LA MUDANZA MÁS LENTA DEL MUNDO

Hace un par de domingos, mi madre, mi hermano y mi cuñada conocieron la casa de Diego y mi futura -casi presente- residencia. Yo hice una merienda con chocolate y bizcocho y ellos dieron el visto bueno a mi traslado. El perro, el gato, los ratones y yo lo celebramos con alborozo. Y Diego, también, claro.

Aunque, en realidad, llevo trasladándome a esa casa desde hace semanas. Cada día que voy dejo algún trasto útil o inútil en su -nuestra- habitación: un par de libros, una decena de camisetas, un despertador, un termómetro, un montón de calcetines, mi Nintendo DSI XL… La pasada semana fuimos a Ikea a por una estantería Expedit 2×2 para que pueda poner mis discos, mi aparato de música y otros cuantos cacharros más. Otros no llegarán a viajar a la sierra. Una mudanza es una buena oportunidad para tirar a la basura todas esas cosas absurdas que acumulamos en casa.

Y con esto ya tengo entretenimiento hasta mediados de febrero.

DIEZ CANCIONES PARA BAILAR LOS 90

Los noventa fueron años de grunge, de britpop, de efervescencia en el mundillo de la música indie española, una época de grupos y artistas que cantaban su rabia y su desencanto y que se convirtieron en la voz de lo que sociólogos y publicitarios decidieron llamar “Generación X”. Veinte años después, sales de fiesta, enciendes la radio, echas un vistazo a las canciones que triunfan tanto entre el gran público como entre el minoritario y descubres que, sorpresa, lo que ha quedado de los noventa es esa música de baile que todos despreciaban y que apenas podía aspirar a ser algo más que parte de un Bolero Mix, un Maquina Total, un Lo +Duro o, peor aun, un Currupipi Mix.

Los Noventa, qué época dorada para la música.
Los Noventa, qué época dorada para la música.

Las canciones que uno bailó en los noventa son sampleadas sin piedad, versionadas por todo tipo de grupos, “homenajeadas” por artistas como Lady Gaga cantando a Alejandro, Fernando y Roberto… Al final, parece que nos pasamos la década en la pista de baile. Al igual que le ha pasado a la música disco, denostada en lo setenta, estas canciones sin ambición alguna han soportado mucho mejor el paso del tiempo de lo que pensábamos. Aquí van diez grandes momentos musicales que fueron banda sonora para otros grandes momentos vitales.

1. Ride on time, Black Box.

Comenzamos este repaso haciendo trampas con una canción de otoño de 1989. Black Box era un proyecto creado por tres avispados italianos que colocaron al frente de la banda a la modelo francesa Katrin Quinol, quien jamás en su vida cantó ni una sola nota de las canciones del grupo. De hecho, ni siquiera hablaba inglés con fluidez pero… ¿a quién le importa? En una pista de baile sólo puede haber gente guapa. “Ride on time” fue su sencillo más exitoso, ocupando durante seis semanas el puesto más alto de la lista de sencillos británica. Esos teclados repetitivos, ese sampleado acelerado y sin orden alguno de una canción de principios de los ochenta (“Love sensation”, de Loleatta Holloway), esa voz que parece que se va a dejar la garganta en cada frase son elementos que marcaron la música de baile hecha en Europa durante la década que nacía. Veinte años después, Delorean samplean sin vergüenza alguna este tema en sus conciertos.

2. Gonna Make You Sweat, C+C Music Factory.

A los estadounidenses, a no ser que sean de Detroit o trabajen con suecos, no se les da bien la música de baile. Durante los noventa, atrapados por el New Jack Swing, se creyeron que bailar era mover los brazos al ritmo de la Macarena. Sin embargo, hay que reconocerles que también nos aportaron este clásico para las pistas: “Gonna Make You Sweat” (Everybody Dance Now), bailada desde entonces en todas las factorías de acero gays del mundo. C+C Music Factory resultó de la unión de los productores David Cole y Robert Clivillés quienes, al igual que Black Box, contrataron a una negra gorda para que cantara el estribillo y a una negra guapa para que saliera en el videoclip, combinándolo con un rap que haría sonrojar a los auténticos raperos.

