I CAN HEAR THE BELLS

Ayer, por la noche, si uno prestaba atención y escuchaba en silencio, podía oir, por encima del ruido del tráfico y de la ciudad, un rumor sordo y lejano. Era el ruido de Wall Street desplomándose, la economía estadounidense engullida por agujero negro de suprimes y pelosis. Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando.

Yo bajé la persiana que da a América y me acosté en el dormitorio con vistas a Europa. Me metí en la cama y antes de dormirme en mi mente tintineaban como campanas de boda miles de monedas de euro entrechocándose las unas con las otras.

Las campanas seguían sonando en mi mente cuando, como un novio acompañado por su madrina, mi madre y yo hemos llegado esta mañana al notario con quince minutos de adelanto. Algunos de los propietarios ya estaban ahí, y mi ya excasero no ha tardado en llegar. Hemos arreglado un asunto de última hora y nos hemos sentado a esperar. Ha llegado el del banco, el último invitado. Y por fin, el gran sacerdotiso investido en su traje de notario. Sentados en torno al altar, hemos escuchado las lecturas, hemos firmado nuestros votos y han recibido sus cheques. Mi madre estaba nerviosa y orgullosa y yo, cuando los dueños se han ido con su dinero y el notario con sus papeles y nos han dejado solos, he hecho una pequeña danza de la alegría.

CARRERA DE OBSTÁCULOS

Ahora mismo cuando me preguntan que qué tal estoy o cómo me va la vida, todo lo que puedo responder es algo así como “pisopisopisopisopìsopiso”. Tengo unas ganas locas de firmar mañana todos los papeles que haya que firmar y poder respirar relajadamente. Después ya llegarán otro tipo de problemas, pero ahora mismo lo que quiero es liberarme de tensiones, de tener que solucionar papeleo, de tener que decidir qué seguro contratar, de tener que ir a ver al del banco cada día (le he visto más veces en estas semanas que a algunos amigos míos) y de tener que discutir con mi madre en el papel de avalista exigente y asegurarle que no, que la casa no se va a caer y que no, que no me han timado.

Lo único bueno es que, dentro de veinticuatro horas, si no hay sorpresas en el último momento, me habré convertido en propietario y podré sonreir, satisfecho, porque, una vez más, habré vencido al monstruo de la Burrrocracia cual Fernando Alonso conduciendo de noche en Singapur.

VIERNEZZZZZ

Anoche fui al Roxy Club, en el Top of the Pops, a ver pinchar a los Chicos Malos, de los que cada día soy más fan, sobre todo después de ver sus coreografías al son de las Nancys Rubias. Me gusta toda la música que ponen, conozca las canciones o no. A ver si tienen suerte y les llaman para pinchar en los Grandes Templos de la Modernidad Pop.

Aunque anoche le comentaba a Joserra que en un par de años la estética poppie va a dejar de ser retro para ser simplemente obsoleta y retomaremos el estilo minimalista de los 90. O el atormentado-sucio-grunge, que hace un par de noches estuve viendo fotos de mis años universitarios y aquello parecía el festival de la franela, las camisas de leñador, los vaqueros rotos y las botas de monte. ¿Botas de monte para ir a clase? ¿Es que la facultad estaba en medio de un barrizal, o en lo alto de los Pirineos? No, simplemente molaba.

El problema es que está muy bien hacer un jueves universitario de vez en cuando, pero los años no perdonan y los viernes se hacen cada vez más duros. No veo la hora de salir del curro y dormirme una buena siezzzzta.

NEVER MISS A BEAT

En estos días, justo un par de semanas antes de mi cumpleaños, publican nuevo disco grupos como OBK, Nena Daconte, James Morrison o los Kaiser Chiefs. En efecto, no te equivocas si piensas que esto no es una indirecta sutil. Pero tampoco voy a decir directamente que “quiero regalos”, aunque sí que los quiero. A no ser que tenga un arranque de sinceridad como el que ha tenido Simon Rix, bajista de los Kaiser, en una entrevista que publica hoy El País:

-“Sin Franz Ferdinand no estaríamos aquí.”

Reconocerlo os honra, chicos. Ahora, si pudieráis explicarnos para qué contratastéis como productor a Mark Ronson… porque, la verdad, en el sencillo de presentación no se nota demasiado su toque (sí, ese que ha hecho triunfar a Amy).


PD. ¿Soy sólo yo o alguien más piensa que Youtube cada día funciona peor?

