SIT DOWN, STAND UP (Snakes & Ladders)

-Ya llevas cinco meses en el paro, es tiempo suficiente para que hayas decidido hacia donde quieres dirigir tu vida, ¿podrías contármelo?

No, no estaba tumbado en el diván de un gabinete psicológico ni estaba hablando por teléfono con mi madre. Estaba en el piso 28 de un rascacielos situado en el centro de la ciudad, con el paisaje urbano detrás de mí y una sonriente consultora de recursos humanos al otro lado de la mesa, en una sala de reuniones bastante acogedora dentro de la austeridad oficinal propia de esos lugares. La miré durante un segundo antes de responder. Un segundo en el que decenas de pensamientos bulleron dentro de mi cabeza. ¿Cómo contarle a una desconocida que no tengo nada claro hacia donde llevar las riendas de mi vida? ¿Cómo explicarle que ésta es la primera entrevista de trabajo que he conseguido desde finales de diciembre sin parecer un fracasado o alguien que se pasa el día tumbado a la bartola? ¿Cómo decirle que el traje de Zara que llevo puesto lo compré hace un par de semanas para ir a una Primera Comunión con la idea de utilizarlo en este tipo de situaciones? ¿Cómo hacerle entender que, tal y como está el patio, haber conseguido estar aquí, hablando de mi curriculum con ella es ya un pequeño éxito personal? ¿Cómo convencerla de que soy una persona perfectamente valida para ese trabajo que me ofrece aunque no tenga la titulación académica que le corresponde? ¿Voy a tener que contarle a esta mujer cuáles son mis ilusiones, mis decepciones, mis fantasías y mis proyectos? ¿Cómo hacerlo sin parecer ridículo, ingenuo o demasiado ambicioso? ¿ES una pregunta con trampa? ¿O es una pregunta con premio? ¿Soy sincero con ella o entro en este juego de simulaciones que son las entrevistas de trabajo? Si la vida es una película, ¿son los encargados de recursos humanos los directores de casting más crueles?

Lo que respondí pareció satisfacerla. O quizás no, porque en seguida pasó a la siguiente pregunta.

-Y, ¿dónde te ves dentro de dos meses?

-Trabajando, respondí.

REVIVAL EN CINTA

En una semana, Bright Light Bright Light, mi artista favorito de esta temporada (lo siento, Lana, tú sabías que lo nuestro no era para siempre) publicará por fin su primer disco. Y en un ataque de nostalgia, además de hacerlo en compacto y vinilo, también lo va sacar como cassette.

casette bright light

Ay, las cassettes. Seguramente que fue el primer formato en el que los que ahora somos treinteañeros escuchamos música, permanentemente conectados a nuestros walkmans y nuestros auriculares. Seguramente fui el único que no se preocupaba por las pilas y confieso que nunca utilicé un bolígrafo bic para rebibinarlas. Aun conservo muchas cintas vírgenes repletas de éxitos de finales de los ochenta y de los noventa grabadas de la radio y que me acompañaron en muchos viajes en coche. Después llegó el compacto a nuestras vidas y terminamos acumulando terabytes en formato mp3 en nuestros discos duros… En todo caso estos arranques nostálgicos le sientan muy bien a la música de un artista que combina como pocos la electrónica con la emoción.

Y es tan mono con esas orejas de soplillo.

CRÓNICAS DE JERUSALÉN

cronicasdejerusalen

“Crónicas de Jerusalén” es el último libro publicado por el dibujante francocanadiense Guy Delisle y sería el cuarto en una serie que comenzó con la publicación de “Shenzen” en 2000 y siguió con el imprescindible “Pyongyang” (2003) y “Crónicas birmanas” (2007). Al igual que en los títulos anteriores, Delisle se basa en sus experiencias personales para hacer una crónica de su estancia en Israel, país en el que vivió de agosto de 2007 a 2008 junto con sus hijos y su mujer, desplazada ahí por su trabajo para Médicos sin Fronteras.

