LAST SATURDAY NIGHT

El pasado domingo, al despertarme, me sentí como Katy Beth Terry después de su fiesta: me sentía algo mareado, un chulazo desnudo dormía a mi lado y la casa sufría de cierto estado de desorden. Tardé un rato en recordar cómo había terminado la caja de herramientas en medio de mi cuarto: a las tres de la mañana, a Belén (Black) se le rompió un colgante y tuvimos que recurrir al Loctite para arreglarlo.

Si el nivel de suciedad es directamente proporcional al éxito de una fiesta, mi 35 cumpleaños podía presumir de haber obtenido un notable alto. Le restaron puntos la escasez de comida (¿pero quién viene a comer a una fiesta de cumpleaños?) y el hecho de que el hielo se terminara antes de lo previsto (¿pero quién iba a suponer que de verdad iban a venir todos los que habían confirmado asistencia en el evento de Facebook?), así como el alcohol (¿pero a que si no llega a terminarse el alcohol “normal” no nos hubiéramos atrevido a abrir la botella de mezcal que Diego trajo de México, gusano incluido y todo?).

Entre otros cotilleos, los asistentes pudieron comprobar que Diego es una persona real y no una creación idealizada de quien escribe este blog, Otto nos confesó que lleva más de un mes sin pisar un gimnasio, Proudstar consiguió estar a menos de un metro de un gato y Dan, haciendo gala de su apodo, se hizo amigo de todos los asistentes. Terminamos a las cuatro bailando por las escaleras los temas que había seleccionado Diego en esta lista de Spotify. Hubo regalos, tarta de cumpleaños con velas derretidas, fotos estupendas a cargo de Joserra y muchas risas. En resumen, para mí fue mi “Best. Party. Ever” particular. Y eso fue posible gracias a todos los que vinieron. Sin vosotros no habría nada que celebrar.

NO TE OLVIDES DE MÍ

Este fin de semana tocaba celebrar mi cumpleaños con mi familia pamplonesa, así que el sábado por la mañana Diego y yo cogimos el tren rumbo a la capital del Viejo Reyno. Él se durmió y yo me dediqué a alternar la lectura de “Solar” de Ian McEwen con la de “Epiléptico”, la novela gráfica de David B. Al llegar a Pamplona, mi madre nos estaba esperando a la salida de la estación. Nada más llegar a casa, me dio mi regalo de cumpleaños: dos invitaciones para un centro de talasoterapia de San Sebastián para que hagamos un recorrido por un circuito de jacuzzis, piscinas, saunas y algo llamado “laberinto de sensaciones”. Me quedé algo sorprendido: si me llegan a decir hace un par de años que mi madre me regalaría algo para mi novio y para mí, no me lo hubiera creído. Cómo cambian las cosas…

Después de comer, y mientras mi hermano recargaba la cámara para enseñarnos las fotos de su luna de miel, Diego y Rocío curioseaban nuestras fotos infantiles y otras aun más antiguas en los álbumes familiares. Les costaba distinguirnos a mi hermano y a mí cuando éramos pequeños. Ahora esas confusiones ya no se producen, está claro quién es quién. Después salimos a dar una vuelta por la ciudad, paseamos por las murallas y la Ciudadelas, les enseñamos a Rocío y Diego el lugar donde hubo un parque infantil en el que nos gustaba jugar y del que ya no queda el menor rastro.

A las ocho Diego y yo habíamos quedado con María, una de las pocas amigas “de toda la vida” que aun conservo en Pamplona. El plan era hacerle un tour a Diego por mis bares favoritos de pintxos de la ciudad y enseñarle alguno de los sitios que frecuentaba cuando era universitario. Me hizo ilusión compartir fritos de roquefort y jamón y queso con él, así como historietas y relatos de grandes éxitos variados en el Casino Eslava y la cuesta del Labrit. Después de varias paradas de avituallamiento y cervezas, terminamos en el Cordovilla. Al entrar en el local, sonaba un clásico de Simple Minds. “Don’t you… forget about me”. Sonreí al comprobar que hay sitios y lugares que aun no han cambiado.

