Mike Posner: I took a pill in Ibiza

Mike Posner estuvo un verano en Ibiza viendo a Avicii, se tomó una pastilla extraña y el resto, como se suele decir, es historia: “I took a pill in Ibiza / To show Avicii I was cool / And when I finally got sober, felt 10 years older”. Eso sí, él la compuso como un tema acústico que hubiera hecho las delicias de los seguidores de Ed Sheeran.

Pero como pasa tanto últimamente, un equipo de productores cogió I took a pill in Ibiza para remezclarla y la convirtió en un éxito planetario. Los responsables, en este caso, han sido el dúo noruego SeeB. Su remezcla ha llegado esta semana al número uno en la lista británica.

Curiosamente, no parece que Mike Posner esperara que esta canción fuera a ser un éxito. Como dice en la letra (I’m just a singer who already blew his shot/ I get along with old timers / Cause my name’s a reminder of a pop song people forgot”, él ya estaba resignado a pasar el resto de sus días condenado a ser una One Hit Wonder por su tema Cooler Than Me, de 2010 (entre nosotros, una entrega de pop electrónico mucho mejor que este I took a pill in Ibiza). Después de un disco cancelado, sencillos sueltos que pasaron desapercibidos y problemas de depresión, Posner publicará finalmente su segundo trabajo, At Night, Alone, el 6 de mayo. Eso sí, no creáis que el chico tenía problemas de dinero: en estos años ha compuesto temas como Boyfriend para Justin Bieber, Beneath Your Beautiful para Laberinth y Sugar para Maroon 5. Sólo con lo que habrá ganado por este último se puede permitir varias semanas de farra en Ibiza.

¿Qué se puede esperar de The Vaccines?

Parece que no son buenos tiempos para el rock. Comercialmente, el pop y la música electrónica parecen haberle desplazado de las emisoras y las listas de ventas. Los escándalos de las aspirantes a divas hace tiempo que desplazaron de las noticias y los cotilleos a las aventuras de las estrellas del rock, desde Amy hasta Miley, pasando por Lady Gaga y Britney. Y como la música, en general, ha perdido su poder como parte identificativa de movimientos sociales, el rock como elemento movilizador y aglutinador de masas parece haber desaparecido de la cultura popular. ¿Qué banda puede presumir hoy de estar a la altura de unos Rolling Stones, Led Zeppelin, Deep Purple, U2, Metallica, Guns’n’Roses o Nirvana? ¿Muse? ¿Linkin Park? ¿Green Day?

Quizás al rock le perdieron su grandilocuencia y el mirar por encima del hombro al resto de estilos musicales. Afortunadamente, también sabemos que el rock no morirá y como ejemplo de ello, basta con ver un concierto como el que dieron The Vaccines en la Riviera el pasado viernes. El cuarteto inglés, autor de tres buenos discos y un bonito EP, demostraron sobre el escenario que son dignos herederos del rock más clásico de las islas, con momentos que recuerdan a las bandas que tocaban en garajes y sotanos (la contundente Radio Bikini) y otros más sofisticados, cercanos a los sonidos de los años 70 (la maravillosa Dream Lover y muchos de los temas de su tercer disco, English Graffiti). Desde el arranque del concierto con Handsome y Teenage Icon, pudimos ver a una banda que transmite buen rollo sobre el escenario, encabezados por un muy entonado Justin Hayward-Young que consiguió ganarse al público sin necesidad de grandes aspavientos de estrella. Con un sonido sorprendentemente limpio, The Vaccines fueron desgranando su repertorio, formando básicamente por temas de corta duración y largo disfrute. Detalles como el de invitar a un fan a tocar con ellos Post Break-Up Sex como regalo por su 18 cumpleaños no hacen más que convencerme de que The Vaccines son una banda que sabe molar sin darse demasiada importancia por ello. Gracias a ellos, uno todavía puede seguir confiando en que al rock puro le quedan muchos años de buena vida por delante.

Canciones para un anuncio de grandes almacenes: Your Song

Cada semana Shazam publica una lista de las canciones que más número de personas han identificado usando la aplicación y este viernes me ha sorprendido ver a Your Song, de Elton John, en el número uno. La culpa, sin duda alguna, es del Corte Inglés y su campaña de publicidad para celebrar su 75 aniversario. Sin embargo, yo pensaba que este clásico del pop formaba ya parte de la cultura general.

