Éxitos eurovisivos que no ganaron el festival

Esta noche se celebra en Viena la sexagésima edición del festival de Eurovisión, donde puede que Suecia vuelva a hacerse con la victoria (aunque yo preferiría que el premio fuera para Estonia, de los pocos países que han presentado este año algo parecido a una canción de verdad). Gracias a la inmediatez de las descargas digitales, una brillante actuación o una buena posición final asegura unas interesantes ventas para sus artistas durante los días posteriores al certamen. De hecho, puede suceder que haya temas con mejor acogida comercial que el tema ganador, como sucedió el año pasado, en el que los holandeses The Common Linnets acabaron vendiendo más copias de Calm After The Storm que Conchita Wurst y su Rise Like A Phoenix.

Pero esto no es nada nuevo. Ya desde los primeros años del festival ha habido canciones que han conseguido un éxito internacional mucho mayor que la ganadora. El mejor ejemplo lo encontramos en Volare (Nel blu dipinto di blu), la canción de Domenico Modugno que acabo en un tercer puesto en el Festival de Eurovision de 1958 para luego ser número uno en la lista del Billboard durante cinco semanas y llevarse, nada más y nada menos, que los primeros Grammies a Canción del Año y Grabación del Año. ¿Quién ganó el festival ese año? Dors, mon amour, de André Claveau.

Los sesenta fueron una época dorada para Eurovisión y muchos de los mayores éxitos comerciales del festival provienen de esa década. Entre ellos, destacan temas que no lo ganaron como el Congratulations de Cliff Richard, que se quedó a un solo punto del La La La de Massiel, o L’Amour Est Bleu, de Vicky Leandros. Esta canción en francés representó a Luxemburgo en 1967, quedando en cuarta posición. El tema tuvo cierto éxito en países como Japón o Canadá, pero a finales del año Paul Mauriat grabó con su orquesta una versión instrumental que, con el nombre de Love is Blue, acabaría ocupando durante cinco semanas el puesto más alto del Billboard, convirtiéndose en el único artista francés en haberlo conseguido. Y aunque el nombre de la canción no os diga nada, es una melodía que a todo el mundo le suena, ya que se ha utilizado en todo tipo de consultas de dentistas, ascensores, centros comerciales, anuncios publicitarios y hasta en Mad Men.

La aportación española a este listado de éxitos internacionales es Eres Tú, de Mocedades. A pesar de quedar en segundo puesto en el festival de 1973, sólo cuatro puntos por detrás de la ganadora, Tu te reconnaîtras, interpretada por Anne-Marie David para Luxemburgo, la canción se convirtió en un éxito mundial. De hecho, es el único tema cantado íntegramente en español que se ha colocado en el Top10 estadounidense.

En los 90, el festival de Eurovision languidecía. Constreñido por una serie de normas antiguas, como la obligación de cantar en el idioma oficial del país participante o la obsoleta utilización de una orquesta en vivo, lejos quedaban los años en que artistas y canciones hacían de su paso por Eurovision un salto a la fama. Todo cambió a finales de la década con la llegada del televoto, las redes sociales, los triunfitos y Dana International, pero un poco antes Reino Unido ya había dado una pista de las posibilidades de Eurovision para el mundo pop más desacomplejado. Gina G con Ooh Aah… Just a Little Bit, toda una descarga de Eurodance en su mejor momento, consiguió sólo un octavo puesto en el festival, pero sí alcanzó el número uno en su país y una candidatura al Grammy en la categoría Dance. Ver el vídeo de su actuación en Eurovisión -aunque parece más el decorado de La Quinta Marcha– con ese ordenador enorme sobre el teclado, esos efectos de realización y esas bailarinas descontroladas es una pequeña prueba de que 1996 era el Pleistoceno.

