CINE DORÉ

En el barrio de Lavapiés, muy cerca de la estación de metro de Antón Martín, se encuentra el Cine Doré.

Cine Doré

Este edificio construido en 1923 fue rehabilitado por la Filmoteca Española entre 1982 y 1990 para utilizarlo como sala de exhibición. Ahora mismo soy incápaz de recordar cuál fue la primera película que vi ahí. Tampoco recuerdo con quién fui ni cómo surgió la idea de ir allí. Supongo que sería un plan cualquiera surgido en la Escuela de Cine durante mis primeras semanas de estancia en Madrid, aquel tiempo extraño de descubrimiento de un mundo nuevo y de añoranza por los viejos tiempos. Lo que sí sé es que, desde que entré la primera vez en su sala, pronto se convirtió en uno de mis sitios favoritos de Madrid. Su sala principal, conservada tal y como era un cine hace décadas, con sus palcos y sus sillas de madera acolchadas con fieltro rojo tiene un encanto especial. También tiene un olor particular, polvoriento, como el de los viejos salones de actos de los colegios o los pasillos alfombrandos del Congreso de los Diputados, que ha permanecido inalterado desde entonces.

Durante mis dos o tres primeros años en Madrid fui mucho. Cuando comenzaba el mes, cogía el programa y marcaba las películas que me interesaba ver. A veces hasta lo colgaba en el salón de aquel bajo oscuro que fue mi primera casa en la capital. Como estaba a unos diez minutos de la filmoteca, no me costaba nada ir. Recuerdo que hubo un ciclo de Godard gracias al que vi casi todas sus primeras películas. También recuerdo lo espectacular que me pareció “Lawrence de Arabia” y lo corta que se me hizo a pesar de que dura casi cuatro horas. Otras veces, en cambio, tenía que hacer esfuerzos para no dormirme… incluso con películas que me estaban pareciendo interesantes, como “El Espejo”, de Tarkovski, o algunos clásicos de Hollywood. Muchas veces iba solo, aunque había bastantes posibilidades de que me encontrara ahí con algún compañero de la Ecam.

Después comencé a trabajar y, sin darme cuenta, empecé a ir cada vez menos. De ir un par de veces por semana pasé a ir un par de veces al mes. Con la perspectiva que me da el tiempo, me doy cuenta de que en aquella época de estudiante tenía más tiempo libre… y también pasaba más tiempo solo. Ahora parece que la vida te arrastra, los deberes se acumulan y tienes que hacer un esfuerzo extraordinario para organizar las 24 horas del día. Echo de menos aquellos tiempos en el que había menos obligaciones y mucha más capacidad de improvisación. Se me da mucho mejor improvisar que hacer planes.

Y ahora que estoy en un período de replanteamiento de cosas y quizás buscándome de nuevo a mí mismo, he decidido volver a frecuentar la Filmoteca. Quizás encuentré algo en ella que había olvidado. La diferencia es que ahora puedo ir con Diego. Anoche me hizo ilusión llevarle a su primera sesión y ver “El retrato de Jeannie”, una antigua película sobre amores a través del tiempo y pintores en busca de inspiración. La película le gustó, pero lo mejor es que el sitio también. Espero que volvamos a ir pronto.

LOVE IN AN ELEVATOR

Como propietario responsable que soy, hoy me he cogido un día de asuntos propios para ir a la reunión de la comunidad con el administrador de la finca. El motivo de la reunión ha sido decidir qué hacemos con el ascensor mortal que tenemos en el edificio. Por conversaciones anteriores en las escaleras con el presidente de la comunidad, estaba más o menos claro que lo mejor era cambiarlo y poner uno más moderno y cápaz.

Y eso es lo que hemos decidido. Primero, arreglar el cuadro eléctrico del actual para que vuelva a funcionar teniendo en cuanto que, más o menos, en verano del año que viene empezaremos la obras para poder poner el nuevo. Hay que hacer puertas en los pisos donde no hay parada, ampliar el rellano de mi planta, etcetcetc.