Your Song fue el primer éxito de Elton John, la canción que le daría a conocer internacionalmente a finales de 1970. Con letra de su colaborador habitual durante décadas, Bernie Taupin, el tema es perfecto para reflejar la maestría de Elton como pianista e intérprete. Su sencilla letra, abierta por el emblemático “It’s a little bit funny this feeling inside”, ha emocionado a miles de oyentes desde entonces y fue el arranque de una carrera llena de éxitos y grandes momentos. Por cierto, eso estuvo a punto de no suceder porque alguna mente brillante de la discográfico decidió que el sitio de Your Song era ser cara B de otro tema de Elton y Bernie, Take me to the pilot. Afortunadamente, los DJs de las radios de la época daban la vuelta a los discos y, como se suele decir, el resto es historia.

Your Song es, además, una de estas canciones que van resucitando periódicamente. En 2001, cantada por Ewan McGregor, se convirtió en uno de los momentos fundamentales de la BSO de Moulin Rouge. En 2010, los británicos auparon hasta el segundo puesto de las listas la versión que Ellie Goulding hizo para el anuncio navideño de los grandes almacenes John Lewis. Y ahora parece que le toca ser redescubierta por una nueva generación española de jóvenes con móviles.

Spotlight: un homenaje a un periodismo que ya no existe

Cuando DiosMorgan Freeman abría el sobre con el nombre de la ganadora del Oscar a Mejor Película, todo parecía indicar que El RevenidoRenacido sería la escogida como triunfadora de la noche aunque algunos aun albergaban la esperanza de que Mad Max se lo impidiera. Seguramente nadie esperaba que Spotlight, que hasta el momento sólo había ganado el premio al Mejor Guión Original, justo al comienzo de la velada, fuera la premiada. Y sin embargo, una vez repuestos de la sorpresa, todo parecía ser lo más lógico.

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Aunque parezca lo contrario, la Academia de Hollywood actúa con bastante criterio. Ya lo demostró esta noche, premiando a Mark Rylance por su estupendo trabajo en El puente de los espías antes que darle un galardón nostálgico a Sylvester Stallone o reconociendo al tema de Spectre a cargo de Sam Smith antes de la anodina balada de Lady Gaga y Diane Warren. Eso sí, seguramente Tom McCarthy no haya ganado el Oscar a mejor director por Spotlight por no ajustarse al arquetipo idealizado de gran autor al que Iñarritu sí se ajusta, un prejuicio que ha convertido al mexicano en el único director en conseguir la estatuilla dos años consectuivos junto a John Ford y Joseph L. Mankiewitz. El porqué han preferido endiosar aun más a Iñárritu y no premiar a George Miller por su épica labor al frente de Mad Max ya pertenece a los misterios de la Academia, aunque seguramente se puede aplicar a cierta falta de valor a la hora de reconocer los méritos que implica poner en marcha un gran artefacto de acción sin freno.

Otras pistas nos indicaban que El renacido no sería la triunfadora, como el “pequeño” detalle de que la película no era candidata al premio al mejor guión (es fácil entender por qué), mientras que Spotlight pertenece, indudablemente, a ese grupo de películas con mensaje “importante” y, por tanto, fácilmente merecedoras de premios (sí, 12 años de esclavitud, te estoy mirando a ti). Sin embargo, la explicación más sencilla es que Spotlight es mejor película. Y ya.

Esta recreación de como el equipo de investigación Spotlight del periódico The Boston Globe destapó como las autoridades de la Iglesia católica habían tapado durante décadas centenares de casos de abusos sexuales a niños por parte de sacerdores es una de esas películas que podemos adjetivar como “necesarias”. Excelentemente interpretada por un equilibrado reparto en el que quizás destaquen Mark Ruffalo, Liev Schreiber y Michael Keaton, Spotlight no carga las tintas en ningún momento ni narrativa ni estilísticamente. De hecho, su estilo de dirección y de montaje casi invisible la acerca más a las cintas de los años setenta que quiere homenajear, como Todos los hombres del presidente, de la que puede ser una sucesora en los corazones de los estudiantes de Periodismo del mundo. Esta contención es su gran virtud, ya que deja que el horror de los hechos denunciados hable por sí mismo: aquí no hay una gran conspiración que destapar, ni grandes melodramas que afecten a los periodistas. Apenas sabemos nada de sus circunstancias personales: lo importante es verlos hacer un trabajo que consiste en saber qué preguntar, a quién preguntar y no descansar hasta obtener una respuesta. Y ese tono realista permite decubrir otro gran horror actual, al comprobarse que es el propio sistema el que impide destapar estos casos sin que nadie haga ningún esfuerzo consciente para ello: los periodistas se preocupan por otras noticias, o no tienen tiempo para investigar a fondo un asunto que requiere esfuerzo y dedicación, los responsables del periódico no demuestran demasiado interés por temas que puedan ser polémicos, la burocracia se convierte en un obstáculo en sí misma sin que nadie la controle… Cuando no hay un gran enémigo, no se sabe contra quien hay que luchar.