3. Rhythm is a dancer. Snap!

Snap! ya habían triunfado en todo el mundo durante el año 1990 con sencillos como “The Power” o “Cult of Snap”. Sin embargo, fue en 1992 cuando lanzaron la canción que define a la perfección lo que se denominaría Eurodance: la fórmula rap + estribillo cantado por voz femenina + letras absurdas + música electrónica sería repetida hasta la saciedad durante los años noventa con exitosos resultados por grupos como Nomad, Culture Beat, Twenty 4 Seven, La Bouche o Maxx (y en la actualidad, es el secreto del éxito de los Black Eyes Peas). “Rhythm is a dancer” sería la última colaboración del rappero Turbo B con Michael Münzing y Luca Anzilotti, productores alemanes y cabezas pensantes de Snap! Por su parte, las vocalistas femeninas se fueron sucediendo a lo largo de los tres discos del grupo.

4. No limit, 2 Unlimited

2 Unlimited, un proyecto holandés cuya imagen visible eran el rapero Ray Slinjgaard y la cantante Anita Doth, habían publicado ya varios sencillos de éxito desde principios de los 90 (“Get Ready For This”, “Twilight Zone”), pero en 1993 consiguieron algo que parecía imposible: “No limits”, el disco en el que se incluía esta canción de ritmo machacón, conseguía el puesto más alto en la lista de ventas de Reino Unido, algo que repetirían al año siguiente con su tercer trabajo, “Real things”. 2 Unlimited tiene el mérito de haber conseguido alcanzar el éxito con una docena de canciones que, sinceramente, no se diferencian mucho unas de otras.

5. What is love?, Haddaway

Poco hay que decir de esta canción, excepto que se sigue bailando hoy como el primer día. Fue el primer y más exitoso sencillo de Haddaway, un cantante nacido en Trinidad y Tobago y lanzado en 1993 por un sello alemán. “What is love?” fue un éxito casi instantáneo en todo el mundo. En su último disco, Eminem se atrevió a samplearla con resultados no demasiado afortunados.

6. The Sign. Ace of Base.

En 1993 Europa fue tomada por un cuarteto sueco formado por dos chicos y dos chicas al más puro estilo Abba. “All that she wants” fue su carta de presentación y “Happy Nation”, el nombre de su disco de debut. Los agoreros les dijeron que ese estilo de música a medio camino entre el eurobeat y el reggae jamás triunfaría fuera del Viejo Mundo. Como respuesta, Ace of Base reeditaron a finales de año su ópera prima, incluyendo varias canciones nuevas. Una de ellas, “The Sign”, se convertiría en el sencillo más vendido en Estados Unidos en el año 1994. A pesar de los más de veinte millones de copias vendidas de “Happy Nation”, Ace of Base no volvió a repetir estas cifras, ni de lejos, con sus siguientes trabajos.

7. Set you free, N-Trance.

La música de baile es, en realidad, un género muy complejo, dividido en infinidad de estilos, etiquetas y sellos. No es lo mismo disco que house que trance que techno que drum and bass que happy hardcore. Los que formamos parte del gran público dejamos esos debates para los DJs y nos limitamos a bailar. “Set you free”, de N-Trance es una canción de 1995 que, a pesar del nombre del grupo, pertenece, según la Wikipedia, al Breakbeat Hardcore. Yo lo único que sé es que, conforme avanzaba la década, los beats se iba acelerando (también sé que esta canción, injustamente, nunca tuvo en España el éxito que se merecía).

