Archivo por meses: marzo 2010

MELTING POT

El domingo por la tarde, mi amiga Sonia me invitó a merendar chocolate con churros en San Ginés. Estábamos en la sala de abajo cuando, de repente, ésta fue invadida por un grupo de unos cuarenta estudiantes estadounidenses… o al menos tenían pinta de serlo. Cuando nos íbamos, nos fijamos en que todos los estudiantes negros se habían juntado en torno a una misma mesa y que los estudiantes de origen oriental habían hecho lo mismo. Lo comentamos a la salida: en Estados Unidos impera el “juntos pero no revueltos”.

Eso sí, ahora me pregunto si en los colegios españoles los alumnos también se separarán de forma más o menos consciente por sus razas o sus raíces familiares. España va camino de ser un país multicultural (de hecho lo es ya) y creo que muchas veces no nos damos cuenta de esa nueva realidad. Seguimos imaginando España como era hace veinte años -o peor aun, algunos la siguen imaginando como era hace cuarenta-, mientras a nuestro alrededor nacen nuevas realidades sociales. El problema es que muchas terminan creciendo de forma paralela y convirtiéndose en submundos que funcionan casi con total autonomía.

Espero que dentro de veinte años hayamos sido capaces de hacer un buen “melting pot”.

MÚSICA DOMINGUERA

Este domingo, seguimos bailando a través de las décadas y volvemos a los años setenta y la edad de oro de la música disco. Este estilo tuvo una reina indiscutible, una predecesora de todas las divas de las pistas de baile que han seguido sus pasos, desde Madonna hasta Lady Gaga: Donna Summer. No hay espacio aquí para resumir sus tres décadas de carrera ni repasar todos sus éxitos, así que nos limitaremos a recuperar uno de sus temas fundamentales: “I feel love”.

En 1977, Donna Summer publicó un disco titulado “I remember yesterday” en el que mezclaba la música disco con arreglos propios de décadas como los 40, los 50 o los 60. Con el sello inconfundible en la producción de Giorgio Moroder, “I feel love” representaba el sonido del futuro, sustituyendo la orquesta típica de las canciones disco por un fondo musical compuesto exclusivamente por sintetizadores, abriendo así el camino a nuevos estilos de música basados en la electrónica, como el techno o el house.

Según cuenta la Wikipedia, David Bowie lo resumió así: “One day in Berlin … [Brian] Eno came running in and said, ‘I have heard the sound of the future.’ … he puts on ‘I Feel Love’, by Donna Summer … He said, ‘This is it, look no further. This single is going to change the sound of club music for the next fifteen years.’ Which was more or less right (Un día en Berlín, Brian Eno llegó corriendo y dijo: ‘he escuchado el sonido del futuro’, puso ‘I feel love’ de Donna Summer y dijo: ‘Eso es, no mires más. Este sencillo va a cambiar el sonido de la música de baile para los siguientes quince años’. Que más o menos es lo que pasó)”.

Si queréis disfrutar de la versión extendida de ocho hipnóticos minutos de esta gran canción, no teneís más que entrar en Spotify.

UN DÍA SIN BLOG

El martes por la noche quise entrar en mi blog desde casa y me encontré con una fatídica pantalla que me informaba de un error en el servidor. No empecé a hiperventilar porque ya sucedió otra vez y los de Hostinet lo solucionaron rápida y eficazmente. Esta vez lo han vuelto resolver en apenas un día.

Sin embargo, ayer me di cuenta de que echaba de menos mi blog más de lo que pensaba, incluso en estos tiempos en los que escribo con menos frecuencia o me cuesta más encontrar temas de los que hablar. Puedo estar en twitter, tumblr o facebook, pero el blog es algo especial. Supongo que es la parcela de la red 2.0 que más libertad te da, sin limitaciones de espacio, sin depender de seguidores y sin tener que compartir tu identidad con todo el ciberespacio. Por eso también es más fácil sentirlo de una forma más personal, como si te perteneciera más que las otras redes sociales.

Además, los artículos de un blog siempre tienen cierta entidad y personalidad en sí mismos, una profundidad que quizás les falta a los tweets y, desde luego, a las actualizaciones de estado de facebook, más inmediatas. Aunque sin los comentarios y el intercambio de opiniones con la gente que te lee un blog pierde parte de su sentido, el primer destinatario de lo que escribo soy yo mismo. Al fin y al cabo, esto tiene una gran parte de diario íntimo, de recopilación de todas las cosas que necesitas decir en voz alta sin importarte si te escuchan cero, una, cien o mil personas. Por eso, aunque haya altibajos y etapas de creatividad escasa o suprema pereza, no creo que abandone nunca a mi weblog.

