Mark Z. Danielewski: House of Leaves

house leaves small

House of Leaves es una novela de terror con la que el estadounidense Mark Z. Danielewski debutó en el año 2000. Se la puede calificar como “novela de terror” porque, en efecto, puede hacer que el lector duerma mal dos o tres o cuatro noches por la desazón que producen algunas de las ideas sobre las que está construido el libro, pero en realidad es mucho más que eso. House of Leaves es la historia de Johnny Truant, un joven veinteañero aficionado a las drogas y el sexo que trabaja como aprendiz en una tienda de tatuajes de Los Angeles. Una noche de invierno de 1996 su amigo Lude le despierta porque ha encontrado muerto a su vecino, un anciano ciego llamado Zampanò, y quiere que le acompañe a inspeccionar el apartamento del fallecido. Ahí Truant encuentra centenares de páginas escritas en las que Zampanò disecciona una película titulada “The Navidson Record”, un supuesto documental que narra la historia del famoso fotógrafo Will Navidson, quien se traslada con su familia a una casa en Virginia. Un día, sin previo aviso, una puerta aparece en la pared del salón. Aunque por su posición debería dar paso al exterior de la casa, la puerta conduce a un pasillo sumergido en la oscuridad que conduce a otro pasillo que conduce a una enorme sala que conduce a una sala mayor en la que se encuentra una gigantesca escalera de caracol que desciende en la oscuridad hasta… House of Leaves trata, pues, sobre la grabación de los eventos que sucedieron en una casa encantada tal y como los analiza un anciano ciego tal y como los editó Johnny Truant para publicar el libro, salpicándolo con sus propias notas a pie de página que acompañan a las que hace Zampanò, además de las que hacen los editores del libro. Y en este juego de espejos, muñecas rusas y arquitectura escheriana, el lector no deja de ser una pieza más del engranaje. No es de extrañar que House of Leaves se haya convertido en una novela de culto en el mundo anglosajón.

Una lectura muy adecuada para el metro
Una lectura muy adecuada para el metro

House of Leaves es una de esas obras que van más allá de lo posmoderno, una novela donde lo que se cuenta llega a ser menos importante de como se cuenta. Danielewski juega con los colores (la palabra “casa” siempre aparece escrita en azul, por ejemplo), los tipos de letra, los idiomas, la disposición del texto en las páginas… incluso llega a utilizar el Braille para una de ellas. Leer este libro es entrar en un laberinto tan extraño y cambiante como el que aparece en la casa de Navidson.

Quizás todo sea un truco para superar las 700 páginas.
Quizás todo sea un truco para superar las 700 páginas.

El mérito de Danielewski es haber conseguido que todo este juego estilístico y casi arquitectónico a la hora de presentar House of Leaves al lector tenga unos cimientos profundos. El libro es más que un experimento formal: hay una, dos o tres historias detrás de estas páginas capaces de inquietar, fascinar y emocionar al lector… aunque personalmente me interesaron más las aventuras de Navidson en el interior del laberinto del Minotauro que el descenso a los infiernos y a la locura de Truant.

Todo se entiende en su contexto.
Todo se entiende en su contexto.

A lo largo de sus páginas tenemos sitio también para chistes, ensayos filosóficos, polaroids, collages, las cartas de Pelafina escritas a su hijo desde el sanatorio mental de Whalestoe… Y por si fuera poco también existe Haunted, un interesante disco publicado el mismo año de edición de House of Leaves por Poe, hermana de Marz Z. Danielewski, inspirado en los personajes y escenarios del libro. Afortunadamente para los lectores españoles, por fin se ha traducido el libro a nuestro idioma. La casa de hojas será publicada por Alpha Decay en colaboración con Palido Fuego este próximo otoño.

Arenal Sound 2013: resumen de lo sucedido

El domingo se cerró la cuarta edición del Arenal Sound con unas cifras de asistencia total de 280.000 espectadores -unos 55.000 diarios-, según sus organizadores. Sin embargo, aunque estos datos le conviertan en el festival más multitudinario de España, está claro que aun está muy lejos de la fama y del prestigio que sí tienen otros eventos musicales como el FIB o el Primavera Sound. El Arenal Sound tiene otro espíritu: ofrecer una semana de música y fiesta a precios populares (los 30 euros que puede costar el abono están muy lejos de los precios que se manejan en los festivales anteriormente citados), sin grandes patrocinadores ni despliegues y un cartel en el que no aparecen grandes estrellas ni nombres de moda, pero sí grupos y artistas lo suficientemente interesantes para el aficionado a la buena música. ¿Que se monta un enorme botellón en los alrededores digno de Spring Breakers? ¿Que la gente va a los conciertos en bikini y bañador? Tan cierto como que no hay que hacer una hora de cola para cenar y tan verdadero como que siempre encuentras un sitio donde estar cómodamente sentado sin dejar de escuchar al grupo de turno.

