelve al número uno con su versión del clásico de Keane, Somewhere only we know. Como todos los años, Mariah Carey vuelve a las listas con su All I want for Christmas is you, que esta semana se encuentra en el 14. La muerte de Nelson Mandela también se ha visto reflejada en la lista: U2 han entrado al 82 con Ordinary Love, su tema para la banda sonora de la película biográfica Mandela: Long walk to frredom, mientras que en el 96 aparece Free Nelson Mandela, el clásico de 1984 de The Special AKA.

La bipolaridad de Celine Dion: La diva en concierto

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Ver a una diva como Celine Dion en concierto no es algo que uno pueda hacer todos los días así que el anuncio de sus conciertos en París se convirtió en una oportunidad difícil de desaprovechar. Eso sí, a la hora de decidir ir a un concierto de la artista canadiense hay que tener en cuenta su bipolaridad artística, su doble cara y su doble troupe de fans: la angloparlante y la francófona. Y en este caso se iba a tratar de lo segundo.

Particularmente, yo soy de los que prefiero acudir a los conciertos sin conocer de antemano el tracklist que en ellos me espera. Me recuerda a cuando algún conocido te desvela la trama de una serie o te cuenta el final de una película dejándola absolutamente “inservible”. En esta ocasión, por razones ajenas a mi voluntad, algo había oído del listado de canciones que la Dion (así, con artículo, como las buenas divas) iba a interpretar en su mini gira parisina, supuestamente para presentar su último álbum en inglés, Loved Me Back to Life.

A las nueve de la noche comenzó el concierto . Sin grandes efectos especiales, Celine Dion apareció en un escenario grande pero sencillo, con el actual y “barato” recurso de la pantalla con proyecciones, que en algunos momentos, sinceramente, no pasaban de ser algo parecido al salvapantallas de iTunes (mi procesador de textos se empeña en que quiero poner atunes). Celine empezó a cantar y mis sospechas (que ya se habían alimentado cuando vi varias trompetas y cero violines) se confirmaron. Comenzó su recital entonando varias de sus canciones en francés para después regalarnos uno de sus primeros singles, Where does  my heart beat now, acompañado de un emotivo montaje audiovisual en el que veíamos a la cantante interpretando esa misma pieza en otros momentos de su carrera artística.

Durante una hora y tres cuartos (escasa duración para los escandalosos precios de las entradas) Celine Dion fue desgranando varias de sus canciones más conocidas en lengua gala intercalándolas con temas en inglés no precisamente de entre sus temas más actuales. En varios momentos del concierto dio la sensación de que Dion pedía disculpas a su público galo cuando se disponía a interpretar alguno de sus éxitos en inglés, a pesar de ser, seguro, consciente de la presencia en el París Bercy de muchos de sus fans más seguidores de sus comerciales singles en inglés que de los más minoritarios éxitos en la lengua del país vecino.

De ahí que en el momento de promocionar su single actual, el potente Loved me back to life compuesto para la de Quebec por la cantante SIA, Celine Dion se encontrara con un público frío, distante, incapaz en muchos casos de cantar con ella las estrofas de, sí, lo es, un singuelazo como Dios manda. Por el contrario, en el momento en el que Celine Dion lo daba todo cantando canciones como Ziggy o la muy tosta Terre el público francés se deshacía en alaridos y gestos de manos al más puro estilo conquistadores del final del mundo.

Y es que, a excepción de las baladas, los singles de Celine Dion en francés son más difíciles, más oscuros, más tenebrosos que sus éxitos en inglés. La sensación de coitus interruptus fue increíble. Acudir a un concierto de la diva y no encontrarse éxitos como A new day has come, I’m alive o, por pedir que no sea, Falling into you (por favor, si alguien localiza una interpretación en directo de esta canción que me la envíe) es algo muy decepcionante.