8. Children, Robert Miles

Robert Miles, o Roberto Concina, trabajaba como DJ en Italia a mediados de los 90. “Children” fue creada para finalizar sus sets como una forma de relajar al público después de toda una noche de música rave. Esta idea dio origen entre 1995 y 1996 a un subgénero del trance conocido como “dream”, convirtiendo a Robert Miles en uno de los artistas italianos más exitosos de la década y el único que ha ganado un premio Brit. “Children” y otras canciones incluidas en “Dreamland”, el primer trabajo de Miles, supusieron una recuperación de las melodías reconocibles para un género que corría el peligro de convertirse en una mera acumulación de ritmos acelerados.

9. Freed from desire, Gala

Hacia el año 1997, uno empezaba a estar algo agotado de tanto eurodance y similares. La fórmula ya daba claras muestras de estar agotada cuando llegó Gala desde Italia y con un par de sencillos, “Come into my life” y “Freed from desire”, puso un buen broche final al género. Las pistas de baile estaban a punto de ser tomadas por las hordas latinas, el reguetón y los triunfitos.

10. Sing it back. Moloko.

Sing it back, Moloko from lavender stole on Vimeo.

Bailar es algo serio. No todos los grupos que cultivaron ese género de música durante los noventa eran productos de laboratorio y canciones fotocopiadas unas de otras. Recordemos que ésa fue la década en la que U2 se atrevieron a publicar un sencillo llamado “Discotheque” y que Madonna comenzó los 90 con “Vogue” y la terminó resurgiendo de sus cenizas con “Ray of light”. Grupos como Orbital, The Prodigy, Underworld o The Chemical Brothers eran aplaudidos por la crítica. Sin los toques electrónicos de su primer disco en canciones como “Big Time Sensuality” o “Violently Happy”, Björk no habría podido convertirse en la islandesa más famosa del mundo. El Trip Hop de Massive Attack, Portishead o Tricky nació no muy lejos de las pistas de baile de Bristol. Uno de los grupos integrantes de este subgénero eran el dúo Moloko, formado por Roisin Murphy y Mark Brydon. Lanzado en el verano de 1999, “Sing it back” era la demostración de que nuevos aires más elegantes y sofisticados llegaban desde Europa a la música para las pistas de baile.

Bonus Track: Así me gusta a mí, Chimo Bayo.

¿Y cuál fue la principal aportación española a las pistas de baile durante los 90? ¿OBK, Cetu Javu, Viceversa, Ray y similares? ¿Mónica Naranjo? ¿Los remixes de los Pumpin’ Dolls? ¿La Macarena? ¿Grupos como Spanic (su versión de “Sister Golden Hair” me gusta más que la original de America) o New Limit? Pues no, obviamente, es el bakalao de Chimo Bayo. Todo un himno.

LOMOKINO I

Estas Navidades los Reyes Magos me dejaron en casa de Diego una Lomokino, o lo que es lo mismo, la reinvención del cine según las brillantes mentes de la Lomografía.

Se trata de un aparato que captura imágenes a alta velocidad (se puede llegar a sacar unas cuatro por segundo), permitiendo hacer con un carrete normal de fotografía una película de entre treinta y cincuenta segundos, una vez te lo revelan y montan en la tienda. Estrené mi nuevo juguete en el jardín de la casa con la colaboración del perro y mi cuñado, el jugador de rugby. Underworld se han encargado de poner la banda sonora.

Dentro de poco, Lomokino II, que además de música, tendrá historia.

MUDANZA FELINA

Este miércoles, compré un arenero nuevo, un cuenco doble para comida y agua y un saco del pienso que le gusta a Flauta. Después, metí al gato en un transportin y nos fuimos. La idea era llevármelo a casa de Diego por una noche y comprobar cómo se adaptaba a su futuro hogar.

