Ilusiones perfectas y campos de batalla

Lady Gaga ha estrenado el videoclip para Perfect Illusion y deja aun más claro que está comenzando una nueva etapa, algo que ya venía anunciando con la portada de Joanne (la mejor de su carrera… no era difícil), casi minimalista en comparación con la de ArtPop y todo un derroche de buen gusto frente aquel engendro visual de la motocicleta y la horrenda tipografía de Born this way, y sobre todo, con el (supuesto) cambio de estilo musical que propone la canción, más rockera, directa y contundente. Sin embargo, tampoco estaría tan lejos de algunas pistas de Born this way en las que Lady Gaga demostraba su cariño por el heavy metal ochentero (Electric Chapel, Highway Unicorn (Road to Love) o la muy apropiadamente llamada Heavy Metal Lover). Y tampoco deberíamos olvidar que también ha cantado de forma más o menos desgarrada y desnuda en temas como Brown Eyes, Speechles o Yoü & I. Si Perfect Illusion suena mejor es gracias a la participación como compositores de Mark Ronson y Kevin Parker, de Tame Impala (ambos ya habían trabajado juntos en el disco de Ronson, Uptown Special), también productores del tema junto a BloodPop, responsable, entre otros temas, del Sorry de Justin Bieber, la canción a la que la mitad de los lanzamientos pop de este año quieren parecerse. Ellos han aportado el buen hacer y la sutileza de la que siempre han carecido los chatarreros arreglos de Todo a 100 de RedOne

Como buena artista del siglo XXI nada es original en Lady Gaga. Y como buena artista posmoderna sabe utilizar y reciclar referentes estilísticos y sonoros. En Perfect Illusion se nota la alargada sombra de Madonna y su Papa don’t preach, es evidente, pero también es inevitable pensar -tanto musical como estéticamente- en muchas otras cantantes de los ochenta como Cyndi Lauper y su Time after Time, Pat Benatar y su Love is battefield, Kim Wilde y su Kids en America, Joan Jett y su I Love Rock and Roll y tantas otras mujeres en los 80 que jugaron con el pop y el rock apostando por una estética distinta donde primaba la mujer rebelde sobre la conejita de Playboy. Ya veremos qué contiene el resto de Joanne, pero de momento hay que agradecerle a Lady Gaga que haya recuperado un sonido rockero y directo, totalmente alejado del dance, el hiphop y el folkito fresquito que inunda el panorama musical actual. Eso sí, vistas las decepcionantes ventas del sencillo, parece que la gente prefiere a una Lady Gaga vestida con filetes de ternera antes que a una artista que intenta avanzar hacia su madurez musical.

Canciones para una Space Opera: “Sabotage”

Star Trek: Más Allá es la decimotercera película de la saga, la tercera desde el lujoso reboot de JJ Abrams de 2009, y el enésimo producto audiovisual relacionado con la serie que se estrenó ahora 50 años y que tan buenos ratos nos ha hecho pasar. Siendo una entrega impar, ya se sabe que la película de Justin Lin, director de unas cuantas entregas de The Fast & The Furious (A todo gas en España), es de las poco memorables de Star Trek. En efecto, la historia no tiene la más mínima lógica, los personajes tienen confictos simplones, las escenas de acción están montadas a un ritmo endiablado (si parpadeas, te pierdes tres planos) y, en general, nada tiene sentido a pesar de los diálogos explicativos nada sutiles que pueblan la película. La palma se la lleva el momento en que Sabotage, de Beastie Boys, se convierte en un arma de destrucción masiva. No tiene ni pies ni cabeza, pero mola mucho. Es la más clara demostración de lo que se llama Rule of Cool.

Editado en enero de 1994, Sabotage fue el primer sencillo del cuarto trabajo de Beastie Boys, Ill Communication, y pronto se convertiría en su mayor éxito desde su ya legendario tema de 1987, You gotta fight for your right to party. Su videoclip, una parodia de las series policiacas de los 70 dirigida por Spike Jonze, volvió locos a los directivos de la MTV, que lo echaban a todas horas. Eso sí, luego los premios de ese año fueron para Crying, de Aerosmith, y Everybody Hurts, de REM (Un gran año para la historia del video, está claro). Con Sabotage, el hip hop comenzaba a invadir el mundo más allá del mercado anglosajón, además de demostrar que el rap estaba madurando y diversificando para combinarse con otros estilos como el rock. Y así es como, pocos años después, artistas como Eminem o Kanye West pudieron convertirse en estrellas globales y dioses en la Tierra.