Spotlight es también un homenaje a un periodismo que seguramente esté en vías de extinción si no ha muerto ya. Esas grandes redacciones que se podían permitir mantener equipos de periodistas dedicados a la investigación porque tenían unos lectores fieles que daban credibilidad a lo que aparecía publicado en las páginas del diario son ya cosa del pasado, arrastradas por la crisis económica y el cambio de modelo que ha supuesto la irrupción de Internet y las redes sociales. Ya no se valora la profundidad, sino que prima la inmediatez, el click impulsivo, el contenido fácil, sensacionalista y youtubiano. Los medios no pueden enfrentrarse a anunciantes, autoridades y mercado, atados de pies y manos por unos ingresos menguantes. Spotlight está ambientada en 2001, pero en muchos aspectos es como si transcurriera en un tiempo muy, muy lejano.

El enigma de Enigma

Hace 25 años, en los primeros meses de 1991, un tema inspirado en la figura del Marques de Sade que combinaba cantos gregorianos con ritmos electrónicos, letras en francés y marcado contenido sexual conseguía ser número uno en 24 países y colarse incluso en el Top10 de países tan reacios a toda música que no sea anglosajona como Estados Unidos y el Reino Unido. Se trataba, como no, de Sadeness (Part 1), de Enigma.

Enigma, en principio, iba a ser un proyecto del que no se supieran los nombres de sus integrantes, pero muy pronto se supo que la idea había surgido de la mente de Michael Cretu, productor de origen rumano y establecido en Alemania que hasta entonces no había tenido demasiada suerte comercial, junto a Frank Peterson y David Fairstein, quienes abandonarían el grupo antes de la publicación de su segundo disco. La voz femenina del disco pertenecía a Sandra, cantante alemana que había conseguido cierto éxito en Europa gracias a sencillos como Maria Magdalena o su versión del Everlasting Love. Los cantos gregorianos, por su parte, fueron sampleados sin permiso de un disco grabado en 1976 por el coro Capella Antiqua München.

Supongo que el éxito de Sadeness cogería a todos los miembros de Enigma por sorpresa, pero el caso es que el disco MCMXC A.D, grabado en Ibiza, se convertía en uno de los trabajos más vendidos de su año. La combinación entre flauta sintetizada, los cantos de los monjes y los ritmos machacones conseguía crear un disco de atmósferas a medio camino entre la New Age y la música de baile. De duración breve y contenido compacto, conseguía no aburrir ni cansar al oyente a pesar de que, en el fondo, se limitaba a explotar las ideas ya marcadas por Sadeness: contenido sexual mezclado con referencias religiosas. El menos exitoso segundo sencillo, un remix de Mea Culpa no incluido en el disco y por eso llamado Mea Culpa (Part II) dejaba bien claras estas intenciones profanas.

MCMXC A.D, como su nombre indica, fue publicado en noviembre de 1990 y podemos considerarlo hijo de ese extraño año más cercano en espíritu a los ochenta que a los noventa de grunge y britpop que estaban a punto de explotar. Por su frivolidad, su barroquismo y su amor por los sintentizadores, podemos considerar que Enigma están, en efecto, más cerca de la década del neón y los cardados que de los años de Seattle y la franela. Sin embargo, y rompiendo en gran medida el destino de este tipo de proyectos, Enigma consiguieron tener varios éxitos durante los años noventa, especialmente con su segundo disco, The Cross of Changes, donde la música tribal sustituía al gregoriano con resultados más que notables. Además, podemos considerar a Enigma culpables de la proliferación de una serie de productos basados en la combinación de algún elemento étnico con música electrónica, desde las maravillas de Deep Forest a partir de cantos de los pigmeos africanos, la sosez de Era, Beautiful World o Adiemus o ritmos balcánicos hasta los horrores de Sacred Spirit, a base de los cantos tradicionales de los indios americanos, o ese engendro nacional llamado ElBosco en el que estaba involucrado el mismísimo Luis Cobos. Quizás hasta el éxito de Hevia a finales de los 90 forma parte de esta corriente… También podría ser la explicación del surrealista éxito que tuvo un recopilatorio de grandes obras del canto gregoriano grabado por el coro de monjes del Monasterio de Silos que fue número uno en nuestro país durante semanas y semanas de 1993… y que reeditado con otra portada y el título Chant acabaría alcanzando el tercer puesto del Billboard estadounidense en 1994.