UNA HISTORIA VERDADERA

La última mañana que estuve en casa de mis tíos en NY con mis amigos, mi tía quiso que nos hiciéramos una foto en el jardín todos juntos. Así que nos pusimos todos en fila, ensayando nuestras mejores sonrisas y poses. Y entonces mi tía dice, con toda naturalidad:

-No os pongáis así, que tapáis a Antonia.

Mi amiga Sonia lucha por combatir un ataque de risa loca mientras Joserra la pellizca en el brazo para que se controle. Entre alucinado e indignado, yo sólo soy capaz de preguntar:

-¿¿¿AntoniA!!!

-Sí, la fuente, se llama Antonia. O al menos ese nombre tenía en la tienda cuando la compramos.

Los tres nos giramos, y en efecto, hay una especie de venus de pieda adornando el estanque del jardín. Mis amigos estuvieron riéndose a mí costa durante días. Por mi parte, os aviso de que si alguna vez veis anunciada por ahí la actuación de Antonia Fontana, será que he decidido dejar mi trabajo para triunfar en el mundo drag.

COMO PASAR LA NOCHE SIN ENCENDER LA TV

Durante estos días estoy repasando mi colección completa de mp3 acumulados en el ordenador desde la invención de las redes P2P, comprobando que todos los nombres estén bien escritos, borrando algunos repetidos y descubriendo llamativas ausencias (que la mula se encarga de corregir). Supongo que cuando termine el repaso, ya tendré almacenadas prácticamente todas las canciones antiguas que conozco y que me gustan.

Anoche fue el turno de Shania Twain, Shanice, Sheryl Crow y Shirley Bassey. Mientras escuchaba hits del calibre de “Copacabana”, me dedicaba a echarle un vistazo al número de la revista Details que compré en el JFK al volver de Nueva York. Me leí las primeras cien páginas. Lo de leer, en realidad, es un decir, porque como toda buena revista americana las primeras páginas están dedicadas exclusivamente a publicidad. Que si Gucci, que si Dior, que si Armani, que si Nautica, que si Versace, que como puede ser modelo JonK con esas cejas, que qué cara de adolescentes desnutridos tienen algunos modelos y modelas… El anuncio que más me gustó fue uno de esa especie de Cortefiel yanqui llamado Banana Republic, porque la foto es bonita y porque WillC no tiene pinta de haber acabado la EGB anteayer y no pone morritos dramáticamente intensos.

Sonriendo en la República Bananera

Después de estas distracciones tan masculinas (la verdad, sólo me faltó exfoliarme el cutis, ponerme rulos en el pelo e irme a acostar con una mascarilla en la cara para completar la noche) me fui a la cama antes de lo habitual, aunque tardé en pillar la posturita más de lo que acostumbro. Siempre termino levantándome con la sensación de no haber dormido lo suficiente.

NOTICIAS QUE ROMPEN

El Banco ha dicho: “Sí, quiero”.

ADIOS VERANO ADIOS

El viernes fue un día tranquilo en el trabajo después de una semana bastante ajetreada (y entretenida). Miguel vino a comer a casa y pasamos un rato zapeando entre la MTV, el SolMusica y la VH1, antes de que se fuera a Pamplona con Rocío. Yo me fui a sudar un poco al gimnasio. A la salida quedé con Diego y nos fuimos hasta Plaza de España a ver “Una palabra tuya” con Joserra, Jotas y Belen. A algunos les gustó la película y les pareció emocionante mientras que otros la definieron como “bazofia”. A mí me pareció una acumulación sin sentido y mal estructurada de dramas personales con alguna escena aislada brillante. La noche terminó en una kebabería cualquiera devorando un durum y riendonos a costa de esa telebasura sin la que, en realidad, no podríamos vivir.

