Archivo por meses: Agosto 2011

THE TIME IS NOW

Llegó la fecha señalada y el 20 de agosto mi hermano se casó con Rocío en un pequeño pueblo cercano a Badajoz. Es imposible resumir en pocos párrafos todos los momentos y todas las emociones vividas en ese fin de semana. Si tuviera que elegir uno, puede que fuera cuando comenzaron a sonar las notas de Hoppípolla, de Sigur Ros, y los novios abrieron el baile uno en brazos del otro, solos en la amplia pista de la carpa, mirados y admirados por todos. Más de uno no pudo contener las lágrimas.

En días anteriores, mi madre me confesó que temía que no pudiera dejar de llorar cuando entrara con mi hermano en la iglesia. Sin embargo, cuando llegó el momento, no hubo lágrimas en su rostro sino una enorme sonrisa y un brillo especial en sus ojos. La misma emoción, distintas formas de expresarla. Yo también sonreí mucho durante esos días.

Tampoco olvidaré cuando vi aparecer por primera vez a la novia, que llegaba caminando desde su casa hasta la iglesia acompañada por familiares y amigos. Sé que se dice que todas las novias están guapas el día de su boda, pero más allá del tópico, Rocío estaba verdaderamente espectacular con su vestido blanco. Guapa de verdad.

Creo que es también la primera boda en la que se agradece un poco de lluvia. El viernes, al hacer la parada técnica para comer en Trujillo, bajamos del coche y nos envolvió un viento de fuego. Por la noche, mientras cenábamos con unos primos y otros primos, el termómetro seguía estando por encima de los treinta grados celsius. Mientras se celebraba la boda, yo sentía el sudor bajar por mi espalda. Sin embargo, el cielo se fue cubriendo y cuando llegamos a la villa donde se servía la cena en un patio descubierto, gotas de lluvia caían de vez en cuando sobre nosotros, refrescando el ambiente… y poniendo una nota de suspense. ¿Qué hubiera pasado si llega a llover de verdad? Afortunadamente, la tormenta no descargó con todos sus rayos y truenos hasta que estábamos en la carpa, a las cuatro de la mañana, danzando kuduro.

También recordaré la boda de mi hermano como la primera vez en que me presenté ante toda mi familia con Diego a mi lado. Ya no estaré nunca más dentro de un armario. Cuando llegó el momento en que nos hicimos las fotos con los novios delante del altar, mi madre subrayó que nos las haríamos “con Diego”. Puede que ese sea mi otro gran recuerdo favorito de ese fin de semana.

REMOLINOS DE VERANO

Estas vacaciones de verano comenzaron en una casa rural en un pequeño pueblo de Ávila llamado Fuente El Sauz, un lugar en medio de ninguna parte. Ahí pasamos un fin de semana entre partidas nocturnas de Singstar, debates filosóficos salpicados de patatas fritas y cocacolas, excursiones a Madrigal de las Altas Torres, fotografías entre girasoles y mi primera barbacoa, chispas (y brasas).

Pero si algo recordaremos de nuestra estancia en el lugar fue la invención del remolining. Es muy sencillo. Se sumerge un grupo de personas en una piscina de forma circular y comienzan a correr por el borde exterior de la misma. El movimiento de sus cuerpos desplaza la masa de agua y termina creando una potente corriente en forma de remolino en poco minutos, de tal forma que pueden optar por dejarse llevar por el mismo o poner a prueba su fuerza y habilidad desafiando la fuerza de la corriente. Cosa que no es tan fácil como parece. Dentro vídeo.

En las últimas semanas me he tenido que enfrentar a unos cuantos remolinos vitales que me han llevado de un lado para otro con cierto descontrol. Sin embargo, pensando en esta piscina desmontable, me he dado cuenta de que, en realidad, gran parte de estos remolinos los he desencadenado yo con mis acciones, mis decisiones, mis miedos, mis errores… Resulta que vencerlos sólo requiere un poco de valor y un poco de fuerza. Es más difícil decidirse a actuar que llevar a cabo la acción en sí misma. Ahora mismo, me siento como si hubiera dominado el Maelstrom.