Archivo por meses: Abril 2011

FRÁGIL

Hay momentos en los que te das cuenta de que la vida es tan frágil como una rosa puesta a secar en una caja llena de sal. Últimamente estos momentos se repiten demasiado y hacen que ciertos acontecimientos no brillen tanto como debieran. Hace dos días Diego y yo celebramos nuestro cuarto aniversario, cuatro años desde que nos dimos nuestro primer beso de verdad en el Antik Café. Estuvimos a punto de celebrarlo pidiendo comida china y cenando pato pekinés tumbados en el sofá, pero decidimos que lo adecuado era salir a cenar fuera. Error. Terminamos yendo a un restaurante de cuyo nombre no quiero acordarme en el que yo pedí el menú degustación Mez y Diego, el menú degustación Klum. Se ve que en la cocina estaban más pendientes de los goles de Messi que de atender a que la carne pasara de estar al punto a adoptar el sabor y la textura de una suela de zapato.

Así que decidimos que, por mucho vino rosado que bebiéramos, esa celebración de aniversario no contaba. Ya lo celebraremos otra vez dentro de un mes o dos.

Afortunadamente, el martes cenamos mucho mejor en el muy recomendable restaurante Root. El 26 de abril de 2011 pasará a la historia porque fue el día en que mi madre y mi novio se conocieron por fin. Yo estuve de los nervios toda la tarde. Al final, todo salió mucho mejor de lo que esperaba. Más vale tarde que nunca. Mi madre dijo que él era encantador, simpático e inteligente. Ni siquiera dijo que “es muy joven para mí” o “qué pena que no sea una chica”. A Diego también le gustó ella. Poco a poco, se va normalizando nuestra situación.

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Hace 7 años, en una pagina de Internet llamada Blogia, escribí esto:

Nacimiento

Siete años después, sigo siendo un naufrago en las autopistas de la información, pero tengo la seguridad de que mi mensaje en la botella ha llegado a su destino. Con algunas personas a las que he conocido a través de estas líneas en la pantalla incluso he comenzado una larga conversación: Facebook, Twitter, Buzz, las redes sociales en general no son más que un diálogo infinito e inagotable. Gracias a este blog he conocido a muchas personas y a algunas de ellas las cuento ahora entre mis amigos -y no me refiero a “amigos” como los que se tienen en el caralibro, sino personas con las que comparto buenos ratos, risas, preocupaciones y alguna que otra confidencia.

¿Cuál es el futuro de este rincón de la red? Ya veremos, pero mientras siga disfrutando del placer de escribir de vez en cuando algo que quiera compartir con el resto del mundo y del placer de releerlo tiempos después, aquí seguiré. Da igual que los blogs hayan muerto. Los zombies estamos de moda.

VACACIONES

Este blog se ha tomado unas vacaciones. No sé si merecidas, pero quizás necesarias. El que esto escribe sí que las necesitaba. No hay nada como una semana convertida en un largo fin de semana repartido entre Madrid y la sierra. Para ser exactos, la casa de Diego no está en la sierra, pero para mí todo lo que se encuentra más al norte del Ikea y el Plaza Norte es parte ya de ese territorio indefinido llamado “La Sierra”, así, sin más, como La Comarca de los Hobbits.

Las vacaciones han tenido sabor a torrijas. Mi abuela hacía torrijas de vez en cuando, cuando sobraba mucho pan de un día para otro y había que aprovecharlo de alguna manera. Cuando las servía de postre, cualquier día de la semana se convertía en un día de fiesta. En Madrid descubrí que las torrijas son un postre típico de la cuaresma, pero hasta ahora sólo había podido comer las muy deplorables torrijas del restaurante de mi empresa. Como Diego tiene dos abuelas que me invitan a comer, las torrijas han vuelto a mi vida y cualquier día de la semana vuelve a ser un día de fiesta. Aunque, todo hay que decirlo, una de las abuelas hace mejores torrijas que la otra.

Las vacaciones han tenido olor a lluvia. Da igual que el plenilunio de abril caiga en la primera semana del mes o en la última, la lluvia casi siempre hace acto de presencia en cuanto llega la Semana Santa. El miércoles, día de Copa del Rey, cogí un autobús en Plaza de Castilla a las ocho de la tarde. Minutos después, el cielo se abrió sobre Madrid y soltó lluvia, rayos y truenos. Desde el autobús veía las torres bajo nubes negras. Se veía el resplandor de un relámpago en el cielo cada cinco segundos o menos. La tormenta terminó por alcanzarme y no dejó de llover en los días venideros. A las plantas de mi alfeizar les sentó bien: cuando volví a mi casa, la alegría había florecido.

