Archivo por meses: diciembre 2011

RESUMEN MUSICAL ANUAL

Se acaba 2011 y llega el momento de hacer los tradicionales resumenes con lo mejor del año. Esta vez me desentiendo del formato lista basada en las reproducciones de LastFM (más que nada porque las canciones que más he escuchado durante estos últimos 12 meses fueron publicadas el año pasado: 3. Sufrir, de Javiera Mena; 2. Cooler than me, de Mike Posner; 1. Bombay, de El Guincho). Además, en un año como 2011 que ha estado dominado por una artista de una manera tan evidente, no tiene mucho sentido dudar de quien ocuparía el puesto más alto de la lista. No puede ser otra que Adele.

Adele ha sido la artista del 2011, sin ninguna duda. A principios de año comenzó a sonar en las radios británicas “Rolling in the deep”, convertida ya en un clásico intemporal, y desde que a finales de enero se publicó “21”, su segundo disco, Adele no ha hecho más que acumular records de ventas con cifras que parecen de otra época: 18 semanas en lo más alto de la lista de ventas británica; 13 semanas en lo más alto de Billboard; número 1 en 24 países; 14 millones de copias vendidas que, después de los Grammys, aun serán más… Quienes pudimos verla en directo en su concierto en La Riviera pudimos comprobar que a la chica le sobra voz, simpatía y talento. “21” es uno de esos discos que se disfrutan de principio a fin, gracias a canciones como “Set fire to the rain”, “Turning Tables”, “Don’t you remember” y la emocionante “Someone like you”.

Seguramente, gran parte del éxito de Adele se deba a que el estilo clásico y sencillo de su música brilla con luz propia en un panorama musical donde, comercialmente, han triunfado en años recientes propuestas de sonidos electrónicos, artistas prefabricados y donde se ha dado más importancia a la imagen que a lo propiamente musical. Llamar la atención por parecer más diferente y original de lo que realmente se es ha sido también el secreto de Lana del Rey para llamar la atención de algo más que el público alternativo y convertirse en la próxima artista revelación. Hipnótica y grave, “Video Games” es mi canción favorita del 2011.

2011 fue también el año en que Katy Perry igualó el record de Michael Jackson al conseguir que cinco canciones de su “Teenage Dream” alcanzaran el número 1 en la lista de sencillos del Billboard; y en el que Lady Gaga publicó su segundo disco. “Born this way” es un digno sucesor de “The Fame” y acumula tantos o más aciertos musicales que “The Fame Monster”. Sin embargo, todo lo que ha rodeado a su lanzamiento, desde su horrenda portada hasta la inadecuada selección de los temas escogidos como sencillos (“Judas” o “You & I”, ¿por qué?), pasando por el patinazo del videoclip de “The edge of glory” o el absurdo aire de trascendencia con el que Lady Gaga rodea últimamente todo lo que hace no consiguen más que empañar sus méritos. Stefania Germanotta debería saber que lo que nos atrajo de ella era la frescura con la que cabalgaba encima de un delfín hinchable en “Just Dance” o la irreverencia tarantinesca de “Telephone”. Rodear “Marry the night” de un videoclip de diez minutos con aires a lo “Cisne Negro” es ridículo y contraproducente.

David Guetta volvió a publicar disco en 2011 y la huella de su estilo de hacer música de baile se siguió notando en las propuestas discográficas de artistas como Britney Spears. Maroon5 y Christina Aguilera se recuperaron de sus batacazos comerciales del 2010 con “Moves like Jagger”, un sencillo cuyo éxito pilló a todos por sorpresa. Coldplay nos sorprendió con su homenaje al “Ritmo de la Noche”. Beyoncé consiguió grandes críticas con su “4”, aunque ninguno de sus sencillos han igualado el éxito de los extraídos de “I am… Sasha Fierce”. Nicola Roberts dejó de ser la pelirroja de las Girls Aloud para sorprendernos con unos de los discos pop más brillantes del años. Selena Gomez demostró ser la chica Diseney más lista y volvió a convencerme con un sencillo tan redondo como “Love you like a love song”. Rebecca Black se convirtió en la reina de Youtube gracias a “Fiday”. Lena repitió participación en Eurovision con una canción más que interesante. Rihanna apostó por un desconocido para el gran público como Calvin Harris y consiguió uno de los mayores éxitos comerciales de su carrera con “We found love” (“Where Have You Been”, la otra canción de Rihanna producida por Harris será un éxito en 2012, seguro). Por su parte, Calvin publicó un par de sencillos este año: “Bounce” y “Feel so real”. Personalmente, me quedo con el segundo. Sin embargo, en este estilo, mi canción del año es “Changed the way you kiss me”, del zapatillero Example.