En lo más estrictamente musical, la interpretación de Celine Dion no deja lugar a la improvisación, perfección absoluta en su voz, que maneja sin ningún tipo de problema y, aparentemente, sin ningún tipo de esfuerzo físico. A ella lo de cantar le sale con la misma facilidad con la que a otros nos sale hablar. Se trata, eso sí, de una perfección interpretativa que, por el contrario, descarta la sorpresa si conoces al dedillo las canciones de la artista. Mismos giros, mismos requiebros, mismo tono, mismas expresiones… nada cambia en la interpretación de Celine Dion respecto a sus grabaciones, algo que, como buena diva que se precie, hace despertar las sospechas de playback tanto entre admiradores como entre detractores.

Lamentablemente, si a esta aburrida linealidad en su voz (siempre prefiero que un cantante haga variaciones, ligeras o no, en sus canciones respecto a lo escuchado en sus discos) le sumamos la selección de un repertorio mayoritariamente en francés y carente casi por completo de singles en inglés, nos encontramos con un aburrido recital más que un concierto. Todo ello hace que incluso cuando interpretó algún éxito en inglés, al estilo de All by myself (voz prodigiosa) o la inevitable My heart will go on ambas canciones se convirtieron en temas que para mí, anglofan, pasaron sin pena ni gloria (como cuando escuchas un random de la cantante en MP3 y pasas los baladones en busca de singles más moviditos).

Curioso fue el momento (que se puede “observar” en el siguiente vídeo) en el que comenzó a interpretar la canción de Titanic y su voz sonaba como si de un robot se tratara.

La Dion, ajena a todo, continuó con su sospechosa interpretación hasta que la orquesta decidió parar. Eso sí, después, interpretación completa de la redicha canción.

En resumen, un concierto imprescindible si amas su repertorio en francés y si en algún momento de tu vida quieres ver a Celine Dion y prescindible si tienes posibles y te puedes acercar a Las Vegas a disfrutar de su espectáculo A new day donde, ahí sí que sí, da rienda suelta a sus más conocidos y anglicistas éxitos.

Ay Celine, menuda noche me Dion.

Frozen: El reino del hielo

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Cuando Pixar estrenó Toy Story en 1995 comenzó una nueva etapa en la historia del cine de animación, en la que los tradicionales dibujos eran sustituidos por los gráficos generados por ordenador. Disney, que venía de acumular una trayectoria de grandes éxitos comerciales como La bella y la bestia o El rey león, vería como sus siguientes largometrajes de animación tradicional no conseguían atraer a las masas como antaño, sumergiéndose a principios de la primera década del siglo XXI en un cierto desconcierto, con películas claramente fallidas como Zafarrancho en el rancho. Sus primeros intentos de producir largometrajes de animación digital tampoco se saldaron con buenos resultados. Ni Dinosaurio, ni Chicken Little, ni Descubriendo a los Robinsons son especialmente memorables. Mientras productoras como Pixar, Dreamworks o Blue Sky se hacían con el mercado, la veterana productora de cine de animación parecía haber perdido el norte.

Pero todo eso fue cambiando con el estreno de películas como Tiana y el Sapo, Bolt, Enredados o Rompe Ralph. Puede que la incorporación de John Lasseter a la plantilla de Disney haya tenido algo que ver, pero quizás se deba también a que la empresa ha dejado de preocuparse por la competencia y ha decidido volver a sus propias raíces. El secreto del éxito de Enredados reside en gran parte en su recuperación de los elementos clásicos del canon Disney y su adaptación a la animación digital (un cuento de hadas, una princesa en problemas, un villano carismático, animales como personajes secundarios y canciones), mientras que Rompe Ralph demostraba la importancia decisiva que un buen guión y un buen diseño tienen a la hora de conseguir un resultado brillante. Digna heredera de ambas, Frozen: El reino del hielo está a la altura de ambas, pero no consigue superarlas.