La vuelta de las vacaciones ha venido llena de nervios, citas y aniversarios. Pero de eso ya empezaremos a hablar a partir de mañana.

LA VIDA DE LOS OTROS

En una iglesia, las gentes de la alta burguesía ocupan los bancos con mucha antelación para no tener que estar de pie durante la celebración de la misa del gallo. En uno de ellos, mientras esperan a que comience la ceremonia, dos hermanas hablan:

-¿Sabes que X hizo una cena en su casa con toda su familia para decirles que es homosexual?

La otra mujer permanece en silencio un momento, traga saliva y responde:

-Yo también.
-Tú también, ¿qué?
-Que yo también soy… homosexual.

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En otra etapa de su vida, una amiga trabajó durante una temporada cuidando un comedor infantil en un colegio. Los niños eran especialmente traviesos y se dedicaban a corretear de un lado a otro en vez de obedecerla. Un día, uno de ellos se despellejo el dedo con una puerta de seguridad. Llorando a moco tendido, se lo enseñó:

-Señorita, me he hecho daño en el dedo.

Mi amiga vio el dedo del niño, despellejado de tal manera que se veía el hueso a través de la carne ensangrentada, y se desmayó.

-Ve a donde la directora y di que te lleve al hospital, rápido -dijo desde el suelo, incapaz de levantarse.

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Hace décadas, mi madre tuvo un accidente de coche. El vehículo se salió de la calzada, dio un par de vueltas de campana y terminó en medio de un campo de trigo recién segado. Cuando fueron a socorrerla instantes después, a pesar de que tenía la cabeza abierta y la cara ensangrentada, lo único que decía era algo así como “mis zapatillas, donde están mis zapatillas”. Los que la ayudaban debieron de pensar que el golpe la había dejado medio atontada. Ella contó después que lo único que sentía era como las briznas de espigas cortadas se le clavaban en la planta del pie.

Hace poco una amiga tuvo un accidente de moto y su primera preocupación al levantarse del suelo fue que le habían roto las medias y el vestido.

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En una fiesta a la que una amiga trajo bocadillos de chorizo en una bolsa de Carolina Herrera, tuve esta conversación telefónica con Diego:

-¿Y cuándo vuelves?
-Mañana, por la noche, que el tren sale muy tarde de Pamplona.
-¿Y qué harás todo el día?
-Pues estar con mi madre, así le cuento que vas a venir a la boda.
-¿Cómo? ¿Que aun no le has dicho que vas a la boda? No me lo puedo creer, perdona pero te voy a colgar.

Dicho y hecho, me colgó y nos dedicamos a discutir por sms, como hacen las parejas bien avenidas en estas situaciones. Volvimos a hablar por Skype la noche siguiente:

-Bueno, pues ya le he dicho a mi madre que vienes a la boda.
-Ah, ¿y qué dijo?
-Pues al principio se sintió incómoda, tardó un poco en reaccionar…
-¿Cómo?
-Bueno, es que ella se toma estas cosas de forma muy melodramática. Pero bueno, yo le dije que en algún momento tendría que conocerte y que la boda de J. era una buena ocasión para ello…
-¿La boda de quién?
-De mi amiga J.
-Aaah, yo pensé que hablabas de la boda de tu hermano.
-¿Cómo? Pero si mi madre sabe que vas a la boda de mi hermano desde antes de Navidad o así…
-Jajajaja, ¿y ahora voy a tener que ir a Pamplona en mayo?
-Pues sí, jajajaja.

Con estos materiales que me rodean, ¿cómo escribir algo que no sea autobiográfico o basado en hechos reales?

ONE HIT WONDERS: Cómo evitar convertirse en una

En el mundo de la música, el término “One Hit Wonder” designa a aquellos artistas que sólo consiguen alcanzar el éxito comercial una vez en su carrera profesional. Son aquellas canciones que todos conocemos pero que nunca recordamos quien las interpreta y que suelen acabar formando parte de los recopilatorios que se venden en la teletienda. Suele suceder con temas ligados a estilos de fama efímera, como el sonido Filadelfia, la música disco, el synthpop ochentero o el eurodance; canciones pertenecientes a bandas sonoras, tanto de películas como de anuncios; o fenómenos paranormales como la Lambada, el Aserejé o el “Achy Brachy Heart” de Billy Ray Cyrus (y que permitió a Coyote Dax convertirse en otro artista de un único éxito). A veces, hay artistas con una larga y respetada carrera a sus espaldas de los que el público sólo conoce una única canción: les sucede, por ejemplo, a Soul Asylum y su “Runaway Train”. Podéis leer mucho más sobre este fenómeno en la Wikipedia, como no.

