SPLASH!

El domingo, al final, fuimos al Aquopolis dispuestos a pasar un día en remojo deslizándonos por toboganes sin fin. Al llegar, nos llevamos nuestra primera decepción al comprobar que la entrada al parque acuático cuesta 23 euros. Menos mal que ser socio del Círculo de Lectores, además de hacer que tus amigos te miren como si fueras un anciano señor, te da descuentos en actividades culturales como ésta. Eso sí, una vez entras no te sorprende comprobar que te cobren diez euros por un menú de hamburguesa de plástico con patatas de corcho y refresco de cola, o que el precio de los helados sea incluso superior al de los puestos del Retiro. Y eso que nosotros no alquilamos flotadores… No quiero pensar lo que se gastará una familia completa en un domingo de Aquopolis. Bueno, sí que lo pensamos, y llegamos a la conclusión de que el futuro no está ni en el porno ni en las redes sociales. El secreto para hacerse rico es poner un parque acuático. Sobre todo ahora que con el calentamiento global sólo habrá dos estaciones al año: el crudo invierno y el bello verano.

Haciendo cálculos aproximados, creo que dediqué el 90% del tiempo que estuve en el recinto a hacer colas. Hacer cola es una actividad de ocio tan entretenida como cualquier otra. Mientras uno habla con sus amigos, puede dedicarse a comprobar que el número de adolescentes que llevan calzoncillo debajo del bañador aumenta de año en año sin que sus madres, padres, tutores legales o la policía haga nada por evitarlo, distraerse contemplando torsos ajenos y bikinis variados o hacer estudios sociológicos de gran relevancia intelectual. Además, esperar al sol que más calienta garantiza que al final del día lucirás un hermoso moreno uniformegracioso color sonrosado… o del tono langosta asada si no te has puesto crema factor 50plus.

Todos esos esfuerzos y sacrificios se ven recompensados cuando llega, por fin, el turno de deslizarse por el tobogán. Durante esos breves segundos de subidones de adrenalina y diversión, uno se olvida de todo, se abstrae del entorno y se olvida de pensar para limitarse, simplemente, a dejarse llevar por la inercia de la caída o sentir el agua en tu piel. Felicidad simple y pura.

MÚSICA DOMINGUERA

Hoy, Alberto Contador ha ganado por tercera vez el Tour de Francia, algo que han hecho muy pocos corredores en la historia del ciclismo. La música dominguera se la dedicamos a él, a Andy Schleck, a Dennis Menchov y a todos los que cabalgan sobre sus bicicletas, desafiando el calor, luchando contra el reloj y las pendientes infinitas de los Alpes y los Pirineos. La canción es “Tour de France” de Kraftwerk. No podía ser otra.

Kraftwerk es una de las bandas claves para entender la evolución de la música en general y de la electrónica en particular de las últimas décadas. “Tour de France” fue editada por primera vez como sencillo en 1983, pero ha sido remezclada y reeditada posteriormente en numerosas ocasiones. La última de ellas fue en 2003, con motivo de la publicación del que es hasta la fecha el último disco de la banda alemana: “Tour de France Soundtracks”.

URBAN HYMNS

Madrid es un inmenso puzzle del que, más de diez años después de empezar a jugar con él, aun sigo encajando piezas.

La primera plantilla que utilicé fue el mapa del metro. Entre estación y estación había inmensos espacios en blanco que poco a poco fui rellenando. En mi mente, las estaciones estaban mucho más separadas entre ellas de lo que están en realidad. Fue una sorpresa la primera vez que descubrí que entre Embajadores y Lavapiés, por ejemplo, no había más que un par de manzanas de distancia. Poco a poco me fui convirtiendo en un peatón, un caminante que iba coloreando su mapa de la ciudad: Aquí está la casa cuyo tejado está decorado con cocodrilos, éste es el café donde nos dimos el primer beso, estas fueron las escaleras que me llevaron hasta nuevos amigos, ésta es la calle donde me gustaría vivir, éste es el lugar donde nos vimos por última vez, aquí hicimos grandes fiestas, aquí no… Sabes que el puzzle te está saliendo bien cuanto mayor es el número de piezas que te traen buenos recuerdos.

Esta semana encajé una nueva pieza al entrar por primera vez en cierto bar de la plaza Vázquez de Mella y comprobando una vez más que hay lugares en esta ciudad donde siempre es sábado aunque sea martes y que hay blogueros a los que vale la pena convertir en personas cada vez más reales. También puse en el mapa las piscinas de Franco Rodríguez y las terrazas de la Dehesa de la Villa, donde tomamos una caña mientras sonaba una extraña música de saxofón más propia de una película de David Lynch que del verano capitalino. Pero ese lugar siempre será recordado porque una amigo nos anunció que esa semana se iba a comprar un piso con su novio. Lo dijo sin darle importancia, como si no supiera que una hipoteca une mucho más que un anillo de boda.