En lo que respecta a sonidos más alternativos, Bon Iver publicó su segundo disco y demostró que la electrónica también llegó a su cabaña. Tanto su disco homónimo como la segunda entrega de los Fleet Foxes, “Helplessness Blues”, son la banda sonora ideal para soportar una mañana de resaca o salir a pasar la noche al bosque, alrededor de una hoguera. Son discos que es fácil definir con la palabra “bonito” sin ninguna connotación peyorativa, como lo son también el de Girls o el tercer trabajo de Laura Marling. Precioso es también el sonido electrónico de The Sound of Arrows, quienes por fin publicaron su primer trabajo después de dos años de espera. Con su aire melancólico e influencias que van desde Vangelis a los Pet Shop Boys, “Voyager” no me decepcionó. Tampoco decepcionaron las nuevas entregas de Cutcopy, el disco de madurez de The Horrors, la clase de francés que nos dio Mika con “Elle me dit”, los sencillos que fue publicando Kanye West de su magistral “My beautiful Dark Twisted Fantasy” (a su lado Drake parece un vulgar aprendiz), o la apoteósica “How Deep Is Your Love” de The Rapture. Hace unas semanas, descubrí a otro de los artistas a los que hay que seguir la pista en 2012: Bright Light Bright Light, bautizado por los críticos británicos como “la versión masculina de Robyn”. Afortunadamente para él, es bastante más guapo.

En España, mientras tanto, el triunfador del año ha sido Pablo Alborán que saltó de las redes sociales al puesto más alto de las listas gracias a sus canciones y a la inestimable ayuda de su físico. Amaral demostraron no necesitar el apoyo de una multinacional para seguir vendiendo discos. La Oreja de Van Gogh se fue a Suecia para hacer como que renovaba su sonido. Amaia Montero no lo renovó. Russian Red dijo en una entrevista que era de derechas y se montó una absurda polémica. Virgina Labuat demostró que es lo mejor que ha salido de Operación Triunfo en años (las dos últimas ediciones no cuentan). La Casa Azul publicó, por fin, “La Polinesia Meridional” y consiguió superar las dudas que había sembrado con “Todas tus amigas”. La música en catalán alcanzó cifras de ventas muy estimables gracias a Manel y Antonia Font (“Calgary 88” es una de las mejores canciones del año). Vetusta Morla se confirmó con “Mapas” como uno de los grupos más vendedores e interesantes de este país. Sok Noel fue número 1 en la lista de sencillos de Reino Unido con su “Loka People”, Cristiano Ronaldo convirtió “Ai Se Eu Te Pego” en un éxito superventas y los 40 Principales concedieron a “Danza Kuduro” el premio a Mejor Canción en español (“Party Rock Anthem”, de LMFAO, fue la ganadora en la categoría de lengua extranjera) y con esto creo que no hace falta decir nada sobre el negro presente de la industria musical española.

2011 fue también el año en que celebramos el vigésimo aniversario de la publicación de “Never Mind” de Nirvana y del “Achtung Baby” de U2. Liam y Noel Gallagher publicaron sus primeros discos en solitario tras la ruptura de Oasis (ganó Noel, como era de esperar). Radiohead publicó “The King of Limbs”, pero ya sólo le hacen caso sus fans y críticos más entregados. 2011 también fue el año en que REM anunció su separación y en el que nos dejó Amy Winehouse, dejando un vacío irremplazable. El año que viene, más.