Atardeceres de asfalto y plástico en Arenal Sound
Atardeceres de asfalto y plástico en Arenal Sound

Uno de los grandes atractivos del Arenal Sound es poder ver en pocos días a varios de los grupos más interesantes del pop nacional. Xoel Lopez, McEnroe, Cyan o The Leadings fueron algunos de los nombres que animaron las dos noches previas al festival propiamente dicho. Pudimos ver como Dorian demostraron que también han ganado sobre el escenario la madurez que ya percibimos en La velocidad del vacío, su último disco. También quedó claro que Tormenta de Arena ya se ha convertido en un clásico del pop español de la pasada década (habría que ver cuantos la conocieron gracias a A tres metros sobre el cielo). Lori Meyers, por su parte, supieron no centrar su concierto exclusivamente en los temas de Impronta por mucho que éste haya el disco más vendido de su carrera. Delafé y Las Flores Azules tampoco defraudaron a sus seguidores, sabiendo transmitir ese buen rollo que les ha caracterizado desde sus inicios. Buen rollo, simpatía y pelazo fue también lo que nos ofreció Carlos Sadness desde el desagradecido escenario Coca-Cola, por el que también pasaron grupos como Efecto Pasillo, La Sonrisa de Julia, Canteca de Macao o La Pegatina. We Are Standard derrocharon energía y descaro, un descaro que siempre ha caracterizado a Hidrogenesse quienes, por supuesto, cantaron sus himnos Disfraz de Tigre y No hay nada más triste que lo tuyo. Tampoco Iván Ferreiro renunció a los clásicos de los Piratas, Promesas que no valen nada y Años 80, ni a su emeblemático Turnedó. Bigott y Manel me resultaron un poco más monótonos, aunque no se puede decir que no dieran buenos conciertos, al igual que La Habitación Roja, un grupo del que siempre espero un poco más de lo que me da en directo.

Standstill, en su catedral
Standstill, en su catedral

Mención aparte se merecen Standstill, que presentaron Cénit, un espectáculo basado en las canciones de Dentro de la luz, el disco más reciente de esta ya veterana banda. Imaginería medieval, pantallas góticas y rayos láser acompañaron a unos temas que recuperan las esencias del rock en español y que sonaron espectacularmente bien en un entorno que, a priori, no parece el más propicio para este tipo de propuestas. Para mí fue uno de los mejores momentos de esta edición del Arenal Sound.

Sorprendente fue también la propuesta de Bonaparte. Este grupo afincado en Berlín y liderado por el suizo Tobias Jundt convirtieron el escenario en un circo punk con momentos divertidos y provocadores a cargo de un trío de bailarines que aparecían y desaparecían con todo tipo de coloridas vestimentas (o sin ellas). Temas como Mañana Forever o Computer in love (I’m your glory hole to the universe, dice la letra de esta última, toda una declaración de intenciones) sonaron mucho más contundentes en directo que en sus correspondientes discos.

Entre los grandes nombres internacionales, The Maccabees dieron, seguramente, el mejor concierto del festival, aunque hay que reconocer que su música o su puesta en escena, como la de White Lies, quizás no sean las más adecuadas para un festival playero como el Arenal Sound. Con su rock directo y poco pretencioso, The Fratellis y The Kooks dieron conciertos más eficaces, al igual que unos Klaxons que no escatimaron energía e hicieron bailar a los asistentes -incluida la mujer de su teclista, Keira Knightley- arrancando su actuación con From Atlantis to Interzone y haciendo que todos nos preguntemos a qué esperan para editar su tercer disco. También The Drums tienen pendiente publicar un tercer disco, pero vista la desgana con la que actuaron en Burriana, dudo mucho que lleguemos a verlo. Nada que ver con unos Is Tropical que hicieron feliz a una fan al invitarla a subir al escenario y cantar con ellos Dancing Anymore. Por su parte, Editors cumplieron con creces su papel como cabezas de cartel y demostraron qué tienen un repertorio con suficientes grandes temas e incluso lograron que las canciones de su trabajo más reciente ganaran dimensión en directo. Especialmente destacable fue el cierre de su concierto con una versión alargada de su electrizante Papillon, un tema que sigo sin entender como no se convirtió en un superventas cuando fue publicado.

La caída del cartel en el último momento de los suecos The Sound of Arrows hizo que nos quedáramos sin ver a uno de los grupos de pop electrónico más interesantes (y bonitos) del momento. Sus compatriotas The Royal Concept fueron los encargados de sustituirles y, aunque se esforzaron, hay que reconocer que su mejor momento fue cuando hicieron una versión del Digital Love de Daft Punk. Mucho mejor estuvieron The Whip, gracias a que cuentan en su repertorio con un arma infalible como Trash y unos tremendos guitarrazos. Tampoco decepcionaron Totally Enormous Extinct Dinosaurs, que dieron una lección de como hacer bailar a miles de personas con una propuesta electrónica que no renuncia a matices y sutilezas. Todo lo contrario de un endiosado Steve Aoki, cuyo poder de convocatoria es tan innegable como el poco interés que tuvo una sesión basada en ritmos y subidones tan rudimentarios como los de un tema de relleno del Maquina Total 3. El hecho de que pinche el Get Ready For This de 2 Unlimited como si la canción no tuviera ya más de veinte años es bastante revelador de lo que dio de sí su actuación en el Arenal Sound. Eso sí, no faltaron sus tartazos.