PLANES DE VERANO

Hace exactamente un año, Diego y yo estábamos en un tren rumbo a Viena desde Budapest, uno frente a otro, solos en un compartimento, atravesando llanos verdes y mirándonos el uno al otro. No hablamos mucho durante el viaje, pero no hacía falta. Una de las cosas buenas que tenemos es que podemos compartir agradables y cómodos silencios.

Hoy, en cambio, tengo turno de guardia en el trabajo. Hace calor. No hay bonitos paisajes al otro lado del cristal y los planes de este verano giran en torno a otra bella capital europea en la que voy a pasar bastantes días, aprovechando que el alojamiento me sale gratis:

Madrid.

Madrid tiene museos, calles monumentales e interesantes comercios. Cuentan que la vida nocturna es animada y aunque no tiene playa, no escasean las piscinas. Si hasta tiene parque de atracciones y zoológico… Además, estos días libres me servirán para poner en marcha distintos proyectos, como la operación cocina, destinada a hacer una limpieza a fondo y una reordenación completa de la misma. O la operación “ya va siendo hora de que arregles de una vez por todas la cisterna del water”. Por no hablar tampoco de la estrategia “rehabilitación del espacio superior y transformación del desván de trastos en espacio chillout”. Y también tengo tantos libros por leer, películas por ver, juegos por terminar…

Tengo ganas de vacaciones. Ya queda menos.

RITUAL DE LO HABITUAL

El ritual es el mismo casi todas las mañanas. Suena el despertador a la hora prevista. Remoloneo durante más rato del que tenía previsto. En esos minutos suelo tener los sueños más extraños de la noche aunque lo único que recuerdo de ellos, por lo general, es la sensación de extrañeza que me han dejado en el cuerpo. Por fin salgo de la cama con los ojos aun medio cerrados. A veces hasta me tambaleo si mis pies aun no se han despertado del todo. Al salir de mi habitación, el gato me suele recibir con un maullido. Yo le ignoro aun. Entro al cuarto de baño. Me miro en el espejo: sigo siendo yo y no un insecto gigante.

Al entrar en la ducha y sentir el agua sobre mi piel, suelo despertarme del todo. Ese es el momento en el que mi mente comienza a funcionar. A veces se pone a repasar la agenda prevista para el día y me recuerda todos los propósitos y los planes olvidados, todas las cosas que he dejado pendientes. Quizás hoy por fin tenga ganas y tiempo para hacerlas. En otras ocasiones, decide viajar al pasado y me asaltan remordimientos por cosas que hice hace meses, años e incluso décadas. Es curioso como a veces, sin razón aparente, se nos ocurren las palabras adecuadas que debíamos haber dicho entonces o vemos claramente cuál era la decisión acertada y que no tomamos cuando correspondía. Revelaciones brillantes con retraso. No es raro tampoco que me pregunte si seré capaz de cumplir las cosas que he prometido y que me he prometido.

Es en esos momentos cuando entiendo por qué otras personas deciden ponerse a cantar en la ducha mientras se enjabonan.

MÚSICA DOMINGUERA

Cumpliendo una tradición casi anual, hoy me voy con mis amigos al Aquopolis. No hay mejor música dominguera para la ocasión que ésta: “Se a vida é”, de Pet Shop Boys.

Escogida como segundo sencillo de su disco “Bilingual”, fue una de las canciones más escuchadas en el verano de 1996. Seguramente fue uno de los últimos éxitos de Pet Shop Boys dentro del panorama de la música comercial más mainstream, en el que fueron uno de los grupos más destacados durante los 80 y los 90. El videoclip está dirigido por el fotógrafo Bruce Weber, quien ya había trabajado con los Pet Shop Boys dirigiendo “Being Boring”, uno de los mejores videoclips de aquella década (y seguramente de todos los tiempos). Como curiosidad, una de las adolescentes que disfruta de los toboganes de agua es la actriz Eva Mendes.

PD: Al final vamos al Aquopolis el próximo domingo, pero cualquier excusa es buena para recuperar esta canción que suena a verano como pocas.

