Archivo por meses: Marzo 2009

HACIENDO CUENTAS

El momento más duro para una cuenta corriente no es el final del mes, sino los cinco primeros días. Acabas de cobrar tu sueldo y te sientes “rico” de nuevo, cuando, zas, llegan las cuotas de la hipoteca, el recibo de la Comunidad, los gastos de teléfono, la factura del gas, la lotería de la compañía eléctrica…. por no hablar de los sustos que te puede dar la tarjeta de crédito si has perdido la cuenta de todas las veces que has echado mano de ella a lo largo del mes. Entonces te das cuenta de que la vida no es una sitcom, sino que es una partida de Monopoly en la que nunca ganas el segundo premio de belleza ni el de las palabras cruzadas. Y por supuesto, la banca nunca tiene un error a tu favor y te da veintemil lereles. De todas formas, hay que reconocer que en la vida real no se va tan fácilmente a la cárcel…

Lo malo es que las noticias que salen en los periódicos no contribuyen a disminuir esta sensación de estar sumergido en una inmensa partida de Monopoly. Ahora se intervienen cajas y se habla del fantasma de la deflación. Yo no entiendo nada, ¿no deberíamos estar contentos de que el precio de las cosas bajara? Lo que sí entiendo es que la gente que tenga disponibilidad de dinero en efectivo ahora mismo o estabilidad laboral asegurada ahora debe de estar haciendo su agosto. O más bien, “la madre de todos los agostos”.

LA SOMBRA

El sábado por la mañana los pintores vinieron a casa a terminar el trabajo, así que yo hice mutis por el foro y les dejé a solas con la pintura y las brochas. Me compré el periódico y me bajé hasta Neptuno a desayunar en el Vips. La calle estaba llena de turistas y yo me sentí como uno más. Me tomé un café con un zumo de naranja y una barrita tostada con mermelada de melocotón mientras leía el periódico. Me despisté y estuve a punto de irme sin pagar. Por suerte, me di cuenta justo cuando me ponía en pie para ponerme el abrigo. Pedí la cuenta y me libré del bochorno… aunque quizás no me hubieran pillado.

Decidí aprovechar la mañana para ver la exposición “La sombra” repartida entre el Museo Thyssen y la Fundación Caja Madrid. Bastante interesante, aunque lo que más me gustó es descubrir cuál es el mito griego que explica el nacimiento de la pintura. Según cuenta Plinio, en Corinto vivía un famoso alfarero llamado Butades. Su hija se enamoró de un joven del lugar. Vivían felices hasta que éste tuvo que abandonar la ciudad para no volver. La noche anterior a su partida, para recordarle siempre, ella trazó la silueta de la sombra de su amado, proyectada sobre la pared de su dormitorio por la luz de una vela.

La Doncella Corintia de Joseph Wright of Derby

Tenía antojo de hamburguesa, así que me fui al Fast Good a comerme un buen pedazo de carne. Ahí me llamaron los pintores para decirme que el trabajo estaba prácticamente terminado. El resto del fin de la semana me lo pasé disfrutando de mi renovada y luminosa casa, viendo episodios de Lost y cantando canciones a duo con Diego.

MÚSICA DOMINGUERA

Aprovechando que dentro de pocos días sale a la venta su nuevo disco, es un buen momento para recordar alguna canción de Depeche Mode. Recuerdo que cuando este tema salió no me gustó demasiado. Con el tiempo se ha convertido en uno de mis favoritos de la banda: I feel you.

En directo es un auténtico subidón, una de estas canciones que te arrastra. Si tenéis la oportunidad de ver un concierto de Depeche Mode, no dejéis escaparla. No os arrepentiréis.

STAIRWAY TO HEAVEN

Después de pasar dos días exiliado en una lujosa mansión de la sierra, anoche pude volver a dormir en mi buhardilla principesca. Aun faltan las puertas por pintar y el salón está recubierto de plásticos a la espera de la segunda capa que le pondrán hoy, pero me dio la sensación de estar estrenando la casa, sin grietas ni desconchones a la vista. Parece mentira lo que se puede conseguir con un poco de escayola. Qué envidia me da la gente que tiene maña y talento para hacer estas cosas por sí misma.

Como ya estoy metido en esta operación renove, la semana que viene me toca acuchillar el parqué de mi dormitorio. Mi madre me dice que lo normal es acuchillar primero y pintar después. Yo, como soy novato en estas lides, lo he hecho al revés. Siempre he sido original, por eso vivo en un piso que se anunciaba como “originalísimo apartamento”.

La última parte de la operación consistirá en cambiar la escalera de caracol que permite subir al altillo. Yo no lo veía necesario, pero mi madre sugirió la idea y el ver por azar unos bonitos modelos en un folleto del Leroy Merlin terminó de convencerme. La verdad es que el aspecto de la casa cambiaría bastante con una escalera de madera y aluminio de diseño moderno. Con una así el altillo dejaría de ser el desván que es ahora y se transformaría en el espacio chill-out de la casa para leer, escuchar música, relajarse y crear. Eso sí, siempre de cuclillas en el suelo.