OBK y el 12 de septiembre

El del centro es el batería

El del centro es el batería

Doce fue el día
septiembre fue el mes.
Contigo aprendía…cómo hay que querer.
Sufro el castigo…
de ver el final.
Nunca es sencillo volver a empezar…

Si Mecano tiene en propiedad el 7 de septiembre, los Celtas Cortos el 20 de abril y La Oreja de Van Gogh el 20 de enero, OBK podrían reclamar para sí el 12 de septiembre gracias a Dulce Final, el tercer sencillo de su tercer disco, llamado Trilogía. Sonó en las radios, pero no llegó a haber videoclip.

Trilogía era el primer disco que OBK grababa con una multinacional después de haber publicado sus dos primeros trabajos con la independiente Blanco y Negro, sello especializado en música dance y recopilatorios que seguramente nunca espero que Llámalo sueño, el debut del dúo, acabara vendiendo unas 400.000 copias. Después del más intimista y oscuro Momentos de Fe, Trilogía iba a ser un éxito comercial… que no fue. Y eso que el grupo intentó modernizar su sonido, intentado ir más allá del mero synthpop de primeros de los 80 al estilo Yazoo, Erasure o Depeche Mode que les había caracterizado hasta entonces (vamos, que querían ser Vince Clarke) adoptando algún toque eurodance. Era 1995, qué menos. Eso sí, las letras siguieron hablando de historias de amor y ojos que miran con ilusión. Unas con alegría (Mi razón de ser, quizás el mejor tema de este disco, de contagiosa alegría) y otras con el dramatismo habitual marca de la casa (En el cielo hablan de mí, Adagio, Nada soy sin ti…).

Si Trilogía vendió menos de lo esperado, Donde el corazón nos lleve, el siguiente disco de OBK, fue un fracaso rotundo. Seguro que ni os acordabáis de su existencia… Casi como un favor -o para terminar contrato-, Hispavox les editó un recopilatorio de grandes éxitos en 1998 que obró el milagro de hacerles recuperar la fama perdida. Después llegarían los videoclips dirigidos por Juan Antonio Bayona, las producciones de Carlos Jean y los himnos gays. Y más tarde, el abandono del grupo por parte de Miguel Arjona y el olvido de nuevo por parte del gran público. Pero quién sabe, ¿habrá una tercera resurrección?

The Avalanches, Wildflower

16 años esperando...

16 años esperando…

Desde que nos dejaron, después de publicar Since I left you en el año 2000 -seguramente la primera obra maestra de la música del siglo XXI-, muchas cosas han pasado en la vida de The Avalanches. Hubo peleas y abandonos por como el proyecto iba dejando de ser un grupo de ¿rock? para convertirse en un DJ set hasta quedar reducido a dos miembros: Robbie Chater y Tony Di Blasi. Chater, además, estuvo convaleciente durante tres años por un par de enfermedades autoinmunes (que según la Wikipedia se trató con Ibogaína, substancia con alucinantes efectos secundarios). El grupo se dedicó también a colaborar en la composición de un musical sobre King Kong (cuando la obra se estrenó, la aportación de The Avalanches consistió en un tema de 25 segundos) y a preparar una película de animación que describieron como “un Submarino Amarillo de hip hop” (después de dos años de trabajo el dinero se acabó y el trabajo se quedó en nada). Chater, por si fuera poco, tuvo que actualizar su ordenador en 2014, después de años trabajando en un Mac donde tenía instalado el Studio Vision, un programa secuenciador al que se dejó de dar soporte… en 1997.

Y mientras tanto, aunque parezca mentira, The Avalanches decían estar trabajando en la continuación de su primer disco, colaborando con músicos de todo el planeta y consiguiendo los derechos de todo tipo de samplers. Y cuando ya todos pensábamos que nos estaban tomando el pelo y que el-segundo-disco-de-Avalanches era un mito a la altura de la democracia china, llegó Wildflower. Su sencillo de presentación, Frankie Sinatra, no podía estar más lejos de Since I left you. Eso sí, ambos temas son igualmente pegadizos por las razones más distintas.

