CHRISTMAS!

Feliz Navidad, Blogosfera.

Disfrutad de estos días y procurad, entre turrones, villancincos y cotillones, tener un momento para vosotros mismos, aunque sea corto.

Besazos! Nos leemos en 2010, el año diez.

LETEO

En la mitología griega, Lete o Leteo (en griego antiguo Λήθη Lếthê, ‘olvido’ u ‘ocultación’) es uno de los ríos del Hades. Beber de sus aguas provocaba un olvido completo. Algunos griegos antiguos creían que se hacía beber de este río a las almas antes de reencarnarlas, de forma que no recordasen sus vidas pasadas.

Lete era también una náyade, hija de Eris (‘Discordia’ en la Teogonía de Hesíodo), si bien probablemente sea un personificación separada del olvido más que una referencia al río que lleva su nombre.

Algunas religiones mistéricas privadas enseñaban la existencia de otro río, el Mnemósine, cuyas aguas al ser bebidas hacían recordar todo y alcanzar la omnisciencia. A los iniciados se enseñaba que se les daría a elegir de qué río beber tras la muerte y que debían beber del Mnemósine en lugar del Lete. Estos dos ríos aparecen en varios versos inscritos en placas de oro del siglo IV a. C. en adelante, halladas en Turios al sur de Italia y por todo el mundo griego.

“Leteo” es también el nombre de mi nuevo juguete en la red de redes. Hola, Tumblr.

LET IT SNOW!

Nieva en Madrid. Lo que hasta hace un año era una noticia novedosa y espectacular, que iba a acompañanda de signos de exclamación, se ha convertido ya en una costumbre. Además, este temporal venía tan anunciado que, cuando me he levantado y he mirado entre las rendijas de la persiana, no me he sorprendido nada al ver los tejados cubiertos de una capa blanca.

Me he puesto el uniforme completo -gorra, guantes y bufanda- para salir a la calle. Los servicios municipales ya habían apartado la nieve de las aceras del centro, así que no he podido disfrutar de la sensación de pisar la nieve y sentir como cruje bajo tus pies. Ya no nevaba, así que también me he perdido ese pequeño placer infantil de caminar entre copos.

Así no se disfruta de los días de nieve. Yo quiero que nieve cuando no tenga que ir a trabajar y teniendo un parque cerca para poder lanzarse bolas de nieve, hacer un muñeco o tirarse por una cuesta en trineo. Como cuando era pequeño, claro.

MÚSICA DOMINGUERA

Se nos acaba la década, pero no las canciones. Sheryl Crow fue una de las reinas de los noventa, pero los ceros no le han sentado demasiado bien. En lo personal, tuvo que superar un cáncer de mama y aguantar a Lance Armstrong, ese señor que sabe ganar pero no perder. En lo profesional, sus dos últimos discos han pasado bastante desapercibidos. Sin embargo, en 2002, publicó “C’mon C’mon”, uno de sus mejores trabajos. “Soak up the sun” fue un gran éxito, pero hoy recupero el segundo sencillo del disco, “Steve McQueen”.

Con esta canción, ganó un Grammy en la categoría de “Best Female Rock Vocal Performance”, el cuarto de su carrera. Por cierto, cuando grabó este videoclip, Crow tenía ya cuarenta años… Ella es de las que no envejece, por lo que se ve.

