Archivo por meses: agosto 2008

PREPARANDO EL VIAJE

Mientras España gana una medalla de oro y dos de plata, yo curioseo la web del New York Times. El lunes, día en que llegamos, puede haber tormentas, pero esperemos que empiecen después de que aterricemos (no están los ánimos muy elevados para meterse en un avión ahora mismo, la verdad), pero parece que el tiempo mejorará durante la semana.

La web del periódico tiene una guía para el viajero en el que hacen un listado de todo lo que debería visitarse: museos, monumentos, tiendas, parques, bares, discotecas… Me he puesto a anotar sitios y me parece que voy a necesitar un mes para verlo todo: American Museum of Natural History, The Apple Store, Battery Park (con el Museo del Holocausto), el puente de Brooklyn, Central Park (donde se venden los mejores perritos calientes y lazos pretzel del mundo), el edificio Chrysler, Coney Island, Dean & Deluca, el Empire State Building, FAO Scharz, el edificio Flatiron, la Estación Grand Central, la tienda de Manolo Blahnik, el Museo Metropolitano, el MOMA, Rockefeller Center, el Museo Guggenheim, la Catedral de San Patricio, el ferry de Staten Island, Times Square con su Virgin Megastore y sus musicales de Broadway, Tiffany & Co, Naciones Unidas, Washington Square, el edificio Woolworth, la tienda Disney de la Quinta Avenida y Chinatown.

Lo dicho, que me quedo en Nueva York.

PASANDO EL TIEMPO

En estos días que he pasado en Madrid me he dado cuenta de las ganas que tenías de estar un tiempo conmigo mismo y disfrutar de esta casa que espero que sea definitivamente mía cuando llegue el otoño. Me he dedicado a ordenar el salón y recolocar los DVDs; he ido al gimnasio para empezar la operación Volviendo al 75, aunque sé que la semana que viene, en NY, será difícil resistirse a los panqueques, los muffins y el Taco del Mar; cogí un par de películas en el Diurno, donde tengo un vale de diez alquileres muy desaprovechado; decidí prepararme para mi futura pobreza hipotecaria yendo al supermercado del Dia en vez de al del Corte Inglés; me he visto el DVD de Cloverfield enterito, con todos sus extras y huevos de pascua, estoy repasando mi carpeta de música en el ordenador para borrar algunas canciones y descargarme muchas otras; como ensaladas y queso fresco con membrillo; leo el teletexto y me entero de los éxitos y fracasos de España en los Juegos Olímpicos; aprendo a convivir con los fantasmas del ático, que es lo mismo que aprender a dormir solo; y he vuelto a escribir, y me he dado cuenta de lo mucho que lo echaba de menos.

Y lo mejor de todo es que mañana Diego vuelve a la ciudad y me llevará a ver Wall-E.

5022

Hoy quería escribir algo trivial sobre el verano.

Pero a pocos kilómetros de donde vivo han muerto más de un centenar de personas en un accidente de avión y no puedo pensar en otra cosa. ¿Qué hacer cuando el horror, la muerte y el dolor llegan tan de repente? ¿Cómo quitárselos de la cabeza?

Dejemos que el tiempo pase. No se puede hacer otra cosa.

ENIGMAS

Uno de los grandes placeres del mundo debe de ser flotar boca arriba sobre el mar, mecido de un lado a otro por las olas, con la mirada fija en el cielo azul del Mediterráneo, el ruido del mundo amortiguado por el agua. En mi playa de Águilas, el agua es transparente, la arena es de verdad y aun me sorprendo cuando veo peces nadando entre mis piernas. Como dice mi hermano, lo verdaderamente sorprendente es que lo que viera fueran gatos o pájaros. Este año no aparecieron las medusas, pero sí las olas. Me gusta nadar contra corriente para después dejarme arrastrar por la fuerza del mar, sentir como las olas rompen contra mi cuerpo y se deshacen en espuma. Me pasaría horas en el agua, pero tampoco puedo resistirme al placer de tumbarme en la toalla y dejar que el sol seque mi piel mientras yo me sumerjo en una agradable somnoliencia.

Lo único que me turba mientras estoy ahí es preguntarme si alguien podría hablar sobre mi padre sin envolverle en esa pátina mitológica que rodea a los que murieron demasiado pronto, si alguien podría contarme cuál fue la verdadera historia de mi abuela y del desconocido que la abandonó con cuatro hijos pequeños y si alguien podría rescatarla de esa tristeza en la que vive presa desde hace décadas.