La llegada del siglo XXI le sentó muy bien a Eurovision, convertido inesperadamente en un gran espectáculo televisivo que reúne a millones de telespectadores en todo el mundo, Australia incluida, y en una lanzadera para éxitos veraniegos en pistas de baile de todo tipo. Así sucedió en 2012, en la que los DJs no tuvieron suficiente con Euphoria y les dio por pinchar también la pegajosa La La Love, cantada por Ivi Adamou para Chipre consiguiendo una discreta decimosexta posición final.

¿Qué nuevos momentos para incorporar a la cultura popular nos deparará esta noche en Viena? Twitter tendrá la respuesta.

20 años de “Common People”

Hace unas semanas, los medios especulaban que la esposa del ministro de economía griego, Yanis Varufakis, era la protagonista de Common People, el himno de Pulp. Ya sabéis, esa chica que venía de Grecia con sed de conocimientos sobre la gente común, que estudiaba escultura en el Saint Martin’s College y tenía un padre forradísimo. Jarvis Cocker no ha dicho nada al respecto, pero sí que comentó que la canción estaba inspirada en una estudiante griega que había conocido en 1988 mientras hacía unos cursos en el Saint Martin. Siempre nos quedará la duda de si lo primero que se le ocurrió fue llevarla a un supermercado.

Common People se editó como sencillo tal día como hoy hace veinte años. La canción se convirtió en un éxito casi instantáneo, alcanzando el número dos de la lista británica y colocando a Pulp en el panteón del Britpop junto a grupos como Blur y Oasis, algo que a Jarvis nunca le hizo demasiada gracia. Al fin y al cabo, ellos eran unos veteranos que llevaban juntos desde 1978, habían publicado su primer disco en 1983 y habían conseguido ser candidatos al premio Mercury con su disco de 1994, His’n’Hers. El galardón sería suyo en 1996 gracias a Different Class, disco que aupado por Common People y otros temazos imprescindibles como Disco 2000 conseguía vender más de un millón de copias en el Reino Unido y convertirse en uno de los discos imprescindibles para entender los 90.

Curiosamente, a pesar de todo este éxito en su tierra natal, Common People no llegó a la radioformula española que en aquellos tiempos sí estaba abierta a grupos como Oasis, Blur u Ocean Colour Scene, por ejemplo. No hay rastro de ella en las listas nacionales, aunque yo sí recuerdo haberla bailado en bares universitarios. De hecho, se sigue pinchando en bares indies y no tan indies y todo el mundo la conoce, e incluso Manel grabaron una versión en catalán llamada La Gent Normal. Estoy seguro de que dentro de veinte años seguirá sonando igual de perfecta, gracias a esa combinación de pop tan poderoso como grandilocuente y esa fina ironía para retratar la vida noventera de los pijos británicos.

Al mundo entero quiero dar…

jai Guru Deva Om (Nothing's gonna change my world)

jai Guru Deva Om (Nothing’s gonna change my world)

…un mensaje de paz.

Y así, con el anuncio de Coca-Cola más famoso de su historia, terminaba Mad Men después de siete temporadas y 92 episodios. Si la serie comenzaba con la dramática búsqueda por parte de Don Draper de un nuevo enfoque para vender cigarrillos de Lucky Strike, acabar con la campaña que consiguió que su melodía, I’d like to teach the world to sing, a cargo de The New Seekers vendiera doce millones de sencillos en todo el mundo, era una buena manera de cerrarla… algo que, por cierto, habían vaticinado ya en algunas páginas de Internet. Una vez visto el último episodio, parece bastante lógico: al fin y al cabo, el anuncio se estrenó en 1971, fue una idea de McCann-Erickson y durante toda esta parte de la temporada se ha hablado de Coca-Cola en varias ocasiones. Sin embargo, Matthew Weiner ha jugado en pocas ocasiones con lo previsible y nunca le ha puesto las cosas fáciles al espectador.