WOHNEN IN DER ÄRA DES POP

En mi imaginación, Berlín era una ciudad decadente y sucia, llena de pintadas, cabarets y humo. Cuando llegué al auténtico Berlín, me encontré con una capital de arquitectura ordenada y racionalista que habría entusiasmado al Fritz Lang de “Metrópolis”.

Faltan los coches voladores, como siempre

¿Dónde estaba ese Berlín bohemio, radical, alternativo? Supongo que debe de existir en algún sitio y para descubrirlo es mejor que te lo enseñe alguien que lleve cierto tiempo viviendo en la ciudad. Nuestra guía y nuestros paseos sólo nos llevaron a alguna tienda de bisutería algo curiosa, un establecimiento donde sólo vendían vinilos como si fuera 1991 y, por supuesto, a Tacheles, la que seguramente debe de ser la casa okupa más famosa del mundo, un centro de arte alternativo que en 1990 se instaló en los restos de un edificio de grandes almacenes construido a principios del siglo XX. No hay que tener miedo a entrar, a pesar de que la oscuridad inicial y las paredes recubiertas de pintadas de arriba abajo pueden intranquilizar al pequeño burgués que llevamos dentro. En el patio trasero hay una exposición de esculturas al aire libre y en el interior se puede ver el trabajo de los artistas que ocupan Tacheles.

A pesar del Muro y de la Stasi, una visita al DDR Museum nos hizo sentir que hay cierta nostalgia por los tiempos de la República Democrática Alemana. El museo permite conocer cómo era la vida diaria en aquel país a través de sus objetos cotidianos, sus programas de televisión, su ropa, sus vehículos… dando la impresión de que era una nación agradable, tranquila y colorista en vez de una terrible dictadura. Sí, más o menos como lo que hace “Cuéntame” con el régimen franquista.

Sin embargo, hay un icono de la DDR que ha sobrevivido a la caída del Muro y del comunismo y que sigue presente en todas las calles de Berlín y sus tiendas de souvenirs: el Ampelmännchen u “hombrecillo del semáforo”. Diseñado en 1961, estuvo a punto de ser retirado tras la reunificación alemana, pero la presión popular le salvó de la desaparición, convirtiéndolo en un icono.

Icono de la ciudad, de la DDR y una clara muestra de la arquitectura futurista pop de los años 60 es la torre de televisión (Fernsehturm), una joya para los amantes del Zeerust. Construida en 1969 en hormigón y acero inoxidable, es el cuarto edifico más alto de Europa con sus 368 metros de altura. A 204 metros de altura está el mirador y, un par de metros por encima de él, un restaurante que gira sobre su eje cada media hora.

Y así, cerca del cielo sobre Berlín, comiendo ganso y siluro con arroz, fue como Diego y yo nos despedimos felices de una ciudad que me encantó conocer… aunque sospecho que sólo vi de ella una cuarta parte de todo lo que tiene para ofrecer al viajero.

PROVISIONALIDAD

El domingo por la tarde celebramos una pequeña merendola navideña con churros, donuts, bizcocho y chocolate. En ese momento se dio la coincidencia de que los cuatro antiguos compañeros de carrera estábamos en el paro (y de momento, seguimos siendo parados). Una de ellas es actriz y los períodos en paro forman parte de esa profesión. Otra amiga lleva en el paro poco más de un mes y no para de hacer llamadas a sus contactos todo el día, obsesionada en la búsqueda de un nuevo trabajo que, estoy seguro, no tardará en llegar. Otro amigo lleva más de un año en el paro y lo ha vivido como una liberación y una oportunidad para reinventarse.

¿Y yo?

Yo espero que mi situación de parado no se prolongue más de dos semanas y que los jefazos de mi empresa decidan renovarme. Mientras espero y corro nervioso a coger el teléfono cada vez que suena, ayer me acerqué a una oficina de empleo para inscribirme como demandante de empleo. Me corresponde el subsidio máximo durante el máximo tiempo posible. Saber que de todos los trabajos que he tenido, “parado” es el segundo mejor pagado me inquieta un poco.

¿Y si no me renuevan?