En la vida también podemos ser One Hit Wonders. Todos recordamos algún momento especialmente brillante de nuestra carrera profesional o nuestra vida personal, momentos que, quizás, se han terminado convirtiendo en un hecho aislado o casi anecdótico. ¿Qué sucedió para que a aquel primer éxito no le siguieran otros? ¿Por qué terminó siendo una excepción en vez de la norma? ¿Qué salió mal? Basándome en mi experiencia personal y en los errores cometidos por mis amigos, las estrellas de la música ligera, me pongo el disfraz de gurú cybernáutico para vender una serie de consejos:

-Tener talento. La cualidad imprescindible para triunfar es tener talento: hacer algo y hacerlo bien. En mayor o menor medida, todos tenemos talento para algo. Es fundamental saber cuáles son nuestros puntos fuertes para potenciarlos al máximo y cuáles son los débiles para poder contrarrestarlos. Ni Bob Dylan, ni Leonard Cohen, ni Joaquín Sabina, ni Julio Iglesias pasarán a la historia por sus gargantas privilegiadas. A Jennifer Rush, en cambio, no le sirvió de nada su voz operística. Las baladas en la carrera de Britney Spears son casi tan escasas como sus actuaciones cantando en directo. El primer paso para tener éxito en todo aquello que nos propongamos es conocernos a nosotros mismos.

-Tener ambición. John Lennon dijo que los Beatles eran más grandes que Jesucristo. Madonna no se ganó el sobrenombre de “ambición rubia” por su tinte de pelo. Noel y Liam Gallagher nunca se han destacado por la humildad de sus declaraciones. Si Shakira se hubiera conformado con ser la Alanis Morrisette de Barranquilla, nunca habría bailado el waka-waka y conocido a su sol. Ponerse grandes metas, aspirar a lo inalcanzable y trabajar a destajo para conseguir que los sueños se hagan realidad es una condición indispensable para triunfar. Si tus metas son pequeñas, sólo conseguirás objetivos diminutos.

-Tener contactos y saber utilizarlos. Cuando uno da los primeros pasos en el mundo profesional, puede sentir vergüenza o timidez a la hora de relacionarse con aquellas personas que nos pueden echar una mano. Incluso puede mirar con rabia a quienes sí se atreven a hacerlo y considerarlos unos trepas. No hay que tener miedo a pedir ayuda y darse a conocer. Al fin y al cabo, esas personas que están por encima de nosotros están deseando descubrir nuevos valores: Elvis Presley no hubiera sido el Rey del Rock si no se hubiera presentado en las oficinas de Sun Records para grabar un par de canciones. Cuando sólo era una corista, Mariah Carey aprovechó una fiesta de Columbia Records para darle su maqueta a Tommy Motola, jefazo de la compañía. Madonna no dudó en recurrir a William Orbit para revitalizar su carrera con los sonidos electrónicos de “Ray of Light”. Lo mismo han hecho los Black Eyed Peas y otros tantos con David Guetta o RedOne. Productores, managers y compositores han estado detrás de las carreras de muchos artistas. Sin embargo, no puedes confiar en que tu carrera se base sólo en el poder de tus contactos. El día que Robbie Williams dejó de trabajar con el compositor y productor Guy Chambers fue el día en que su carrera comenzó a hundirse. Cuando el equipo de productores formado por Stock, Aitken y Waterman no supo adaptarse a los nuevos sonidos de los 90, comenzó el ocaso de las carreras de Rick Astley y Jason Donovan. Y no vamos a hablar aquí de lo que les sucedió a unos tales Milli Vanilli…

-Tener suerte. Puedes tener talento, ambición y contactos y fracasar estrepitosamente. O puede pasarte como a Roxette. El dúo había conseguido el número 1 en las listas de su Suecia natal con el disco “Look Sharp!” a finales de 1988. Ahí lo compró un estudiante estadounidense durante sus vacaciones y después se lo prestaría a un amigo que trabajaba en una emisora local de Minneapolis. “The Look” comenzó a pasar de radio en radio y, meses después, era el primer éxito internacional de la carrera de Roxette. La suerte es un factor incontrolable, pero que hay que tener siempre en cuenta.