De hecho, el final de la serie juega con una de las claves de la serie, esas elipsis narrativas que han abundado tanto durante el relato y que han obligado al público a ejercitar su imaginación o estar atentos a los pequeños detalles. Si algún espectador esperaba un gran final apoteósico o definitivo, es que no sabía qué estaba viendo. Mad Men es una serie donde nunca pasa nada, dicen algunos. La respuesta perfecta sería decir que Mad Men es una serie donde pasan muchas cosas, pero quizás pasen más en la profundidad de sus personajes que en sus acciones externas. Quizás como en la vida real, donde se acumulan las anécdotas pero la verdad de las personas permanece siempre soterrada. Por eso resulta mucho más coherente con su discurso acabar la narración con unos puntos suspensivos en vez de con un punto final. Es mucho más realista.

Deducir, lógicamente, que el anuncio de Coca-Cola surgió de la mente de Don Draper después de su viaje a ninguna parte por la América profunda hasta las costas californianas, supone admitir que Mad Men vulnera una de las grandes reglas de la narrativa: ¿Ha cambiado en algo Don Draper? La respuesta es, seguramente, que no. Sonriendo, haciendo yoga al amanecer, sigue siendo el mismo hombre que, diez años atrás, tomaba un whiskey solo en un bar mientras buscaba un nuevo slogan para Lucky Strike. El viaje del héroe termina convertido en un eterno retorno, quizás porque ese viaje ya acabó cuando Dick Whitman decidió convertirse en Don Draper, quizás porque en realidad Don Draper no quiere salir de sus cavernas morales, quizás porque sabe que con alzar la espada del cinismo y el encanto tiene más que suficiente… Convertir la estética y los ideales de la contracultura hippie en una pegadiza y bienintencionada melodía para vender un refresco es una jugada maestra, una irónica reflexión sobre el poder apropiador del capitalismo para domesticar las rebeliones. Don Draper no es un antihéroe, ni una figura trágica, Don Draper es un villano con cierto código de honor y lágrimas de cocodrilo. Eso sí, es un villano fascinante.

Fascinación es lo que muchos hemos sentido por una serie de perfecto acabado formal que nos ha hecho viajar por los años sesenta sin necesidad de convertirse en una especie de “grandes éxitos de la historia” a lo Cuéntame o Forrest Gump. Weiner nos ha dado una lección de historia cotidiana donde hemos podido ver que, en muchas cosas, no hemos cambiado tanto como nos creemos, ni moral ni estéticamente. Con sus lógicos altibajos, más acusados en las últimas temporadas, Mad Men nos ha regalado tantos momentos brillantes que va a ser inevitable echarla mucho, mucho de menos.

B.B. King & U2: When love comes to town

El Blues es uno de los grandes estilos de la música popular, surgido a finales del siglo XIX en el profundo sur de Estados Unidos. Música de negros, de guitarras poderosas y letras apasionadas, seguramente no habríamos tenido rock & roll sin la existencia de estos artistas legendarios. Ayer moría a los 89 años el que, quizás, era el más grande de todos: B.B. King, el rey del Blues.

Pocos conceptos puede haber más alejados del pop que el blues. Seguramente, a pesar de su importancia dentro de la historia de la música, es muy probable que el gran público permanezca ajeno a su existencia. Afortunadamente, hay resquicios por los que unos estilos musicales se mezclan con otros y se llegan a colar en la radiofórmula. En 1989, como tercer sencillo de Rattle and Hum, U2 publicaban When love comes to town, su colaboración con B.B. King. Con un puesto 68 en el Billboard, fue la última aparición del maestro en la lista de sencillos.

Y fue así como algunos descubrimos la existencia de B.B. King y otros nuevos sonidos.

Mark Ronson: Feel Right

El éxito masivo de Uptown Funk -14 semanas consecutivas número uno en el Billboard- ha eclipsado un poco/bastante al resto de canciones del disco de Mark Ronson, Uptown Special. De hecho, aunque Feel Right fue dado a conocer antes de la publicación del disco como una especie de “buzz single” no ha sido hasta esta semana que la canción ha tenido videoclip. Como es evidente a la primera escucha, el fantasma de James Brown posee a Mystikal, rapero de éxito en Estados Unidos durante los 90, caído en desgracia y condenado a una temporada de cárcel por abusar sexualmente de una peluquera durante los 00.