PASEOS POR MADRID

Me gusta pasear por Madrid. Siempre veo algo interesante o que me sorprenda. Ayer por la tarde, mientras iba al concierto de Ocean Colour Scene en el Hard Rock Café, me encontré con una instalación de esculturas al principio del Paseo de Recoletos, obra de Xavier Mascaró. Por lo que leo, llevan ahí desde principios de febrero, pero yo no las había visto aun. Me gusta que el arte contemporáneo salga a la calle y juegue con el paisaje urbano.

Tampoco había visto que han movido la estatua de Colón y la han colocado en el centro de la plaza, entre el tráfico y los coches. Supongo que si en vez de ser peatón fuera conductor, me habría dado cuenta hace tiempo. No sé si me parece un buen cambio, la verdad.

El viernes por la mañana me acerqué a casa de Joserra a felicitarle por su cumpleaños antes de que se fuera a Logroño. Como era día de fiesta, las calles estaban desiertas y las tiendas cerradas. Preciados parecía la calle de una ciudad fantasma. Por la tarde, en cambio, cuando acompañé a dar una vuelta por la ciudad a uno de mis primos murcianos y su mujer, que habían venido a Madrid para una boda, volvía a ser el hormiguero humano habitual. Se notaba que era puente y que había venido bastante turista a visitar la capital. O quizás es que, después de tanto invierno, la gente tenía ganas de echarse a las calles y disfrutar del sol y el buen tiempo. A mis primos les lleve a algunos de mis rincones favoritos, como la Plaza de Oriente, la Plaza de España y el Templo de Debod.

Sin embargo, prefiero el Templo de Debod cuando anochece, está solitario y Diego me acompaña. En realidad, todo paseo por Madrid mejora cuando está conmigo para agarrarme de la mano.

MÚSICA DOMINGUERA

Es lunes, pero la música dominguera no puede faltar a la cita. Hoy retrocedemos en el tiempo hasta 1968 para escuchar una de estas canciones que marcaron un hito en la historia de la música: “Dance to the music”, de Sly & The Family Stone.

Cuando descubrí esta canción, di casi por hecho que sería de mediados de los setenta, así que me sorprendí bastante cuando descubrí que era de 1968. “Dance to the music” fue el primer éxito comercial de Sly & The Family Stone, un grupo multirracial que juntaba a músicos negros y blancos (no olvidemos que las leyes segregacionistas habían sido derrogadas en Estados Unidos apenas cuatro años antes) y que unió el rock psicodélico con el soul y con el pop más puro para convertirse en pioneros de uno de elos estilos músicales que marcarían la evolución de la música durante los años setenta: el Funk. El resto, como se suele decir, es historia.

EL DÍA DEL PADRE

Hace ya mucho tiempo, cuando yo iba al parvulario, los niños hacíamos un trabajo de manualidades especial por el día de San José para regalárselo a nuestros padres. Un año, por ejemplo, hicimos un collage en el que tuvimos que dibujar un tren y pegar cajas de cerillas en el lugar de los vagones. Me quedó bastante bien, por eso lo recuerdo. Sólo había un problema: yo por aquel entonces ya no tenía padre.

Qué triste, ¿no? Qué mala suerte. Mira que obligarte a hacer ese trabajo, reviviéndote el trauma…

Pues no. Yo le dije a mi madre que tenía que hacer un trabajo para el día del padre y me respondió que no me preocupara, que ella era como si fuera “nuestra mamá y nuestro papá”. Así que ella tuvo un par de regalos durante mis años de parvulario. Supongo que los niños, con la explicación adecuada, comprenden mucho mejor las cosas de lo que los mayores pensamos.

SIEMPRE SALE EL SOL

Llevamos tres días seguidos en los que el sol brilla sobre Madrid. En el trabajo, en este edificio supuestamente inteligente, la gente ya empieza a quejarse de que hace calor y hemos enchufado el aire acondicionado. Algunos ya empiezan a experimentar los primeros síntomas de alergia, estornudan, moquean y tienen ojos llorosos. Faltan cuatro días para que llegue la primavera, pero me alegra pensar que ya hemos dejado atrás este invierno tan largo, lluvioso y gris.

En el ascensor, lo comentas con tus breves compañeros de viaje. Hablamos del tiempo como si fuera un apasionante tema de conversación, pero lo cierto es que es algo que nos afecta a todos. Si llueve, llueve para todos. Si brilla el sol, también brilla para todos. Y aunque sea a base de tópicos (“en mis tiempos sí que había nevadas”, “esta lluvia es buena para el campo”, “en verano echaremos de menos este frío), es algo de lo que todos podemos opinar. Es más seguro que hablar de política y deportes y mucho más elegante que hablar de Belén Esteban. De hecho, hablar del tiempo es algo que los británicos han elevado a la categoría de arte.

En todo caso, yo lo comento. Tres días de sol, unidos al hecho de que los días se van alargando, son suficientes para ponerme de buen humor. Hoy tengo la sonrisa fácil. Y que dure.