Archivo por meses: Febrero 2012

NACIDOS PARA MORIR

Tú eres ese tipo de chica que consigue que jugar a antiguos videojuegos una tarde anodina de otoño se convierta en una velada inolvidable. Dices que el cielo es un lugar en la tierra cuando estás conmigo y haces que ni siquiera me acuerde de Belinda Carlisle. Me cuentas historias de tus amigas, de Lolita, de Carmen, de tus excursiones al hipódromo, de esos hombres malos que te regalan joyas y te roban el corazón, pero yo no sé si creerte. Sé que a las chicas como tú les gusta inventarse vidas, hazañas, dramas, pasados de glamour y decadencia. Tú crees que no me he enterado, pero sé que antes pedías a los demás que te llamaran Lizzy y ahora dices que tu nombre es Lana, como alguna antigua actriz de Hollywood de la que seguramente hayas visto más fotografías que películas. Tu apellido hace referencia a un modelo de Ford que seguramente no hayas conducido nunca.

Tú eres ese tipo de chica que consigue que tipos como yo se lancen a recorrer las carreteras nocturnas sólo porque tú quieres que te lleven a un lugar bonito, a un palacio barroco o a un motel de carretera con una piscina en la que puedas bañarte sólo por el placer de que te vean sumergirte en el agua. Tú eres ese tipo de chica que se atreve a cantar a pocos metros de los tigres pero dentro de ti tienes miedo a que se abalancen sobre ti y te devoren. Cuando te miro, no consigues aguantar la mirada. Cuando te miran los demás, no encuentras tu tono y te pierdes sobre el escenario. Pero prometes amor eterno mientras bebes un Diet Mountain Dew y consigues que tu envaramiento se convierta en algo fascinante.

Tú eres ese tipo de chica que canta a la tristeza veraniega y a los paraísos oscuros, a la radio y a los hombres que prometen gastar un millón de dolares. Es entonces cuando te miro y sospecho que eres esa chica intensa que tiene un padre rico con amigos y contactos para conseguir todos los caprichos de su niña. Quizás todas tus historias sean tan auténticas como tus labios. Quizás sean puro artificio. Pero no dejes de contarme tus mentiras, porque me encantan.

Y en una cosa tienes toda la razón, Lana. Hemos nacido para morir.

EL TOPO

Hay una escena de “El Topo” en la que coinciden en pantalla Benedict Cumberbatch y Laura Carmichael. Él es el Sherlock Holmes contemporáneo de la BBC y ella es Lady Edith Crawley, la hermana fea de “Downton Abbey”. El teléfilo en su vertiente más británica se alegra al verlos y reconocerlos y se congratula de la facilidad con la que los actores pueden saltar actualmente de la pequeña a la gran pantalla, algo que en los 80 y en los 90 era prácticamente inconcebible. Éste es sólo un indicio más de que el tópico de que “el mejor cine se hace ahora en televisión” es una Gran Verdad Incuestionable.

Pero “El Topo” (en su versión original “Tinker Tailor Soldier Spy”, un título que hace referencia a una canción infantil inglesa) es precisamente una de esas películas que pueden reconciliar al público con el cine actual, una propuesta cinematográfica para el espectador maduro y exigente que sabe disfrutar con una propuesta excelentemente escrita, dirigida e interpretada. “El Topo” es la adaptación a la gran pantalla de la novela escrita en 1974 por John le Carré y ambientada, lógicamente, en el mundo de los espías de la Guerra Fría. Gary Oldman, nominado por primera vez al Oscar gracias a su trabajo en esta película, interpreta a George Smiley, un agente encargado de descubrir al topo que los soviéticos han conseguido infiltrar en la cúpula de los servicios secretos británicos. ¿Quién será el traidor?

Desde el arranque de la película, ambientado en un café de Budapest, el director sueco Tomas Alfredson -quien dio el salto internacional con su anterior cinta, “Déjame Entrar”- sumerge al espectador en una espiral de intriga y tensión sin descuidar la caracterización de cada uno de los personajes principales de la acción, envolviéndolos en una sutil ambigüedad moral. “El topo” es una película de suspense, pero también una disección de un grupo de personajes que dan la oportunidad de lucirse a un brillante conjunto de actores, desde los veteranos como Ciaran Hinds, Colin Firth, John Hurt o Toby Jones hasta lo más jóvenes como Tom Hardy o el ya mencionado Cumberbatch, tan feo que resulta irresistiblemente atractivo.