Delisle es siempre el protagonista absoluto de estos libros y eso hace que el lector se pueda identificar fácilmente con él. Leerlos es ponerse en su piel y ver la realidad de Jerusalen o Corea del Norte a través de sus ojos. Las pequeñas anécdotas, los hechos aparentemente triviales o los detalles costumbristas dicen mucho más de estos lugares que cualquier documental. En sus primeras páginas, por ejemplo, Delisle dibuja su visita a un asentamiento judio situado en la parte oriental de Jerusalén. Termina yendo a un centro comercial donde encuentra su marca favorita de cereales para el desayuno. Después de varias dudas, decide no comprarla, ya que según las ONGs, “comprar en los asentamientos es apoyarlos”. Al salir del local, se encuentra con tres mujeres árabes que salen del mismo supermercado con las bolsas llenas de productos que acaban de comprar. Éste es sólo uno de esos momentos inesperados que retratan a un país dividido en dos bloques trágicamente enfrentados y condenados a entenderse.

Por supuesto, en “Crónicas de Jerusalen”, Delisle también visita los lugares santos, pasea por los barrios de los judios ultraortodoxos, conoce Hebrón de la mano de una organización de antiguos militares israelíes que denuncia la ocupación (y después vuelve a visitar la ciudad junto con los colonos que la ocupan), viaja a Tel Aviv y Ramala, pasa por los chekpoints, dibuja páginas y páginas del muro construido por el gobierno de Israel para marcar su frontera con Palestina, hace turismo, compra un coche, come kebabs…

R.M.S. MAJESTIC

Cuando murió mi abuela, tuvimos que recoger el piso en el que había vivido durante décadas con mi abuelo. Mi madre y sus hermanas se repartieron libros, muebles, alguna antigua joya y otros recuerdos. Los nietos también elegimos algunas cosas. Una prima se quedó con un par de cuadros que mi abuela había pintado en su adolescencia, mi hermano tiene en su piso la placa con el escudo de la familia y yo me quedé con este cuadro.

Es la ampliación enmarcada de una postal del RMS Majestic. Bautizado como Bismarck, este barco fue construido entre 1913 y 1914 en los astilleros Blohm & Voss, situados en la isla Kuhwerder, cerca de la ciudad alemana de Hamburgo. El estallido de la primera guerra mundial hizo que los trabajos de construcción se detuvieran y, al finalizar la contienda, el tratado de Versalles estableció que las autoridades germanas debían de entregar éste y otros barcos al Reino Unido como compensación por el hundimiento del HMHS Britannic. La transferencia se hizo finalmente en 1922 pasando a ser propiedad de la compañía White Star, la naviera propietaria del legendario Titanic. Rebautizado como RMS Majestic, hizo su primer viaje el 12 de mayo de 1922 yendo desde Southampton hasta Nueva York con escala en Cheburgo. Pronto se convirtió en una de las naves más populares del momento, transportando a miles de pasajeros de una orilla a otra del Atlántico. Con más de 290 metros de eslora, fue el barco de pasajeros más grande del mundo hasta 1935, cuando fue superado por el francés SS Normandie. Por entonces, los días de gloria del Majestic ya habían quedado atrás, principalmente como consecuencia de la Gran Depresión y la decadencias de esta forma lujosa de viajar. Un año después, en 1936, sería vendido a la Marina británica, quien lo convertiría en un barco de entrenamiento para cadetes con el nombre de HMS Caledonia, misión que cumplió hasta que el 29 de septiembre de 1939 un cortocircuito provocó un incendio a borde, hundiendo a la nave en los muelles de la localidad escocesa de Rosyth. En 1943 fue reflotado y desguazado para chatarra, poniendo fin a una época de la historia de la navegación.

Ésta es la historia del Majestic, pero un barco con capacidad para transportar a 2.145 pasajeros ha tenido que ser testigo de muchas pequeñas historias. Una de ellas tuvo lugar cerca del año 1924, cuando mi abuela, acompañada de sus padres y sus dos hermanas subió a bordo en el puerto de Nueva York. Ella debía de tener unos seis años y hasta entonces apenas habría salido del pequeño pueblo de Nuevo México en el que nació. En menos de una semana, el Majestic la llevó al Viejo Mundo, la tierra donde estaban sus raíces. Cuando veo la foto, no puedo dejar de imaginar a esa niña aventurera corriendo por la cubierta del barco, en medio de la inmensidad azul del océano, y sonrío.