-Saber aprovechar las oportunidades. En la vida, a veces, dejamos pasar cursos, prácticas, ofertas de trabajo y otras propuestas similares porque consideramos que no es el momento de hacerlas, no nos van a aportar nada nuevo, no tienen importancia o no nos van a llevar a ningún sitio. Es un error: nunca hay que dejar pasar la oportunidad de formarse, ampliar horizontes o enriquecerse profesionalmente y, sobre todo, nunca sabemos qué puede pasar con esa propuesta disparatada que nos hace un compañero de facultad. En 1974 un cuarteto sueco ganó el festival de Eurovisión con una canción llamada “Waterloo”. Fue el primer éxito de muchos, muchos, muchos, para Abba. La carrera de Sergio Dalma no habría despegado sin aquel “Bailar Pegados”. Incluso un batacazo puede traer cosas buenas: estoy seguro de que Soraya no habría conseguido los contactos internacionales para grabar “Dreamer” si no llega a ir a Eurovision. Por poner ejemplos no eurovisivos, Bryan Adams consiguió sus mayores éxitos internacionales a raíz de incluir “Everything I do (I do it for you)” en la banda sonora de aquel Robin Hood de Kevin Costner. Y es que la suerte persigue a quien la busca: Dido publicó en junio de 1999 “No Angel”, su primer disco. Eminem utilizó un sampler de una de sus canciones, “Thank you”, en su sencillo “Stan”, editado a finales de 2000 y en cuyo vídeo aparecía la cantante. A raíz de esto, “No Angel” se convertiría en el disco más vendido en el Reino Unido en el año 2001 y vendería más de veinte millones de copias en todo el mundo.

-No tener prisa. Puede que este punto se contradiga con el anterior, pero mi experiencia personal me indica que, a veces, es mejor esperar. Cuando uno termina su formación, parece imprescindible que se incorpore cuanto antes al mundo profesional. Sin embargo, esto hace que tomemos decisiones precipitadas o que no tengamos la madurez suficiente para afrontar los desafíos que trae consigo la vida fuera del ámbito académico, de nuestro entorno familiar o de nuestra ciudad natal. A Britney Spears, Amy Winehouse o Kurt Cobain, el éxito no les sentó nada bien. Martika decidió retirarse por completo del mundo de la música después de su segundo disco. Alanis Morrisette grabó un par de discos de pop juvenil e intrascendente antes de sorprender al mundo con “Jagged Little Pill”. Sheryl Crow publicó su primer disco, “Tuesday Night Music Club”, a los 31 años, después de haber trabajado durante años como corista y compositora para otros artistas. Robyn tuvo su primer éxito comercial en 1997, pero no consiguió libertad creativa y madurez artística hasta que fundó su propio sello y adoptó su característico sonido electrónico a mediados de los 2000.

-Arriesgarse. No hay que tener miedo a proponer ideas diferentes, cambiar de estilo, no hacer lo que se espera de nosotros o sorprender al público. En 1991, “Achtung Baby” convirtió a U2 en uno de los grupos fundamentales para entender los 90 y les salvó de convertirse en unos Simple Minds cualquiera. Los ejecutivos de Capitol calificaron el “OK Computer” de Radiohead de suicidio comercial, especialmente cuando el grupo decidió que “Paranoid Android”, una canción de más de seis minutos y medio, fuera el sencillo de presentación. En 1993 muchos pensaron que Gloria Estefan se había vuelto loca cuando publicó un disco en castellano inspirado en los sonidos tradicionales de su Cuba natal. Con ocho millones de copias vendidas, “Mi Tierra” se convirtió en el mayor éxito de su carrera.

-Saber evolucionar. Hay que saber adaptarse a los cambios en nuestro entorno. Hay que luchar contra el estancamiento y la rutina y aprender a mejorar un poco cada día. Hay que saber enfrentarse al desafío que supone el día a día y ser consciente de que no se puede repetir la misma fórmula y los mismos esquemas una y otra vez. Hay que saber pasar de “The Fame” a “The Fame Monster”. De arrasar entre las jovencitas de la época con “She Loves You” a componer “A day in the life”. De grabar canciones sencillas y contundentes como “Basket Case” a firmar una opera-punk llamada “American Idiot”.

-Tener un plan B. Es bueno tener recursos y planes de emergencia para afrontar las situaciones críticas. Hay que saber tener soluciones alternativas a nuestro alcance en caso de que tengamos que recurrir a ellas en un momento dado. A veces, una actividad secundaria puede convertirse en nuestro salvavidas. Seguramente, Damon Albarn nunca pensó que su banda de dibujos animados, Gorillaz, iba a tener a largo plazo más futuro comercial y artístico que Blur. Natalie Imbruglia nunca repitió el éxito de “Torn”, pero siempre pudo recurrir a los anuncios de L’Oreal para sacarse un dinerillo.