Adaptar al cine el cuento de La Reina de las Nieves de Hans Christian Andersen ha sido un proyecto largamente acariciado por la Disney. Después de múltiples intentos y cancelaciones, la producción se puso en marcha por fin a comienzos del 2012. El argumento final tiene muy poco que ver con la narración original del autor danés, aunque en cierto punto respeta su esencia: nieve, frío y un corazón helado. Jennifer Lee, guionista también de Rompe Ralph y codirectora de Frozen junto a Chris Buck (director de Tarzán o Locos por el surf), ha construido una historia en torno a dos hermanas: Elsa y Anna. Cuando Elsa accede al trono y sus poderes mágicos se descontrolan sumergiendo al reíno en un invierno eterno, Anna saldrá en su búsqueda con la ayuda de un muñeco de nieve con vida propia, un vendedor de hielo de anchas espaldas y carácter rudo llamado Kristoff y su reno Sven. Estamos, en efecto, ante una historia tradicional de Disney, protagonizada por princesas, donde la magia hace acto de presencia en cada momento y el amor verdadero termina triunfando… Es lo que Disney sabe hacer mejor, pero eso no significa que la fórmula funcione por sí sola. En Frozen hay aspectos que se salen de la norma, como el hecho de que no exista un villano claro o que el protagonismo de la historia esté bastante dividido entre un cuarteto de personajes centrales, rodeados de unos secundarios perfectamente definidos en un par de brochazos… o píxeles. Como sucedía en Rompe Ralph, las cosas no son tan sencillas como parecen a simple vista y Frozen reserva un par de interesantes sorpresas en su argumento.

Cierto es que por momentos le falta la chispa que tenía Enredados o la complejidad en el retrato de personajes que hacía de Rompe Ralph una gran película, pero Frozen suple esa “frialdad” con un acabado técnico exquisito. La labor de dirección artística, inspirada en motivos artísticos escandinavos -entre otras referencias- es espectacular, tanto como el aspecto técnico y esa minuciosa recreación digital de la nieve y el hielo. Mención aparte merece la banda sonora, heredera de la tradición musical de Disney, con una vibrante y variada partitura a cargo de Christophe Beck (autor de la banda sonora de Buffy Cazavampiros, el corto Paperman y películas como Resacón en las Vegas, Crazy Stupid Love o Los Muppets) y canciones compuestas por Robert Lopez (compositor del musical Avenue Q, entre otros trabajos) y su mujer Kristen Anderson-Lopez, que le dan a la película cierto aire de espectáculo de Broadway… aunque quizás la inclusión de las canciones en la banda sonora esté un tanto desequilibrada, echándose de menos alguna de ellas en su parte final. En este sentido, Let it go, cantada por Idina Menzel cuando Elsa se aleja del castillo y da rienda suelta a sus poderes, tiene todos los números para convertirse en un clásico de las canciones con sello Disney.

Como demuestra Get a Horse! el simpático cortometraje que precede a Frozen, Disney sabe perfectamente que el éxito de sus propuestas reside en respetar los cimientos establecidos a lo largo de décadas de trabajo pero sin tener miedo a ponerlas al día con los últimos avances tecnológicas y los gustos del público de cada momento. Disney tiene una historia brillante detrás y un futuro cercano que los amantes del cine de animación esperamos con ansia, con Big Hero 6 como su próximo estreno.

Música y deporte

Hay una cosa que está clara: la práctica de deporte mejora con música. Ya sea en clase de spinning, en la sala de máquinas del gimnasio o corriendo por un parque, ir acompañado de tus auriculares y una buenas canciones puede hacer que tengas la sensación de que te cuesta menos esfuerzo mover esos pedales, levantar esos pesos o recorrer más kilómetros. Por eso no es de extrañar que Decathlon haya decidido comercializar su propio reproductor de mp3.


La peculiaridad del Nabaiji MP3 Delight es que es un modelo que se puede sumergir en el agua hasta 3 metros de profundidad. Con cinco colores para elegir, dos gigas de memoria y quince horas de autonomía, da para hacer muchos largos en la piscina mientras escuchas tu música favorita.