EBULLO

Yo soy una persona tranquila, paciente, tolerante, en equilibrio conmigo mismo y con el mundo que me rodea. Pero últimamente noto de vez en cuando una tensión interna, una acumulación de fuerzas telúricas que parece que luchan por estallar. Siento que hay pequeños detalles de los demás que me desquician con más facilidad que antes, que a veces me da por gruñir y refunfuñar en vez de encogerme de hombros, que me molestan cosas que antes me daban igual. Entonces, tengo que hacer un esfuerzo extra por controlarme que antes no necesitaba. Y me da miedo que algún día me deje llevar y explote como si fuera el Krakatoa. Porque me conozco, y sé que cuando se desata la ira de Ace es como una reacción en cadena… y por lo general, le toca sufrirla a quien menos lo merece. Debería buscar alguna actividad para desfogarme un poco y relajarme, no sé, algo como derribar edificios con una maza, pegarle puñetazos a un saco de boxeo o iniciarme en el Yoga y la Meditación Trascendental…

Lo bueno es que, en el fondo, sé que lo que me pasa no es que esté enfadado con el mundo, sino que estoy enfadado conmigo mismo. Tendré que tomarme un café con mi yo interior para hacer las paces y solucionar nuestros problemas.

LIGERO DE EQUIPAJE

Ayer por la tarde vinieron los pintores a casa. Durante el día anterior estuve retirando cuadros y fotos de las paredes, libros y papeles acumulados sobre la mesa y todo tipo de chorradillas decorativas que hay en las estanterías. Guardé el ordenador y los CDs para evitar cualquier catástrofe por inverosimil que pueda parecer y lo fui subiendo todo al altillo. Incluso mandé a Flauta a pasar unos días a casa de su tío Miguel. Sin embargo, hasta que no volví ayer por la noche y vi mi cuarto, con la primera capa de pintura dada y todos los muebles cubiertos por un plástico protector, no fui consciente de lo desnuda que se queda una casa cuando le quitas todas esas cosas aparentemente superficiales que, sin embargo, son las que le dan vida. Sentado en el sofá me di cuenta de que mi casa se compone, básicamente, de cuatro muebles mal contados. Tuve la impresión de estar de mudanza en mi propia casa.

Y entonces me acordé de una de las frases favoritas de mi abuelo, repetida varias veces por mi madre: “Uno de los secretos para ser feliz es querer pocas cosas, y las que se quieren, quererlas poco”. Así que sonreí: en realidad, las cosas materiales me dan igual, yo lo que prefiero es querer a las personas.

Eso sí, necesito un aparato de vídeo que funcione!!!

THE VICTIMS

Detrás de mí, un grupo de chicas y chicos llevaba camisetas negras en las que ponía, en el mismo tipo de letra que usa The Killers, “Victims”. Yo aventuré que podría ser el nombre oficial del club de fans del grupo. El caso es que nos hizo gracia. Antes, los dioses de la música habían premiado nuestra entrega y el haber llegado al Palacio casi más de dos horas antes del inicio del concierto. La puerta de atrás, donde estaban los autobuses del grupo y donde Diego, el primero en llegar, vio a Brandon entrar en el recinto, flaquísimo y con un jersey rosa, fue la primera en abrirse, así que pudimos entrar con calma y colocarnos cerca del escenario mientras que los demás aun esperaban en el exterior. Pasamos el rato viendo las flores, debatiendo si las palmeras eran artificiales o no, contando los micrófonos que había y cantando el “Bohemian Rhapsody” que nos pusieron para pasar el rato.

Los teloneros eran Louis XIV, de quienes no había oido hablar hasta hace dos días. A diferencia del grupo de tercera que teloneó a Oasis, estos sonaron potentes y conectaron con el público. A mí me sonaron a grupo de rock de finales de los setenta, aunque mi impresión puede venir causada por el hecho de que el guitarrista vistiera como un componente de Fleetwood Mac y cantara con un falsete a medio camino entre los BeeGees y Supertramp.

Media hora después y con unos minutos de retraso, comenzó la cuenta atrás y The Killers salieron al escenario. Brandon Flowers llevaba su cazadora de plumas favorita. El chico es demasiado mono y simpático para ser un dios del rock, pero se le perdona todo. Comenzaron por todo lo alto con “Human”, con unos juegos de luces realmente espectaculares. Siguieron cantando las peores y mejores canciones de su último disco, y tampoco faltó ninguno de sus temas más representativos. La masa coreó casi todos los temas, completamente entregada. A ratos les dio por la épica (“All the thing I’ve done” o “Sam’s Town”) y a veces por el pop más desenfadado (“Joy Ride” o “This is your life”), pero si alguien pensaba que el rock de estadio había muerto, ayer pudo comprobar que estaba equivocado. Hubo momentos en que Brandon me recordó a Bono, y otros en los que el grupo me hizo pensar en los mejores momentos de Simple Minds (quizás por todos los uo-o-ohs que suenan en sus canciones… y si no suenan, el público los corea igual, como pasó con “Smile like you mean it”). A la entrada, yo bromeé diciendo que habría bailarines y fuegos artificiales… y al final, cuando saltaron llamas de fuego y se encendieron decenas de bengalas como si fueran los ochenta, resultó que sólo me equivoqué con lo de los bailarines. Pero todo se andará… Yo estaré ahí para verlo.