LECCIONES MUNDIALISTAS

Ayer por la tarde, viendo el recibimiento que Madrid hizo a la selección española de fútbol, me dije a mí mismo que era absurdo que pasaran a cinco minutos de casa y no ir a verles. Así que vencí mi pereza, me vestí de nuevo y me acerqué a Gran Vía. Había mucha gente, pero se estaba a gusto. Entre bandera y griterío, el autobús pasó y pude ver el trofeo del mundial, tan dorado y brillante. Y a Sergio Ramos, y a Iniesta, y a Xabi Alonso…

Cuando volvía a casa, pensé en lo fácil que parece ganar un Mundial una vez que se ha conseguido. Pero el caso es que sólo un país en todo el planeta lo consigue: los demás son perdedores. Aquí podemos hablar de moralejas sobre lo importante que es el trabajo en equipo, mantener el optimismo, esforzarse al máximo, luchar hasta el final, subrayar que el talento y el buen juego tienen su recompensa… Pero no sé puede obviar que en todo juego, la suerte es siempre un factor a tener en cuenta.

También se podrían hacer lecturas sociológicas, políticas o económicas de la victoria, pero aunque tengan su parte de verdad, terminan cayendo en el mismo ridículo que el lenguaje épico de la prensa deportiva. La mayor grandeza del deporte es que te lo puedes tomar en serio, pero nunca debes olvidar de que es un juego. Lo intrascendente puede ser bello, apasionante y hacer el mundo mejor, pero no hay que darle una importancia que no tiene.

De todas formas, este mes de mundial nos ha traído muchas otras cosas. Nuestro léxico se ha enriquecido con nuevas palabras como “Vuvuzela”, sinónimo de corneta enervante, o “Jabulani”, sinónimo de balón de playa. Hemos descubierto que a la selección holandesa se le llama “La Naranja Mecánica” no porque su juego funcione con la precisión de un reloj automático sino porque les gusta la ultraviolencia (y seguramente escuchen a Ludwig Van y beban moloko).

Patada voladora

Hemos convertido al Pulpo Paul en emblema nacional, o como me dijo Diego, en la nueva Lady Gaga. Aparte de su estrellato pop universal, la capacidad vaticinadora del cafalópodo es la demostración real de que las leyes de la estadística y de la probabilidad no siempre funcionan en nuestro caótico universal: se puede tirar una moneda al aire y que siempre salga cara y lo improbable no es sinónimo de imposible. Nassim Nicholas Talen, autor de “El cisne negro”, debe de estar muy contento.

The Times quiso convertir a Sara Carbonero en la nueva Yoko Ono o la Jessica Simpson española… pero la realidad ha terminado convirtiendo a la periodista y al portero en los novios de España. Sara debería ir a “Sálvame” y pedirle a Belén Esteban que le pase el título de “princesa del pueblo”. A ella, entre otras cosas, no se le derrite la cara. Tele5 ya está tardando en hacer la miniserie.

oooh

Seguro que el número de niños y niñas llamados Iker y Sara sube en los próximos años. Y por si hacía falta aclararlo a estas alturas, se ha demostrado que mujeres y homosexuales ven fútbol como los que más. Además, hay jugadores para todos los gustos: unos son de Piqué y otros de Reina, unos siguen prefiriendo a Torres y otros siguen quedándose con Casillas, otros rebautizan a Fabregas como “Sex” Fabregas y algunos nos quedamos sin dudarlo con Xabi Alonso.

Dentro de cuatro años, más.

GAUDEAMOS IGITUR

Hace muchos años, en el siglo pasado, recuerdo que al caminar por el pasillo hacia mi asiento asignado para el acto de licenciatura de mi carrera, pensé que era uno de los momentos más cinematográficos que había vivido nunca. El polideportivo de la Universidad se había trasformado en un decorado iluminado por grandes focos donde mis compañeros y yo seríamos las estrellas de la función por unas horas. Como en toda ceremonia o ritual, es mejor dejar de lado la visión irónica de la misma para poder disfrutarla. Recuerdo algunos de los chistes contados durante los discursos, los nervios cuando llegó la hora de subir al escenario a recoger un título (pero no “el título”, que aun no habíamos hecho los últimos exámenes), la satisfacción de mi madre al hacernos fotos a la salida…

En mi mente se mezclan la fiesta de esa noche con la última fiesta que hicimos después del último examen. Nos sentíamos contentos por haber terminado la carrera, pero también nerviosos y excitados ante el futuro que se abría ante nosotros en forma de prácticas en Madrid, masters o Escuelas de Cine. Todo eran proyectos prometedores, páginas en blanco sin escribir, un camino en el que la vida iba a dejar de estar marcada por cursos académicos. Comenzábamos una nueva aventura que nos llevaría a… ¿quién lo sabía entonces?

