MÚSICA DOMINGUERA

En 1989 un productor belga llamado Jo Bogaert publicó un single de música house bajo el nombre de The Pro 24s llamado “Technotronic”. Más tarde lo volvió a lanzar, anadiéndole en esta ocasión un rap a cargo de Ya Kid K, quien por aquel entonces apenas tenía 16 años, y rebautizando como la canción “Pump the Jam”. El resto es historia.

Aunque Ya Kid K era la compositora de la letra y la cantante, en el video aparecía en su lugar una modelo congoleña llamada Felly Kilingi, quien no sólo no cantaba sino que tampoco hablaba una palabra de inglés. Fue en el videoclip del segundo single de Technotronic, “Get up (before the night is over)”, cuando el mundo conoció el rostro de la auténtica cantante del grupo.

“Pump up the jam” fue la primera canción de estilo House que consiguió llegar al gran público, alcanzando los puestos más altos de las listas de todo el mundo y abriendo el camino a otros muchos proyectos del mismo estilo. El disco de debut del grupo también alcanzó buenos cifras de ventas y la casette fue todo un éxito en las excursiones escolares de quien escribe estas líneas. Era primavera de 1990 y aunque los 90 sean los años del grunge y el britpop, no podemos negar que también nos pasamos gran parte de la década bailando.

EGO

Anoche vi la final de Gran Hermano 11, una edición que me ha gustado bastante más que las anteriores. Ganó Ángel por un amplio margen. Pero lo mejor de la final fue una frase que dijo Mercedes Milá, que se mueve por el plató con una naturalidad envidiable y un entusiamo por el formato del que deberían tomar nota muchos otros presentadores que se limitan a poner el piloto automático. Poco después de un video que reunía grandes momentos de la Milá grabados en las pausas del programa, ella amenazó en broma con quedarse callado y no decir nada, retando al equipo a ver qué iban a hacer entonces sin ella. Acabó diciendo: “Soy presentadora, soy totalmente egocéntrica”.

Seguramente, sea una de las cosas más sinceras que jamás se hayan dicho en ese programa de televisión.

La humildad y la sencillez son grandes virtudes, pero tener un gran ego a prueba de bombas es una de las claves para triunfar en determinadas profesiones. Muy pocos lo confesarán abiertamente, pero un amplio porcentaje de alumnos de Ciencias de la Información sueñan con ser estrellas, estar delante de las camaras o detrás del micrófono, o que, por lo menos, su nombre aparezca acompañando al artículo de portada de la revista. Los conceptos de fama, prestigio y éxito terminan por mezclarse y confundirse. Puede que este deseo revele grandes inseguridades y temores personales, pero si realmente se quiere hacer realidad, lo mejor es creérselo, tener poco sentido del ridículo y no tener miedo a quedarse corto. En televisión es mucho más fácil infraactuar que sobreactuar. Y la sobreactuación es tan divertida… Si luego tienes talento, ángel, gracia, imagen, suerte o algún padrino poderoso, el mundo será tuyo.

Aunque también puede pasar que trabajes durante meses en una radio o una televisión local y te des cuenta de que la única que se da cuenta de que eres tú quien lee las noticias o locuta los reportajes sea tu madre -y hasta ella termina dejándola de dar importancia a las pocas semanas-. Entonces te percatas de lo trivial y absurdo que es el concepto de fama… Auténticos famosos en este mundo hay cuatro, y de estos cuatro, tres serán olvidados en un tiempo más corto del que puedan imaginar.

Además, ahora, con todas las redes sociales a nuestro alcance, todos somos famosos en nuestros pequeños universos.

HOMBRES LOCOS

Mad Men logo

A nadie le cuento nada nuevo si digo que “Mad Men” es una serie brillante, que colecciona premios y buenas críticas. A mí me han bastado seis episodios para darme cuenta de que los merece. La historia de Don Draper y los hombres locos -y las mujeres- que rodean al director creativo de una agencia de publicidad a comienzos de los años 60, me ha conquistado. La realización es sobria y elegante, la ambientación es excelente, los actores son impecables y los guiones están llenos de detalles interesantes y van construyendo a los personajes poco a poco, dandoles profundidad con calma, añadiendo con sutilidad nuevos matices y conflictos en cada episodio.

Hay dos cosas que me gustan especialmente de la serie. Me gustan los datos históricos sobre la época en la que está ambientada la serie y las referencias a la manera de trabajar de los publicistas de la época. Es como repasar algunas asignaturas de la carrera. En el primer episodio hablan de algo que ahora nos resulta inverosímil como el hecho de que el tabaco era anunciado por médicos que alababan las bondades de una determinada marca para la salud. En Comunicación Institucional nos contaron que también lo anunciaban cantantes de ópera que contaban que les despejaba los pulmones y les “calentaba” la voz. Cuando años después esos artistas empezaron a enfermar de cánceres y enfisemas varios, las tabaqueras intentaron lavar su imagen inviertiendo en clínicas y laboratorios que investigaran esas enfermedades. Sí, amigos, como dice el tópico, la publicidad es un mundo sin alma… o que sólo intenta hacer que la realidad sea más bonita, todo depende de como se mire. A la larga, la mejor estrategia de comunicación es decir la verdad.