Dirigido por Cameron Thomas Duddy y Bruno Mars, quienes ya hicieron juntos el clip para Gorilla de este último, el video de Feel Right está ambientado en una función escolar de éstas que tanto gustan a los estadounidenses. Bruno Mars, Mystikal y Mark Ronson se reservan un cameo al final de esta pieza con guiños a la cultura pop como la aparición inicial de Florence Henderson, la madre de La Tribu de los Brady, y el hecho de que esté ambientado en Sunnydale o, en otras palabras, el pueblo situado sobre la boca del infierno en las aventuras de Buffy Cazavampiros.

Lista UK: Número uno para Mumford & Sons

Como era de prever, Mumford & Sons han conseguido el número uno en la lista británica de discos más vendidos al despachar más de 80.000 copias de Wilder Mind, su tercer trabajo, desplazando así de lo más alto a The Magic Whip, el primer disco de estudio de Blur en doce años, hasta la segunda posición.

In the lonely hour de Sam Smith, X de Ed Sheeran y un revitalizado 1000 forms of fear de Sia completan el top 5. Las demás novedades de la semana son Integrity, del rapero londinense JME, en el 12; Born under Saturn, el segundo disco de Django Django, en el 15; We Are, de Lucy Spraggan, en el 22; Danger in the club, de Palma Violets, en el 25; Magic of the violin, otro disco de valses de André Rieu, en el 41; The Waterfall, de My Morning Jacket, en el 42; Jackie, de Ciara, en el 46; la reedición por su 40º aniversario del Minstrel in the Gallery, de Jethro Tull, en el 59; Giants, de Andreya Triana, en el 65; y Disco, la caja que reúne los tres primeros trabajos de Grace Jones, en el 99.

Después de unos cuantos meses, OMI consiguió la semana pasada colocarse en el número uno de la lista de sencillos con Cheerleader, posición que vuelve a ocupar en la presente.

Carly Rae Jepsen puede librarse de ser una One Hit Wonder, ya que I really want you aguanta muy bien en su segunda semana en el tercer puesto de la lista. La entrada más fuerte de la semana es para All Cried Out, de Blonde ft Alex Newell -a quien algunos conoceréis por interpretar a Unique en Glee– en el cuarto puesto, mientras que la colaboración entre Skrillex, Diplo y Justin Bieber, Where Are U Now, asciende hasta la sexta posición.

Giorgio Moroder: Déjà-vu

El disco de Daft Punk, Random Access Memories, sirvió para reivindicar la figura del imprescindible productor y creador del disco y la electrónica, Giorgio Moroder, al que se homenajeaba explícitamente en la pista Giorgio by Moroder e implícitamente en el resto del disco. Disfrutando de su segunda o tercera juventud, Moroder se reconvertía en DJ, remezclaba a Coldplay y Haim y anunciaba la vuelta a los estudios de grabación afirmando que los 74 son los nuevos 24.

De hecho, 74 is the new 24 iba a ser el título de su disco, pero éste finalmente se va a llamar Déjà-Vu, al igual que el tercer sencillo que se extrae del mismo con Sia como artista invitada. Gente guapa, pelucas rubias, bolas de espejos y Moroder en el papel de taxista eran lo que pedía el videoclip de una canción que debería convertirse en un clásico de las pistas de baile gracias a su reactualización del sonido disco y su pegadizo estribillo.

Sin embargo, aunque todo indica que estamos ante uno de los discos más apetecibles del universo pop del 2015, el público no parece estar respondiendo como se esperaba y tanto este tema como el Right Here, Right Now lanzado en enero con Kylie Minogue, están pasando bastante desapercibidos comercialmente. Veremos qué pasa cuando se publique Déjà-Vu el 12 de junio y si los nombres de otras de las artistas invitadas como Charli XCX, Foxes, Kelis o Britney Spears cantando el Tom’s Dinner de Suzanne Vega animan las ventas.