35

Cuando cumples 35, dejas de ser joven. No lo digo yo, lo dicen los estudios de mercado. Hasta el 11 de octubre estaba incluido en la horquilla que engloba desde los veintipocos hasta los 34. El 12 de octubre, mágicamente, me convertí en un adulto y pase a formar parte de un nuevo grupo. Se supone que estadísticamente tengo más en común con cuarentones profundos. Supongo que empiezo a ser un madurito interesante. Esta reflexión no es mía, pero ahora no me acuerdo a quien se la leí o escuché. Ya sabéis, con la edad desaparecen las neuronas.

-¿Es tú cumpleaños?
-Sí.
-¡Felicidades! ¿Cuántos cumples?
-35
-¿Sí? Pues no los aparentas.

No, la verdad es que no los aparento.

Aquí hay varias opciones de respuesta supuestamente ingeniosas:

-Sí, es que deseé la juventud eterna cuando estaba tocando una estatuilla de un gato egipcio y… bueno, tendrías que ver cómo está el retrato que tengo en el desván.

O

-Sí, es que en realidad soy un vampiro. Cuando me da el sol, mi piel resplandece como centenares de diamantes.

Aunque en realidad, yo soy mucho más partidario de los hombres lobo, animalitos.

Y luego está lo de:

-Es que en realidad, para calcular tu verdadera edad, tienes que hacer la media con la de la persona con la quien te acuestas.

Puede que haya algo de verdad en esto…

Y también lo de:

-Cumplo veintiquince. Lo cuento al estilo francés.

En resumen, no sé por qué darle tanta importancia a un número. Un cumpleaños más o menos no significa gran cosa. Hacerse mayor es un proceso gradual y el secreto está en disfrutarlo a pesar de los malos momentos. Supongo que lo que resume mi sentimiento es algo que le dije a Diego hace unos días:

-Cumplo 35. Que mayor soy. Y que niño me siento a veces

DIEZ PELÍCULAS PARA ENTENDER LOS NOVENTA

Durante un par de semanas, el reeestreno de la versión en 3D de “El Rey León” se ha colocado como líder de recaudación de taquilla en Estados Unidos, algo que ninguna otra película reestrenada había conseguido antes. Esta semana se ha situado en el tercer lugar del box-office y ya ha recaudado cerca de ochenta millones de dolares (según Box Office Mojo, desde su estreno en 1994, la cinta de animación ha recaudado 882 millones de dolares en todo el mundo). Esto sólo significa una cosa: el revival de los 90 ya está con nosotros.

Y con esta excusa, voy a hacer una selección de diez películas que marcaron aquella década prodigiosa. Aclaro que es una lista completamente subjetiva y que, ni de lejos, pretender reunir los mejores títulos de los noventa. Los comentarios, en la sección del mismo nombre.

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1. “Pretty Woman”, Garry Marshall. El 23 de marzo de 1990 Disney estrenaba una película que había comenzado siendo durante su preproducción un sórdido drama sobre el mundo de la prostitución y acabó convirtiéndose en el cuento de hadas de la década. Como protagonistas, un Richard Gere cuya carrera atravesaba un bache en aquel momento, y una prácticamente desconocida Julia Roberts. A estas alturas no es necesario que os recuerde el argumentos, ni que os cante los temas de su banda sonora, ni que mencione que Julia se convirtió en la novia de América. Todos habéis visto la película y lo volvéis a hacer cada vez que la echan por televisión. Su éxito, sumado al que tuvo “Ghost” unos meses después, hizo que una ola de amor invadiera a los ejecutivos de los estudios y que cada cierto tiempo una nueva comedia romántica llegara a nuestras pantallas. Julia Roberts repitió en “Notting Hill”, “La boda de mi mejor amigo” o “Novia a la fuga”, pero el modelo fue perfeccionado por actrices como Sandra Bullock (“Mientras dormías”) o Meg Ryan (“Algo para recordar”, “French Kiss”, “Adictos al amor”). “Cuatro bodas y un funeral” fue la aportación británica al género. Los hermanos Farrelly estuvieron a punto de destruirlo a golpe de humor grueso en “Algo pasa con Mary”, pero es muy difícil luchar contra el amor. Millones de personas sueñan con vivir románticas historias marcadas por un toque de humor y dificultades fácilmente superables, ambientadas en bonitas ciudades en las que suenan clásicos del pop y canciones de moda. Toda la culpa es de Richard Gere por parar su coche en Hollywood Boulevard.