El sabado comenzó con una buena noticia. La mujer de mi primo dio a luz a su primera hija la noche anterior y, aunque el parto había sido largo, estaban todos perfectamente. La familia sigue creciendo. El plan para la tarde era ver “Vicky Cristina Barcelona”. A la taquillera le hicieron gracia mi camiseta y la sonrisa de Diego y nos hizo descuento en las cuatro entradas. Respecto a la película, a unos nos pareció que Penelope Cruz hacía un gran trabajo mientras que otros describieron su papel como “hacer la payasa”. Por lo demás, si no es la peor película de Woody Allen que he visto, se le parece bastante. Eso sí, qué bonita es España tal y como la ve el director, tan soleada, mediterránea y llena de vitalidad, sin nada que envidiar a la Toscana y la Provenza que salen en el cine. Y qué bien tocan la gaita guitarra española en Oviedo… Después de la película, yo quería ir a un bar que hay por Huertas, pero estaba cerrado, y acabamos en otro que acababa de abrir y estaba vacío, tomando café, té rojo, batido de nueces y pastel de zanahoria. Pablo se fue y acompañamos a Joserra a comprar pintura al Corte Inglés. En principio, buscábamos color blanco, pero acabo llevándose un bote de pintura rosa pálido de Agata Ruiz de la Prada, bastante más barato que de Bruguer o Titanlux (y mucho más glamouroso, dondevaaparar). Llegó la hora de que Diego se fuera y Joserra y yo confirmamos que no deberíamos volver más a Vips.

A la mañana siguiente me despertó el ruido de la lluvia en el tejado. Pensé que iba a ser un domingo lluvioso, asi que me dormí de nuevo. Cuando volví a despertarme, brillaba el sol, así que quedé con Joserra en la Latina para tomar unas cañas, analizar sus técnicas de seducción de camareros bohemios y comer unos huevos rotos con chistorra en la terraza del Postino. El resto de la tarde lo pasé en casa, limpiando un poco. Diego llegó para ver “Planet Terror” en DVD (me pareció un poco aburrida… prefiero “Death Proof”) y se fue cuando terminó “Gran Hermano X”, con su colección de friquis y aspirantes a mister venidos a menos. Ya somos fans de Ana Toro, la loca creativa de publicidad que parece prima de la francesa de Lost. Y así, tranquilamente, le dije adiós al último fin de semana del verano.

SOY TAN CARCA

Como ya dije hace unos días en los comentarios, me sorprende mucho leer, en la prensa, cosas como ésta:

“Los médicos avisaron a Palin de que existía un elevado riesgo de que su hijo menor, Trig Paxson, naciera con síndrome de Down. Rabiosa oponente del aborto, Palin decidió tener el niño. “Mi marido y yo somos contrarios al aborto. Ambos entendemos que cada vida inocente tiene un gran potencial”, dijo en abril”. (El País, 30 de agosto).

“El más pequeño, Trig Paxson, nació el pasado 18 de abril, y tiene síndrome de ‘Down’. A pesar de que Palin lo supo gracias a las pruebas preparto, decidió dar a luz, pues es una firme oponente al aborto”. (El Mundo, 29 de agosto)

Lo que más me sorprende es ese trasfondo que sugiere que sólo una antiabortista radical tendría un hijo con síndrome de Down, ya que cualquier mujer con dos dedos de frente habría optado por interrumpir su embarazo. De hecho, los datos parecen indicarlo (“La incidencia del síndrome de Down ha descendido de 14,8 a 8,2 casos por 10.000 bebés. El descenso obedece al diagnóstico prenatal y a la posibilidad de interrumpir los embarazos.”, El Pais, 19 de agosto de 2004). Y a mí, personalmente, es algo que me produce escalofríos, aunque sólo sea porque una de las mejores amigas de mi madre tenga una hija con síndrome de Down y no creo que su vida haya sido menos digna que la de cualquier otra persona. Puede que haya sido diferente, pero eso no la hace ni mejor ni peor.

Pero que piense esto no supone que quiera lapidar a todas las mujeres que optan por abortar ni obligar a nadie a que haga lo que no quiere hacer. De hecho, creo que el Estado está obligado a defender y regular el derecho de las personas que opten por el aborto. Al fin y al cabo, el Estado debería dedicarse a proporcionar a la población los mecanismos adecuados para ejercer libremente sus creencias, deseos e ideologías, sean las que sean, siempre que no vayan contra las libertades y los derechos humanos de los demás, claro. Cuantas menos cosas nos vengan impuestas, mejor.

Y como esto ha quedado demasiado serio y muy poco Pop, vamos a reirnos de la Palin.

Y hago un corta y pega de la selección de mejores momentos del vídeo que ha hecho “El País”

– Hillary Clinton: “Creo que la diplomacia debería ser el núcleo de la política exterior”. Sarah Palin: “Y yo puedo ver Rusia desde mi casa”. H. C.: “Yo defiendo que el cambio climático está causado por el hombre”.S. P.: “Y yo que es simplemente Dios abrazándonos más fuerte”. H. C.: “No estoy acuerdo con la doctrina de Bush”. S. P.: “Y yo no sé qué es eso”.