Al igual que Since I left you, Wildflower se basa en miles de samplers de ruidos, diálogos de películas, fragmentos de otros temas… Se dice que el primer disco contenía unos 3.500, seguramente Wildflower no se quede atrás, mezclando desde el Come Together de The Beatles hasta Sonrisas y Lágrimas. Pero el resultado es muy distinto: mientras que su ópera prima resultaba un conjunto compacto y fluido, donde cuerdas y orquestaciones de todo pelaje se convertían en protagonistas convirtiendo al disco en una onírica pieza de Easy Listening para el nuevo siglo, Wildflower resulta metálico y deslabazado -en especial en su segunda mitad, justo después de la cómica The Noisy Eater (¿una especie de remake de su Frontier Psychiatrist?)-, menos soñador y mucho más directo a golpe de hip hop. Tampoco es de extrañar: seguramente el rap sea el estilo musical que está definiendo los últimos años y es difícil mantener una coherencia interna cuando tratas de resumir dieciseis años de trabajo en un solo disco. Ellos dicen que el disco es como un viaje en coche por su extensa y variada Australia natal, pero creo que sólo se dedican a dar vueltas por el desierto.

Además, The Avalanches no sólo han perdido el efecto sorpresa, sino que en Wildflower juega todo a ser tan referencial, desde la misma portada, que homenajea There’s a Riot Goin’ On, disco de 1971 de Sly & The Family Stone…

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…hasta el propósito de reinterpretar los sonidos psicodélicos de los sesenta y setenta a base de samplers que al final Wildflower resulta tan posmoderno y referencial como artificioso. Evidentemente, después de 16 años esperando, las expectativas eran altas. Podemos alegrarnos de que haya llegado este segundo disco de The Avalanches y disfrutar de pistas como Kaleidoscopic Lovers o If I Was a Folkstar, pero es inevitable sentir cierta decepción.

25 años de “El 7 de septiembre”

Mecano-Aidalai

Desde su publicación como primer sencillo de Aidalai, el último disco de Mecano, el 27 de mayo de 1991, llevamos 25 años acordándonos de Ana, Jose y Nacho cada vez que llega el 7 de septiembre.

Compuesta por Nacho Cano y dedicada a la que fuera su pareja durante varios años, la poetisa Coloma Fernandez Armero, El 7 de septiembre es una canción con todas las claves que hicieron de Mecano el grupo de pop español más exitoso de todos los tiempos: el synthpop tan discreto como eficaz, las letras que saben convertir lo cotidiano en trascendente y la susurrante voz de Ana Torroja. Aunque en realidad, si somos sinceros, éstas son las características del Mecano cuando las canciones son composiciones de Nacho Cano y que a la larga son las que más nos vienen a la cabeza cuando recordamos los grandes éxitos del grupo: Maquillaje, Me colé en una fiesta, Barco a Venus, Un año más, La fuerza del destino

Es curioso, porque en aquellos días de 1991 era José María Cano el que era considerado el autor serio, maduro y respetable de Mecano, especialmente gracias a temas como Hijo de la luna, Me cuesta tanto olvidarte, Mujer contra mujer… Sonidos más orgánicos y producciones más ambiciosas, letras más complejas con destellos de humor irónico, y sí, la susurrante voz de Ana Torroja como elemento de cohesión para un grupo con dos almas y dos estilos. Sin embargo, con el paso del tiempo, han sido las canciones de Nacho las que han envejecido mejor y en Aidalai es donde mejor se puede apreciar: el toque electrónico de El 7 de septiembre, El fallo positivo, Dalai Lama, J.C o El lago artificial les ha permitido conservar una frescura de la que carecen las piezas entregadas por su hermano mayor como la grandilocuente Naturaleza Muerta, la muy mediocre El peon del rey de negras o Bailando salsa que, como su nombre indica, es una canción salsera que hace una fotografía precisa de como imaginamos ciertas noches de Madrid de la época con menciones a Pedro Almodóvar incluidas. Podemos salvar Una rosa es una rosa, una rumba flamenca inspirada por el verso de Gertrude Stein y en cuyo videoclip Ana baila con Joaquín Cortés.

Aidalai, el tercer disco que Mecano grabó con BMG-Ariola después de romper con CBS, se puede considerar la última parte de una trilogía de madurez que incluye a Descanso dominical, de 1988, y Entre el cielo y el suelo, de 1986. Cada uno de ellos superó el millón de copias vendidas en nuestro país y unas cuantas más en el extranjero, unas cifras que parecen imposibles para el mercado actual, donde un disco que consigue despachar veinte mil copias ya se considera un superventas. También es un reflejo de la inmensa popularidad de Mecano: estaban en todas partes y todo el mundo conocía sus canciones, les gustaran o no. Mecano es parte de la cultura popular española y la banda sonora fundamental de una generación de niños y adolescentes crecidos en los 80. Nunca habrá nadie como ellos.