El silencio de los corderos

2. “El Silencio de los Corderos”, Jonathan Demme. El día de San Valentín de 1991 se estrenó en Estados Unidos este thriller que terminó convirtiéndose en el éxito sorpresa de la temporada. Un año después, la Academia premiaba a la película con sus cinco galardones principales: Película, Director, Actriz Protagonista (Jodie Foster), Actor Protagonista (Anthony Hopkins) y Guión Adaptado. Quizás como forma de compensar los excesos de sacarina provocados por los sucedáneos de “Pretty Woman”, los estudios decidieron dar luz verde a una serie de producciones con guiones enrevesados y truculentas escenas de violencia. En 1992 “Instinto Básico” añadió el sexo a la ecuación y David Fincher terminó de destilar la fórmula con “Seven” en 1995. Los distribuidores españoles recurrieron a todas las combinaciones posibles entre fatal, final, letal y mortal para hacer frente a la avalancha de estrenos del género. Películas como “La mano que mece la cuna”, “Mujer blanca soltera busca” o “Copycat” nos acostumbraron a poner un psicópata asesino en nuestras vidas.

La bella y la bestia

3. “La Bella y la Bestia”, Gary Trousdale y Kirk Wise. En noviembre de 1991 se estrenó en Estados Unidos esta cinta de animación producida por Walt Disney que no llegaría a Europa hasta el año siguiente (Oh, aquellos tiempos en que Internet no existía…). Ni Disney ni el género de animación tuvieron unos buenos ochenta, pero la cosa cambió con el estreno de “La Sirenita” a finales de 1989. Sin embargo, “La bella y la bestia” marcaría un hito al ser la primera cinta de animación en conseguir ser nominada al Oscar a Mejor Película. Los éxitos comerciales siguieron con “Aladdin”, “El Rey León”, “Pocahontas”, “Mulan”, “Tarzan”… Los estudios rivales abrieron divisiones de animación para sumarse a la moda. La Fox lo intentó aliándose con Don Bluth para estrenar “Anastasia” en 1997 (entre nosotros, es un horror de película) y Dreamworks Animation debutó a finales de 1998 con “El Príncipe de Egipto” (entre nosotros, es una gran película). A finales de la década, el modelo de animación tradicional empezaba a mostrar signos de agotamiento, pero el estreno de “Toy Story” en 1995 permitía sospechar que el futuro del género estaba en manos de los genios de Pixar.

Dracula

4. “Drácula, de Bram Stoker”, Francis Ford Coppola. En Noviembre de 1992, Coppola estrenaba uno de sus mayores éxitos de taquilla: una versión cinematográfica de la historia del Conde Drácula que se vendió como la más fidedigna a la historia original que se había hecho hasta entonces. La crítica lo desmintió como ardid publicitario, pero eso no impidió que en años siguientes se estrenaran una serie de películas que se vendieron como las versiones cinematográficas más fieles de novelas que iban desde “Frankenstein” en versión de Kenneth Brannagh a “Mujercitas”. El truco estaba en añadir el nombre del autor al título de la película. El éxito de “Drácula” y sus océanos de tiempo también hizo que los estudios se lanzaran a producir títulos de ambientación gótica como “Entrevista con el vampiro” y adaptaciones literarias exquisitamente ambientadas como “La edad de la inocencia”. Y por supuesto, si no llega a ser por “Drácula”, ni Wynona Ryder ni Keanu Reeves habrían terminado convirtiéndose en rostros icónicos de la década.