MANDALA

En el centro de este mundo estoy yo. O estás tú. Rodeado de círculos concéntricos que, de lejos, parecen entrecruzarse, mezclarse, tocarse, cruzarse, mezclarse, confundirse y cofundirse. Pero cuando te acercas, te das cuenta de que sólo era una ilusión óptica. Todo tiene un orden y un equilibrio frágil y delicado, difícil de apreciar si no te detienes a observarlo. A veces más que verlo, lo sientes. Vivimos rodeados de esferas que producen música. Por eso nos gusta escuchar las notas de esa canción o ver las estrellas de noche. O contemplar la Luna. O admirar las imágenes de galaxias espirales alejadas a millones de millones de kilómetros en el espacio y en el tiempo. Todo fluye, de alguna manera u otra. Somos universos dentro de universos. Cosmos en el caos. Supernovas a punto de estallar. Agujeros negros. Asteroides perdidos en el vacío. Pero nunca solos. Nunca somos un punto único en el espacio. Nunca estamos solos. Nunca somos del todo independientes. Somos variables en una función, particulas elementales que se relacionan unas con otras de forma a veces imperceptible, mariposas que agitan sus alas y provocan una tempestad en Tokyo. Somos el centro de nuestras vidas, pero también giramos en torno a muchas otras. Núcleos y electrones simultáneamente.

Contemplar o dibujar un mandala es una forma de relajación. En el suelo de algunos templos hay laberintos. Parecen complicados, pero si los recorres descubrirás que sólo tienen una única entrada y una única salida.

COMER…BEBER…NAVIDAD

El lunes comenzó de verdad la temporada navideña con la fiesta de la empresa. Este año la cambiaron de fecha, vino menos gente y hubo menos discursos. Por lo demás, todo siguió la rutina habitual: canapés en un hotel, copas y baile en otro que está a cincuenta metros. El pincha puso prácticamente las mismas canciones que todos los años, pero da igual, siempre es divertido bailar el Y M C A dibujando con los brazos las letras en el aire. Eso sí, el momento más surrealista, considerando para quien trabajo, fue cuando comenzó a sonar la Salve Rociera, oleoleolé.

Lo mejor de la noche fue echar unas risas con antiguas compañeras que han dejado el trabajo en busca de nuevos horizontes y poder saludar a mi compañera de mesa, a la que no veía desde que dio a luz por sorpresa (por sorpresa porque se le adelantó el niño unas cuantas semanas, no porque no supiera que estaba embarazada). Como todas las madres recientes, estaba radiante. Es curioso, pero últimamente hay varias mujeres a mi alrededor que han dado a luz hace poco o están embarazadas. Debe de ser cosa de la edad. Primero toca ir a bodas, luego llegan los bautizos. O por lo menos, los sms con fotos de bebés sonrosados.

Hoy hemos hecho un lunch en la planta con embutidos, queso, paté y mucho vino. Alguno se ha traido la gaita y otros se han arrancado a cantar y a bailar. Luego ha habido reparto de regalos. Este año no habrá cesta “oficial” del trabajo, pero sí por lo menos una cestita y una botella de rioja. No está mal.

Este fin de semana quedan dos cenas más, y después Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo, cenita con los primos, cenita con la cuadrilla pamplonesa, roscón de Reyes… Menos mal que enero viene en cuesta y haremos algo de ejercicio extra.

TOMBE LA NEIGE

Diego se levanta antes que yo. Se ducha y vuelve al dormitorio a desayunar leche y galletas mientras yo termino de despertarme. Deja el tazón en la cocina y me dice desde el salón que las tejas están blancas. Yo me levanto y miro tras el cristal: el tejado está cubierto de una ligerísima capa de nieve. Le despido con un beso y una sonrisa y me voy a duchar. Antes de entrar al baño, me llega un SMS. Diego me anuncia que está nevando y supone que se debe a que anoche pusimos nuestro árbol navideño de plástico chino. En la calle puede que haga frío, pero no en esta casa.

Y es por cosas como ésta por las que vale la pena que llegue el invierno a la ciudad.

Por eso y porque uno ya tiene la paga de Navidad en el bolsillo.

MÚSICA DOMINGUERA

No queda nada para que se acabe el año, pero aun tengo tiempo para recuperar alguna canción más de la década de los ceros. Hoy recuerdo un tema que me gustaba mucho cuando salió, allá por el año 2002: “How you remind me”, de Nickelback.