Pues jugaremos a “Imagina ser…” en la vida real, a ver qué sale. Ya hablaremos de ello cuando suceda.

UNO, DOS, TRES… BERLÍN!

Berlín ha sido escenario de alguno de los momentos más trascendentes y trágicos de la historia reciente. Victorias militares, capitulaciones y telones de acero han dejado huella en su arquitectura urbana. Basta darse un paseo por sus calles para comprobarlo. Así lo hicimos en nuestro primer día en Berlín, en el que decidimos prescindir del metro y utilizar nuestros pies. Muy cerca del hotel teníamos la Iglesia Memorial del Kaiser Guillermo, construida a finales del siglo XIX y de la que sólo quedó en pie parte del campanario y del pórtico tras los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial. Por desgracia, están restaurándola hasta mediados del año que viene, por lo que sólo pudimos ver el interior y la parte moderna, realmente bonita.

Foto de la izquierda por cortesía de la Wikipedia.

Después de pasear por el barrio de las embajadas, llegamos a Tiergarten, el gran parque situado en el centro de ciudad. En el cruce entre dos grandes avenidas se encuentra la Columna de la Victoria (Siegessäule), erigida entre 1864 y 1873 para conmemorar una serie de victorias prusianas en diversas guerras frente a Dinamarca (1864), Austria (1866) y Francia (1871). Sin embargo, para mí siempre será la estatua a la que se subía Bono en el videoclip de “Stay (Faraway, So Close!)”. Nosotros también subimos. Soplaba un viento gélido, pero si te abrazas fuerte se nota menos.

Cuando bajamos de la estatua y nos disponíamos a pasear un poco por el parque, empezó a llover. Primero fueron cuatro gotas, pero pronto se convirtieron en cuatrocientas. Como estábamos justo en la parte central del Tiergarten, lejos de cualquier edificio, tuvimos que resignarnos y mojarnos mientras caminábamos lo más rápido posible hacia la Puerta de Brandemburgo. Mientras tanto, los berlineses con los que nos cruzamos en nuestro cada vez más desesperado paseo caminaban o iban en bicicleta bajo la lluvia como si fuera un soleado día de primavera. Vimos de reojo el Monumento a los Soldados Soviéticos caídos durante la toma de Berlín que puso fin a la Segunda Guerra Mundial. Un par de días después pudimos verlo con más calma en todo su soviético esplendor.

Cerca de la Puerta de Brandemburgo se encuentra el Monumento a los Judios Asesinados en Europa en memoria del Holocausto. Inaugurado en 2005, provoca una mezcla de extrañeza y solemnidad. Caminar entre las estelas es como entrar en un laberinto. Los niños y los no tan niños terminan dedicándose a jugar al escondite. En frente del memorial, en Tiergarten, se encuentra el monumento a los homosexuales perseguidos por el nazismo, un prisma rectangular dentro del cual una película proyecta un beso eterno entre dos hombres.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, las cuatro potencias vencedoras se repartieron el control de Berlín en cuatro secciones. Este reparto terminó desgajando al país y a la ciudad en dos partes, un claro reflejo de la separación del mundo en dos bloques durante la Guerra Fría. En 1961, de la noche a la mañana, la autoridades de la República Democrática Alemana (que levante la mano el que no se extrañó en la EGB de que la Alemania “mala” fuera la “democrática”) levantaron el Muro de Berlín. Afortunadamente, la historia tuvo un final feliz y ahora lugares como el Checkpoint Charlie, el control fronterizo entre Berlín Oeste y Berlín Este, no son más que un recuerdo curioso de una época que parece ya muy lejana. Especialmente cuando las alambradas y las torres de vigilancia han sido sustituidas por museos, tiendas y restaurantes de comida rápida.