-No arrojar la toalla. Digan lo que digan, nunca es tarde para reinventarse o para triunfar, como bien sabe Susan Boyle. Se pueden acumular decenas de fracasos y decepciones, pero basta un éxito adecuado en el momento justo para volver a estar en primera línea al más puro estilo Enrique Iglesias con “I like it” (o Jennifer Lopez con “On the floor”). Kylie Minogue se pasó la década de los 90 jugando y experimentando sin demasiada fortuna con otros sonidos hasta volver al pop comercial que tan bien sabe hacer con “Light Years”. La historia de la música es una historia de segundas oportunidades: si Take That pudieron volver a lo más alto, ¿por qué no vamos a volver a triunfar nosotros?

TANTAS COSAS QUE CONTARTE

Esta historia empieza como otras miles. Análisis, pruebas médicas, diagnósticos ambiguos que se ven sustituidos por todo tipo de eufemismos bienintencionados. Aun hay gente a la que le da miedo llamar a la enfermedad por su nombre: cáncer.

Esta historia termina como otras miles, pero por desgracia no termina bien. Un viernes te acuestas lleno de optimismo para que, a primera hora del sábado, te despierte una llamada telefónica a destiempo. Como siempre pasa en estas situaciones, sabes que son malas noticias antes de que descuelgues. Hemorragia cerebral, coma irreversible, desenlace inminente.

Esta historia es como otras miles pero también es mi historia. Nunca antes había vivido tantas horas de espera sin esperanza en los pasillos de un hospital. Nunca antes me había sentido tan unido a otras personas que, sin que compartamos lazos de sangre, ya considero mi familia. Nunca abrazar a Diego fue tan triste. Nunca pensé que íbamos a llorar tanto, tan pronto.

El tiempo en el tanatorio pasa como en una nube. Yo siempre me acordaré del color de las flores que la rodeaban y de como el cristal que nos separaba me impedía respirar su aroma. En esa pequeña habitación, la pena ocupaba todo el espacio. En el exterior era más sencillo respirar. Vinieron muchos amigos comunes, hubo momentos en que llegabas a olvidarte del dolor e incluso podías sonreír. Te sorprendías a ti mismo haciendo humor sobre los modelos de urnas funerarias -todos ellos oscilando entre lo horrendo y lo cursi- expuestos en una vitrina a la entrada del negocio funerario. Será que el visionado de “A dos metros bajo tierra” me ha enseñado a ver “the fun in the funeral” o simples mecanismos de autodefensa. Unos lloran, otros se encierran en el silencio, algunos estuvieron horas en la cafetería del tanatorio bebiendo cañas y cubatas, yo me refugio en la ironía hasta que afloran las lágrimas.

Por la mañana, antes del entierro, llegó el momento de hablar del funeral. ¿Alguien querrá decir algo en la ceremonia? ¿Alguien se anima a escribir unas palabras? ¿Alguien conoce algún texto apropiado para la ocasión? Paseando al sol entre tumbas y flores de plástico, con los aviones sobrevolando nuestras cabezas en el cielo despejado de Madrid, Diego se acordó del arranque de la canción de Nena Daconte: “Prometo guardarte en el fondo de mi corazón/prometo acordarme siempre de aquel raro diciembre/prometo encender en tu día especial una vela/y soplarla por ti/prometo no olvidarme nunca/Tenía tanto que darte/tantas cosas que contarte/Tenía tanto amor/guardado para ti”.

El tío de Diego leyó por él estas frases. Es difícil que durante los próximos meses (¿O años? ¿O siempre?) consiga escuchar esta canción sin que los ojos se me llenen de lágrimas. Yo también tenías tantas cosas que contarle, así que unos días después le escribí una carta. Pero lo que le dije se queda entre ella, Diego y yo.

Ya he sido capaz de contar la historia. Poco a poco vamos llenando el agujero.

SUPERMASSIVE BLACK HOLE

-No, no estoy triste, pero siento como si tuviera un agujero aquí dentro, siempre.
-Es normal, no te preocupes.

Pero él se preocupa. También es normal. Yo le sigo hablando.

-Es normal que sientas que tienes un agujero ahí dentro y que te parezca que va a estar ahí siempre. Es como si te hubieran arrancado un pedazo. Tienes que dejar que pase el tiempo para que se cierre poco a poco, y mientras tanto, puedes ir llenándolo con recuerdos bonitos, momentos que te hagan sonreír, pequeños trozos de vida, planes, ilusiones, todo tipo de cosas… Seguro que a veces tendrás la impresión de que es como un enorme agujero negro que se lo traga todo, imposible de llenar. Pero ya verás como lo consigues.

Y poco a poco, lo vamos consiguiendo.