CALLEJEROS

A finales del siglo pasado, el que escribe estas líneas consiguió uno de sus mayores éxitos profesionales al ser admitido como becario en Canal 4 Navarra, la televisión local de Pamplona. Por 10.000 pesetas al mes (que a veces tenía que mendigarle al cajero pagador), trabajaba todas las mañanas para los servicios informativos. Y una vez al mes, también los fines de semana, en los que me mandaban a hacer reportajes de temas tan apasionantes como el mercadillo de los domingos en Landaben.

Y yo sin darme cuenta de que me había inventado “Callejeros”. Así queda inaugurado mi nuevo canal de Youtube.

LA MENTE EN TWEETS

Internet nos ha convertido en una sociedad donde todos estamos sumergidos en una permanente conversación. Hablamos por el móvil, hablamos por tweets, hablamos por estados de facebook, hablamos por sms y whatsapps, hablamos por comentarios en blogs, hablamos por noticias que compartimos en Meneame, nos pasamos el día “hablando”. Las redes sociales son como una inmersa conversación de bar donde cabe todo y cabemos todos. Y sin habernos dado cuenta, todo ha cambiado con ellas.

Hace veinte o quince años, las conversaciones de bar se quedaban en el bar, entre cañas y cigarrillos. Y además, había temas de los que no se podía hablar, opiniones que si se expresaban en voz alta no eran tomadas en serio y asuntos que a nadie parecían interesar. Internet lo revolucionó todo: el aficionado a aquel cantante minoritario/tebeo de culto/director desconocido/música de Islandia/festivales de Eurovisión/fetiche sexual incofensable pudo encontrar a otros aficionados como él y sentirse un poco menos solo en el mundo. En nuestros días hay que ser muy raro para ser un bicho raro en la red de redes.

Y esto pasa también con las ideas. Lo que se llama opinión pública es mucho más pública que antes. Al fin y al cabo, antes la opinión pública era, más bien, opinión publicada. Sólo existía si llegaba a los medios de comunicación. Si estos no se hacían eco de un pensamiento, de una tendencia, de una idea, era como si en la práctica estos no existieran. Ahora no, ahora uno puede opinar de lo que quiera y, de repente, terminar convertido en Trending Topic. Antes, oficialmente, en este país ser republicano era una rareza: no éramos especialmente monárquicos, pero en la prensa se nos definía como “juancarlistas”. Ahora, tweet a tweet, comentario a comentario, nadie se calla a la hora de criticar a la Corona o de defender la posibilidad de que España sea una república. O de ridiculizar a una empresa de lujo que se pone los bolsos en la cabeza. O de hacer triunfar una canción en portugués porque la baila un futbolista millonario. O de indignarse y acampar en una plaza pública. No es que Twitter y compañía sean un Gran Hermano que todo vigila y todo lo magnifica, es que los tweets se han convertido en la descripción, en tiempo real, de nuestro inconsciente colectivo. Jung estaría encantado.

SEGUNDO TIEMPO

Con unas cañas y unos platos de jamón y chorizo en el bar de la esquina se terminó mi curso del Inem. Y yo tuve la sensación de que mi período de adaptación a la vida de parado se había acabado con él. Comienza ahora el segundo tiempo. Ahora es cuando hay que sacar la artillería pesada, poner toda la carne en el asador, jugarse el todo por el todo, esforzarse un 200%, definir objetivos para alcanzarlos…

Pero antes me fui de puente a Pamplona. Mi madre había comprado camas nuevas para que Diego pueda dormir en mi cuarto cuando subimos a Pamplona y había que estrenarlas. No haber ido hubiera sido como que se derrumbara el muro de Berlín y nadie cruzara la frontera. El día del trabajo (juas) subimos al Pirineo. Más nieve que en invierno y las estaciones de esquí cerradas. El río crecido, corrientes de agua cayendo por las paredes de las montañas, campos verdes y potrillos recién nacidos aprendiendo a trotar. Dan ganas de comprarse un huerto y retirarse al campo. Por la tarde, nos pegamos al televisor para ver mi paso por “Pasapalabra”. Sigo siendo pobre, pero al menos mi participación en el rosco no fue tan desastrosa como recordaba.

Y ahora, a buscar trabajo.