Del muro apenas queda ya huella en Berlín. Un tramo puede verse en el área denominada Topographie Des Terrors, el lugar donde se encontraban los cuartes generales de la Gestapo y las SS durante el Tercer Reich. Más famosa es la East Side Gallery, una sección de casi kilómetro y medio que un centenar de artistas empleó como lienzo en 1990. Hace pocos años se procedió a restaurar (repintar, en realidad) unas obras que reflejan la esperanza de cambio y libertad que trajo consigo la caída del muro. Entre ellas se encuentra la icónica “My God help me, this deadly love to survive”, obra de Dmitri Vrubel que recrea el beso entre Brezhnev y Honecker en un acto de celebración del trigésimo aniversario de la RDA (Foto de ese momento en la Wikipedia).

Afortunadamente, aparte de dramas, Berlín también es una ciudad que vive en la era pop. Y por cierto, si pincháis en las fotos, podréis verlas bastante más grandes.

FROM MADRID TO BERLIN

Sobrevolábamos los Pirineros en un avión de Lufthansa con destino a Berlín via Munich cuando las turbulencias empezaron a ser un poco más inquietantes de lo habitual. Recordé entonces los consejos del doctor Jack Shephard para afrontar el miedo a volar y aproveché que la azafata estaba repartiendo la comida para pedirle una cerveza. Cuando me la terminé, las turbulencias eran dulces sacudidas y pensé en lo absurdo que era haber pasado el control de seguridad mientras miraba el botellín vacío de cristal que me habían dado e imaginaba lo sencillo que sería convertirlo en un arma.

Días después comprobé que en el Metro de Berlín es relativamente frecuente ver que alguien abre su bolso o su mochila y saca su botellín de cerveza para darle un trago o dos. Tampoco me extrañó confirmar, como ya habíamos descubierto en Viena, que en los restaurantes la botella de agua es más cara que la jarra de cerveza, así que en más de una ocasión optamos por dejar el agua para los peces y consumir cebada fermentada. También pude comprobar que la comida más fácil de consumir en Berlín es la italiana: allá donde vayas hay una trattoria, pizzeria o similar. Y por supuesto, currywurst y salchichas variadas en los mercadillos navideños.

Nota para viajeros: si pides vino caliente y te lo sirven en jarras de barro a un precio desorbitado, ten en cuenta que estás pagando por el alquiler del recipiente. Al menos, esa es la hipótesis que barajamos para explicar la diferencia entre lo que nos cobraron y el precio que indicaba el letrero. ¿O será que la camarera, a pesar de su simpática y rubia apariencia, nos estafó aprovechándose de utilizar un lenguaje incomprensible?

“Berlín es una ciudad que no duerme nunca”. La foto superior, tomada en la avenida Kurfürstendamm poco después de cenar, nos hizo dudar de esta afirmación de la guía. Los tres millones y medio de berlineses parecían esconderse cuando el reloj marcaba las nueve de la noche, o al menos esa impresión nos llevamos los primeros días. Berlín es una ciudad muy extensa, grande y con una historia reciente bastante convulsa y esto hace que, en un primer momento, parezca algo desconcertante. Grandes parques, grandes explanadas, grandes plazas y… ¿dónde está el centro de la ciudad? ¿Es Postdamer Platz, con sus rascacielos modernos y sus luces de colores? ¿Es la (sosa y fea) Puerta de Brandemburgo? ¿Es Alexanderplatz, con su reloj universal?

Sí, como podéis comprobar a las cinco menos cuarto de la tarde ya es noche cerrada en Berlín. De hecho, uno entra a comer y cuando sale del restaurante piensa que acaba de cenar. Que alguien me explique en qué puede beneficiar al ahorro energético de los habitantes del Centro de Europa el cambio de horario de verano a invierno. Puede que sea esa la razón por la que las calles tengan una iluminación nocturna bastante escasa, tirando a inexistente en las calles secundarias. Salir de una estación de metro y encontrarte envuelto en tinieblas sin saber hacia donde tirar es algo un poco descorazonador. Pero son estos pequeños desafíos los que convierten un viaje en una aventura. Y al final, Berlín terminó cautivándonos. Hay mucho que contar sobre ella.