La otra cosa que me gusta de la serie es el análisis de la sociedad de la época. Como en “Revolutionary Road” o “Lejos del Cielo”, la vida cotidiana de sus protagonistas es aparentementa perfecta. Visten con pulcritud y elegancia, viven en bellas casas unifamiliares amuebladas con los electrodomésticos más modernos, los niños juegan felices en sus verdes jardines… Y sin embargo, toda esa perfección esconde un lado siniestro que a veces sale a la luz. Vista desde el siglo XXI, la sociedad estadounidense de los años 50 nos parece claramente clasista, racista y machista y no nos extraña que los 60 fueron años turbulentos, revolucionarios y contraculturales. Tanta presión interna tenía que acabar estallando por algún sitio. Pero esto nos parece lógico visto con perspectiva: los hombres y mujeres de “Mad Men” viven felices en su mundo, convencidos de que su sociedad es la más perfecta jamás alcanzada por el ser humano. ¿Viviremos nosotros igualmente cegados respecto a nuestro tiempo?

CHOCOLATA!

Los Reyes Magos me trajeron estas Navidades una fuente para chocolate a través de mi hermano. Hace un par de semanas di una merienda en casa para estrenarlo. Fue un fracaso, ya que no conseguí hacer el chocolate. Compré uno de Nestlé “fácil para fundir” que, supuestamente, se derretía con un par de minutos de microondas. Yo obedecía las instrucciones y sólo conseguí carbonizado de chocolate… En resumen, un asco. Aunque las galletas y las fresas que iban a acompañarlo fueron devoradas con gusto por los asistentes.

Después de hacer lo que tenía que haber hecho desde el principio -preguntar a mi madre cómo se hace el chocolate a la taza-, este domingo volví a intentarlo. Esta vez compré un chocolate Valor de toda la vida, lo calenté con leche hasta que se derritió y el olor a chocolate rico lleno toda mi cocina. Puse en marcha el aparato y, alehop, surgió en mi salón un rico surtidor de líquido hipercalórico. Lo celebré con un bonito video.

Y así, de paso, jugué por primera vez en mi vida con el Windows Movie Maker. Tiembla, James Cameron!

MÚSICA DOMINGUERA

Seguimos bailando. Hoy con “Things can only get better”, una canción que consiguió ser número 1 en la lista de sencillos británica durante cuatro semanas en enero de 1994. A diferencia de otros proyectos de música de baile de la época, D:Ream era un grupo de verdad con un auténtico cantante al frente. Por eso quizás transmiten cierta autenticidad y un toque de pop clásico que no eran muy habituales por aquel entonces en las pistas de baile.

A esta canción le tengo un cariño especial porque 1993 fue un año especialmente difícil para mi familia y agradecía que con la llegada de 1994, la radio me recordara que las cosas sólo podían ir a mejor. A mi madre también le gustaba y solía subir el volumen cuando íbamos en el coche y la ponían por la radio. Años después, cuando me enfrento a algún problema suelo canturrearme mentalmente el estribillo y la inyección de optimismo es automática.

Y por supuesto, está en Spotify.

(1000) DÍAS MORENOS

Este pasado miércoles, cuando estaba apuntando en el calendario los watios que había producido en mi clase de Cyclo Indoor (tanta energía desaprovechada), me fije que alguien había escrito el número mil en la casilla del día de hoy. ¿Por primera vez el fantasma del altillo había dejado una prueba física de su existencia? ¿O quizás Flauta está aprendiendo a escribir? Cuando ya estaba dudando entre llamar a Iker Jiménez o enviar la noticia a Meneame, se me ocurrió que el Acompañante Habitual podría tener algo que ver… ¿Pero qué podría significar esa cifra? ¿Sería acaso que hacía un milenio desde que empezamos a salir? Hice cuentas con los dedos, y eureka, me salieron mil días morenos.

En realidad, la fecha la estuvimos calculando hace unos meses, pero yo soy un poco desmemoriado (lógico, dada mi avanzada edad) y se me había olvidado. Sonreí, llamé a Diego para confirmar mi teoría y me acosté con una sonrisa en los labios, pensando en lo estupendos que han sido estos mil días de mi vida.

PAPELEANDO

Hoy es mi último día de guardia de tarde durante el mes de enero, así que es también mi último día con la mañana libre. La verdad es que es un placer poder despertarse cuando uno quiere, sin necesidad de recurrir al despertador. He dormido casi de un tirón y he abierto el ojo hacia las diez de la mañana, con la sensación de haber descansado.