Pulp Fiction

5. “Pulp Fiction”, Quentin Tarantino. Tarantino ya había empezado a convertirse en un director de culto gracias a su ópera prima, “Reservoir Dogs”, pero fue el jurado del festival de Cannes de 1994 quien terminó de consagrarle al conceder su máximo galardón a “Pulp Fiction” (o “Tiempos Violentos”, como la bautizaron en Sudamérica). El público se rindió ante este pastiche pop de referencias cinéfilas con aroma de serie B y canciones semiolvidadas donde la violencia se convertía en fuente de risas. “Pulp Fiction” es cine posmoderno, ya que su referencia no es la realidad sino otras películas. Su influencia estética y estilística es evidente en la obra de su colega Robert Rodriguez (“Abierto hasta el amanecer” o “Desperado”) y en cintas como “Four Rooms”, “Tú asesina que nosotras limpiamos la sangre”, “Very Bad Things” o la mismísima “Airbag”, entre otras muchas (y olvidables) películas. Además de resucitar la carrera de John Travolta, “Pulp Fiction” convirtió a Miramax en la compañía de referencia del cine independiente estadounidense… a pesar de que Disney la había comprado ya en el año 1993.

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6. “Independence Day”, Roland Emmerich. El concepto “blockbuster” existe desde el éxito de “Tiburón” en los años 70, pero esta cinta sobre una invasión de alienígenas con escasos conocimientos de seguridad informática estrenada en julio de 1996 es seguramente la que mejor represente las características del género durante los años noventa: guiones flojos, personajes estereotipados, despliegue de efectos especiales generados por ordenador y entretenimiento para las masas. “Independence Day” y sus sucesoras (“Armaggedon”, “Men in black”, “Deep Impact”, “Godzilla”, “Twister”…) son como una atracción de feria en la que se suceden secuencias visualmente espectaculares conectadas entre sí por un argumento casi inexistente. De ahí que sea más cómodo inspirarse en viejas películas, series de televisión o comics para hacerlas. Eso sí, si no llega a ser por la combinación de blockbuster, romanticismo y películas de época, “Titanic” no se hubiera convertido en la película más taquillera de la historia en 1998.

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7. “Trainspotting”, Danny Boyle. En septiembre de 1996 se estrenó en España la polémica “Trainspotting” entre acusaciones de glorificar el consumo de heroína. Cualquiera que haya visto la película y la escena en la que Ewan McGregor combate el mono mientras un bebé cadáver le acecha desde el techo de su dormitorio habrá llegado fácilmente a la conclusión de que las drogas, cuanto más lejos, mejor. “Trainspotting” sería algo así como la aportación del Brit Pop al séptimo arte y la demostración de que había otro cine británico más allá de las sobrias adaptaciones literarias de James Ivory (“Lo que queda del día” o “Regreso a Howards End”) y el realismo social a lo Ken Loach (“Lloviendo piedras”). Con el tiempo, Ewan McGregor terminaría siendo Obi Wan Kenobi y Danny Boyle ganaría el Oscar por “Slumdog Millionaire”.