De aquellas dos noches de fiesta tengo momentos y conversaciones grabados en la memoria. Creo que ya he hablado alguna vez de como me impresionó, cuando en la discoteca un grupo de compañeros se acercó a donde estábamos bailando mis amigos y yo para la discoteca, ver que algunos de ellos se ponían a llorar con más o menos disimulo. A algunos de ellos no les he vuelto a ver nunca más. Fue entonces cuando me di cuenta de que abrir una etapa significa cerrar otra. Comenzar algo nuevo siempre lleva consigo sacrificar algo viejo.

TIME FLIES

Estoy en casa. Suenan los grandes éxitos de Oasis en el tocadiscos. No sé si lloverá más o se despejará el cielo del centro de Madrid. El calor, en todo caso, no se ha ido. Paso el tiempo en el Twitter. Mi vinilo de Jon Secada provoca hilaridad. Puede que haga más de quince años que sus surcos no se hayan convertido en música. He visto un par de reportajes sobre “Expediente X” que venían como contenido extra en el DVD de la Novena Temporada. Viajar al pasado es mucho más fácil de lo que parece. Sobre todo si es un viaje de regreso. El pasado, a veces, me pesa un poco. Es culpa mía, porque es convertir los noventa en aquel tiempo tan feliz de maravillosos años. Eramos jóvenes y estábamos descubriendo tantas cosas.

Pero como dije hace unos días tomando cañas en un bar: “Si con treintaytantos ya nos sentimos mayores, ¿cómo nos sentiremos cuando tengamos cuarentaytantos? ¿Muertos en vida?”. Estaba conversando con un amigo, pero en realidad me lo estaba diciendo a mí mismo. Hay cosas que tenemos que decir en voz alta para que se hagan verdad.

¿Y quién dice que el presente no es interesante? Mañana conoceré al padre de Diego en su ceremonia de licenciatura universitaria. Más o menos como Brian y Justin pero sin agresiones homófobas de por medio.

MANIOBRA DE EVASIÓN

Madrid, cuatro tres de julio, seis de la tarde. Cercanías de la Plaza de la Independencia, punto de salida de la Manifestación del Orgullo Gay. Pocas novedades con respecto a años anteriores. Quitando el lema anual y la pancarta de cabecera, ha llegado un momento en que es prácticamente imposible distinguir un desfile de los que le precedieron: mismas carrozas, mismos lemas, mismos pectorales y mismas plumas. Lo rompedor o revolucionario se ha convertido en algo reconocible, tradicional o normalizado. Esto tiene connotaciones positivas y negativas, cada cual que escoja las que prefiera.

Como no, la manifestación comenzó con el retraso habitual de media hora. Cuando llegaban a nuestra altura los ángeles de gaydar, se acercaba la hora de ver El Partido. Joserra me dio las llaves de su casa, lugar escogido para presenciar El Evento mientras él se quedaba terminando de ver pasar las carrozas. Para cuando llegó a su piso, el salón ya había sido tomado por los amigos. Incluso vino Sonia, quien posiblemente nunca había visto antes más de cinco minutos seguidos de fútbol, pero que, como toda buena española, tiene un entrenador dentro de su cuerpo. En cuanto llegó a casa, preguntó:

-¿Cómo van?
-Empate a cero.
-Si es que en realidad, somos muy malos, la selección no vale nada, blablabla, respondió ella, ganándose inmediatamente el apodo de “La Nueva Carbonero”.

Pocos minutos después, se desató el drama; penalties, paradones, goles anulados, pelotas que rebotan en el larguero, Villa maravilla, gol histórico y jolgorio generalizado en el balcón y en todo el barrio. Cuando terminó el partido, abrimos una botella de champán para celebrarlo y uno de los asistentes se encerró en el baño para hacerse una “cresta conmemorativa”. Da igual que luego seamos aplastados por el rodillo alemán, España ha pasado de cuartos en un Mundial de fútbol y eso es algo que pasará a la historia. Ya veremos qué pasará después, pero en ese momento pensé que dentro de unos años se hará la típica pregunta de “¿dónde estabas cuando España eliminó a Paraguay en el Mundial de Sudáfrica?” y seguramente todo el mundo tendrá una historia que contar. Incluso los que no lo vieron. Yo podré contar que lo vi rodeado de mis mejores amigos.

Sólo faltaba el Acompañante Habitual, que había quedado para verlo en casa de una de sus mejores amigas. En ese momento, le eché de menos, así que improvisé una poco discreta maniobra de evasión y me fui a celebrar la victoria de España y el Día del Orgullo en sus brazos.