Canciones para el mes de septiembre: Papa was a rollin’ stone

It was the third of September
That day I’ll always remember,
Yes, I will
‘Cause that was the day that my daddy died
I never got a chance to see him
Never heard nothin’ but bad things about him
Mama, I’m depending on you
To tell me the truth
Mama just hung her head and said, “Son, ..

Papa was a rolling stone.
Wherever he laid his hat was his home.
And when he died, all he left us was alone.

Era el mes de septiembre de 1972 cuando The Temptations publicaban este sencillo de lo que por aquel entonces se denominaba Soul Psicodélico, una especie de eslabón entre el primigenio Soul de la Motown de los sesenta y el R&B y los sonidos más sofisticados de los años setenta, casi un adelanto del sonido Philadelphia y la música disco que estaban a punto de inundar las emisoras de radio y las pistas de discoteca del mundo. Grabado inicialmente en 1971 por The Undisputed Truth en una versión que apenas alcanzaría un puesto 63 en las listas, el productor Norman Whitfield, quien la había compuesto junto a Barrett Strong, la volvería a grabar para The Temptations convirtiéndola en una extraordinaria pieza dominada por un bajo al que se le van sumando diversos instrumentos a lo largo de doce minutos en los que las armonías vocales del grupo acababan quedando en un segundo lugar. Esto, y las tormentosas sesiones de grabación a las que les sometió el perfeccionista Whitfield, hizo que the Tempations decidieran no trabajar más con él, prefiriendo volver a las baladas de su primera época y dejar de lado los experimentos musicales. El resultado: Papa was a rollin’ stone fue el último número uno para la banda. Eso sí, les hizo ganar tres Grammies.

Papa was a rollin’ stone se ha convertido en un clásico incontestable del soul, el funk y el R&B, una demostración de que la música popular podía ir más allá del típico tema pop de tres minutos de duración: con su versión para radios de siete minutos, es una de las canciones más largas en haber sido número uno del Billboard. Por supuesto, ha sido versionada en múltiples ocasiones, destacando en especial la que publicó George Michael para su EP de 1993 Five Live con Queen y Lisa Stansfield y que se lanzó como sencillo en un mashup con su versión del Killer de Adamsky. El vídeo de la canción, en el que George Michael, como era habitual por entonces, no aparece, combina imágenes en blanco y negro con parodias a todo color de logotipos publicitarios. Es uno de mis clips favoritos de los 90.

Canciones para un verano: Cake by the ocean

No somos Sheppard

No somos Sheppard

Algo extraño pasa cuando resulta que los antaño ídolos (pre)adolescentes (supuestamente) prefabricados por las grandes corporaciones acaban haciendo algunas de las propuestas más interesantes o influyentes del pop actual. Con Miley Cyrus a la cabeza haciendo cada día lo primero que se le ocurre -hoy una serie con Woody Allen, ayer un disco con los Flaming Lips y mañana coach en La Voz-, seguida de un Justin Bieber resurgido de sus cenizas y que ha hecho de Sorry la canción que todo el mundo copia y acompañada por Zayn y Selena, entre otros, resulta que al final el hermano Jonás que ha conseguido ser más conocido por su música que por sus músculos ha sido Joe, y no Nick y sus biceps. Y todo gracias a un tema que suena tan fácil como eficaz a veranos eternos: Cake by the ocean.

Precisamente por ser una canción tan veraniega con su mezcla funk, disco y electrónica, no es de extrañar que hayan tenido que pasar meses desde que el tema se editó a finales de septiembre de 2015 para que haya calado entre las masas. Y como no, entre los compositores y productores del tema se encuentran unos suecos: Mattman & Robin, quien además de trabajar con los eurovisivos Helena Paparizou y Eric Saade, han firmando un buen puñado de temas para Adam Lambert, Carly Rae Jepsen, Selena Gomez, Tove Lo, Gwen Stefani… En fin, nunca le agradaceremos lo suficiente a Suecia haber desarrollado esta fórmula infalible para el pop intrascendente. Sin embargo, algo me hace sospechar que DNCE, el grupo formado por Joe Jonas junto a músicos que anteriormente trabajaron con los Jonas Brothers y que lucen muy bien en las fotos promocionales (la guitarrista surcoreana JinJoo Lee, el batería Jack Lawless y el bajista Cole Whittle), tienen muchas papeletas para convertirse en una One Hit Wonder, de estas cuyo nombre nadie recuerda aunque todo el mundo pueda tararear la canción que les hizo famosos: ayayayayayay.