– S. P.: “Creo que todas las mujeres estarán de acuerdo en que, al margen de nuestra orientación política, ya es hora de que una mujer llegue a la Casa Blanca”. H. C.: “No. ¡Es mi hora! ¡Se supone que es mi hora! Quiero añadir algo. Yo no quería que una mujer fuera presidente. Yo quería ser presidente, y da la casualidad de que soy mujer. No quiero que compares tu camino a la Casa Blanca con el mío. Yo he arañado, me he arrastrado por el barro y por alambradas, y tú simplemente te deslizaste en tu trineo con tu banda de reina de belleza y tus gafas a lo Tina Fey”.

– S. P.: “Así que invito a los medios de comunicación a que no caigan en un comportamiento sexista durante las próximas seis semanas”. H. C.:”Aunque no es nada sexista cuestionar las credenciales de una política. Por favor, pregúntenle a ésta por los dinosaurios. Así que invito a los medios a que le echen un par. Y si no los tienen, les presto los míos”.

Estaría bien que le preguntaran a la Palin por los dinosaurios… eso sí que provocaría hilaridad descojone a mogollón. Porque ya sabéis que son huesos que ha puesto Dios en la Tierra para probar nuestra fe, ¿no? O restos de animales que no cabían en el Arca de Noé y murieron ahogados en el diluvio.

ARRÍTMICO

Siempre he tenido problemas para seguir el ritmo. Es como coger el tono adecuado de una canción. Es algo para lo que mi cerebro no está preparado. También es cierto que nunca nadie se ha puesto a enseñarme, ya que se supone que son cosas que vienen dadas por la naturaleza. Aun recuerdo una clase de primero de EGB en la que la profesora de Música dijo que haríamos un ejercicio en el que, uno por uno, iríamos de un lado a otro del aula, cantando una canción y marcando el ritmo con el paso y dando palmadas. Uno, que siempre ha tenido más oreja que oido, desconocedor por completo del concepto de ritmo, decidió que el ejercicio consistía en cantar algo, caminar como pudieras e ir dando palmadas. Es decir, que debí parecer algo así como un mono de estos a los que le das cuerda y va tocando unos platillos. Creo recordar que la profesora me miró con una mezcla de alucinación y compasión.

Y es que a veces los profesores deberían darse cuenta de que no pueden dar todo por sabido. Otro momento de humillación pública que tuve que pasar en la EGB fue en clase de Lenguaje. Esta vez el ejercicio consistía en que la profesora diría una palabra y cada alumno, solo en la tarima, la dividiría en sílabas atonas y tónicas, marcando unas con chasquidos de dedos y otras con palmadas. Evidentemente, el único tonto que no sabía chasquear los dedos era yo, y cuando llego mi turno lo que hice fue juntar mi pulgar con el resto de dedos de la mano, como si tocara unas castañuelas invisibles, esperando que mágicamente sonara algo. En efecto, sonó algo: las risas de mis compañeros. Después de clase, la profesora se quedó cinco minutos conmigo enseñándome a hacer el condenado chasquido y, la verdad, no era tan difícil.

Con estos antecedentes, no es de extrañar que cuando llegó el primer examen de Música en el que hubo que hacer pruebas de solfeo, yo no consiguiera sacar más que un maravilloso suspenso. Aun recuerdo el ejercicio llamado “dictado de notas” en el que la profesora iba diciendo “nuuuu” en distintas tonalidades y había que poner a que nota se correspondía en un pentagrama en blanco. Como a mí todos los nuuuus me sonaban más o menos igual, a no ser que fueran muy agudos o muy graves, iba colocando las corcheas, negras y blancas al azar. Si el mundo fuera justo, me tendrían que haber declarado exento de Música, del mismo modo que algunas chicas consiguieron estar exentas de Educación Física durante toda su vida (aunque luego las ves saltar los tornos de metro con una agilidad que sería la envidia de Gervasio Deferr). Afortunadamente, acabó triunfando la cordura y los ejercicios de canto fueron sustituidos por las serenatas de flauta dulce, instrumento que sólo presenta un desafío: ¿Qué hacer con la saliva que se va acumulando en la boca mientras tocas? Con el tiempo acabamos dado historia de la música y escuchando sinfonías y conciertos, y la Música dejó de ser mi asignatura odiada… puesto que recayó en la Pretecnología. Pero de mi capacidad de detestar tanto a un profesor como para desear su muerte (o que, por lo menos, se cortara una mano con una sierra de marquetería) ya hablaremos en otro momento.