Nada nos había preparado para la odisea felina que nos esperaba. Diego conducía. Yo iba detrás con el gato en el transportín. Cuando arrancó el coche, comenzaron los maullidos lastimeros. A los cinco kilómetros, comenzó la diarrea. A los diez kilómetros, los vómitos. El hedor era insoportable y tuvimos que abrir las ventanas, enfrentándonos al peligro de morir congelados. Encontré un ambientador en la guantera y empecé a rociar el interior del vehículo con esencia de… ¿flores del campo? Ya en la urbanización, Diego conducía sacando la cabeza por la ventanilla y controlando las nauseas. Flauta seguía maullando.

Por fin llegamos a nuestro destino. A estas alturas, habíamos decidido que lo que iba a ser una visita puntual se convertía en el traslado definitivo del gato. No nos veíamos capaces de volver a viajar con él el coche nunca más. A Flauta aun le quedaban otros desafíos que superar: del transportin se fue directamente a la ducha. Y por último, el momento de la verdad: el encuentro con Platón, el perro de la casa. ¿Se llevarían como el perro y el gato? Cuando vimos que Platón no ladraba a Flauta y que éste no salía corriendo al verle, respiramos aliviados. Que el gato le bufara al perro e intentara arañarle cuando se le acercaba demasiado era, en realidad, una buena señal. Con el paso de los días, Flauta se ha ido acostumbrando a su presencia y se deja oler y todo. ¿Éste es el comienzo de una bonita amistad entre especies?

Flauta, además, tiene que llevarse bien con otros habitantes de la casa.

...otros deliciosos habitantes de la casa.

DRIVE

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“Drive” tiene todas las papeletas para convertirse en una de las películas de culto de la década. Esta historia sobre un conductor solitario que se enfrenta a la mafia para salvar a la mujer que ama es una reinterpretación del cine negro de décadas pasadas puesta al alcance del público de hoy. Narrativamente sencilla pero eficaz, “Drive” destaca entre la mediocridad de la cartelera gracias al trabajo del director Nicolas Winding Refn, premiado por su labor en el último Festival de Cannes. El realizador danés ha sabido envolver toda la película de un cierto aire onírico que hipnotiza al espectador a través de un ritmo pausado, luces de neón y una banda sonora con temas electrónicos de estilo retro. Todo ello da como resultado algunas de las escenas más brillantes y mágicas que he visto últimamente en la gran pantalla, como el beso en el ascensor entre los dos protagonistas… seguido por una brutal escena de violencia.

Sin embargo, “Drive” no terminaría de funcionar si no fuera por el estupendo trabajo de todo su reparto. En él se juntan veteranos curtidos en mil batallas como Ron Perlman, Russ Tamblyn, Bryan Cranston o un sorprendente Albert Brooks con jóvenes realidades como Oscar Isaac, Carey Mulligan o Christina Hendriks, quien aprovecha su papel secundario para demostrar que es mucho más que la Joan Holloway de “Mad Men”. Y por encima de todos ellos, como protagonista absoluto de la función, está Ryan Gosling en uno de esos papeles icónicos que hacen que a un actor se le recuerde décadas después. Gosling, que es uno de los mejores intérpretes de su generación, da vida y cuerpo a un personaje lacónico, utilizando muy pocas palabras pero logrando transmitir más con una mirada o una sonrisa en el momento adecuado que con cientos de palabras. Winding Refn nos lo muestra en toda su belleza con planos desde abajo, en contrapicado, como un héroe o una escultura clásicos.

If I had a hammer I'd hammer in the morning hammer in the evening...
If I had a hammer I’d hammer in the morning hammer in the evening…

Y nosotros se lo agradecemos, que aquí siempre hemos sido muy fans de Ryan G.

LOS DÍAS AL SOL

En este extraño invierno en el que no terminan de llegar ni el frío ni la nieve, paso y paseo mis días al sol. Cuando este lunes terminaron las Navidades y Diego se fue a trabajar, yo volví a mi casa y me senté delante del ordenador. Mi salón se había convertido en mi nuevo despacho. Las cosas que me traje de la vieja oficina seguían en una caja. Saqué de ella algunos de los objetos que me acompañaron durante mis siete años de trabajo y que me sirven para crear ambiente de trabajo, como mi imprescindible grapadora roja. Infojobs se ha convertido en mi nueva red social de referencia, aunque cada vez que me inscribo en una oferta me siento como un náufrago que lanza una botella al mar desde su isla deshabitada, una más en un amplio archipiélago de parados.