Nickelback deben de ser uno de los grupos más odidados por la crítica. Hay que reconocer que su originalidad tiende a cero y que desde esta canción no han hecho más que repetir el mismo esquema musical una y otra vez. Incluso la letra de “How you remind me” no pasa de ser una colección de tópicos poco brillantes y una abudante serie de yeahsyeahsyeahsnoenoes. Y no vamos a entrar a hablar del pelo de su cantante… Sin embargo, Chad Kroeger tiene un timbre de voz que a mí me resulta muy atractivo y la canción tiene una cadencia que me arrastra y me hace escucharla entera desde que empieza. Con su guitarreo de fondo, “How you remind me” suena compacta y me recuerda a los mejores momentos de otros grupos americanos que practican un pop-rock de sonido clásico como Matchbox 20, Semisonic o los más recientes Kings of Leon.

COLORES IMPOSIBLES

En nuestra retina hay unas celulas llamadas conos, que son las responsables de la visión en color. Existen tres tipos diferentes de conos, cada uno de ellos es sensible a la luz de una longitud de onda determinada, verde, roja y azul. El cerebro interpreta los colores a partir de la razón de estimulación de los tres tipos de conos. Ya aprendimos en Plástica que combiando unos colores con otros conseguimos nuevos colores. La combinación de estos tres colores: rojo, verde y azul es suficiente como para ver unos 20 millones de colores distintos.

Algunos animales tienen cuatro tipos de conos y pueden ver la luz ultravioleta. Se especula con que algunos humanos cuenten también con este cuarto cono, pero aun no se ha encontrado ningún caso claro que lo demuestre. También están los daltónicos, que no distinguen bien los colores por fallo de los genes encargados de producir los pigmentos de los conos. Así, dependiendo del pigmento defectuoso, la persona confundirá unos colores u otros. Sin embargo, pueden ver más matices del violeta que las personas de visión normal y son capaces de distinguir objetos camuflados, una virtud que fue aprovechada en su momento por el ejército americano y que se considera uno de los factores que ha convertido al ser humano en la especie de mamífero donde el daltonismo se da en un mayor porcentaje de individuos. (Daltónicos, sois los auténticos mutantes. El profesor Xavier os espera).

Sin embargo, nadie ha visto todavía un color imaginario… aunque podrían existir. Toda fuente de luz estimula, en mayor o menor medida, nuestros tres tipos de conos. Si apareciera una luz que estimulara únicamente uno de estos receptores, veríamos un color imposible: un verde más verde que cualquier verde, por ejemplo.

Algo parecido a lo que pasa si miras esta imagen fijamente durante 30 segundos.

Por supuesto, todo esto está sacado de la Wikipedia, gracias a un enlace a TvTropes.

Y ahora ya es viernes.

…AND SO THIS IS CHRISTMAS

Hace unos días mis compañeras de oficina se pusieron a hacer estrellas de papel para decorar el pasillo de la oficina. Sí, no sé si una institución como la nuestra debería tener decoración de este tipo, pero nos dejamos llevar por las tradiciones señaladas en el calendario. Yo las miraba con escepticismo y a punto estaba de decir eso de “paparruchas”, pero al final he terminado ayudando a colgar las estrellitas del techo y a elegir el mejor lugar para situar el pino navideño. Incluso me han hecho una estrella especial de color blanco y rojo sanferminero y que he colocado colgando del flexo de mi mesa. Después ha llegado el momento de repartir los nombre de nuestros Amigos Invisibles, justo el mismo día en que nos ha llegado la invitación para la fiesta de Navidad del curro, que tendrá lugar el próximo lunes. Y dicen que en el comedor ya han sacado la bandeja con turrones y mazapanes para picotear después de comer.

Así que, ¿quién puede resistirse al espíritu de las Navidades Presentes? Al final, he decidido que hasta voy a irme al chino de la esquina y comprarme un pino para mi casa y decorarlo con bolas de plástico y espumillón del barato. Seguro que a Flauta le encanta. Y a Diego también, claro. Nos pondremos jerseys de lana con renos bordados y brindaremos con ponche de huevo por un próspero Año Nuevo.