Michael Cretu ha seguido publicando discos como Enigma durante el siglo XXI -el último, Seven Lives Many Faces, en 2008- y se supone que está trabajando en un octavo disco. Aunque el éxito de aquellos primeros meses de 1991 le quede lejos, hay que aplaudirle el mérito de haberse atrevido a combinar elementos tan opuestos como religión y sexo sin miedo al escándalo… o al ridículo. Me pregunto si hoy sería posible una combinación así. ¿Se atrevería alguna gran discográfica a publicar algo como Sadeness y arriesgarse a enfrentarse a las iras integristas en las redes sociales? Me temo que seguramente no…

Las malas constumbres de The Last Shadow Puppets

The Last Shadow Puppets tuvieron la mala suerte de publicar el sencillo de adelanto de su segundo disco, que llevábamos ocho años esperando, el mismo día en que David Bowie moría. Absorbidos por la muerte de Ziggy, apenas prestamos atención a Bad Habits.

Y es una pena, porque la canción del supergrupo formado por Alex Turner y Miles Kane se hubiera merecido llamar un poco más la atención. Con arreglos orquestales cortesía de Owen Pallet, Bad Habits suena más a garage que a Phil Spector pero no deja de ser una entrega más de la disfrutable revisión del sonido de los sesenta que hacen Turner y Kane cuando se juntan. Puro revival pop, directo y gamberro sin perder un toque de sofisticación, como si The Kinks, The Walker Brothers y The Sex Pistols se juntaran a hacer música. Turner y Kane citan a Isaac Hayes y The Style Council como sus influencias a la hora de hacer Everything You’ve Come to Expect, en cuya portada aparece una leonina Tina Turner fotografiada en 1969. El próximo 1 de abril lo comprobaremos… y esperemos que no haya que esperar otros ocho años para escuchar el tercero.

Una vida maravillosa

Después de un grave accidente de tráfico y diez días en coma, Colin Vearncombe, más conocido como Black, moría ayer a los 53 años. A él le debemos una de las grandes canciones de los 80, una magnífica y elegante canción de letra irónica y emocionante: escrita por Black en 1985, un año especialmente complicado para él, Wonderful Life se terminaría convirtiendo en un éxito internacional en 1987. Su videoclip, rodado en un espectacular blanco y negro, es de estas piezas a la altura de la canción: dirigido por Gerard De Thame y rodado en localizaciones cercanas a Liverpool, su imágenes de ferias, ancianos y niños acompañan a la perfección a estrofas como ésta:

I need a friend, oh I need a friend
To make me happy, not so alone
Look at me here
Here on my own again
Up straight in the sunshine

Aunque el éxito de Wonderful Life ha terminado eclipsando el resto de la carrera de Black, hay que reivindicar que su sencillo anterior, Sweetest Smile ya había conseguido un octavo puesto en la lista británica, el mismo que alcanzaría Wonderful Life. También su disco posterior, editado en 1988 con el también irónico nombre de Comedy, tuvo unas ventas decentes. En 1990 colaboraría en el disco Autobiografía, de Duncan Dhu, haciendo los coros de Rozando la Eternidad y cantando a duo con Míkel Erentxun en Amarga. En 1991 publicaría su tercer trabajo, pero como le ocurría a muchos artistas de finales de los ochenta, la explosión grunge y alternativa de los 90, hizo que su estilo musical envejeciera siglos en pocos meses. Desde entonces hasta ahora, Colin ha seguido publicando discos y haciendo música a su aire, sin preocuparse por modas o éxitos. Al fin y al cabo, Wonderful Life le ha garantizado su sitio en la historia del pop: seguro que es de estas canciones que ha conseguido hacer llorar a solas a mucha gente. “No need to run, and hide. It’s a wonderful, wonderful life…”