UN MÉTODO PELIGROSO

Hay películas que parecen que se hacen con un ojo puesto en la Wikipedia y el otro en la temporada de premios. “El discurso del rey” sería un buen ejemplo: se toma una pequeña anécdota protagonizada por algún personaje histórico y se convierte en un guión cinematográfico donde los engranajes narrativos funcionan como el interior de un reloj suizo con sus toques de drama humano, sentimientos a flor de piel y una cierta épica. Con un reparto de grandes actores, una cuidada recreación histórica con bellos decorados y elaborados trajes y una dirección elegante y de toque clásico, el resultado es el que todos conocemos: éxito de público, buenas críticas y un puñado de Oscars.

A simple vista, “Un método peligroso” podría confundirse con este tipo de películas. El argumento relata la relación profesional y de amistad que mantuvieron a principios del siglo XX Carl Gustav Jung y Sigmund Freud, pioneros del psicoanálisis y de la psicología, así como la relación adultera que Jung mantuvo con una de sus pacientes, la futura psiquiatra Sabina Spielrein, quien también colaboraría posteriormente con Freud. Quienes hayan visto la película, reconocerán inmediatamente esta historia que relata el artículo de la Wikipedia dedicado a Jung.

“Mientras Freud exponía sus argumentos, yo sentí una extraordinaria sensación. Me pareció como si mi diafragma fuera de hierro y se pusiera incandescente —una cavidad diafragmática incandescente. Y en este instante sonó un crujido tal en la biblioteca, que se hallaba inmediatamente junto a nosotros, que los dos nos asustamos. Creímos que el armario caía sobre nosotros. Tan fuerte fue el crujido. Le dije a Freud: «Esto ha sido un fenómeno de exteriorización de los denominados catalíticos».

«¡Bah —dijo él—, esto sí que es un absurdo!». «Pues no», le respondí, «se equivoca usted, señor profesor. Y para probar que llevo razón le predigo ahora que volverá inmediatamente a oírse otro crujido». Y, efectivamente: ¡apenas había pronunciado estas palabras se oyó el mismo crujido en la biblioteca!

Freud me miró horrorizado”.

Con estos materiales de partida, un director como el desaparecido Anthony Minghella habría montado un melodrama lleno de emociones, sentimientos, amores imposibles, grandes diálogos, bellos planos y una banda sonora arrebatadora a cargo de Gabriel Yared. Pero “Un método peligroso” está dirigida por David Cronemberg, quien no es conocido precisamente por hacer películas convencionales o para todos los públicos (desde las cabezas que explotan de “Scanners” hasta la matanza de un Viggo Mortensen desnudo en la sauna de “Promesas del Este”, pasando por “La Mosca”, “Crash” o “Inseparables”). Y aunque comparada con estos títulos con fama de perturbadores, “Un método peligroso” parezca una almibarada comedia romántica, no deja de ser una película que puede desconcertar al espectador por su tono frío e intelectual. Más que contar a una historia, Cronemberg y el guionista Christopher Hampton sientan a sus personajes en el diván para analizarlos y diseccionar sus pensamientos y sus acciones. No hay concesiones al sentimentalismo ni al desparrame emocional. Tampoco hay una moraleja evidente, ni lecciones para la vida. La cámara no se recrea en los bellos paisajes de Viena y Zurich, ni la partitura de Howard Shore envuelve al espectador con violines y grandes arreglos. “Un método peligroso” no pretende emocionar, sino que propone al público establecer un diálogo intelectual sobre el funcionamiento de la psique humana, un juego al que los tres actores protagonistas se prestan gustosamente. Mientras el trabajo de Keira Knightley, sin ser malo, parece ajustarse demasiado a los tópicos cinematográficos que parece existir a la hora de dar vida a un enfermo mental, el ascendente Michael Fassbender y Viggo Mortensen ofrecen dos brillantes interpretaciones, en especial este último.

Días después de ver la película, al reflexionar sobre la misma, me di cuenta de que, aunque Fassbender interpreta a Jung como si fuera el héroe de la historia, una persona agradable, simpática y guiada por buenas intenciones, la película termina siendo muy crítica con el personaje: precisamente lo que Jung rechazaba de las teorías de Freud es lo que se esconde detrás de casi todas sus acciones. Sí, estamos hablando de sexo.