La mañana la he dedicado a ordenar papelotes y arreglar un par de temas con el banco y la compañía de aguas (que monopolyesco suena) por teléfono. Los temas parece que se van a resolver sin mayor complicación, y los papeles ya están ordenados en sus carpetas correspondientes. A veces me pregunto para qué me dedico a guardar nóminas, recibos y facturas, pero estoy seguro de que el día que decida tirarlos a la basura será el día que los necesite para evitar ir a la cárcel o ser deshauciado o demandado por supuestos impagos.

También me ha parecido curioso comprobar como los papeles que acumulo para hacer la declaración de la renta van aumentando anualmente. Por cierto, este año tengo la confianza en que me salga a devolver y estoy deseando, por una vez y sin que sirva de precedente, que me llegue el borrador. A ver qué pasa…

TURISTA

A veces, caminando por Madrid, me siento como un turista en la gran ciudad. Es como si lo viera todo por primera vez, con ojos nuevos y libres de prejuicios. Es en esas ocasiones cuando tengo la impresión de que Madrid es como Nueva York en pequeñito. Será por las luces de neon, la suciedad, las masas de gente variopinta que abarrota las aceras, será porque a lo lejos se ven edificios altos… O quizás se deba a que Madrid no se parece, desde luego, ni a Londres, París o Roma.

En el fondo, da igual, es una sensación agradable. Hace que me distancie del paisaje urbano rutinario y que me dé cuenta de que hay rincones bonitos y escenas interesantes a mi alrededor, muchos momentos e imagenes que me pasan desapercibidos habitualmente. Entonces me doy cuenta de que Madrid me gusta. Hasta me atrevería a decir que me gusta mucho.

Al fin y al cabo, yo vine a Madrid sin un plan preconcebido. Ni siquiera me gustaba la ciudad cuando me matriculé en la ECAM y me vine a vivir aquí. No tenía muy claro como iba a ser mi vida, si me iba a quedar aquí para siempre o si era sólo una etapa temporal. No sabía muy bien lo que buscaba o lo que iba a encontrar. Lo que si sé es que casi nada salió como había planeado, y, en el fondo, me alegro de que haya sido así. Hay muchas cosas que le tengo que agradecer a Madrid.

MY HEART WILL GO ON

El domingo cogí de mi estantería la edición deluxe de “Titanic” que me compré hace dos o tres años y que aun no había visto. Es lo normal, yo me compró DVDs y tardo años en verlos. Por eso, me compro bastante pocos. Y para recordarme que tengo películas por ver, no les quito el plástico protector hasta el día que lo pongo en el reproductor. Aunque lo que me digo a mí mismo que las voy acumulando porque llegara el día en que seré un ancianito que preferirá ver los episodios originales de “Lost” en vez del remake que harán dentro de veinte años.

El caso es que me pasé toda la tarde viendo la película. Son tres horas que se me pasan volando. Y sí, reconozco que siempre lloro con la escena en la que el barco está ya practicamente hundido, la orquesta empieza a tocar el “Cerca de ti, Señor”, una pareja de ancianos se abraza mientras la habitación se inunda y una madre está contándoles a sus hijos un viejo cuento irlandés. ¿Recurso facilones? Sí. ¿Incluso ñoños? Descaradamente ñoños. ¿Eficaces? Sin duda. Después de que la abuelita del Titanic echara una millonada de dolares en forma de diamante por la borda y convencerme de que “Titanic” le da mil vueltas en todos los sentidos a “Avatar”, me puse a ver las escenas eliminadas. Menos mal que el director James Cameron se dio cuenta de que el final que habñia escrito el guionista James Cameron era espantoso…

De todas formas, la ñoñería doméstica ya había empezado el viernes cuando Diego y yo vimos “Los paraguas de Cherburgo”, una película (en)cantada. No, no es que sea un musical, es que todo el diálogo está cantado en vez de hablado. Oh là là!

MÚSICA DOMINGUERA

A mediados de los noventa, vi un par de veces en la MTV este videoclip. Me gustó el ambiente hipnótico que creaba el ritmo electrónico de fondo, así como la melodía cantada. Como no sonaba en las radios, ni la ponían en los bares, ni hablaban de ella en el Tentaciones, sólo conseguí quedarme con el nombre del tema: “Groovy Feeling”.

No volví a escuchar la canción hasta que, años después, conseguí tener un acceso regular y sencillo a Internet. Cuando alguien inventó las redes P2P, fue una de las primeras canciones que me descargué. Así me enteré de que era un tema de Fluke, grupo de música electrónica que nunca ha tenido resonancia comercial, pero cuyas canciones suenan habitualmente en la banda sonora de películas y juegos de ordenador. Éste es mi ejemplo práctico de cómo Internet ayuda a distribuir música que antes no conseguía llegar al oyente.

Por cierto, mucho mejor escuchar la versión larga en Spotify.