Archivo por meses: abril 2012

EL VASO MEDIO LLENO

La primera vez sufrí, pero con el tiempo mis piernas se han hecho más fuertes y el trayecto de vuelta a casa desde la entrada de la urbanización me va costando cada vez menos. Todavía me bajo de la bicicleta al llegar a la cuesta más empinada, pero el día en que la suba de un tirón estaré en condiciones de disputar la Flecha Valona. Cuando paso cerca del campo de equitación, siempre veo a una mujer sobre su caballo, cabalgando tranquilamente. Al verla, no puedo dejar de acordarme de Betty Draper y me doy cuenta de lo mucho que ha cambiado mi vida desde que abandoné el centro de Madrid y me trasladé a esta urbanización de mansiones dondes los jabalíes y zorros (y los armadillos y los koalas, dicen algunos) atraviesan las calles y se cuelan en los jardines.

Cuando hace buen día, puedo salir al jardín a desayunar mientras el perro juguetea con el perro del vecino a pesar de que les separa una valla y el gato exige mimos matutinos. Las macetas que antes adornaban el alfeizar de mi ventana reposan ahora en unos escalones. Algunas de ellas han florecido, otras lo harán pronto. Después navego por las redes sociales o practico la alquimia con el Ipad hasta que llega la hora de bajar al gym. Si no me apetece ir en bicicleta, cojo el bus. El conductor ya me conoce y me saluda amablemente. Los veintipico minutos que dura el trayecto los dedico a escuchar música. El gimnasio de la urbanización vecina es pequeño pero lo tengo para mí solo. Mi monitor me ha hecho una buena tabla y con un poco de esfuerzo por mi parte luciré abdominales este verano en la piscina. Notarme más fuerte hace que me sienta mejor.

Por las tardes he estado haciendo un curso. He aprendido cosas nuevas y he conocido otras visiones sobre lo que es estar en el paro. He descubierto también que el café en los 100 montaditos sólo cuesta un euro. A veces, antes de ir a clase, quedo con mis amigos para comer. A veces, después de ir a clase, quedo con mis amigos para cenar. O voy con Diego a nuestro nuevo cine favorito, los Manoteras. Entre semana están desiertos, las pantallas son enormes y el precio de las entradas es más que razonable. En algunas ocasiones no he ido al curso porque he estado trabajando como figurante en una teleserie o porque he participado en un par de concursos de televisión con suertes muy distintas. Ha sido divertido.

Y si no hay ningún plan, vuelvo a casa en el semivacío autobús nocturno mientras veo cómo las luces de los aviones se confunden con las estrellas en el cielo de Madrid. Por las noches abrazo a Diego y, a veces, si él se duerme antes, juego a sincronizar nuestras respiraciones y en seguida me duermo yo también.

AMOR, PARTE II

Chico listo, tienes un ojo puesto en el reloj para comprobar que ahora no estás perdiendo el tiempo, ¿verdad? No eres como esos otros, que sólo ocupan un espacio desperdiciado. Por eso tengo ahora todo el tiempo del mundo, para ti. Puedes coger estas horas y hacer como que encajas con todos mis días, y yo te cogeré de la mano y te diré: “Haz lo que quieras conmigo, y deja que todo el mundo vea que estoy enamorado otra vez”. Has cambiado mi mente, me has tomado por sorpresa. Sí, estoy enamorado otra vez.

Chico listo, tienes tu mano junto a la mía, no dejes que me pierda de vista. Puedes coger las palabras directamente de mis labios y hacer con ellas lo que quieras, yo voy a seguir aquí. Porque, te lo digo otra vez, puedes hacer conmigo lo que quieras, puedes hacer que todo el mundo sepa que me he enamorado otra vez. De ti.

Hoy hace cinco años que Diego y yo nos vimos por primera vez. Y en ese momento, yo empecé a enamorarme otra vez. De él.

NO VOLVERÁ

“¿Cuándo volverá todo a la normalidad?”, se pregunta Roger Sterling en el tercer episodio de la más reciente temporada de “Mad Men”. La juventud enloquece con los Rolling Stones, los negros exigen igualdad de derechos, los empleados a los que antes se miraba por encima del hombro empiezan a volverse exigentes e irrespetuosos, la sociedad está cambiando, ciertos valores dejan de tener vigencia… Y el espectador, desde su butaca y la perspectiva que da estar en 2012 y no en 1966, sabe que para desgracia de Roger, las cosas no van a volver nunca a la normalidad.

¿Cuándo volverá todo a la normalidad?, se pregunta tanta gente en la actualidad. ¿Cuándo volverá la economía a funcionar? ¿Cuándo recuperaremos nuestros trabajos o nuestro poder adquisitivo? ¿Cuándo volverá la gasolina a tener el precio de antes? ¿Cuándo volveremos a ser ricos? ¿Cuándo volveremos a no preocuparnos por los problemas de países tercermundistas? ¿Cuándo volverá Europa a ser el centro del mundo? La mujer que viene del futuro, en vez de traernos lejía, nos debería decir la verdad: las cosas no van a volver nunca a la normalidad.