Rompiendo las olas

8. “Rompiendo las olas”, Lars Von Triers. El cine de arte y ensayo ha existido siempre. Los noventa ya nos habían dado grandes momentos de cine intelectual a través de películas como “El piano” de Jane Campion, la obra de Hal Hartley (“Amateur”, maravillosa) o la trilogía de los colores de Kieslowski. Sin embargo, el universo gafapasta implosionó con el estreno en 1996 de “Rompiendo las olas”. El festival de pretenciosidad y trascendencia prosiguió en la entrega de los Oscars del año siguiente, en el que la Academia nominó y premió a películas como ésta, “Secretos y mentiras”, “Fargo”, “Shine”, “Sling Blade”, “Lone Star” o “El paciente inglés”, la triunfadora de la noche en una edición más parecida al mitificado festival de Sundance que al glamour hollywoodiense. Incluso en años siguientes, la Academia se atrevió a nominar y premiar en sus principales categorías a películas extranjeras como “La vida es bella”, “Estación Central de Brasil”, “Tigre y dragón” o “Hable con ella”. Lars Von Triers, por su parte, volvió a estafarme con la deplorable “Bailar en la oscuridad” y yo ya no me digne ver ninguna de sus otras películas. La industria cinematográfica danesa nunca estará lo suficientemente agradecida a esa ocurrencia del bueno de Lars denominada “Dogma 95”.

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9. “Scream”, Wes Craven. Para competir contra tanto bostezo, nada mejor que una película de terror adolescente que triunfó por sorpresa a finales de 1996 gracias al inteligente trabajo de un guionista novato llamado Kevin Williamson y el buen hacer de un veterano director como Wes Craven. A base de referencias cinéfilas (oh, el posmodernismo ataca de nuevo, gracias Quentin) y logradas escenas de tensión, la película se bastó ella sola para resucitar un género muerto desde finales de los ochenta y generar secuelas e imitadoras que los universitarios de la época disfrutamos con placer, aunque fuera por sus momentos de humor involuntario: “Sé lo que hicisteis el último verano”, “Leyenda Urbana”, “The Faculty”, “Halloween H20″… El mundo descubrió a través de estas películas (y la serie de televisión de Williamson, “Dawson crece”) a actores y actrices como Jennifer Love Hewitt, Sarah Michelle Gellar, Ryan Phillippe, Jared Leto, Joshua Jackson, Michelle Williams o Katie Holmes. En 1999, el estreno de “El proyecto de la bruja de Blair” traería novedades que serían desarrolladas durante la nueva década: actores desconocidos, aire documental, campaña publicitaria en Internet, cámara en mano…

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10. “The Matrix”, Andy y Larry Wachowski. 1999 estaba marcado en el calendario como el año en que se estrenaba una de las películas más esperadas de todos los tiempos: “La Amenaza Fantasma”. Afortunadamente, el trauma que nos causó Jar Jar Binks pudo ser superado gracias a los hermanos Wachowsky. “The Matrix” ofrecía un argumento ingenioso, efectos especiales y movimientos de cámara nunca antes vistos en una gran pantalla y un diseño de vestuario y dirección artística que definiría el sentido de la palabra “cool” durante toda la primera década del siglo XXI. De la mano de Neo, Morfeo y Trinity llegamos al futuro. ¿A qué parece mentira que ya haga más de doce años que se estrenó? ¿A qué es mejor olvidarnos de que hubo un par de secuelas?

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Bonus Track: “Tesis”, Alejandro Amenábar. Durante los noventa, el cine español vivió una corta pero feliz historia de amor con el público. Una hornada de nuevos directores se olvidó de los típicos tópicos de nuestro cine y decidieron dejar de hablar de la Guerra Civil y la posguerra para hacer películas de género o un cine de autor que supo conectar con las corrientes del momento. Isabel Coixet, Julio Medem, Fernando León, Benito Zambrano, Gracia Querejeta, Manuel Gómez Pereira, Álex de la Iglesia o Santiago Segura serían algunos de los nombres claves de la década junto a una generación de actores y actrices que han conseguido un reconocimiento internacional jamás conseguido anteriormente por nuestro cine. Sí, hablo de Penélope y Javier, claro. El alumno estrella de la promoción sería, sin duda alguna, Alejandro Amenábar. Con apenas 24 años, estrenó “Tesis”, una cinta de suspense verdaderamente eficaz que marcaría el inicio de una exitosa carrera cinematográfica. Unos años más tarde, el cine español decidió volver por sus fueros y dar la espalda al público… y así hemos llegado hasta el 2011.