Así que, como ya comenté, “derrama rima con drama”. Afortunadamente, parece que no será tanto dinero como me temía en un principio. Eso sí, tengo una ganas locas de cobrar ya la paga de Navidad. Mi principal propósito para el año que viene es ahorrar, porque ahora mismo mis reservas son casi inexistentes. Habrá que hacer planes sociales más baratos…

INSPIRACIÓN

Creo recordar que en “La Colmena”, Camilo José Cela describía a la inspiración como una mariposita ciega y sorda, un ente frágil, casi intangible que se deja llevar por vientos caprichosos, sin voluntad propia. Recuerdo mejor que Rosa Regás, en “Memoria de Almator”, se pregunta a sí misma si la inspiración no es, en realidad, la capacidad de obsesionarse. Por experiencia propia, creo que aunque la pequeña mariposa aparece de vez en cuando para brillar como una luciérnaga o como un relámpago que rompe la noche, la inspiración depende sobre todo de la capacidad de trabajar, trabajar y trabajar. Si Miguel Ángel vio a su Moisés dentro de un trozo de mármol y sólo tuvo que quitar lo que sobraba para liberarle del interior de la piedra, se puede decir que en cada folio en blanco se esconde una historia maravillosa. Sólo hay que saber combinar las palabras de la manera adecuada y el número de palabras es finito, así que sólo debe de ser cuestión de tiempo y de esfuerzo encontrar esa combinación adecuada…

…pero nuestras vidas también son finitas, así que la solución al misterio que une las palabras de la forma adecuada sólo lo tiene una mariposita de esas. Así que los que escribimos acabamos siendo cazadores de mariposas ciegas y sordas, tan ciegos y sordos como ellas. Algunos afortunados son miopes y oyen algo por un oido. Sólo unos pocos privilegiados, los auténticos genios, tienen sus sentidos prácticamente intactos.

Lo que me pregunto es qué pasa si nos estamos equivocando con la mariposa que buscamos. ¿Y si creemos que la nuestra es un bello insecto tropical de alas azules eléctricas? ¿Y si resulta que es una oscura polilla nocturna? ¿O una sencilla mariposa que revolotea de flor en flor en una pradera? Puede que aun sea una oruga o esté dentro de la crisálida… Incluso puede ser una libélula o un escarabajo.

EN EL JARDÍN

El perro había encontrado una chancla olvidada desde el verano entre los arbustos. Para él es como un juguete, lo agarra entre los dientes y no hay manera de quitárselo. La única manera de recuperar el objeto antes de que termine de destrozarlo es ignorarle. Los dos primos de Diego y yo nos sentamos en las escaleras, a unos metros de distancia. Mientras esperábamos, el más pequeño, un niño de unos cuatro años me miró y me preguntó, sonriéndome:

-¿Tú eres el novio de Diego, verdad?

Sin darme tiempo a responder, su hermana, una niña de siete años que nos había estado espiando durante toda la comida para ver si resolvía el enigma, respondía por mí.

-Sí, claro que es su novio.

Parece que con los niños las cosas son mucho más fáciles que con los mayores.

MÚSICA DOMINGUERA

Desde tiempos inmemoriales, quizás desde que hay trovadores recorriendo los caminos, la historia de la música ha estado llena de chicos y de chicas con guitarra. Unos melancólicos, otros combativos, otros románticos, otros intimistas, otros más rockeros… hay para todos los gustos. Esta noche voy a ver en concierto a uno de ellos, James Morrison, así que aprovecho para recordar uno de sus éxitos.

A James Morrison se le conoce en España por “Broken Strings”, el dueto que hizo recientemente con Nelly Furtado. Sin embargo, su disco de debut vendió casi un millón de copias, fue número 1 en Reino Unido y le hizo ganar el premio Brit al mejor artista masculino del año. Pero sobre todo, James Morrison es importante porque fue uno de los primeros artistas que compartimos el Acompañante Habitual y yo.

ÁGORA

No sé bien porqué, pero tanto el teaser como el trailer de “Ágora” me causaron una mala impresión, como de película barata hecha con cartón piedra. Esto, unido a la gran decepción que supuso para mí “Mar Adentro”, hizo que le cogiera mania a la película-más-cara-de-la-historia-del-cine-español. Quizás mis bajas expectativas sirvieron para que la película me sorprendiera bastante. “Ágora” no es una película perfecta, ya que peca de cierto simplismo a la hora de exponer su mensaje. También se ve lastrada por el hecho de que los actores masculinos no tienen ni la presencia ni el carisma requeridos y quedan completamente ensombrecidos por Rachel Weisz. Puede que, en realidad, esa fuera la intención del director. Lo mejor de la película, aparte de su acabado formal y de lo bien que mueve la cámara Alejandro Amenábar, es que consigue hablar de religión, ciencia, astronomía y filosofía sin ser aburrida en ningún momento.

Agora

A estas alturas, supongo que todo el mundo sabe ya que “Ágora” cuenta la historia de Hipatia, “la primera mujer matemática de la historia de la humanidad de la que tenemos un conocimiento razonablemente seguro y detallado”, según la Wikipedia. Vivió a finales del siglo III y principios del siglo IV en Alejandría y era maestra en la Escuela Neoplatónica de la ciudad, famosa también por su enorme biblioteca. Murió linchada a manos de una turba de cristianos, y esto la ha convertido en algo así como una Martir de la Ciencia.