En resumen, si sólo vais al cine a ver una película al año, “El topo” sería una de las opciones más recomendables. Ah, y con su partitura para ella, el español Alberto Iglesias ha conseguido su tercera candidatura al Oscar.

ENCUENTROS CON ENTIDADES

Sin apenas darme cuenta, ya he superado la cuesta de enero y he llegado a la de febrero. Mi primer mes de parado ha transcurrido bastante más rápido de lo que pensaba. Esta vida desempleada y desocupada me ha enseñado ya varias cosas. La primera de todas es que no tiene nada que ver con unas vacaciones. Esto puede parecer una evidencia, pero deja claro que las frases del tipo “ahora puedes dedicar un poco de tiempo a ti mismo” o “tómate un par de meses de relax y luego ya te pones a buscar” -frases que yo he llegado a pronunciar cuando era un miembro productivo de la sociedad capitalista- son tan bienintencionadas como erróneas. El cuerpo y la mente no se relajan en esta situación. Es cierto que hay días más provechosos que otros, días en que te pasas las horas perdiendo el tiempo y días en que mandas un centenar de currículos a las ofertas más inverosímiles.

Poco a poco, voy desarrollando una rutina. Suelo levantarme a las nueve de la mañana. Desayuno viendo a Ana Pastor. Después me pongo delante del ordenador y consulto mi correo. Infojobs se ha convertido en mi web de cabecera, aunque creo que hay más posibilidades de que me toque la primitiva que de que me respondan en algunas de las ofertas a las que me apunto. Infojobs hace que se me planteen varias dudas: ¿Por qué parece que siempre se publican ofertas para ocupar puestos muy altos (para los que no tengo experiencia o conocimientos suficientes) o muy bajos (para los que estoy demasiado cualificado y por tanto no intereso a las empresas)? ¿Será que las empresas se dividen ahora en jefazos y curritos? ¿Por qué hay tantos puestos en la sección de Marketing y tan pocos en el de Comunicación? ¿Debería hacer un master al respecto? ¿Debería haber estudiado otra carrera? ¿OH DIOS MÍO, EN QUÉ ME HE EQUIVOCADO?

Cuando las dudas existenciales me atacan, en vez de llorar o darme de cabezazos contra la pared, opto por irme al gimnasio a quemar tensiones (esto, unido a que ya no pruebo la comida de la cantina de la empresa, ha hecho que esté más en forma que nunca) o me relajo viendo alguna serie. Hace unos días terminé de ver “American Horror Story” y he seguido con mi revisión de “Mad Men”. A falta de experiencia en Marketing, confío en aprender algo de Don Draper y sus secuaces. Ya domino el arte de sentarme en un sofá con las piernas dobladas y el brazo extendido por el respaldo. Sin cigarrillo, eso sí.

Por suerte, no estoy solo en esta extraña etapa de mi vida. Comparto consejos, angustias y ánimos con compañeros de facultad y otros compañeros de mi anterior trabajo que están en mi misma situación. Fantaseamos con hacerles vudú a nuestros antiguos superiores y jefes de personal mientras tomamos un café o comemos en algún local donde haya menú del día. Ahora uno ya no se puede permitir derrochar el dinero como antes. En realidad, nunca me lo pude permitir, pero vivir por encima de mis posibilidades era tan divertido…

Al final, uno llega a la conclusión de que debe esforzarse mucho más en su búsqueda de empleo, que debe tirar mucho más de las relaciones sociales y de los contactos, que debe aprovechar mucho más su tiempo y que la solución está en convertirse en emprendedor, autónomo o freelance. O en mi caso, presentarse a concursos. Mañana tengo el casting para uno en el que, si todo sale bien, puedo llevarme más dinero del que jamás pensé ganar trabajando.