LOST EN LOS PIRINEOS

Mi día de ayer consistió en limpiar la casa para que el tasador se llevara una buena impresión, le gustara el piso y le diga a mi querido futuro banco que el originalísimo apartamento vale una pasta gansa y al banquero le hagan chiribitas los ojos y quiera casarse conmigo. Sí, ya sé que al tasador le da igual que la superficie de la taza del water refulja como nunca y lo único que le importa es lo que mide el piso, pero ya que iba a hacer fotos del baño y de la cocina, que menos que quitar la mugre acumulada durante los últimos días (¿semanas?).

Hoy toca ir a Ikea a pasar la tarde y comprar una estantería para la casa y algún otro mueble de papel forrado en chapa para darle un aire de respetabilidad a esta vivienda. Como compensación a sus servicios de chofer, puede que invite a mi hermano a ir al cine y ver “Expediente X” o “Wall-E”.

Aquí en Madrid la vida es como una sitcom, una telenovela o una serie de amor, sexo y lujo. Vamos, una mezcla entre “Sexo en MD”, “Tribunalose Place” y “Al salir del curro”. En cambio, mis vacaciones pirenaicas prometían ser una mezcla de “La casa de la pradera” con “La tribu de los Brady”. Hemos llegado a reunirnos 25 miembros y miembras de la misma familia, desde mi abuela hasta mi sobrina más joven… y eso que no cuento los tres bebés que esperan tres de mis primas. Seguramente algunos empezarán a tener sudores fríos al pensar en pasar las vacaciones con toda su familia, pero como el más disfuncional de sus componentes puede que sea yo, todo es armonía, risas, comida, cañas en el bar del pueblo, paseos por el monte y tumbarse al sol como los lagartos.

Eso fue así hasta que el día que hacía más calor del verano, decidimos internarnos en el bosque para bañarnos en ese pozo con cascada semioculto en medio de las montañas.

El agua sólo está fría los primeros minutos, luego ya se pierde la sensibilidad.

El cielo se había ido cubriendo mientras caminábamos por el sendero, pero teníamos ganas de bañarnos. En cuanto llegamos ahí, comenzaron a escucharse truenos. Mi hermano y uno de mis primos se metieron en el agua, pero a los pocos minutos ya vimos que había salir de ahí en el menor tiempo posible. Yo me adelanté por el sendero y el cielo se iba oscureciendo como si fuera de noche, los truenos sonaban cada vez más cercanos, el viento sacudía los árboles con fuerza, haciendo un ruido que riete tú de cuando Smokey se aparece en la isla de Perdidos. Era como si la tormenta nos persiguiera. Hasta que nos alcanzó y fue como estar dentro de una nube.

Una vez dentro del coche, tan mojado como si me hubiera duchado vestido, nos dedicamos a esperar a que pasara la tormenta. Y entonces empezó a caer granizo del tamaño de canicas. Sólo faltó que un huracán nos llevara al país de Oz.

Días después, pasando la tarde en un rincón del campo que conozco tan bien como el salón de mi casa, me fui a dar un paseo solo siguiendo el curso de un río habitualmente seco. Cuando llegué a una curva solitaria, empecé a escuchar ruido entre los matorrales. Me paré un momento para comprobarlo: sí, había algo entre los arbustos. Supuse que sería algún excursionista o algún pájaro y seguí caminando. Lo que no pensé es que, de repente, a una veintena de metros delante de mí, en un hueco entre los bojes, iba a aparecer el hocico negro y la enorme cabeza de un jabalí. Al verme, el animal se detuvo y durante un segundo yo pensé en qué iba a hacer si de repente echaba a correr hacía mí. Por suerte, se limitó a gruñir y se dio la vuelta, desapareciendo de mi vista. Yo decidí alejarme del lugar, primero caminando y después echando a correr. Sí, no quedó muy varonil por mi parte, pero uno no es Locke. Además, que me río yo de que un vejete cincuentón se dedique a cazar esos bicharracos con un cuchillo de montaña.

Pero lo que me terminó de convencer de que en cualquier momento me encontraba una escotilla de la iniciativa Dharma en mitad de un rebaño de ovejas fue mi primera foto espectral. Atentos a la imagen. A ver si veis algo extraño entre los árboles.

Bienvenidos a la nave del misterio

Espero que mi fin de semana en Murcia se limite a luchar contra las medusas. Y que Godzilla no se pase por NY a finales de mes.

HE VUELTO

Ya he vuelto del Pirineo. Más gordo, más moreno y más descansado.

Pero después de diez días rodeado de ovejitas, familiares y aire puro, tengo mono de ciudad, flashes y contaminación.

Me he convertido en un urbanita que disfruta de la idea de pasar la mitad de sus vacaciones en Madrid. ¿Bueno o malo?

Mañana más, ahora os voy a leer.