Yo recordaba la historia de Hipatía de haberla leido en “Cosmos”, el libro (y serie de televisión) de Carl Sagan que tenía mi abuelo en su casa. Agnóstico y muy crítico con el fenómeno religioso, Sagan utilizaba la historia de Hipatia y de la destrucción de la Bibilioteca de Alejandría como símbolos del final de la brillantez científica de la Antigüedad Clásica y del comienzo de mil años de barbarie y oscuridad a los que sólo pondría final la llegada del Renacimiento y la recuperación de los ideales clásicos. De hecho, se lamentaba de como Cirilo, obispo de Alejandría e instigador de la muerte de Hipatía, es considerado Santo por la Iglesia Católica.

Sin embargo, lo que Sagan se olvidaba mencionar es que las grandes obras de la Antigüedad sólo han llegado hasta nuestros días gracias a que fueron custodiadas en monasterios medievales y a través de copias realizadas por sabios musulmanes… o que una de las principales fuentes que tenemos para conocer la figura de Hipatía es la correspondencia con el obispo Sinesio de Cirene, discípulo suyo.

Al fin y al cabo, de lo que trata “Ágora” es de la importancia de luchar contra el fanatismo, ya sea del signo que sea, y de apostar por el espíritu crítico como único medio de llegar a la verdad. O a la Verdad.

COSAS QUE HE APRENDIDO HOY

Ayer volví a entrar en TvTropes y he vuelto a caer atrapado en sus redes. Cada artículo de esa web desarrolla un tópico narrativo con multitud de ejemplos desarrollados por los usuarios: Flanderization, Americanitis, Adaptation Decay, Animation Age Ghetto, Ermlicht Horrors… así hasta el infinito. Al igual que en Wikipedia, cada artículo hace referencia a otros conceptos que de desarrollan en otros artículos que hacen referencia a otros conceptos que de desarrollan en otros artículos… así hasta que las pestañas de Firefox empiezan a cobrar consciencia de sí mismas hasta el Segundo Advenimiento.

Whatever… Gracias a esa acumulación ingente de conocimientos absurdos, he descubierto la existencia de la Paradoja de Russell. Vamos a divertirnos rretorciendo cerrebros mientras nos hacemos la siguiente pregunta: “¿El conjunto de los conjuntos que no forman parte de ellos mismos forma parte de sí mismo?”. Vale, sí, parece un trabalenguas del estilo de los tres tristes tigres que comían trigo en un trigal, pero es más sencillo de lo que parece. Corto y pego de la Wikipedia, otra web de acumulación de conocimientos absurdos sí reconocida en los círculos académicos:

Supongamos un conjunto que consta de elementos que no son miembros de sí mismos. Por ejemplo, el conjunto de “ideas abstractas” es miembro de sí mismo porque el conjunto mismo es una idea abstracta, mientras que un conjunto que consta de “libros” no es miembro de sí mismo porque el conjunto no es un libro. Russell preguntaba (en carta escrita a Frege en 1902), si el conjunto de los conjuntos que no forman parte de ellos mismos forma parte de sí mismo. La paradoja consiste en que si no forma parte de sí mismo, pertenece al tipo de conjuntos que no forman parte de sí mismos y por lo tanto forma parte de sí mismo. Es decir, formará parte de sí mismo sólo si no forma parte de sí mismo. O como diría Alejandro Sanz, “cuando nadie me ve, yo puedo ser o no ser”.

La paradoja de Russell ha sido expresada en varios términos más cotidianos, el más conocido es la paradoja del barbero que se puede enunciar de la siguiente manera:

En un lejano poblado de un antiguo emirato había un barbero llamado As-Samet diestro en afeitar cabezas y barbas. Un día el emir se dio cuenta de la falta de barberos en el emirato, y ordenó que los barberos sólo afeitaran a aquellas personas que no pudieran hacerlo por sí mismas. Cierto día el emir llamó a As-Samet para que lo afeitara y él le contó sus angustias:

-En mi pueblo soy el único barbero. Si me afeito, entonces puedo afeitarme por mí mismo, por lo tanto no debería afeitarme el barbero de mi pueblo ¡que soy yo! Pero, si por el contrario no me afeito, entonces algún barbero me debe afeitar, ¡pero yo soy el único barbero de allí!

El emir pensó que sus pensamientos eran tan profundos, que lo premió con la mano de la más virtuosa de sus hijas. Así, el barbero As-Samet vivió para siempre feliz.

Moraleja: hazte el interesante y encontrarás el amor. O al menos, el matrimonio.

Otro día hablaré de los colores imposibles que, a pesar de ser imposibles, pueden existir teóricamente.