Mi nueva situación hace que a veces me sienta como si en el juego de la vida hubiera caído en una casilla con una calavera dibujada y hubiera tenido que retroceder a la salida. Hay sensaciones que me recuerdan a los tiempos en que vine a vivir a Madrid cuando terminé la carrera: vuelvo a mirar el precio de las cosas y, como si fuera un ministro popular, intento encontrar sitios por donde pueda hacer recortes, además de corregir y reescribir mi curriculum y mis cartas de presentación como si fueran una fórmula mágica en la que una coma de más o de menos puede significar la diferencia entre el éxito o la catástrofe.

Cuando me canso de estar en casa, salgo a las calles. A veces voy al gimnasio a quemar tensiones y grasas. Otras veces quedo con amigos: compañeros de excurro que se encuentran en mi misma situación; compañeros de carrera que se encuentran en mi misma situación. Compartimos agobios y nos damos ánimos. Paseamos por la ciudad hasta el Templo de Debod o el Palacio de Oriente. Analizamos la situación hasta el mínimo detalle cual tertulianos. No llegamos a ninguna conclusión.

Y por las noches, cuando me tumbo en la cama y apago la luz, me pregunto si mis talentos serán suficientes para salir de ésta o tendré que confiar en la buena suerte.

THE ARTIST

“The Artist” es una de estas películas que te hace salir del cine con una amplia sonrisa en la cara, con ganas de bailar claqué por las calles y con el convencimiento de que el mundo es un bonito lugar lleno de gente maravillosa. Pero, ¿la convierte eso en la mejor película del año?

The Artist

“The Artist” es una película ambientada en el Hollywood del año 1927. George Valentin es una estrella de cine mudo en el mejor momento de su carrera. En el rodaje de una de sus exitosas películas, conoce a Peppy Miller, una figurante a la que le da algunos consejos profesionales. Ambos se sienten atraídos el uno por el otro, pero él está casado y pertenecen a mundos muy diferentes. Todo cambiará con la llegada del sonido al cine: George perderá su fama y su fortuna mientras que Peppy consigue convertirse en una actriz de éxito. Sus vidas no tardarán en volver a cruzarse.

Con este argumento, las comparaciones con “Cantando bajo la lluvia” son inevitables, referente que “The Artist” no oculta en ningún momento como evidencia el parecido físico entre Gene Kelly y la caracterización de Jean Dujardin como George Valentin, un trabajo en el que derrocha encanto y carisma en cada uno de los planos en los que sale y por el que ya ganó el premio al mejor actor en el pasado Festival de Cannes. La baza con la que juega el director y guionista Michel Hazanavicus es haber hecho una película muda sobre el final del cine mudo. En este sentido, la recreación estilística del cine de ese período es exquisita e impecable. Escenografía, fotografía y el respeto del lenguaje cinematográfico de la era muda se imponen sobre las debilidades de un guión cuya segunda mitad es ciertamente floja. Sin embargo, no deja de ser curioso que alguno de los momentos más ingeniosos de la película surjan a consecuencia de vulnerar las normas que se impone el propio director con respecto al uso del sonido…

En resumen, “The Artist” es un brillante ejercicio de estilo y una carta de amor a un cine que parece olvidado. Sin embargo, no deja de parecerme una película muda hecha para un público que nunca ha visto una película muda. Sería interesante que todos aquellos que se han emocionado viendo “The Artist” se animaran a darle una oportunidad a clásicos como “Amanecer”, “Avaricia”, “Metrópolis”, “La quimera del oro”, “Intolerancia”, “Nosferatu”… Hay mucho cine mudo por reivindicar.